
LA PARTE MAS ALTA Y LLANA.
CERCA AL LIMITE CON LIMA | 0 comentarios.
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A las 06:30 comenzamos el acercamiento hacia el punto de inicio que se encontraba a poco mas de 3 Kilómetros hacia la quebrada Chinchan, donde hay un desvío en dirección norte, el mismo camino que lleva a los camiones cargados de mineros hacia Marcapomacocha.
A las 07:30 horas comenzamos el viaje. Al principio, los primeros 1000 metros lo hicimos sobre las bicicletas. Cerca de los relaves de Chinchan, tuvimos que caminar por la pendiente un poco pronunciada. Mas era la altura, pues estábamos a mas de 4200 m.s.n.m. o 13.779,53 ft.s.n.m.
Llegamos a un cementerio cerca de las 08:00 horas, mientras el sol se asomaba de entre las montañas, proyectando su sombra en las montañas e iluminando fuertemente. Nos deteníamos de a ratos a comer sacando de la mochila nuestra comida que eran las barras de chocolate con cereal.
Muy aparte había llevado carne de res a la parrilla con papas y choclos pero seria para el almuerzo, la única comida del día. No es porque no teníamos, sino que a semejante altura, el cuerpo va a rechazar cualquier tipo de sólidos hasta haberse climatizado.
A la altura de la latitud 18, longitud 64, pudimos apreciar el largo camino que nos preparaba estas tierras. Entonces todo era silencio absoluto, ni el viento producía su aliento. La cabeza comenzó a dolerme y mi hermano se quejaba de no haber dormido nada en la noche anterior. Paramos para que durmiera una media hora. A la vez me puse a observar el fatigoso camino que teníamos que subir.
A cada hora pasaba un vehiculo. Lo podíamos ver descender o ascender por las montañas, allá en sus faldas.¡No podía creer que por ahí era el camino! Mas allá, en el filo de la montaña, done las carretera se pierde, seguramente empezaría el descenso hacia el valle de Huinco, donde se situaban los distritos de Carampoma y Huanza; eso era lo que creíamos.
Cerca de las 10:00 de la mañana comenzó aquella cuesta arriba. Para ahorrarnos distancias que recorrer, íbamos perpendiculares a esos caminos en zigzag, cortándoles el camino, con las bicis en los hombros por temor a que en la vegetación tosca del lugar pudiera ser pinchada con algún tipo de planta desconocida con púas. Era fatigoso, el corazón parecía querer vomitarlo.
Subíamos pendientes de 30º con la bici al hombro. A estas alturas deberíamos estar ceca de los 4600 m.s.n.m. o 15.091,86 ft.s.n.m. La idea es cortar camino para ahorrarnos tiempo. La carretera zigzaguea y en cada vuelta recorre más de 200 metros, lo que nos retrasaría seguirla. Así hemos cruzado mas de 4 vueltas, entre carretera y carretera había entre 30 y 50 metros de altura.
A las 11:00 llegamos a ese filo que desde abajo veíamos que terminaba ante nuestros ojos la carretera. Fue grande nuestra sorpresa cuando llegamos a esa curva y vimos que lo que habíamos recorrido era solo los 2/3 de lo que nos esperaba. La carretera nuevamente hacia zigzag y cogia más altura.
Al fondo podíamos apreciar ciertos picachos cubiertos de nieve hacia el noreste. Era para enloquecer, mi cabeza sonaba a circuitos electrónicos quemados y veía que los cerros se movían, así como la tierra. Veía más llamas y alpacas de las que había. Aun nos faltaba mucho por recorrer y ya no había fuerzas.
Comimos las carnes de nuestro refrigerio y nos dio mas fuerza. Oraba a los Apus para que nos permitiera el éxito de tal empresa, para no desistir y continuar, pues aun faltaba mucho por andar y ya era el mediodía. Por instantes llegábamos a parajes llanos, donde seguramente se camuflan esos pantanos de los que me hablo mi mama que se solían llevarse a las vacas en ocasiones.
En dos ocasiones mi hermano tomo una siesta y era eso lo que nos quitaba tiempo, pero el lo necesitaba por no haber dormido y por no estar acostumbrado a las trasnochadas.
