Mientras las primeras gotas golpeaban el parabrisas nosotros comenzabamos a recorrer el Cañón del Atuel, es en este sitio donde hace miles de años las rocas, el viento y el rio se encuentran peleando sin descanso modifiando constantemente la fisonomia del lugar, logrando paisajes de singular belleza y que nos asombraran por lo raros que parecen.
Allí encontrarán formaciones rocosas muy raras como por ejemplo Museo de Cera, Sillón de Rivadavia, EL Lagarto, Los Viejos, Los Monstruos, La Ciudad Encantada, El Mendigo, Los Jardines Colgantes, etc., por mencionar solo algunos. Claro que nosotros cuando nos topabamos con alguno en el camino les ibamos cambiando el nombre, ya que en algunos sitios estas formaciones no se encuentran señalizadas para saber cual es cual y uno debe recurrir a su imaginación, de esta manera para nosotros quedaron los nombres de los monjes, el castillo encantado y los cabezones locos. Creo que este es uno de los pocos puntos negativos que tiene este recorrido el mal estado del camino y la poca señalización, en un momento había un proyecto para asfaltar este recorrido, espero que no se lleve a cabo porque realmente es mucho más atractivo hacerlo sobre ripio que sobre cemento, pero por lo menos deberían mejorarlo un poco y agregar algunos carteles para que uno pueda informarse sin necesidad de contratar una excursión o recurrir a un guía.
Creo que desde que ingresamos en el Cañón comenze a sentirme acorralada. Todo el recorrido se hace rodeados de roca y al nivel de rio, por lo que uno se encuentra pegado a la montaña, luego de pasar unos embalses y después de más de una hora de recorrido llegamos a una subida muy pronunciada, recomiendo armarse de valor porque al llegar a la cima la vista es espectacular. Desde allí pueden ver el cañón desde arriba y de fondo el embalse Nihuil. El rio parece un pequeño chorrillo celeste entre dos moles de piedra gigantescas. Pero como les contaba en un principio, estaba lloviendo y ahora comenzaban a caer gotas un poco más pesadas era momento de seguir camino para apreciar el embalse. El Nihuil es el embalse más grande forma un espejo de agua de grandes proporciones, su altura es de 1250 mts. y bloquea el acceso del agua del lado hacia el cañón, podríamos llamarlo el tapón del Atuel. Es dificil describir todo esto pero por suerte están las fotos.
La tormenta empeoraba así que emprendimos camino nuevamente hacia San Rafael, esta vez directamente por asfalto, tomando al ruta 40, a mitad de camino nos agarro de lleno la tormenta así que el pobre autito tuvo que aguantarse las sacudidas del viento en la ruta, por suerte no nos topamos con granizo que sabiamos que en esta zona es un mal muy grande y que destruye cosechas, imaginence lo que podría hacerle al auto.
Continuará...
Para terminar quiero dejarles las leyenda del Cañón del Atuel que cuando la leí me parecio muy tierna y quiero compartirla con Uds.
Leyenda del Cañon del Atuel (Fuente http://www.vallegrande.com.ar)
En el sur de la actual provincia de Mendoza vivía la tribu del cacique Talú. El padre de Talú murió cuando este era aún muy joven, pero a pesar de su corta edad supo asumir su rol y gobernar a su pueblo con sabiduría.
La vida de la tribu era pacífica y feliz, pero una gran sequía comenzó a azotar la región. Los ancianos y los niños más pequeños fueron los más afectados por la falta de agua, y pronto se dieron las primeras muertes. Sin dudar un instante, Talú reunió a sus hombres y partió con ellos en busca de agua para su pueblo.
En varias ocasiones recorrieron territorios por los que nunca antes habían transitado, pero sólo encontraron tierra reseca y cuarteada por el sol abrasador. Durante una de estas expediciones Talú conoció a una bella muchacha que vivía sola en un valle. El joven cacique habló con ella y decidió llevarla a vivir con su pueblo, al que ella no tardó en integrarse. Un profundo cariño nació entre ambos, y ella le confesó que su nombre era Clara, era huérfana, y había vivido sola en el valle durante años. Luego de varios meses decidieron casarse, y poco tiempo después nacía un bello niño al que llamaron Atuel.
Pese a la profunda alegría que les provocaba el nacimiento de Atuel, los miembros de la tribu no festejaron porque la prolongada sequía ya se había cobrado la vida de numerosos niños y ancianos. Los hombres blancos no tardaron en enterarse de la desesperante situación, y decidieron atacar para tomar control de los territorios. Los combates fueron feroces, pero los debilitados indios finalmente fueron vencidos, y todos los hombres de la tribu, incluido Talú, fueron asesinados. En medio de la confusión, Clara pudo esconderse con su hijo recién nacido, y cuando los hombres blancos finalmente abandonaron el lugar, sólo dejaron viudas, huérfanos y algunos hombres agonizantes.
Clara tomó entre sus brazos al pequeño Atuel y se encaminó hacia las altas montañas, allí donde cae el sol. Ascendió hasta una de las cumbres y rogó a los dioses que enviasen agua para que los sobrevivientes de la tribu pudiesen salvarse. Pasaba el tiempo y nada ocurría, así que Clara decidió ofrendar su vida y la de su hijo a los dioses. Al momento de morir, cada uno dejó caer una lágrima, y de ellas brotó un caudaloso río que se abrió paso por la tierra reseca hasta llegar a la aldea.
Las mujeres dieron de beber a los niños y, luego de mucho tiempo, volvieron a oírse risas en la aldea. Las más ancianas buscaron a Clara y su hijo, pero al no encontrarlos comprendieron que ellos eran los causante s de aquel milagro.
El río trajo nuevamente la vida al lugar, y por las noches su corriente arrullaba a la aldea con un sonido especial, parecido al llanto de un niño. Todos comprendieron que esas aguas conservaban el espíritu de Atuel, y así decidieron dar al río el nombre del pequeño heredero. |
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