Hay veces que la vida te ofrece una oportunidad única para hacer un viaje especial. Un viaje único, un viaje a un lugar poco accesible.
Lejos de los ruidos de la ciudad, lejos de la contaminación, de las multitudes, de los circuitos turísticos, lejos de las comodidades, del materialismo. Cerca de las estrellas, cerca de la vida primaria, de una vida en comunión con la naturaleza, cerca de la inocencia. Donde el río y la selva te ofrecen todo. Donde habita el olvido.
Por casualidades de la vida tuve el privilegio de conocer a José, un navarro que en 1982 llego a Venezuela buscando una vida diferente. Con 21 años se adentro en la amazonia y durante 6 años convivió con varias comunidades indígenas.
Allí se enamoro, formo una familia y hoy en día, después de 25 años, sigue en esta zona, en Puerto Ayacucho.
Después de salir de Bilbao y pasar 2 semanas en Isla Margarita y ya cansado de tanta playa y tanta cerveza, partí hacia la amazonia venezolana con intención de Saludar a José y conocer un poco Puerto Ayacucho.
En la ciudad de Porlamar tome una lancha que en 1 hora me dejo en Chacopata - península de Paria -, en la lancha viajamos alrededor de 60 pasajeros. La mar esta tranquila, y los 5 motores fuera borda nos llevan volando literalmente. La lancha no es nada del otro mundo, lo único que valen son los motores. Hay alrededor de 10 asientos corridos a cada lado, en cada asiento viajamos 3 personas.
Son asientos viejos, al igual que la lancha, pues como no hay competencia, al dueño no le interesa mejorar ni el servicio, ni la embarcación.
Una vez en Chacopata agarro un carro compartido con otros 4 pasajeros y partimos hacia Carúpano. El carro es un Malibu que tiene más años que yo, antes de que el hombre llegaría a la luna este carro ya se movía. La carrocería se cae a pedazos, desde mi asiento veo el suelo por un hueco del tamaño de una naranja.
El paisaje es desértico, a un lado esta la mar, al otro lado se ven cuatro palmeras y tierra seca.
El viaje dura alrededor de una hora y media. En el camino se ven unas obras de lo que será una canalización que llevara agua potable a la Isla de Margarita.
Ya en Carúpano tomo otro carro compartido hasta Maturín, allí otro carro me lleva hasta Los Barrancos donde en una chalana cruzo el río Orinoco hacia San Félix y allí tomo un bus que en una hora me deja en Ciudad Bolívar.
Son las 3 de la tarde, y mi bus hacia Puerto Ayacucho no sale hasta las 8 de la noche.
Aprovecho para llamar a Rubén y a Leyland. Rubén es un chico que visito mi Web de vueltalmundo.com y nos hemos escrito varias veces, así que espero conocerlo hoy. Leylan es el dueño de una agencia de tours de la zona de la gran sabana, y ya he hecho varios viajes con el. Ahora es temporada baja, así que tiene tiempo para tomar unas cervezas y dar una vuelta por la ciudad.
Antes de Partir llamo a José para decirle que llegaré a Puerto Ayacucho sobre las 6 de la mañana.
El viaje lo hago en el mejor bus que hace la ruta. Menos mal, pues el viaje es de Terror. Nada mas entrar en el bus veo que el conductor tiene una muñeca de trapo gigante en medio del cristal que le quita muchísima visibilidad, durante el viaje a Puerto Ayacucho hay que pasar dos controles militares y hay que sacar el equipaje para que los guardias lo revisen. Nos acercamos a la frontera con Colombia y eso se nota. Parece ser que algunas veces encuentran premio en algun equipaje.
El conductor tiene la música a todo volumen durante las 10 horas de viaje, y la luz encendida. Y lo peor de todo es que la música siempre es la misma, " Ballenato " , no se si lo hace para no dormirse o es que esta despechado, o las dos cosas.
Y por fin llegue a Puerto Ayacucho, una ciudad que tenia pendiente de conocer desde la primera vez que llegue a Venezuela. Puerto Ayacucho es la capital del estado Amazonas, la más grande localidad del estado, fue fundada el 09 de Diciembre de 1924 sustituyendo a Atabapo que antes era el centro administrativo.
Salgo como un cohete en un taxi que me deja en 5 minutos en la Posada de José. Nada mas llegar me ofrecen café y conozco a Yesenia - la mujer de José -. Tengo que esperar a que de la hora para poder entrar en la habitación que me han reservado.