Llegamos a unos parajes donde cada vez se sentía la falta de aire. Caminábamos sobre pendientes de 35º; recorríamos 5 metros y caíamos rendidos, respirando agitados como si hubiéramos corrido 100 metros planos. Más allá veíamos que el camino se perdía más al norte. Detrás no parecía que hubieran mas elevaciones, además nos estábamos acercando a los 4800 m.s.n.m. y no seria posible que hubieran mas carreteras en zigzag hacia mas altura. Teníamos la esperanza que pronto toda esta subida se acabaría para comenzar el descenso hacia el Valle de Santa Eulalia.
Por fin llegamos al fin del ascenso. A casi 5000 m.s.n.m. llegamos al inicio de lo que esperábamos: el descenso. Subimos a las bicicletas y nos deslizamos. Las bicicletas iban adquiriendo mayor velocidad cada vez que avanzábamos. De a ratos nos cruzábamos con vehículos de transporte público.
Continuábamos.
El camino era un poco pedregoso y con pocas curvas; nos dirigíamos en sentido Norte en el camino hacia Marcapomacocha del que nos distanciaban unos 20 Km. De pronto comenzaron las curvas y de pronto, como por arte de magia apareció ante nosotros en forma repentina tras las pareces de la carretera un majestuoso nevado: Rajuntay, con 5430 m.s.n.m. o 17 814 pies s.n.m.
Llegamos rápidamente a una casa de pastoreo de temporada llamada Curicocha donde se notaba una ausencia de personas ganaderas. No nos detuvimos. En nuestro frente se abría todo un circuito de carreteras que tomaban varias direcciones. Sin embargo, por razones obvias, la apropiada era la de la dirección Oeste de donde venia una camioneta patrulla de la policía de carreteras.
Había más carreteras en dirección Norte e incluso Este. Por seguridad mi hermano fue hacia donde el policía para preguntarles sobre el camino correcto hacia el Valle del Río Santa Eulalia. El policía nos pidió nuestros documentos e incluso tomo nota de ellos, pues parecíamos sospechosos estar a estas alturas, nosotros, gente extraña y en situaciones extrañas, como el equipaje y nuestra indumentaria, así como nuestro aspecto, aparte de las marcas que llevábamos en la cara con tinta, las que nos servían (según nuestras creencias) de protección contra los fenómenos meteorológicos que pudieran haber.
La policía al fin nos cedió el paso y nos oriento. Después de agradecerles y estar confiados de que estábamos en el camino correcto, observamos que el cielo se puso aun mas nublado; parecía que iría a haber precipitaciones e incluso rayos, lo que era nuestro temor, pues íbamos sobre bicicletas de metal; es por eso que cuando descansábamos nos acostábamos o sentábamos en el suelo muy lejos de la bicicleta y poniendo la patita de metal que serviría de descarga a tierra.
Algunas nubes parecían amenazarnos con rayos.
Lo que nuevamente nos causo sorpresa es que aun no había terminado la ascensión. En verdad no es nada fácil, hay que saber dominar tu pereza y tener mucha voluntad y ganas para subir. Antes de haber llegado a la anterior cumbre, no imaginábamos cuando terminara esta subida, mas entonces ahora empieza otra.
Es cuestión de mantener la calma y seguir con paciencia. Esto es como para enloquecer, así como en el recorrido hacia Jauja desde La Oroya cuando nos cogio la noche, de esta misma forma nos veíamos ahora, yendo por lugares nuevos para nosotros, mas sin embargo, intuitivamente seguíamos porque teníamos que cumplir el reto que nos habíamos propuesto: el de seguir hacia Lima de regreso por un camino paralelo al que habíamos venido en el ómnibus. Necesitábamos paciencia y no parar de caminar. Pronto toda esta subida acabaría, subida la que comenzó a torturarnos nuevamente.
La ascensión era poca en si. Solo 2 kilómetros de subida con 25º de pendiente no era para desanimarse, ni mucho menos dar la vuelta y coger la anterior cima y bajar lo que en toda la mañana habíamos subido, sino de continuar hasta ese punto en que el camino se volvió llano pero con quebradas a nuestros costados, con enormes rocas en los cerros y fallas geológicas.
