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Munich: Última parada Europa central en tren!

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Munich, Alemania

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franpartidas
21/04/2007


Amigos! Lo prometido es deuda, por eso estoy de vuelta para hablarles de la última parada de mi viaje del 2006 a Europa central: Munich!      

Capital de la Baviera, se encuentra al sureste de alemania y muy cerca de la frontera con Austria, a dos horas en tren desde Salzburgo, y es super conocida por la afición de sus locales a la cerveza, cuyo punto culminante es la Oktoberfest, fiesta donde se celebra la producción anual del dorado líquido. Sin importar la época que vayas, es impresionante cómo los muniqueses beben cerveza desde el desayuno. No me sorprendería que se las dieran a los nenes en biberones!.    

Dicen que Munich es catalogada entre los alemanes como la ciudad más agradable para vivir, y quizás es por sus grandes y arbolados parques, la abundancia de buena cerveza y el carácter alegre y bonachón de sus gentes; es increíble que también aquí haya nacido esa pesadilla que fue para el mundo el nazismo. También es conocida por su ímpetu industrial y científico, siendo la base de operaciones de empresas de fama mundial como la BMW.   

En Munich hay muchísimo que ver, pues ha sido testigo tanto de un opulento pasado como de eventos de la historia reciente, como podrán ver más adelante. A pesar de haber llegado a eso de mediodía, conseguir hostal fue toda una odisea, ya que el que tenía en mente, el Wombats estaba lleno, y al estar falto de efectivo me tocó caminar un buen trecho buscando otro sitio, para quedar al final en el City Palace, cerca de la Puerta Sendlinger. Además, la lluvia, que había dejado atrás al pasar de alemania a república checa, volvió a ser un incómodo acompañante, así que mis primeras vistas del Marienplatz, el centro histórico fueron de noche y estuvieron pasadas por agua; así que, de alguna forma, la excursión comenzó al día siguiente.

Dejado atrás ese no tan buen comienzo, puedo decir que el sistema de transporte público es excelente. Usando el subterráneo (U Bahn), y los trenes suburbanos (E bahn) en combinación con los tranvías (S Bahn) llegas a cualquier parte, con un solo boleto, aunque hay que estar pendiente de pedir el Munchen XXL, porque es el único que incluye las zonas externas de la ciudad. Mi primera parada ese día, fue el Deutsches Museum, en una isla sobre el río Isar; ése nombre es engañoso, pues no se refiere a un museo de arte o de historia natural. Está totalmente dedicado a la tecnología, y sobre todo a los aportes de alemania en este campo, que no son precisamente pocos. Yo, personalmente, soy fanático además de la militaria y la aviación de la segunda guerra mundial, y y el ala dedicada el transporte es gigantesca, constando de un salón dedicado a los barcos, con grandes maquetas y hasta un corte de un submarino real de la primera guerra mundial, dos pisos dedicado a los aviones, y uno a la exploración espacial.

Chicos, yo me sentía en mi propia disneylandia, viendo con mis propios ojos las míticas máquinas de la Luftwaffe: El Me109, caballo de batalla y legendario oponente del spitfire en la batalla de Inglaterra, el Me262, primer caza a reacción del mundo, las bombas voladoras V-1 y V-2, con las que Hitler esperaba poner de rodillas a inglaterra, y el Me-163, caza cohete con una autonomía apenas de 8 minutos en vuelo, suficiente para subir y derribar bombarderos con su pasmosa velocidad cercana al mach1; también se puede ver un trozo del dirigible hindemburg, aquel que explotó sobre new  york  , y el triplano del barón rojo. Asimismo hay una sección de maquetas de ferrocarril, de puentes, una réplica de las cuevas de Altamira, y lo mejor de todo, para no perderse, una exposición sobre electricidad, donde entras a un salón oscuro, en cuyo centro se encuentra un señor en una isla cercada y llena de transformadores y bobinas de electricidad , quien va explicando las propiedades físicas de los campos eléctricos, y lo hace mientras hace saltar un rayo desde un polo a otro de un extremo a otro del salón, y luego interpone un vidrio con el cual se estrella el rayo convirtiéndose en miles de pequeños rayos que parecen ir desde el centro a los bordes del cristal en todas direcciones. Eso era, según creo, el efecto Faraday. Lástima que la demostración no fuese en inglés para uno poder entender algo. Igual fue algo impresionante, y se podía ver en los rostros de asombro de todos los visitantes. Al salir de ahí se puede pasar por Isar Tor (puerta), una de las entradas de la ciudad en tiempos medievales, parada obligada en las rutas de comercio de la sal, ricamente decorada con murales.   