José ya se ha levantado y desayunamos juntos. Me cuenta que tiene que ir a su barco que parte el Miércoles para ir cargando la mercancía que intercambiara por el río. Además casualidad, hoy es su cumpleaños, cosa que no sabia, y aprovecho para regalarle la colección de dvds de Euskalherria - La Mirada Mágica - y entregarle las 3 botellas de wiski que me encargo. Pues en Isla margarita no hay Impuestos y el wiski esta a mitad de precio que en tierra firme. Así que el 90% de la gente que sale de la isla, sale con wiski.
Cargamos el vehículo con parte de la mercancía y nos vamos al puerto a cargar el barco.
Durante el trayecto de Puerto Ayacucho hasta Puerto Nuevo, que dura mas de una hora, debemos de pasar por 2 controles militares que deben de verificar que todo lo que hay en el vehículo va con su factura correspondiente, así que José me va comentando los lugares mas interesantes a conocer en Puerto Ayacucho. Son el Tobogán de la selva, un tobogán natural de 40 metros que acaba en uno pozo de agua.
El mercado indígena en la plaza Rómulo Betancourt.
El Museo Etnológico de Amazonas donde se cuenta la historia desde la llegada de los misioneros hasta hoy.
La Catedral "María Auxiliadora": construida en 1952, en cuyo interior hay un Cristo pintado al óleo.
Los Raudales de Atures y Maipures, desde un mirador la vista es espectacular.
El Teatro Amazonas.
El Caserío de la tribu Guahíbo en el Km. 82, vía Samariapo. Allí se consigue artesanía indígena.
EL Cerro Autana, también llamado el árbol de la vida.
EL Pozo Azul, que esta a 30 Km de Puerto Ayacucho hacia Caicara. Es una laguna tranquila y transparente, rodeada de vegetación.
Llegamos al barco “ el Curare “ – nombre también de un veneno que utilizan los indígenas para cazar y también como anestesia para ellos-, allí es donde flipo en colores, pues me doy cuenta que el barco es una autentica tienda ambulante flotante. Ya lo sabia, pero no me lo imaginaba tan grande. Es un barco de hierro, la bodega es la tienda, y arriba es donde esta la cabina, la cocina, el baño, y donde se cuelgan las hamacas en la noche. A la tienda no le falta un detalle, neveras, ventiladores, equipos de música, sillas, mesas, una moto, linternas, bombillas, comida, bebida, medicamentos, dvds, ropa, etc, de todo menos alcohol.
Gonzalo, el socio de José es el que se encarga de viajar en el barco intercambiando por las comunidades indígenas las mercancías por mañoco, miel, raíces, etc. Productos que consiguen ellos para cambiarlos por cosas que no pueden conseguir en la selva. Claro que estos indígenas no son tontos, no te van a dar 100 litros de miel por un espejo. Acá el negocio es para las dos partes.
Mientras José y Gestionan el papeleo y la carga de la mercancía, me van contando algunas anécdotas de las muchas ocurridas en sus viajes por la amazonia, algunas muy fuertes.
Por la noche José celebra el cumpleaños con la familia y me invita a compartir con ellos. Después de cenar y varios wiskis, ya no puedo decir que no y me marco un par de bailes para diversión de los presentes.
La posada de José es bien Bonita. Tiene 14 habitaciones, es muy familiar. La construyo el mismo, y se nota el cariño que puso en cada detalle.
Las habitaciones tienen baño privado, TV por cable, aire acondicionado y un colchón y unas sabanas que son una pasada.
Al día siguiente y después de pasar la noche en una buena habitación, José me lleva a ver el mercado indígena, allí me presenta a Javier, dueño de una empresa de tours por la zona, hace viajes al Tepuy Autana y Raffting, entre otras cosas.
En el mercado se vende de todo, es muy colorido. Allá veo la famosa salsa picante hecha con bachacos - hormigas gigantes - y muy rica. También bellos collares de azabache.
Así paso 4 días que se pasaron volando, conociendo lugares y gentes muy particulares que José me enseña y presenta.
José me he propuesto hacer el viaje en el barco con Gonzalo y después de pensarlo durante 1 segundo no lo he dudado y le he dicho que si, que por nada del mundo me perdería esta aventura. Así que compro una caja con caramelos para regalar a los niños, y también algo para mí. Chocolates, tabaco, repelente para los mosquitos, jabón para la ropa , una caja de cerveza y una botella de ron. Las demás cosas que necesite las tengo en la tienda.