Caminos curvos, bordeando los cerros, pero era plano, por lo que nos subimos a las bicicletas y comenzamos a pedalear avanzando a mas de 4800 m.s.n.m., bordeando el Cerro Curicocha. A nuestra diestra se extendía una llanura verde con llamas y alpacas llamado ese lugar: Pampa Acuisho, mas este quedaba a mas de 80 metros bajo nosotros en el camino.
Avanzamos entre lo alto del camino y estábamos al ras de los picos de las montañas del otro lado; del oeste. Podíamos apreciar sus picachos descubiertos de nieve en esta temporada tan cerca de nuestros ojos. A medida que avanzábamos por estos caminos, decidimos bajarnos y andar con la bici a nuestro lado, pues había cierta ligereza de subida. Ahora las paredes de las montañas estaban a nuestra diestra. Una zona plana a nuestra izquierda nos dejo ver entre las piedras a una chinchilla que se quedo inmóvil creyendo camuflarse entre las piedras del lugar, puesto que su pelaje es similar a estas rocas del lugar.
No tardamos en voltear una curva y apreciar ante nuestros ojos una hermosa cocha, llamada Laguna Lichis, la que estaba a 50 metros abajo. Eran cerca de las cinco de la tarde. Al fin termino toda esta pendiente en subida. Habíamos encontrado un descenso increíble. Podíamos ver las curvas de la carretera perderse por entre las montañas allá abajo. Ahora las montañas iban decreciendo poco a poco. Al fondo, al Oeste, no había nada. Era como si la tierra terminaba allá. Pronto estaríamos allí.
Subimos a las bicicletas sin antes tomarle una foto a la laguna. Partimos. La bicicleta comenzó a tomar velocidad y era necesario frenar, pues esta tomo velocidad demasiado pronto. En las curvas de descenso usábamos los pies para mantener el equilibrio y para no chocar con el límite del ancho de la trocha. Había piedras muy grandes, clavadas en el suelo, pero la mayoría estaba regada a lo largo.
La bici comenzaba a saltar. En varias ocasiones mi cuerpo salía despedido del sillín y mis manos del manubrio. Tenia que reaccionar rápido para tomar el control nuevamente.
Mi hermano iba adelante por seguridad; en caso se cayera podría auxiliarlo. Además tenia que tener cuidado de no morder su llanta con la mía. Pero la concentración era mayor cuidando que la llanta no choque con esas piedras mas grandes. Estas piedras en promedio tenían un volumen de pelotas de tenis y en ocasiones llegaban a ser grandes como pomelos. Salían disparados estos por la velocidad con que íbamos.
Nuestros ojos solo apuntaban a las ruedas y al camino, buscando en la carretera algún caminillo libre de piedras o al menos con menor cantidad de estas.
Llegamos en un santiamén después de recorrer cerca de 800 metros a la siguiente cocha: Chichas. Mas adelante pasamos por la cocha Pucro y Canchas, desde donde a lo lejos distinguimos ganado auquénido. Eso quería decir que a estas altura había vida humana de todos modos, a menos de que sean llamas salvajes, lo cual lo descarto. Seguimos avanzando y después de pasar por varias curvas en bajada de zig-zag nos encontramos ante unas casas cerca de lo que parece ser una central de control hidrostático. Ese lugar se llamaba Milloc, y lo habíamos visto anunciado en leyendas por algunos tramos de cruces por la carretera.
Estábamos a casi 4350 m.s.n.m. Habíamos descendido alrededor de media hora desde Lichis hacia este lugar. Un rebaño teníamos al frente. Nos pusimos a un lado de la carretera para dejarlos pasar al tiempo que una señora anciana acompañado de un joven de casi 30 años que parecían ser los dueños de una de las casas y de los ovinos. Pasaron y nos miraron cordialmente pasar. Preguntamos cuanto faltaba para Huanza o a Carampoma.
