La caótica e hipnótica ciudad de Bangkok se extiende a ambos lados del río Chao Phraya. Fue fundada en el año 1782 por Rama I y es llamada por los tailandeses ‘Krung Thep’, la ‘ciudad de los ángeles’.
En lengua Thai, Bangkok tiene el nombre más largo del mundo (43 sílabas que figuran en el Libro Guinness de los Récords). Es la capital espiritual del reino de Siam, lo que explica que en ella se encuentren los templos más grandes e impresionantes de Tailandia. La llegada a esta imponente ciudad de 6 millones de habitantes nos resultó bastante decepcionante.
Lo que uno se encuentra después de 24h de viaje es un calor y una humedad infernales (incluso para alguien acostumbrado al húmedo clima mediterráneo como nosotros), un tráfico para el que no hay calificativo y una contaminación asfixiante. Con esta bienvenida resulta prácticamente imposible que uno se quede prendado de Bangkok, aún más, lo que realmente te apetece es salir huyendo para encontrar esa Tailandia exótica de la que tanto hemos oído hablar.
Sin embargo, a medida que el Jet Lag deja de tenerte atontado y vas tomando contacto con la ciudad, Bangkok es una urbe mucho más amable de lo que al principio pueda parecer y, aunque el calor y el tráfico siguen atormentándote, sin darte cuenta te involucras en su actividad. En nuestro largo periplo en bus hacia el hotel, fuimos tomando conciencia de los diferentes microcosmos que conforman esta Gran Ciudad: la ciudad vieja con los palacios y templos del siglo XVIII, sus vendedores ambulantes y ruinosas barcazas de río y la ciudad moderna con sus enormes rascacielos, ejecutivos trajeados y turistas en busca de sexo.
Tras una larga, cálida y húmeda noche (por no hablar del ruido), lo primero con lo que nos encontramos al salir del hotel, fue un rebaño de tuk-tuks (especie de motocarros de petardeo ensordecedor, humos asfixiantes, con fenicio a bordo, que no tiene ningún reparo en pedirte cantidades astronómicas por llevarte a la vuelta de la esquina). Hay que ir con cuidado con estos buscavidas, pues no dudarán en intentar llevarte al huerto. Nuestra primera experiencia en tuk-tuk no es que fuera del todo agradable. El tío no hablaba ni papa de inglés pero parecía simpático.
Después de señalarle en el mapa la estación de tren, pactamos el precio y nos subimos. Por el camino, el amigo no paraba de sonreír y de repetir, con el dedo hacia arriba en señal de OK, algo ininteligible, con ese tono tan característico de los asiáticos. Por supuesto no entendíamos lo que decía y nos limitábamos, como tontos, a sonreírle y devolverle el OK.
La cuestión es que nos encontramos frente a una agencia de viajes, a la que nuestro chófer nos invitó a entrar para comprar los billetes (o lo que fuera que quisieran vendernos). Ante nuestra negativa a salir del tuk-tuk y tras intentar hasta la saciedad que nos llevara a la estación, conseguimos que, aunque más serio, arrancara y continuara a nuestro destino, o eso creíamos. Detuvo el tuk-tuk y nos pidió el doble de lo pactado. Evidentemente no estábamos dispuestos a pagar más y tras un tira y afloja, toda la simpatía se volvió mala leche y bruscamente paró el tuk-tuk y nos echó con muy malos modos.
Como no sabíamos donde ir, aprovechando que pasaba un autobús, cambiamos de planes y decidimos ir al Mercado de Chatuchak, uno de los mayores de Asia y donde realmente puedes encontrar de todo (y cuando decimos de todo...es de todo). Visto el panorama a partir del primer día, decidimos que para movernos por la ciudad vieja lo haríamos andando o por el río, y por la ciudad nueva por aire en Skytrain (ferrocarril aéreo muy moderno que circula a unos 10 metros del suelo entre los rascacielos de la ciudad).
Los primeros días en Bangkok los pasamos en la parte vieja de la ciudad, en los alrededores de la famosa Khao San Road, nido de mochileros, que es la zona donde se encuentran los alojamientos más baratos. Despues de haber visitado el Palacio Real, el Wat Pra Keo y Chinatown y cansados de ver a tanto occidental fashion victim, decidimos cambiar de zona y probar suerte en la parte nueva de la ciudad, en el barrio de Sukumvit. Tras mucho indagar, llegamos a un hotel (el único de precio asequible), de esos que no te dejan indiferente.
El hotel se llama Atlanta y es realmente peculiar. Data de finales de los 50, cuando los americanos empezaban a tomar posiciones en Indochina debido a la amenaza que el comunismo suponía en esta zona. El hotel permanece tal cual, no ha cambiado nada en los últimos 50 años, incluso el hilo musical y los empleados son de la época. A pesar de todo ello, se crea una atmósfera especial que hace que te sientas muy a gusto.
Lo más curioso son los carteles que te encuentras en todas partes, que hacen referencia al código ético del hotel, cuyo eslogan es: “No admitimos turistas sexuales, prostitutas, yonkis, travestis o cualquier otro depravado” " Por el precio que pagas, no tienes derecho a queja” “Si no estás de acuerdo con las normas del hotel, vete” y otras muchas que demuestran la personalidad que su fundador impuso al hotel (si queréis curiosear: http://www.theatlantahotel.bizland.com/pic.html).
Al día siguiente visitamos el barrio de Silom y la sexualmente famosa calle de Patpong (1 y 2). Lo que realmente nos llamó la atención fue la cantidad de Tatois (travestis), tan femeninos que seguro que alguna sorpresa habrán dado... Víctimas de la burocracia, deberíamos quedarnos varios días mas en Bangkok esperando los visados para Laos y Camboya.
Agobiados de la ciudad, decidimos huir a una ciudad más tranquila llamada Ayuthaya. Es conocida por albergar el mayor y mejor conservado conjunto histórico del país. Fuimos para un día y finalmente estuvimos tres. El pueblo está circundado por tres ríos de fuertes corrientes que le dan parte de ese encanto especial, pero sobretodo lo más fascinante es su increíble variedad de templos; unos en uso y prácticamente intactos, otros en estado totalmente ruinoso, pero no por ello menos encantador.
De vuelta a Bangkok y disfrutando de nuestro último paseo por el río Chao Praya, nos preparamos para salir en autobús hacia Camboya, nuestro siguiente destino. Si quieres leer más crónicas y ver más fotos de nuestro particular paseo por el mundo, puedes visitarnos en www.nostromon.com
Esperamos que te guste
Amelia y Luis |
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