Arribamos desde Bogotá a Lima a la media noche y como nuestro vuelo hacia Cusco salía a las 6 de la mañana, decidimos como muchos viajeros más, esperar en el aeropuerto ya fuera caminando de acá para allá o tratando de dormir un poco en las no tan cómodas sillas de la sala de espera, incluso algunos de ellos no tuvieron problema en dormir en el suelo.
Finalmente se llegó la hora, la vista desde el avión es impresionante, allí mismo comenzamos a sentir la experiencia del imperio inca.
Nos hospedamos en la Pensión Alemana, una linda casa colonial con terrazas adornadas de flores y una atención cálida y especial ubicada muy cerca de la plaza de armas en el centro colonial. Las calles, construcciones blancas, iglesias, plazas, calles adoquinadas hacen que el centro en general tenga una magia especial inigualable. Las calles son bastante angostas por lo cual los taxis y diferentes vehículos deben realizar maniobras excepcionales para simplemente doblar en una esquina o en caso de encontrarse 2 o mas vehículos en sentidos contrarios.
El día que llegamos, 16 de julio, era la celebración de la Virgen del Carmen, por lo cual ese día tenían preparado como celebración un desfile con bailes y trajes típicos, música, bandas en fin fue un bonito espectáculo el cual presenciamos desde un restaurante mientras degustamos un desayuno típico también. Allí nos dimos cuenta de cuan diferentes son nuestros países aun siendo vecinos, en Colombia tenemos “tamales”, los cuales son preparados con una masa de arroz y carnes de res, pollo y cerdo, servidos dentro de una hoja de plátano. Cuando nos ofrecieron dentro del desayuno típico tamales inmediatamente pensamos en aquellos que conocíamos, nuestra sorpresa fue recibir algo que en nuestro país es conocido como “envuelto de mazorca”, obvio todo es cosa de nuestras diferencias culturales.
Como es nuestra costumbre recorrimos todo el centro a pie conociendo diferentes lugares, iglesias históricas, museos, mercados artesanales. En la noche a pesar de las bajas temperaturas esta ciudad tiene mucha vida, en los alrededores de la plaza de armas existen variados restaurantes y bares para todos los gustos.
En la calle se ve gente de todas partes del mundo y de todas las edades aunque supongo que por la gran altura del lugar predomina la gente joven. Hay muy buenos restaurantes, definitivamente la comida es totalmente deliciosa, es imposible negarse a un ceviche o un tiradito de pejerrey, así mismo está la carne de cordero o de cuy muy tradicionales.
Es muy común encontrar diferentes variedades de papa, maíz y camote entre otros como acompañamiento de la comida haciendo presente el legado indígena de los incas.
Al día siguiente muy temprano, no sin antes desayunar (en la pensión se esmeran en tener todo listo para que uno parta con la barriga llena y el corazón contento), salimos para la estación de San Pedro desde donde partía el tren hacia Aguas Calientes y finalmente MachuPicchu.
Hay dos opciones para llegar a MachuPicchu la primera en tren hasta Aguas Calientes y desde allí un bus o por el Camino del Inca lo que implica varios días de caminata pero para aquellos amantes de la aventura, el esfuerzo físico y la naturaleza resulta una inolvidable experiencia.
En tren el viaje dura aproximadamente 4 horas, debido a que durante el primer trayecto el tren constantemente debe detenerse y retroceder un trayecto para intercambiar de riel pues el camino esta trazado en forma de zigzag. Desde aguas calientes para terminar el ascenso se pueden tomar buses que parten cada 10 minutos o a pie en un trayecto de 1 hora.
MachuPicchu es considerada una de las grandes maravillas del mundo y es conservado como patrimonio histórico, una vez estando allí no es difícil adivinar porque. MachuPicchu se encuentra sobre los 2,350 metros de altitud y se encuentra enmarcada dentro de 4 montañas que representan los puntos cardinales. Una de ellas la más emblemática es WaynaPicchu en la cual se encuentra el templo de la Luna.
Aunque no se conoce cual fue su función, se cree que sirvió como refugio a la aristocracia inca después de la conquista española debido a su ubicación estratégica, su edificación en torno a la naturaleza y su difícil acceso lo cual le daba ventajas para defensa. Dentro de la construcción pueden observarse las terrazas para agricultura, puestos de vigilancia, acanales de riego, la Roca Sagrada, el Templo de las Tres Ventanas, el reloj solar, la gran plaza, entre otras. Todo dentro de ella tiene una mística especial indescriptible. Es un lugar que vale la pena conocer y recorrer centímetro a centímetro pues cada uno de ellos encierra años de historia, cada elemento tiene un porque y un para que, una muestra más de lo avanzada de la civilización Inca.
De regreso en Cusco tomamos un bus cama hacia Puno, para continuar con nuestra visita a lugares maravillosos el siguiente destino sería el Lago Titicaca. Viajamos toda la noche y llegamos de madrugada, a penas unos minutos después de llegar empecé a sentir el tan conocido “soroche” o mal de altura, inicialmente no caímos en cuenta pensamos que se trababa de alguna intoxicación con alimentos y además falsamente creíamos que por venir de Cusco (3350 m de altitud) y por vivir en Bogotá (2600 m) lo de la altura no iba a afectarnos.
Pues en realidad la diferencia de 400 metros entre Cusco y Puno se hicieron sentir y lograron tirarme en cama el resto del día a punta de mate de coca. Desafortunadamente tarde nos enteramos que en casos así es posible conseguir oxígeno en algunos hoteles, en farmacias y hoteles, de haberlo sabido no hubiéramos perdido el día entero. La ciudad está construida a orillas del lago Titicaca el cual se precia de ser el lago navegable más alto del mundo.
El lago tiene en su gran extensión varias islas entre ellas Uros, Taquile y Amantan, habitadas casi en su totalidad por las culturas Aymara y Quechua. Los Uros son cerca de 40 islas flotantes elaboradas apilando capa sobre capa de una planta conocida como “totora”, así mismo las casas y balsas son hechas con esta planta, la cual también hace parte de su alimentación.
Dentro de las islas no cuentan con servicios públicos, aún manejan el trueque dentro de su economía intercambiando pescados por maíz, papa y otros artículos. Así mismo las mujeres y niños realizan artesanías las cuales son vendidas a los turistas como otra fuente de ingreso. Es una cultura que aún conserva sus tradiciones, costumbres y lengua aun estando tan cerca de la civilización.
Por último tomamos desde Juliaca un vuelo hacia Lima, una ciudad super extensa y con muchísima actividad y vida nocturna. Nos quedamos en el Hostal Collacocha, un bonito hotel en la zona de San Isidro muy cerca de buenos restaurantes, centros comerciales y un lugar seguro y agradable para caminar. Esta zona en general combina muy bien los parques, áreas empresariales, residenciales y de comercio.
Desafortunadamente no tuvimos mucho tiempo en Lima, al día siguiente a las 3 de la mañana salimos rumbo al hotel y mientras atravesábamos la ciudad vimos que ésta seguía viva; las luces de la calle, de los bares y casinos a lo largo de la avenida nos despidieron a nuestro paso con el firme compromiso de regresar. |
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