Aproximadamente en tres horas en bicicleta nos dijo. La señora nos advirtió diciéndonos que el camino en la noche iba a estar peligroso y que sin luna en estos días seria muy riesgoso. Mas yo insistí en seguir, aunque mi hermano no estuvo de acuerdo. Mi posición de cabeza tuvo que imponer tal orden hasta cierto punto en que el mismo se rehusó a continuar. A pesar que me rehusaba a descansar y teniendo en cuenta mi mente que me decía “A Huanza o a Carampoma así sea media noche”
Mi hermano no quiso seguir y se regreso a la casa a indagar en la posibilidad si existiese el modo en que la señora con quien nos cruzamos, tuviera la gentileza de alojarnos en su casa hasta el día siguiente. Para sorpresa mía y milagro nuestro, la señora accedió a 600 metros de distancia adonde se encontrarían con mi hermano en ese rato en que yo lo esperaba a la salida de la cocha Milloc en caso obtuviéramos una respuesta negativa. Tuve que regresar y rechazar la idea loca y arriesgada de continuar en una aventura nocturna.” No pienso manejar de noche como aquella vez camino a Jauja”, decía mi hermano.
La señora con quien había conversado mi hermano para ver la posibilidad si es que nos pudiéramos quedar alojados en su casa acepto tal propuesta, a cambio de retribuirle con lo que incomodemos, asi con lo que pudiéramos usar.
El dolor de cabeza era fuerte. En especial a mi me daba esa sensación de vomito por tener el hígado inflamado, lo que me quitaba el apetito. El pan duro, el chuno y el agua a hierbas raras pudieron alimentar nuestro cuerpo cansado. Lo único que yo quería hacer era dormir, ese serias mi alimento. A estas alturas, en un lugar tan desolado nos sentíamos los únicos en el planeta.
El frío era de sentirse en los huesos. Por mi parte necesitaba mas calor, así que tome el sleeping de mi hermano, el único que había, y a el le deje las frazadas que el hijo de la señora nos trajo.
DIA 03
Al día siguiente nos despertamos a las 6:00 horas. Después de tomar algo ligero nos despedimos dando las gracias por todo el gesto hospitalario que nos pudieron brindar. Agradeciendo a los Apus por habernos cuidado hasta el momento.
Salimos de dicho lugar cerca de las 7:00 horas. El camino no era tan empinado. Ligeramente plano hasta terminar la región puna. Aun el paisaje esta lleno de ichu. Las montañas de donde veníamos ya quedaron atrás ocultas por las que las preceden. Estamos a 4200 m.s.n.m. y nos hemos aproximado a una quebrada llamada Huasca desde donde llega otro río oculto entre las piedras y vegetación. De aquí el camino es aun pedregoso, mas no tanto como mas arriba antes de Milloc. El lugar nos ofrece unas bajadas increíbles. Se necesita tener mucha habilidad en el manubrio.
Esquivamos rocas clavadas en la carretera con velocidad. En las curvas zig-zag usábamos las plantas de las zapatillas para no perder equilibrio y usar menos los frenos. En una de esas, mi hermano no pudo maniobrar bien y la llanta delantera de su bicicleta no pudo sobrepasar a una roca de tamaño considerable incrustada en el suelo haciéndolo caer y golpearse.
El río que se llamaba Pallca y que descendía de la Laguna Milloc, ahora se llamaba Río Macachaca y ahora estamos a 4000 m.s.n.m. Comenzábamos a descender cada vez mas. Ahora estábamos ante unos parajes con arbustos, pronto se convertirían en árboles y un río del lado sur se unía al que recorríamos, era el rio Shuncha. Estábamos ahora en un lugar mas verde, con más árboles, plantas, de lejos veíamos chacras y más de una vez nos cruzamos con gente del lugar.
Cerca de las 10:00 de la mañana pasamos por el desvío que existe para los distritos de Carampoma, Huanza y San Miguel de Iris. Donde había llegado con el freno de la llanta delantera roto. Habría que correr con menos velocidad.
