(II Parte del diario “Hacia mi primer viaje on my own)
Lo primero que hice fue arrendar una bici y partí a recorrer los alrededores de la ciudad. Era un lindo día soleado, pleno para ver lo lindo que es el lago Villarrica que se encuentra al lado de Pucón.
Tiene 2 zonas, una para veraneo y la otra para embarcaciones. Como no era temporada alta, la playa estaba totalmente vacía, pero muy linda igual. Una sensación de tranquilidad plena. Seguí recorriendo las callecitas y fui a almorzar. Acto seguido, con mi mapita de la ruta de Quelhue en mano, me dirigí hacia la carretera a comenzar el recorrido. Según me habían dicho, hacer la ruta no me demoraría más de 2.5 horas.
Como eran las 2 de la tarde, me pareció ideal hacerlo en ese momento, puesto que ya estaría de vuelta a media tarde. Así comencé a pedalear x la carretera y avancé hasta llegar a la zona de trocha, cruce un puente colgante que atravesaba el río Trancura y seguí manejando. La verdad que nunca había hecho ciclismo de montaña, pero pensé que no seria tan complicado. El camino se fue complicando cada vez más, más piedritas y subidas y bajadas empinadas.
Muy ocasionalmente pasaba algún camión o camioneta y los conductores me quedaban mirando y yo, obviamente, quedaba llena de polvo. Las vistas se ponían más bonitas cada vez, sentía como si estuviera en la selva o algo por la cantidad de árboles que tenía a mi alrededor. A un lado el cerro lleno de verdor y al otro el río y el volcán Villarrica al fondo.
Sin embargo, las horas iban pasando y no llegaba a los famosos saltos del Quelhue. Comencé a preocuparme un poco, más que nada por la hora, pues el sol se ocultaba detrás del cerro que estaba bordeando, así que cada vez más la ruta se comenzaba a ensombrecer. Ahí fue cuando empecé a darme cuenta de que estaba realmente sola y en medio de la nada. Cada vez que paraba a tomar fotos, era como si todo se detuviese, tan sólo oía el sonido del río y nada más.
Era yo ante el mundo. Fue de alguna manera sobrecogedor el darme cuenta de la pequeñez de mi existencia ante todo lo que estaba a mi alrededor. Si algo me llegaba a pasar, nadie lo habría sabido a tiempo, la quietud y paz que me rodeaba continuaría, el sol se pondría y la naturaleza seguiría su curso…
Wow, me encantó esa sensación de sentirme, de alguna manera, insignificante o impotente, no sé como describirlo. Pero lo que sí tuve claro también es que dependía de mí solamente el poder salir a tiempo del medio de ese rincón de la Araucanía y enrumbar de regreso a Pucón. Así que de cierto modo comenzó una suerte de lucha contra el tiempo, en bien de mi propia continuidad jaja :P
Casi tres horas luego de salir de Pucón llegué finalmente a una cafetería alemana ubicada en un desvío de la ruta y que indicaba que por fin había llegado a los Saltos del Quelhue!! Muerta de sed entré al local y encontré al dueño del mismo a quien le pedí que me vendiese agua por favor. No tenía y me ofreció en cambio jugo de membrillo. Yo lo único que quería era algo líquido y refrescante.
Conversé un rato con el señor, me contó un poco de cómo llevaba su vida ahí alejado de la civilización y cada cuanto tiempo bajaba hacia ella, entre otros. Fue una breve pero buena charla que culminó con el señor regalándome frutas para el camino y negándose a aceptar pago alguno por el jugo ofrecido. La verdad es que creo que debo haber estado con una facha tal que le di mucha pena al hombre.
Y es que ocurre que yo andaba bicicleteando con sandalias y por tanto pies ya llenos de tierra, un pantalón que ya estaba roto por algunos tropezones con la cadena de la bici y de hecho q estaba algo desgreñada también pues fui con el pelo suelto. Quizá como se sorprendió de que viajara sola, le generé cierta preocupación también pues no tenía certeza de que pudiese regresar antes de que se ponga el sol.
Bajé a los Saltos del Quelhue. Valió la pena el recorrido! Aguas revueltas color piscina y la presencia de algunos patillos que jamás antes había visto hacían una vista muy bonita. Luego de estar ahí un rato continué el recorrido por una media hora o más adicional y llegué finalmente a los Ojos del Caburga. Era una zona mucho más grande que los Saltos del Quelhue y me gustó mucho también.