Luego tomé el U Bahn hasta Frottmaning , al norte, para visitar el estadio de fútbol Allianz Arena, modernísima catedral de este deporte, de aspecto futurista, como una dona blanca gigante, recubierto de un material transparente que se ilumina de noche con los colores de los dos equipos locales, uno de ellos el Bayern Munchen, uno de los mejores de Alemania. Este estadio fue protagonista del partido inaugural del Mundial de fútbol, apenas un par de meses después. Al salir de la estación uno se impresiona porque el estadio se encuentra en una grandísima explanada, totalmente sólo, sin construcciones alrededor. De hecho, hay que caminar un largo trecho desde la estación, primero por una larga pasarela, luego a través de esa vastedad; yo lo hice, y bajo una fría e inclemente llovizna. Pero valió la pena, pues se puede hacer una visita guiada al interior, que te lleva a los camerinos, al campo, a la enfermería, las salas de prensa y otras dependencias.   
Por supuesto no me aguanté de traerme mi souvenir futbolístico: Una chaqueta oficial del Bayern, que me provocó una anécdota muy cómica. Un señor mayor en el subte se me acerca, me mira a los ojos,y empieza a gritarme no sabía si eufórico o agresivo, mientras yo le decía que no hablaba alemán. Y el tipo comienza a darme palmadas en el pecho, en la chaqueta, y yo pensaba “ya este tipo es fanático del otro equipo y me está buscando pleito” hasta que ví una sonrisa, medio entendí que hablaba de que, la noche anterior, ganándole a Frankfurt 4 goles a cero, del Bayern  había ganado el campeonato de la Bundesliga. Ahí comencé a respirar de nuevo!   

De ahí volví a Marienplatz, plaza famosa por sus construcciones barrocas y neogóticas como el ayuntamiento, con un lindo reloj con figuras mecánicas que hacen su espectáculo a mediodía. Es el centro de un agradable boulevard con un mercado artesanal, Viktuallenmartkt,  tiendas y cafés que va desde el área del teatro de ópera hasta  sendlinger tor al sur.   

Al siguiente día hice una excursión al extrarradio de la ciudad para conocer el monumento del campo de concentración de Dachau. Luego de equivocarme de estación para hacer un transbordo, cosa que me quitó bastante tiempo, y de esperar un autobús que tardó bastante, llegué al sitio al fin. No sé si la lluvia y el cielo gris ayudaban a crear el escenario, pero ciertamente si en algún sitio se puede sentir una carga de energía negativa que te sobrecoge al instante, éste es el sitio. Tal como se ve en las películas, con su Terminal de tren, rodeado por alambradas y casamatas, con algunas barracas, un ala de celdas,  e incluso a un extremo el edificio donde aún están las cámaras de gas y los hornos crematorios, así como un paredón de fusilamiento. En el edificio principal se pueden ver interesantes exhibiciones que explican un poco de la situación de Alemania antes y durante  el ascenso al poder del nazismo, la creación de los campos, la vida en los mismos y su posterior liberación. Se ven cosas horribles, de cómo los nazis convirtieron el asesinato de gente en algo totalmente rutinario, eficiente y sin sentimiento como ahorcar con cables de piano justamente enfrente del horno para poder inmediatamente deshacerse del cuerpo,  aunque también gestos de heroísmo, como la de dos oficiales belgas que pasaron 4 años en Dachau, pudiendo ser liberados simplemente si juraban fidelidad al reich, cosa a la cual se rehusaron, y de solidaridad y compasión, como la de un cura polaco que siendo encomendado a escoger a alguien para utilizarlo como conejillo de indias inyectándole alguna enfermedad prefirió entregarse él como voluntario muriendo al poco tiempo; inclusive hubo un intento por parte de gente de la ciudad para liberar el campo, conocido como el movimiento de la rosa blanca.      