Por fin a estas alturas (más de 3000 m.s.n.m.) se sentía que el cuerpo recuperaba el apetito y las fuerzas al recibir mas oxigeno debido a la baja altitud en la que nos hallábamos. No tuvimos la idea en detenernos ni en visitar los distritos que nos rodeaban, puesto que había que subir hasta ellos por encontrarse a mas de 100 metros de altura sobre nuestras cabezas, simplemente queríamos avanzar para llegar lo mas temprano posible a Lima. Aparte que se me había roto un cable del freno delantero y eso me preocupaba porque ahora se acercan pendientes muy pronunciadas. La verdad es que ninguna de las bicicletas había pasado por una inspección técnica. Eso fue un gran error, puesto que los cables estaban oxidados.
La parte difícil prácticamente ya había pasado. Ahora necesitamos mas fuerza para empezar a dar mas empuje porque se acerca lo llano con bajada. Los distritos principales habían quedado tras, ahora casi todo era sin zonas habitadas. A lo lejos podíamos divisar, al otro lado del río a persona en sus quehaceres diarios, aparte nos cruzábamos por esa estrecha carretera con vehículos con gente que iban hacia los distritos a sufragar, ya que ese día había votaciones.
Aproximadamente en el kilómetro 70, mi bicicleta, la Monark prestada sufrió un desperfecto: el descarrilador trasero se deshizo mientras corríamos debido a las tantas piedras que los neumáticos levantaban saltando por todas partes, en todas direcciones. Seguramente una de esas piedras destrozo al descarrilador, así como otra que casi se estrella en la cara de mi hermano.
Ahora el freno de la llanta delantera de mi bicicleta se aflojó, venciéndose la tensión, quedando de esta manera holgada y asegurandome un peligro de estrellarme contra cualquier cosa.
Antes de habérseme roto el freno y el descarrilador, las probabilidades de caer herido eran de 4 en 10. Después de habérseme roto el freno y aflojarse el que quedaba, las posibilidades de accidente subieron de un 8 en 10. Me vi en la necesidad de usar mis pies para frenar. Lo clavaba en el suelo pedroso en la velocidad, y trataba de frenar, bajar la velocidad para voltear en las curvas, así como rozar la planta de mi zapatilla contra el neumático delantero. Mi hermano sufrió una horrible caída debido a que no pudo esquivar la enorme piedra incrustada en el suelo que lo hizo voltearse y caer raspándose profundamente los brazos, produciendo así una densa polvareda.
Cerca de las 11:00 llegamos a un cruce desde donde se dividía una via hacia un puente que cruza el río Santa Eulalia( el que teniamos a nuestra izquierda desde que se formo en Mullic) y que va a San Pedro de Casta y el otro era en el que estabamos viniendo. En esa dirección hacia San Pedro de Casta se puede ir hacia Marcahuasi; un recorrido que se puede programar para otras fechas.
Cerca de las 12:00 horas, a medida que descendíamos cada vez mas hacia las zonas urbanas, los vehículos cargados de gente hacia los distritos adyacentes a la carretera se asomaban con mas frecuencia impidiéndonos el paso, para lo que teníamos que tener cuidado en las curvas. En especial yo que iba con el único freno en la llanta delantera y encima holgado.
La suela de los zapatos estaba caliente de tanto rozar el suelo, además de estar golpeado por las terribles piedras que había en el camino. Los baches eran incontables. Los brazos al igual que toda la caja toráxica estaban en constante vibración. El dolor en los brazos era insoportable. Se llegaba al extremo de maldecir por tanta vibración terrible que sacudía el cuerpo sin cesar, parecía como si los brazos quisieran zafarse del tórax.
Al fin llegamos a Huinco, donde descansamos por unos 15 minutos. Buscábamos un lugar donde almorzar, pero para desgracia las ollas aun estaban en el fuego, así que tuvimos que seguir. Ahora en adelante había mas poblados. El clima era más saludable. Frutos colgaban de los arbolas y también eran vendidos en las puertas de algunas casas. El paisaje era lleno de árboles, mas los cerros eran desérticos y muy altos. El sol quemaba atrozmente y para refrescarnos buscábamos esos charcos que se forman en zonas cóncavas de la carretera por acción del agua viene de las chacras mas altas que la carretera.