José ya me había hablado de ese viaje, solo hacen 7 viajes al año. Hay veces que hay que estar en el sitio adecuado y en el momento justo.
Siempre había soñado con viajar y conocer comunidades indígenas de la amazonia. Hay que tener cuidado con los sueños, pues algunos se cumplen.
Este es no es un viaje de mantequilla y pulserita de todo incluido. Esto son palabras mayores, pues el viaje dura unos 35 días. Los 15 primeros días se va remontando el río y vendiendo la mercancía, y los siguientes 20 días, son descendiendo el río recogiendo los productos que han producido los indígenas. No se todavia cuanto tiempo viajare en el barco.
Los primeros días el barco navega entre Venezuela y Colombia, donde se mueven las FARC, el ejercito, los paramilitares, y también los narcotraficantes y los piratas. José me comenta que hace unos años les robaron toda la mercancía y mataron a toda la tripulación. Las FARC los agarraron, y como ese es territorio que controlan ellos, ejecutaron a los asesinos y dejaron el barco a 10 minutos del puerto, lo dejaron vacío de todo, como lo encontraron, solo le cobraron los gastos de llevar el barco de retorno.
También me cuenta que estuvo encallado en época seca 3 meses, hasta que las lluvias sacaron el barco de donde estaba encallado. Que por la noche se oyen los barcos que sin luces hacen el contrabando y narcotráfico. Claro todo esto me lo cuentan para ponerme al día, y para que este seguro de meterme en esta historia. Yo ya lo he decidido, que sea lo que dios quiera.
Los últimos días aparece Mistzi, una viajera chilena que viene con nosotros pa tras y palante mientras ultimamos todo, pero no se anima a viajar con nosotros en esta aventura. Va viajando por venezuela direccion bolivia, creo que de Puerto Ayacucho va hacia las playas de Choroni y luego para Merida antes de entrar a Colombia.
Comienza mi aventura por el río Orinoco. El río Orinoco de 2.140 Km de longitud, es el segundo río más caudaloso, después del Amazonas, con una media de unos 30.000 metros cúbicos por segundo. Nace en el cerro Delgado Chalbaud en la sierra de Parima, en el estado Amazonas entreVenezuela y Brasil.
Por fin partimos, son las 4 de la tarde y en puerto Nuevo paramos para que la guardia vuelva a sellar los papeles, y comprobar que todo esta a la orden.
Hemos comprado hielo y cerveza para celebrar la partida, y lo primero que hacemos es tomarnos unas cervecitas bien frías viendo esta panorama. A una orilla esta Venezuela, a la otra Colombia. Se ven constantemente lanchas rápidas -llamadas voladoras-, solo llevan pasajeros, y son muy ligeras.
Hacen en un par de horas lo que nosotros hacemos en 1 día, pues el Curare lleva una carga de 20 toneladas y es época seca, por lo que hay que ir muy despacito para no quedar encallados o romper el barco si chocamos con rocas sumergidas.
En la mitad del año las condiciones de los ríos no permiten que las gabarras bajen desde Atabapo hacia el sur y estos poblados se quedan sin combustible, pero en los 6 meses que hay gasolina, muchos de los habitantes de esas comunidades se dedican en este triangulo a la minería ilegal, al contrabando de combustible, de cemento y el al narcotráfico. Sus actividades agrícolas, de caza y pesca, las cambiaron por la minería y el tráfico de combustible, por lo que un alto porcentaje de esa población vive de comprar gasolina en 150 bolívares y venderla a los colombianos en 400, 500 y 600 bolívares. El problema es que cuando no hay gasolina, para mover sus bongos vuelven a comprársela a los colombianos que se dedican a almacenarla. Y los precios son brutales.
Resulta curioso ver barcos llenos de cemento, donde no hay construcción, todo este cemento se utiliza para fabricar el Bazuco, la pasta con la que luego se procesara la cocaína.
Pasamos la primera noche en Isla Ratón, tomando cerveza y escuchando narcocorridos. De repente aparece una lancha, sube un tipo y habla con Gonzalo, desaparece y 1 hora después aparece con una mujer, dos niños y un montón de muebles. Viajaran con nosotros hasta Atabapo, lugar a donde llegaremos mañana.
