Los tres días efectivos de “puente” serían suficientes para conocer un aspecto de la ciudad, repito solo un aspecto, pero definitivamente se necesitan mas para conocer las provincias de Cuba.
Nos informamos de lugares muy interesantes cercanos a la ciudad de La Habana, por ejemplo Viñales, donde existe un área de pinturas rupestres .... (¿en la isla de Cuba?).
Al llegar a la ciudad de La Habana, nos llevamos tremenda sorpresa, por que ¡es cierto!, es muy, pero muy vieja, tanto que parece que de un momento a otro se caerá, aunque ya recorriendo sus calles nos damos cuenta que a pesar de ello la ciudad vive (y ¡como no!, con dos millones de habitantes). De todos los lugares que visitamos algunos ya están reconstruidos, otros siguen en espera y los terceros igual de gastados que las viviendas, pero sin importar, igual lo disfrutamos. Curiosamente notamos escaleras de mármol en algunos edificios, herrería original y por supuesto a la vejez deéstos, se le atañe la experiencia y el carácter que define a la ciudad y a la calidez de la gente con la que hablamos.
Probamos unas pizzas cubanas ... mmmm deliciosas, el tentempié de mucha gente a la hora del almuerzo. Por supuesto no nos salvamos de una juerga de "mojitos y daiquiris", acompañados con un buen son y la agradable compañía de los amigos.... por cierto también de un tabaco cubano, ¡no podía faltar!
El café, merece atención aparte, por que nos lo servían e inmediatamente se acababa, (¿verdad Gian?). Claro no podíamos dejar de comprar un poco al menos para recordar nuevamente y por un corto tiempo el aroma y el sabor.
Por otro lado no hay mejor apuesta –y ganada- que hospedarse en una casa particular, es seguro que se la pasarán muy bien hablando con la familia.
Todo cuanto visitamos nos dejo maravillados, las caminatas y las noches en el malecón, las calles bulliciosas llenas de gente, la comida y la experiencia de haber estado en un lugar tan lleno de contradicciones como es la Isla de Cuba.
No quisimos perdernos ni una sola noche de baile y el primer día, llegando, fuimos a dar a un lugar frente a la Casa de la Música en la calle de Galeana, comenzamos bailando codo con codo con los que si saben bailar, ja, los cubanos y las cubanas.
El primer día fue la mejor elección, un viaje en una calandria (algo así como la “turicalandria”), la cual nos llevo desde la Habana Vieja, hasta Vedado, pasando por Habana Centro, insistiéndonos y negociando con los guías, vimos en una sola mañana y de reojo, lo mas bello de la ciudad, lo mas turístico y hasta algunas las zonas habitacionales.
El recorrido nos llevo hasta la plaza de San Francisco de Asís, el convento y la iglesia que se utiliza para recitales y eventos. Ahí mismo se encuentra el reconstruido edificio de la Lonja y la fuente de los leones.
Mas adelante pasamos por el Museo del Ron, y del bar -recomendado- Dos Hermanos, donde los mojitos son mas baratos y mas alegres …. ¿o acaso era la cantidad la que resaltaba el efecto? ¿ o los músicos que nos hicieron pasar un rato muy ameno? (saludos al conjunto “Palmas y Cañas”).
La vista y parada para la respectiva foto frente al capitolio, donde impresionan sus escaleras y la monumentalidad del edificio, por supuesto no puedo dejar de mencionar los chevrolet de los años 50’s, los cuales son usados por turistas como taxis (a este momento yo ya no era turista). Atrás de capitolio se encuentra la fabrica de puros Partagas y por supuesto la entrada al barrio chino, -donde según los cubanos, el único barrio chino donde no hay chinos-.
Pasamos por la parte de La Habana Centro, en donde en su mayoría están los comercios, locales y mercados.
En Vedado, no podíamos perdernos la foto con John Lennon, gracias al señor que cuida la replica y que le pone los lentes para la foto de los curiosos o sea, nosotros. El barrio de Vedado en general es a mi primera impresión residencial, es en todo caso muy tranquilo para hospedarse ahí. Yo ahora definitivamente prefiero La Habana Vieja, por vieja.
La Plaza de la Constitución fue espectacular y mas si le agregamos que estaban haciendo los arreglos para el gran desfile del 1º de Mayo. La foto con la imagen del Che en el fondo y por supuesto una vista de un sitio tan peculiar.
El recorrido por el malecón fue excitante, vimos pasar a toda velocidad un “camello”, (transporte publico de la ciudad, con gran capacidad), vimos los edificios de arcos que son postales de la isla y sobre todo vimos gente, paseando, bailando, cantando, tomando el sol o simplemente caminando.
La vista del Morro (el fuerte y el faro al otro lado de la bahía) se acercaba cada vez más, lo que anunciaba el fin del paseo en la calandria.
La Bodeguita de en Medio, para un turista primerizo no podía faltar en su itinerario, son esos lugares que tienes que incluirlos para saber que estuviste en Cuba, en la isla. Las llamativas fotos y la curiosidad de ver en ellas quien había pasado por el lugar, así también leer el sin fin de recados y recuerdos escritos en las paredes.
El bar de La Floridita, lugar en donde se invento –y perfecciono- el daiquiri, fue también escenario para la sesión de no solo uno, sino varios daiquiris y mojitos … además de la foto con el fundador inerte. Por ahí son tan variado los visitantes que nos encontramos unos paisanos del D.F., saludos … a México … (todavía no te extraño). No podía faltar el obligado cambio de moneda a CUC, (peso convertible, la moneda del turista), en el banco uno tiene que preguntar “quien es el último”, de nada sirve formarte en la “fila”.
La visita al Capitolio no podía quedar desde “afuera”, teníamos que entrar, es un edificio majestuoso, al que es obligado asistir. Mucho se lee, sobre el diamante (coordenada cero y punto de referencia a cualquier lugar de la isla), la tercera estatua mas grande del mundo bajo techo “La Republica”, pero sobre todo el recorrer los pasillos y notar los detalles del inmueble. Por supuesto los puntos de venta no faltaron, música de son (saludos Compay Segundo) y para bailar, ¡nos toco a buen precio!. Había una exposición de artesanía cubana, una pipa que le llamo la atención a Gian, elaborada con varias maderas. Si, fue comprada. Así mismo una litografía “chusca” de las viviendas de la Habana Vieja. Nos dejaron entrar, (mmmmm, ¿por ser mexicanos?, ¿casi hermanos?), al salón “Simón Bolívar” y a la sala de los senadores y por supuesto nos mostraron algunos detalles de la arquitectura y la decoración.
La calle Obispo, no se la pueden perder, un lugar con variedad en comercio, restaurantes, hoteles e intersección a lugares interesantes.
También recomiendo que se lleven a casa una botellita de ron del Palacio de las Artesanías. Las visitas nocturnas al malecón en donde te puedes encontrar gente local y tener una muy enriquecedora conversación.
Por supuesto no falto quien te ofreciera ron, puros o un sitio donde comer. Negándose de manera cortes, todo solucionado.
En definitiva, falto tiempo y apenas las fuerzas resistieron para continuar con las caminatas, pero lo que no falto, es el delirio de regresar a ver todo lo que no alcanzamos y que teníamos ilusamente señalado en el itinerario de tres días. |
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