Pronto llegamos a la hidroelectrica Barbablanca. Ahora de aquí habia asfalto, el camino se volvió mas suave y menos fatigoso. Ya no sentía ese dolor de los baches en todo mi cuerpo, pero si nos ardían los brazos por usar polos manga cero y además estar sin bloqueador solar.
Pronto desaparecería la excesiva pendiente. Nos acercamos ahora hacia zonas mas pobladas. El asfalto estaba bajo las ruedas. Hoy era dia de elecciones de referéndum sobre regionalización, o algo parecido, por eso había bastante movimiento en las calles por las zonas urbanas por las que pasábamos.
Era necesario parar a almorzar. El hambre aún no torturaba, pero ya era hora. Estábamos sobrepasando la una de la tarde. Pero por tener desarmado completamente el descarrilador, ya no tenía empuje para poder avanzar, hasta el instante me había dejado llevar por la pendiente, peor cuando entramos a la carretera central, ahora casi era llano. No podíamos seguir a una velocidad aceptable.
Nesecitabamos un taller urgente y no había ninguno a la vista. De a ratos nos cruzábamos con ciclistas equipados avanzando en sentido contrario al nuestro, incluso uno de ellos se ofreció ayudarnos, mas seria inútil puesto que necesitábamos un repuesto en buenas condiciones, por lo tanto teníamos que comprar uno, y esa era la necesidad, la que nos quito el hambre.
Aproximadamente a las 14:00 horas llegamos a la plaza de Armas de Chosica. La velocidad que llevábamos se vio disminuida por el tráfico que apareció desde que entramos a la carretera central. Los semáforos ayudaban en eso.
Aun seguía con una bicicleta arrastrando el descarrilador trasero hecho pedazos. Había escasa pendiente, servia en algo como para dejarse llevar, mas no obteníamos la velocidad que quería, puesto que mi hermano, se estaba comenzando a aburrir. Saliendo de Chosica habíamos llegado a un taller de mecánica automotriz donde nos prestaron llaves e intentamos adaptar las dos bicicletas en una sola.
Al no encajar la horquita de la Monark en la llanta de la otra bicicleta, hicimos lo mismo pero ahorra con los manubrios en sentido contrario. La idea era que uno de nosotros diera el empuje y el otro solo se sentaba pero mirando hacia atrás manteniendo el equilibrio con la bicicleta en sentido contrario. Pero no podíamos mantener de ninguna forma el equilibrio. Encima teníamos la llanta que teníamos de más sobre una de las mochilas. Sin duda manejar así en una autopista como la carretera central es muy peligrosa.
Después de varios intentos, después de haber examinado al peligro que nos enfrentábamos, después de haber ido a otra mecánica y haber sido quemado por el sol y perforado por los mosquitos, que aprovechándose de nuestra inercia nos devoraban, salimos, así sin nada nuevo, tal y como habíamos llegado.
Nos habíamos resignado. Solo esperábamos que en el camino por suerte encontremos algún taller que atienda hasta tarde los domingos, y que tenga un descarrilador de repuesto. Así que solo continuamos, impulsándome con los pies. A si estuve por casi 10 kilómetros desde que se termino la pendiente pronunciada, entrando a la carretera central
Por suerte encontramos una driza entre una maleza enredada. La recogimos y se nos ocurrió una idea. La usamos para remolcar la bicicleta. La amarramos del asiento hasta el manubrio e iba yo sin pedalear a una regular velocidad, pues mi hermano era el que me remolcaba. Nos turnábamos cada tiempo, hasta que al fin, ya en Chaclacayo, llegamos a un taller y para suerte encontramos todo, aparte del cable del freno que se me había roto.
Cerca de las 16:00 horas salimos de dicho lugar. Pedaleamos hasta llegar a nuestro destino: Los Olivos. Desde Chosica hasta ahí hubieron cerca de 60 Km.
Llegamos cerca de las 18:30 horas. El camino tomado fue hasta Huachipa por la carretera central, después nos desviamos hasta coger la autopista Ramiro Priale, hasta pasar el peaje, después hasta coger la evitamiento.
Esa misma vía nos llevaría hasta Los Olivos.
Próxima ruta: Huacho – Lima Fecha programada: Primera semana de diciembre.
MISION CUMPLIDA |
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