Era como una poza con pequeñas cataratas y paseos para bordearlo. Cada vez más el entorno me hacía recordar a la vegetación que existe en las cataratas de Tirol, en la ceja de selva peruana, en Chanchamayo. Luego de las fotitos respectivas, regresé y ya sabiendo por fin que lo único que quedaba era continuar hasta salir otra vez a la carretera asfaltada y regresar por ahí hacia Pucón.
Un tiempo después llegué finalmente al pavimento y sentí la grandísima diferencia al pedalear. Lo malo era que ya el cielo estaba en los tonos rosáceos, lo que indicaba q pronto iba a anochecer. Aceleré el pedaleo y disfruté mucho del viento fresco, claro que me duró poco pues luego comencé ya a tener frío y sentía como se iban entumeciendo mis dedos.
Salí de Lima con 27 de grados, así que aun me costaba acostumbrarme a temperaturas menores. Siguiendo por la carretera, me preocupé aún más pues noté q no había postes de luz en el camino y ningún establecimiento en la vía, así que tenía que seguir pedaleando. Lo peor es que no sabía que tan lejos me encontraba de la ciudad, así q era simplemente cuestión de pedalear y pedalear.
Lo malo era que cada cierto tiempo tenía que bajar la velocidad pues pasaban los buses interprovinciales a toda velocidad y sentía que me iban a hacer volar!! Por suerte pude descansar de eso un tanto pues encontré por fin un kiosco donde finalmente pude comprar una botella de agua y descansar.
El señor que me atendió me comentó que estaba ya a tan solo 30 minutos de Pucón lo cual me dio algo de tranquilidad pues ya para ese entonces lo rosáceo ya se había tornado medio violeta. Proseguí con el pedaleo, ya por inercia creo, pues no recuerdo sentir mis piernas. Varios minutos más tarde vi las primeras luces de los postes de Pucón. No me faltaba mucho. Con suerte, llegué donde comenzaban los postes justo cuando la noche había bajado. Aunque muda, estaba totalmente emocionada. Aun me faltaba regular para llegar al centro de la ciudad, pero me sentía feliz.
Lo había logrado!! Regresé a tiempo y sin contratiempos!! Ya llegando al hospedaje me encontré con el chico q me habló de las 2 horas y media de ruta y le conté mi aventurilla. Se rió pues no creía que me haya ido sola. Pero bueno, ya estaba hecho y la verdad q me gustó todo tal como sucedió.
Conociendo el Volcán Villarica
A las 7.00 am de la mañana siguiente me pasan la voz pues ya me estaban esperando abajo para darme todo mi equipo y esperar a la camioneta que nos llevaría a la base del Volcán Villarrica. Éramos un grupo de cerca de 10 montañistas-wanna-be y 3 guías para dirigirnos. Luego de las explicaciones de rigor sobre temas de seguridad y cómo utilizar los equipos de manera adecuada, subimos por el andarivel que nos ahorraría 1 hora de caminata, pero como no tenía seguros, no podríamos utilizarlos al momento de bajar. Para ese entonces ya había comenzado a hacerme amiga de unos de los guías.
Yo era la única latina del grupo, así que la única con quien podría conversar en español. Afortunadamente desde el comienzo hicimos buenas migas, pues poco tiempo luego de comenzado el ascenso me di cuenta del cansancio que tenía en las piernas del día anterior, lo que hizo que fuera a un ritmo diferente del resto del grupo. Víctor, el guía y ahora mi amigo, fue super paciente conmigo y fue como si tuviera mi guía personal pues tuvo innumerables gentilezas, que hasta ya parecía mi nana por ratos.
La verdad es q me hubiese encantado ir más rápido pero las cinco horas de bici del día previo había dejado algo de rezago en mis piernas. No obstante, al ir más despacio creo q tuve más tiempo para admirar mejor los paisajes que se iban perfilando. Poco a poco fuimos subiendo hasta por encima de las nubes y veíamos toda la amplitud del lago Villarrica, así como los varios picos de volcanes, entre ellos el Lanin, que iban apareciendo en el horizonte. Varias horas más tarde, llegamos al tope del volcán.