En el barco viajamos Gonzalo, y la tripulación que esta compuesta por 3 indígenas Piaroas " los parientes ", como los llaman acá. Benito y Samuel se turnan manejando el barco, y la cocinera a la que llaman " la china ".
Los Piaroa viven en el Orinoco, por el río Parguaza, por el río ventuari, por el río manapiare, por el guavito y por el canal tamatama.
Los Piaroa son seminomadas y se dedican principalmente a la caza, pesca, recolección y agricultura de subsistencia. Cazan con la cerbatana, arco y lanza, aunque algunos cazan con escopeta - si pueden, pues es ilegal vender cartuchos -.
La vida religiosa de los Piaroa gira alrededor del chamanismo. Los piaroa tiene dos cementerios, uno para los chamanes y hombres de rango y otro para los demás. El de los chamanes esta ubicado protegido de los animales y con piedras grandes. El de los demás piaroas esta en cualquier sitio entre piedras o en cuevas.
Benito acaba de poner música del Grupo Exterminador y suena la canción de la Cruz de marihuana, y hablando del tema, el tipo que viaja con nosotros me regala una bolsa de esa hierba de la risa, y claro, no voy a hacerle el desprecio, para ellos esta muy mal visto rechazar un regalo.
Mientras pruebo a ver que tal esta la hierba, Pirobo me cuenta que hace muchos años se dedicaba a hacer el bazuco – pasta de cocaína antes de ser procesada-, y me cuenta todo el proceso, es como estar escuchando historias de terror en un bosque con niebla, alrededor de una hoguera. Lo que se necesita es un barril de unos 3000 litros de los que se usan para almacenar gasolina. Ahora para poder comprar un barril de esos debes de demostrar que tienes una empresa y que necesitas este tipo de barriles, y te tienen que autorizar la compra.
Y me cuenta todo el proceso. Se le echa gasolina, acido sulfurico, cemento y un polvo que empieza por Per, luego una vez obyenido el Bazuco, esto se vende a una gente que lo lleva a los llamados Quimicos, que la procesan convirtiendola en el polvo del mal. claro que esto no es coca, la hoja de coca la llevan consumiendo los incas y otras etnias desde hace cientos de años, la mastican para no tener hambre mientras trabajan, para soportar el soroche -mal de altura-, para el dolor de cabeza, se toma tambien en infusiones y tambien para mas utilidades. a finales de año se empezara a comercializar en venezuela legalmente en sobres como el te.
En la noche mucho, mañana el río llevara mas agua, cosa que todos agradeceremos, pues en esta época del año no hay mucha agua en el río. El curso del agua va cambiando, donde antes había playa, ahora hay más playa, y donde hace meses no había rocas, ahora sobresalen del agua. Hay que conocer muy bien el río, estar muy atento, e ir bien despacio. El barco lleva mucha mercancía, y es de los pocos que viajan en estas fechas con este tonelaje.
Me cuesta dormir la primera noche, se oyen constantemente lanchas pasar, pero no se las ve, estoy acojonado pensando que en cualquier momento pueden asaltarnos, no hay nadie haciendo guardia y eso me llama la atención, estamos todos en las hamacas, pero la noche pasa y nada ocurre.
Partimos con la salida del sol, vamos a poca velocidad, pero sin detenernos, el amanecer es rojo y esta encendiendo el día, hace muy buena temperatura y la brisa del río me da los buenos días.
En las orillas del Orinoco se establecieron gran parte de las tribus indígenas ancestrales de Venezuela.
Hay varias etnias indígenas como son los piaroa, panape, baniwa, bare, yanomami, puinave, piapoco, warekena, guahibo, hoti, curripaco, y yekuana.
Después de desayunar me hago un chetron con la hierba que me regalo Pirobo, me lo fumo resguardado para no compartirlo con el viento, voy flipando, prismáticos en una mano y cámara de fotos en la otra. Esto es increíble, ni en mis sueños mas osados hubiera imaginado una aventura como esta. Viajar remontando las fuentes del Río Orinoco visitando las comunidades que encontraría en el camino, viajando en un barco sin pasajeros, yo y la tripulación, en un barco que va vendiendo mercaderías. Una tienda flotante.
Me meto entre ceja y ceja los prismáticos y flipo en colores, parece que estoy dentro de los árboles viendo pasar un rollo de película interminable, y sin mover e cuello mi visión va cambiando a la velocidad que va el barco.