Luego necesitaba hacer algo un poco más agradable,  y la tarde aún me alcanzó para visitar el Englisher Garten, uno de los parques más populares de la ciudad. Muy concurrido en los meses de verano, la gente viene a tomar sol en muchos casos desnudos, y a pasar el rato en alguno de los muchos Biergarten, terrazas para beber cerveza como la que está al pie de una torre que asemeja una pagoda china. Yo estaba en primavera, aún hacía frío y el clima era detestable, por lo que lo encontré bastante desierto.

Pero al día siguiente ¡Al fin! Nos despertó un sol glorioso y un cielo despejado y azul cobalto. Esa mañana hice un par de amigos de Brasil, Glaucio, de Rio de Janeiro, y Danielle, de Sao Paulo, con los que saldría luego. Pero esa mañana fui a conocer el Parque Olímpico, una gran extensión de jardín y lagos que alberga las instalaciones de las tristemente famosas olimpiadas donde fueron secuestrados y asesinados los atletas de Israel. Puedes subir los 113 pisos de la  Olympiaturm y ver desde allí toda la ciudad y el toda la extensión de parque a tus pies, pero es caro (4 euros) y en realidad no hay mucho que hacer allá arriba, a menos que tengas dinero (y no te mareas) para comer en el restaurante giratorio en su tope. En frente está el edificio de la BMW, con un pequeño museo donde se muestra la historia de éste automóvil.   

Esa noche mis amigos los brasileros y yo nos fuimos de farra para la Hofbrahaus, antigua cervecería real, y uno de los sitios más visitados de Munich. Para hacer una comparación, el Hard Rock Café de Munich está enfrente, y estaba vacío. Hofbrahaus estaba a reventar, casi tuvimos que sentarnos en un barril a las puertas de la cocina. El sitio es rústico, con grandes mesas para muchos comensales, con una banda de músicos típicos enfundados en sus lederhosen (los pantaloncitos cortos de cuero) y las rollizas meseras transportando hasta cuatro jarras de cerveza de UN LITRO ¡En cada mano!   Si te gusta la cerveza, éste es el sitio. La cerveza muniquesa es divina, me gustó mucho una variedad que llaman weissbier que es como turbia, no puedes ver a través de ellas como la típica pilsen que se consume en casi todo el mundo. Y se sirven en jarras gigantes, con un par de ellas ya estás alegre, por decir lo menos.    

Así llegó el último día en Munich,  y última noche en alemania. Glaucio, Danielle y yo quedamos de acuerdo en que, como Danielle tomaba un avión a las tres de la tarde y yo podía regresar a Frankfurt a las dos, ya que sale un ICE (tren rápido alemán) casi cada dos horas, teníamos tiempo para hacer un último recorrido, así que nos fuimos al palacio Ninphenburg, otro palacio inspirado en Versalles donde habitaban los príncipes bávaros… No entramos, al edificio en sí, pero ya recorrer los jardines de tan grotescas proporciones bien nos iba a ocupar la mañana… no sabría decir en medidas, sólo sé al pasar a la parte de atrás primero había un jardín de forma cuadrada, con laberintos de arbustos y avenidas franqueadas por estatuas de estilo griego, quizás de unos 200 por 200 metros, que desembocaban en un laaaaaaargo espejo de agua, a cuyas orillas corrían dos avenidas también muy largas en medio de una especie de bosque, y muy a lo lejos (sólo llegamos a la mitad de la distancia) dicho estanque terminaba en un conjunto de estatuas a modo de cascada. Que bueno que hoy en día este espacio es un parque público, donde la gente puede ir a hacer jogging, o simplemente disfrutar de la naturaleza.    
Así fue que nos despedimos, y yo inicié el triste regreso. En dos días estaría yo de regreso en casa, y aunque siempre hay un momento en que el cansancio de tanto caminar, de comer y dormir mal y de ir de sitio en sitio es tan brutal que deseas ya que termine, cuando ya estoy en la sala de abordaje en el aeropuerto, y me doy cuenta de que ha terminado, es algo muy triste. Además, por la rotación de la tierra, y al diferencia de horarios, durante el vuelo de regreso te acompaña la luz del día todo el tiempo, cosa que se hace un poco agobiante. Así estaba de regreso a este caos de calor y tráfico que es mi querida capital: Caracas.

Y recuerden siempre viajeros nunca turistas!  
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