Era la primera vez que ascendía una montaña y obviamente, la primera vez que estaba en el cráter de un volcán!! El olor a azufre era muy intenso, todo estaba verde en la tierra y veíamos el humo salir. Y es que se trata del segundo volcán activo de Chile, lo que explica también los repentinos saltos de “piedritas” (rocas volcánicas de varios cms de diámetro) hacia abajo y lo que hacía que si veíamos una caer todos gritásemos “rocaaa” para avisar a los demás de la venida de la caída de la misma –ahí entendí el porqué de los cascos que usábamos-. Recorrimos el borde del cráter y pudimos ver un poco de lava inclusive. Fue algo que no me lo esperaba. Claro que daba ganas de acercarse más pero creo que de haber hecho eso esta historia no habría podido ser escrita.
Luego de seguir admirando las vistas y refrigerar al borde del cráter, iniciamos el descenso. Desde ya bajé al final como para no demorar el recorrido a los demás. Daba un poco de cólera el ver qué tan fácil era descender en comparación con la subida!! Pero bueno, siempre prefiriendo el caminar por la nieve con los super crampones que por la tierra llena de piedritas resbaladizas. No obstante, la nieve puede ser medio truculenta también, más aún si tienes problemas de coordinación y algunos de tus músculos deciden avanzar y otros no. Así, me pasó que cuando estaba bajando di una mal pisada y terminé resbalándome y… caí.
Comencé a deslizarme cual resbaladera y ahí me comenzó a dar ataque de risa mental. No podía ser posible, lo que justo había temido que me pasara y q no quería q me llegase a suceder estaba sucediendo… este era entonces el fin de la historia? Nooo exijo mi dinero! Jaja entre risa y risa en mi cabeza me acordé que bueno, había una forma de cambiar la situación. Tenía que poner en práctica lo q nos habían enseñado más temprano así q sin más, en plena caída libre casi me di media vuelta y clavé mi piolet en la nieve. Seguí bajando cual gato que se araña de las paredes pero al poco tiempo me detuve.
Víctor bajo a darme el alcance e hizo que me parase. Yo aún estaba procesando lo q había pasado por lo q ponerme de pie me tomó algo de tiempo. Una vez parada ya bajé nuevamente, pero muy lentamente. Al rato volví a ganar confianza y, en lugar de seguir la ruta de los demás, comencé a abrirme camino de frente entre la nieve. Ya no había nada que temer, ya me había caído y resbalado, si volvía a pasar, pues simplemente aplicaba lo que ya había hecho. Ahí fue cuando más gusto le cogí a descender por la nieve, se sentía rico pisarla y dejar nuevas huellas en el camino.
Un par de horas luego ya estábamos de regreso a la base del volcán. En total, fueron 9 horas de ascenso y descenso. Víctor me confesó después que creyó que yo no iba a llegar a la cima siquiera, pues con las piernas así de cansada como las tenía, capaz me daba media vuelta. Pero no ocurrió así, con piernas molidas o como sea, tenía ganas de saber cómo era un cráter de volcán y de ver todo desde más arriba.
Las vistas me encantaron así que valió la pena, con todo y caída incluida. Ahora ya se me metió el bichito de la curiosidad y el gusto por trepar cerritos así q en un próximo viaje espero poder subir algún otro. Por lo pronto ya hay planes para ir por Huaraz, al norte peruano, para trepar algunos nevados cuando Víctor venga en invierno a mi país.
Lobos de Valdivia
Al día siguiente ya era hora de partir. Compré mi pasaje hacia Valdivia y me despedí de Pucón luego del desayuno. Definitivamente voy a tener que volver pues me quedaron muchas actividades pendientes por hacer. Llegué a Valdivia y deje mi equipaje en custodia. En realidad iba a estar unas horas solamente pues tenía que entregar un encargo a la amiga de un amigo y de paso conocer la ciudad antes de partir ya hacia Puerto Varas.
Al final de cuentas resultó muy complicado encontrarnos con esta chica, así q fui a su oficina a dejarle el encargo. Previo a ello pasee por la costanera del Rio Calle Calle, un rio bastante grande, navegable y bonito. El día seguía estando super soleado, para sorpresa de los lugareños, pues me dijeron que ya para esa época debía estar lloviendo. Almorcé más pescados y mariscos (salmón en salsa de jaibas), para variar, pero la novedad estuvo en que probé la famosa cerveza de la zona, la Kunnstmann. Probé la de miel y me gustó mucho y eso que no soy muy cervecera que digamos.