Antes de que se ponga el sol fondeamos en una islita, nos bañamos en la playa y subimos a lo mas alto a ver la panorámica, yo me pierdo 5 minutos para tomar el postre, veo un pequeño claro y allá me apalanco durante 5 minutos, no hay nada que no sea vegetal, aparte de tenues ruidos que no se de donde provienen, algunos sonidos parecen las teclas de un teléfono móvil.
Ya de noche guindamos las hamacas, las mosquiteras, y nos vemos una película en el dvd.
Ya por la mañana mientras preparo la cámara para tomar una foto al bello amanecer de hoy, las pilas se acaban, agarro las pilas recargables que están sin estrenar y sorpresa, están descargadas. Acabo de aprender una lección, antes de un viaje no solo comprobar que las pilas están en el equipaje, si no comprobar también que están cargadas, y si no, cargarlas antes de salir. Ahora necesito 12 horas seguidas de electricidad para que se carguen totalmente, cosa bastante difícil en el barco. Cuando compre en nuevo cargador de pilas con 4 pilas, no imagine que vendrían descargadas. El anterior cargador lo compre hace 4 años y ni ahora me acuerdo, claro. En cualquier lugar eso no seria problema, pero acá no hay opción.
Bajo a la tienda y le pregunto a Gonzalo si es posible cargar las con la electricidad que producen las placas solares que hay instaladas en el techo, me dice que si, que no hay problema. Le pegunto si tiene pilas para vender, y me señala un lugar de la estantería, hay varias cajas de pilas, AA, AAA, Duracel, buahh, y en cantidades industriales. Compro un paquete, pruebo la cámara y Ok, problema solucionado, aunque ya es de día.
Llegamos a las 8 de la mañana a Atabapo, para volver a sellar las facturas y aprovechar a vender un poco de mercancía. Pirobo descarga sus muebles tras varias peripecias y nos despedimos, le doy las gracias por el regalo del otro día y le deseo suerte. Acá es el ultimo lugar del viaje donde encontraremos hielo, pero tras 5 minutos en tierra firme nos damos cuenta de que no hay electricidad desde ayer. Se acabo la idea de tomar bebida fría.
Subo al pueblo a dar un paseo y antes de entrar hay un grupo de militares a un lado de la carretera, al otro lado veo un kiosco con un grupo de médicos vacunando a algunas mujeres y niños. Camino por el lado de los médicos y me recomiendan vacunarme de sarampión y rubéola, pues han aparecido varios brotes en la zona, así que allá mismo me pinchan mientras los niños y las mujeres se ríen. Acá me dicen los médicos que a los hombres les da vergüenza vacunarse.
Atabapo no es gran cosa, aunque no se puede llegar a Atabapo por carretera veo moto-taxis y camionetas que se dirigen al puerto cargados con mercancías.
Entro a un garito a tomar un refresco frío y me siento en una mesa junto a un par de tipos que están hablando de como solucionar el problema de la cantidad de botellas de vidrio que la gente tira. Dicen que hay que montar una empresa de reciclado de vidrio en Atabapo. Uno de los tipos tiene un pelo largísimo, unas barbas que le llegan al ombligo y unas botas de agua que le llegan más arriba de las rodillas. Dice que se quiere presentar a la alcaldía en las próximas elecciones. No le tome una foto por que me dio miedo.
Hace mucho calor y estoy sudando como si estaría corriendo una maratón.
Nos despedimos de Atabapo y seguimos camino. Pronto paramos en un lugar escondido a pasar la noche, seguro que acá nadie nos vera.
Salimos en el Bongo a bañarnos a una playa, Samuel y Benito van a poner la red para recoger mañana pescadito rico.
Cenamos un plato de avena con una arepa y nos vemos una película de vaqueros –El bueno, el feo, y el malo-, y para la cama, bueno, mejor dicho para la hamaca, en un par de minutos esta preparada con su mosquitera que parece una casita. La mosquitera pesa el triple que la hamaca, pero no entran los mosquitos no aunque lleven una sierra eléctrica. Antes de entrar dentro de mi casita mosquitera me hago mi vareta de rigor y me dispongo a meterme en mi casita mosquitera, una botella de agua, el mp3, papel higiénico, mi cuaderno de anotaciones, la linterna, la cámara, el tabaco, el mechero. Me gusta tener mis cosas a mano como si estaría en mi casa. Si es que soy un sibarita.