Luego del rico almuerzo en El Valdiviano, cerca del mercado municipal, seguí mi camino y pregunté por qué se podía hacer ahí en alrededor de 3 horas. Me indicaron que la mayoría de paseos hacia los fuertes españoles tomaban por lo menos 5 horas. Así que a lo más podría ir y pasear por los alrededores de la costanera e intentar entrar al Fuerte de Niebla.
Fui cerca del mercado fluvial camino a la plaza a tomar un taxi hacia allá y el taxista q encontré me convenció para hacerme un recorrido por toda la costanera, cruzando la Isla Teja, pasar por Niebla y llegar hasta Curiñanco más allá incluso de donde los ríos valdivianos confluyen con el océano Pacífico, y luego ya traerme de retorno hasta el terminal de buses.
La pensé un poco pero acepté pues en verdad, en vista de lo escaso del tiempo, nada mejor que conocer lo que pudiese y guiado por un lugareño. El taxista fue super amable y parecía un verdadero guía me contaba historias y explicaba todo por cuanto lugar cruzábamos.
Lo bonito de Valdivia era lo tranquilo de sus ríos y verdes lomas y cerros. Me explicó el taxista que esta era la zona forestal de Chile, de donde luego se talaban los árboles y se extraía la madera que era exportada a Asia y Europa. Llegamos a Niebla y efectivamente el fuerte estaba cerrado, avanzamos más y pasamos por diversas playas, Playa Rosada, Los Molinos, Corral, hasta llegar a Curiñanco. El taxista tenía razón, el color del mar era distinto en esa zona y era lindo ver las aguas celestes. El sol era fortísimo pese a ser ya de tarde e incluso opacaba bastante de las fotos que tomé.
Daba ganas de meterse al mar. Ya de regreso vimos tb el rio Cau cau y la gente sacando mariscos para vender al día siguiente q comenzaba la semana santa. Ya en Valdivia pasamos por la costanera y vimos a los lobos de mar. Paramos un rato pues esta vez los lobos del rio calle calle no estaban en la otra orilla, sino en la que daba a los peatones! Estaban cual palomas, tiradotes sin nada que les importase! Me pareció super curioso. La gente pasaba a su lado, les tomaban fotos y estos ni se inmutaban. Pues bien, yo tb les tomé la fotix respectiva y algún videito tb.
De vuelta al terminal tomé mi bus hacia Puerto Varas. En el bus me tocó ir acompañada de una chica que estudiaba en la Universidad Austral, con quien me la pasé conversando las 3.5 horas que duró el viaje. Fue una charla muy interesante y entretenida, tanto así q no sentí largo el viaje.
Le pregunté por lugares que me recomendase para hospedarme en Pto Varas, pero no conocía pues ella en realidad vivía en Petrohué. Ya en el terminal busqué en los avisos al lado del teléfono y encontré uno que me pareció haber visto en internet días antes. Lo malo es q no tenía planito de la ciudad así q no sabía cómo llegar allá y llamé por teléfono, pero el teléfono se comió mis monedas.
Como eran las 10.30 pm sabía q no podía ponerme muy exquisita en la elección del hospedaje, así q me dispuse a tomar lo primero que encontrara disponible. Para mi suerte, la chica que conocí ofreció llevarme al centro de la ciudad y me dejó muy cerca del hospedaje que había averiguado. Le agradecí y nos despedimos. El primer hostel q encontré ya no tenía cupo así q busqué el siguiente. Por suerte sí había, aunq sólo en matrimoniales. Como ya era tarde y no quería seguir andando con las maletas en una ciudad q apenas conocía, lo tomé. Fue el cuarto más caro de mi historia jaja y lo peor q era solo por unas horas...
Puerto Varas
Esa noche luego de hospedarme busqué una cabina de internet (menos mal q encontre una abierta!) para ver si había escrito mi amigo. Me decía q se había ido a Chiloé y q ya nos encontrabamos de frente en el terminal hacia Santiago al día siguiente x la night. Como hacía frio, salí a buscar un café.... me demoré una hora hasta encontrar un lugar donde vendieran café... y lamentablemente el único lugar era una bodega que vendía café de máquina dispensadora. En fin, ya con mi super café en mano me dispuse a regresar y pasar x el Casino de Puerto Varas q tanto me habían hablado. Aunq la verdad no soy de apostar ni nada, sino q simplemente quería curiosear.
Al final se frustró el plan pues me dijeron q no podía entrar con líquidos y como no pensaba tomarme al instante el café q tanto me costó encontrar, dije q mejor regresaba otro día jeje. A la mañana siguiente, amaneció super nublado pero sin lluvia por suerte. Conseguí un mapita y emprendí camino hacia Frutillar, a media hora de Pto Varas.
Frutillar queda a orillas del lago Llanquihue y es una ciudad que claramente tiene toda la influencia alemana en las casitas que la conforman. Sin embargo, en un día gris y apagado, hasta el lago se veía lúgubre y triste, más aún por cuanto muchos de los locales y hostales estaban cerrados y vacíos.
Casi era como estar en un pueblo fantasma. Desayuné en una cafetería q encontré abierta un kuchen de frambuesa. Luego de terminar de bordear la costanera y visitar el teatro del Lago, esperé a q venga el bus y me regresé a Puerto Varas. Tuve suerte pues apenas llegué ya cerca estaba a punto de salir el bus hacia Petrohué. Lo tomé y luego de casi una hora de viaje y luego de que quedaramos en el bus tan sólo el chofer y yo, ya estaba encaminada hacia el Lago Todos los Santos, en Petrohué.
El chofer me preguntó por cuál sería mi último paradero y luego de decirle y enterarse que era turista, decidió ser mi guía particular :P.
Paramos en un sitio llamado la ventana, en la ruta, por donde se podía ver el pico del Volcán Osorno entre 2 cerros. Lo bueno es que ya para esa hora y esa zona ya estaba el cielo totalmente despejado así q había un sol esplendoroso.
Continuamos el camino y ya los paisajes era como ver los campos perfectos, todo verdecito y lindo. Llegamos a Petrohué, q es practicamente el final del camino. Ahí baje del bus y casi se me cae la mandíbula. Vi el Lago Todos los Santos y sus aguas azules perfectas y super tranquilas, el cerro lleno de verdor que estaba al frente y al voltear, el imponente volcán Osorno. Era una imagen demasiado linda. Me quedé maravillada con el lugar y su tranquilidad. Había fuerte viento por lo q hice bien en ir abrigada.
Me quedé con las ganas de subirme a una embarcación, pero ya veía que si lo hacía era probable que luego ya no llegara a tiempo a Pto. Varas. Así que me quedé admirando los alrededores y tomando foto hasta a el agua solamente y ya esperé a q salga el siguiente bus de regreso para parar pronto en la entrada del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales y ver los saltos del Río Petrohué.
Una vez entrando sentía otra vez como si estuviese en la selva por la cantidad de vegetación a mi alrededor. Aqui si había más gente, todos en grupos de algún tour. Seguí el caminito y pronto vi las aguas turquesa oscuro del río Petrohué y avanzando más allá pude por fin ver los saltos.
El color del agua seguía siendo lo que más llamaba la atención. En uno de los puntos para ver más de cerca, conocí a un par de chicos de Viña del Mar, quienes también estaban turisteando y, coincidentemente, estaban haciendo la misma ruta que yo pero a la inversa.
De Pto Varas a Valdivia, luego a Pucon y de ahí de regreso a casa. Ofrecieron llevarme de regreso a Puerto Varas, así q nos embarcamos en su auto. Lo bueno es q ellos al igual que yo, querían parar a tomar fotos en el camino, así q así lo hicimos en el Lago Llanquihue.
Era otra cosa ver el lago con el sol así, ya atardeciendo, super tranquilo pero muy helado. Uno de los chicos se metió al lago y mientras el otro y yo nos burlabamos pues se moría de frio jeje. La pasamos bien, jugando con la camarita y bromeando todo el tiempo. Me dijeron para ir a almorzar (ellos) y cenar (yo) antes de q me vaya al terminal y así lo hicimos. Fue gracioso pues caímos en un restaurant ya en Puerto Varas que a ellos les habían recomendado, pero no sabían qué tipo de comida era.
Y yo tenía antojo de pollo, luego de tanto mariscos, y ellos de parrillada. Al final, ya bien sentados y con la carta en mano, caímos en cuenta que se trataba de un restaurant de pescados y mariscos jaja. Igual, pedimos algo distinto y un pisco sour para cerrar la tarde/noche.