En la noche se oyen ruidos de todas clases, vuelvo a oír el sonido del teclado de un teléfono móvil, muchísimos ruidos unidos todos en uno. Cierro los ojos y no me puedo creer que este aquí, metido en un barco en el que estaré mínimo 15 días con gente que apenas conozco y que me esta tratando con una hospitalidad que hace que me sienta muy bien acompañado, remontando las fuentes de uno de los ríos mas grandes y caudalosos del mundo, en un barco que tiene de todo lo que pueda desear cualquiera, menos bebida fría y alcohol, pero eso no importa. Lo importante es que voy a conocer lugares muy difíciles de acceder a no ser que se disponga de mucho dinero. Abro los ojos, la luna esta casi llena, no se ven estrellas, pero el sonido que hay es increíble, millones y millones de pájaros e insectos unidos e una orquesta, creo que este es el sonido de la vida.
Oigo los sonidos de los motores que se van acercando y después se alejan, me cuesta dormirme pensando en quien ira en esas lanchas. Narcos, alguien que regresa a casa y no tiene luz, contrabandistas de gasolina, piratas. Pufff, Gonzalo me dice que no me preocupe, pero me cuesta hacerlo.
Me pongo unas grabaciones de programas de radio que llevo, y me duermo enroscado en los auriculares.
Por la mañana nada mas salir el sol, recogemos las hamacas y dejamos la cubierta despejada, me resguardo y me meto un petardo de esos de aupa el Erandio, bien cargadito, ahora hace muy buena temperatura, la brisa es fresquita hasta las 10 de la mañana, y durante esas horas me dedico como siempre a no hacer nada mas que mirar y admirar la vista que tengo a mi alrededor. Es monótona pero a la vez muy relajante, el sonido del motor parece que canta un mantra tibetano, siempre es el mismo sonido y creo que voy a acabar entrando en trance.
De repente un ruido suave, y el barco se detiene, acabamos de encallar en una playa oculta en el río. Ja , ja , ja, solo se oyen risas, yo flipo, Gonzalo sale del almacén y se sigue riendo y vacilando a Benito – que es el que manejaba el barco-, Samuel y la china igual. Yo flipo, saltan del barco y solo cubre por las rodillas, no se oye un reproche ni una palabra más alta que otra.
El barco de marcha atrás, pero nada, después de varios intentos Gonzalo y los demás se meten debajo del barco a sacar la arena para hacer un canal y poder salir. Con los pies intentamos sacar la arena poco a poco y volvemos a intentar salir marcha atrás paro nada. Otra vez para abajo a sacar mas arena, es inútil. Gonzalo dice que en 3 horas si hay suerte sacaremos el barco de la playa. Ahora traen un par de gafas de buceo y Benito y Samuel se sumergen con unas palas sin mango para hacer un canal mas rápido, hay que tener cuidado donde se pisa pues hay rayas y son venenosas. Yo ya estoy pisando con miedo, no se si me están vacilando o que.
Nada, después de varios intento no hay manera de salir, ya llevamos 3 horas. Pasan lanchas rápidas pero nadie se para a ayudarnos. Recuerdo las palabras de José cuando me dijo que estuvo encallado 3 meses hasta que vino la época de lluvias. Vuelta a lo mismo, pero es inútil, hay que cavar mas profundo, así que como ya es la hora de comer, subimos al barco a coger fuerzas.
Mientras comemos se acerca un par de gabarras atadas haciendo un solo cuerpo, llevan un pedido de refrescos y se detienen, conocen a Gonzalo y le ofrecen la ayuda que sea precisa, así que tranquilamente amarramos unas cuerdas a la gabarra y tras varios intentos salimos de la playa. Solo se oyen risas y la gente de la gabarra le vacila a Benito, le dicen que si no sabe el camino bueno, que les sigamos, Benito no se ríe ahora, sabe que se ha equivocado y que encima se han enterado todos de que hemos enplayado. Gonzalo invita a la gente de la gabarra a unos refrescos y seguimos camino detrás de ellos, solo faltaría ahora adelantarles y volver a encallar. Je je je, se oirían las risas desde Caracas.
En este enlace se puede ver un video del viaje. http://www.youtube.com/profile?user=vueltalmundo |
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