La pasamos muy bien los tres, hicimos química rápido y me imagino qué hubiera sido tenerlos de compañeros de viaje e imagino que podría haber funcionado... pero en fin, ya estaba con la hora ajustada así q se ofrecieron a llevarme al terminal. El problema era q ninguno sabía donde quedaba!! Preguntando en la calle, la gente tampoco sabía darnos la dirección. Uno de los chicos me comenzaba a fastidiar diciendome que ya no iba a llegar a tiempo y q me tendría q quedar con ellos... yo me reía pero en verdad estaba preocupadisima pues si no llegaba eso implicaba tener q esperar el bus de la mañana siguiente, lo q significaba q perdería mi vuelo de Santiago hacia Lima.
Y la verdad q no estaba dispuesta a pagar nuevamente penalidad por hacer cambio de vuelo :S.
Llegamos al terminal. Con cada chico con una maleta a cada lado cual guardaespaldas entré, pero con la esperanza de encontrar a mi amigo ahí, pues eso sería un buen indicador de q el bus aun no se habría ido. Ya eran 5 minutos más tarde de la hora a la que debía salir el bus, así q tenía pocas chances. No obstante, entré y me alegró ver a mi amigo sentado esperando.
Me miro y lo primero q me dijo fue lo suertuda que era pues había un problema a la salida de Puerto Montt que había ocasionado el retraso del bus.
Ufff, menos mal. Ya ahí tuve que despedirme de mis amiguitos de Viña, con pena claro, pero con la promesa de intercambiar las fotix y quedar para un próximo encuentro, ya sea en Perú o en Chile nuevamente. Una vez a solas con mi amigo, todo estuvo en buena onda. Habían pasado varios días, así q el fastidio ya se me había ido. Nos contamos todo lo que hicimos ya camino a Santiago.
Back to the city
De vuelta en Santiago finalmente fuimos a recorrer el centro de la ciudad. Esperamos al último día para ver La Moneda y alrededores. Bastante transitables pues se trataba de un feriado (viernes santos). Me encantó ver que pese a que casi todos los locales estaban cerrados, las heladerías no. Eso, sin duda, es un claro indicador de desarrollo jaja. Fuimos por el mercado central y encontramos que era básicamente una zona de restaurantes y marisquerías con muchísimos comensales.
Tomamos el metro hacia Paseo El Bosque y ahí vimos toda una serie de restaurantes bonitos y q sí estaban abiertos. La verdad es q no teníamos tanta hambre así q terminamos comiendo crepes pero ya bastante tranquilos y con algo de pena pues era el último día. De regreso a la casa de mi amigo, salimos a tomar algo como despedida. Les detallamos cada quien nuestras aventurillas sureñas y nos despedimos, con mucha pena de ellos y su país.
Ya en el avión, no podía sino rememorar las cosas q había hecho en los últimos nueve días y me sentía super, demasiado feliz por todo lo vivido. De hecho aprendí q realmente viajar sola es lo ideal, sobre todo si vas en plan de actividades en el campo. Además, comprobé que si de paisajes se trata, me encanta todo aquello en donde haya agua involucrada. Lagos y playas son mis favoritos.
Pero también, le agarré un nuevo gusto a la montaña y ahora tengo ganas de trepar más. Por otro lado, ese “descubrimiento” de mi yo ante el mundo me permitió hacer un “pause” a todo. Hoy vivo las cosas con más tranquilidad creo y más sosegada incluso. No es q antes haya sido siempre acelerada, sino que creo q dejaba que el tiempo vuele sin darme cuenta ni ser consciente de en qué se me iba.
Hoy si soy más consciente de cómo paso cada minuto y claro, no dejo de pensar en cuál será mi próximo destino, así como cuándo podré volver, pero más al sur, quizá a Punta Arenas. Así, el sur chileno me encantó y según me contaron me falta mucho por conocer, no sólo más al sur sino también al norte, pues no es similar al sur peruano.
Será para una próxima y espero, pronta vez. Sudamérica es preciosa y quisiera terminar de conocerla bien antes de cruzar el charco. Así q a ahorrar mucho más se ha dicho pues las ganas son muchas, pero el tiempo es poco. |
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