The Cataratense Magazine - Año I Número 2
Jueves 16 de Octubre
9Hs. Despertamos en la Suite sobriamente decorada con hormigas del hotel Tierra Colorada, armamos nuevamente mochilas con cámaras, y protectores solares y nos dirigimos hacia el bar a fin de tomar el desayuno. El hotel estaba a oscuras, bah, con la luz del día que se filtraba por las ventanas. Llegamos a recepción y nadie estaba como para poder cancelar el cuarto y dejar las maletas en custodio. El bar, tan desierto como el Once durante Ion Kipur. Eva, resuelta se metió en la cocina, preparó dos suculentos cafés con leche y trajo a la mesa una bandeja con cinco panes, ocho tostadas, seis medias lunas, cuatro mantecas, mermeladas y comenzamos a desayunar por nuestra cuenta cual desesperados inmigrantes ilegales arribados a puerto luego de treinta días de navegación, sin alimento suficiente.
Concluido el desayuno (nos da vergüenza comentar lo poco que quedó), me fui a la PC a enviarles el número uno, mientras Eva ubicaba a la dueña del hotel (gente muy amable aunque demasiado tranquila para nuestro gusto) y se dedicó a trasladar el equipaje hacia otra habitación.
Olga llegó de Brasil en compañía de Adrián (un madrileño de vacaciones por Sud América sin tiempo ni rumbo fijo), y nos contó que tuvieron que volverse porque había olvidado el pasaporte y además tuvieron un choque en el colectivo. Partimos a la terminal para llegar a las Cataratas. Los tickets de ingreso salen $ 12 para argentinos, $ 18 para mercosureños, y $ 30 para el resto del mundo. Bajamos Eva y yo y compramos cinco argentinos (viveza criolla). Desde ahí y hasta pasar por la entrada, los hermanos de la hermana patria debieron mantener la boquita cerrada y manejarse por señas (Eva y yo parecemos mudos al lado de las gallegas, así que imagínense el sacrificio). Logrado el primer objetivo a tomar el trencito que nos llevaría por la selva hacia la Garganta del Diablo. Luego de veinte minutos descendimos en la estación y caminamos a lo largo de los mil cien metros de pasarela que nos pondría frente a ese imponente y majestuoso paraíso natural: kilolitros de agua cayendo con inusitada fuerza hacia una garganta, doble arco iris permanente y toneladas de energía circundante. Luego de las húmedas fotos del caso, a desandar los mil cien metros para seguir viaje. Decidimos no esperar el tren y nos fuimos caminando por un sendero donde observamos iguanas, lagartos y bandadas de mariposas multicolor. Tomamos el camino del circuito inferior para realizar desde su punto mas bajo una travesía náutica. Como el tiempo nos urgía (con Eva debíamos estar en el correo antes de las 19hs.) bajamos escaleras sin observar una puta cascadita. Cual caballos desbocados bajábamos y bajábamos llevándonos por delante a cualquier ser viviente que se cruzara por nuestro camino. El tiempo parecía un sorete en el culo luchando por salir a la luz. Por fin llegamos al sitio indicado: chalecos naranja y bolsas donde guardar la ropa, y a compartir el bote con un nutrido grupo de chicos de colegio provenientes del Chaco. Entre cánticos adolescentes, hurras, vivas y oles recorrimos el sector que incluía el bautismo bajo alguna cascada. Fotos en el salto San Martín y de ahí hacia la Garganta donde nos duchamos por primera vez, gritos, aplauso y adrenalina a tope. De ahí nuevamente al San Martín donde nos esperaba lo inimaginable: un paredón de tres o cuatro metros que baja a una velocidad increíble. El bote que se mete abajo, hurras, vivas y el Himno Argentino, "otra más y no jodemos más" hicieron que nuestro conductor de lancha nos diera tres chapuzones más de lo estipulado. Con cada uno nos metíamos más adentro y en el último tragamos agua hasta por el ojete. Felices y dichosos de haber descargado tanta adrenalina regresamos al embarcadero donde con Eva deberíamos volver en menos de veinte minutos. Tomamos el trencito y llegamos a la entrada. El bus hacia la ciudad había partido. Eva se comunicó con el correo y su encomienda estaba, aunque deberíamos llegar antes de las 19hs. y ya eran las 18:20hs, y el próximo micro no nos dejaría. Eva trataba de convencer a cuanto chofer de micro particular encontraba, yo a las puteadas porque no la encontraba a Eva, y pasaron varias camionetas delante de mi cara. A tomar un remís, no quedaba otra.
-Treinta pesos.
-Por favor, nos ha pasado de todo... sea buenito... Dios lo va a ayudar si usted nos da una mano! Le doy 20 pesos y ahora mismo.(parece que esta vez Eva está recuperando su seducción y poder de convencimiento).
Don Roque, tal el nombre del amigo misionero, nos llevó a los santos pedos y 18:50 teníamos el pasaporte en la mano.
Fuimos al Tierra Colorada a buscar nuestro equipaje y tomamos el último bus hacia Foz. En el camino subieron los amigos hispanos y juntos nos fuimos al ansiado San Diego Hotel. Ahí nos reciben con la noticia de que nuestra habitación estaba ocupada y que deberíamos pasar la noche en otro hotel. (mi mal humor y mi cara de orto sólo imagínenlos). Llevamos las maletas al cuarto de Olga y Lydia y a cenar.
El comedor atestado de vejetes, jubiletes argentinos en plan turístico, barullo, gritos y mucha comida brazuca. Con los ánimos calmados y varias cervezas en nuestro haber, Eva, reforzando su recuperado poder de seducción, logra que nos trasladen en auto hacia el nuevo destino. (Eran solo dos cuadras, pero yo no pensaba arrastrar mi Samsonite ni por putas).
Hotel San Juan, habitación 705, lujo asiático, piscina enorme, tv con cable y canal argentino, frigobar y la angustia que desapareció como por arte de magia. A prender el aire, la música, la tele, ducharse, usar el inodoro, el bidet, leer panfletos y folletos del hotel. (Eramos chicos con juguetes nuevos)
Eva, como no podía ser de otra manera, quería comunicarse con el pobre de Sebastián, para comentarle las novedades. Bajamos al lobby y mientras Eva intentaba su comunicación, que no pudo ser, las chicas del San Diego, nos llamaban avisando que una botella de Cachaca, lima, hielo y azúcar nos estaba esperando al borde de la piscina.
Recorrimos presurosos las dos cuadras y media y en menos que canta un gallo estábamos, alrededor de una mesa, los cinco aventureros.
Caipirinhas, charla, baile y un homenaje a la Coca Sarli por parte de Lydia que muy suelta de cuerpo, tirose al agua tal cual Dios la trajo al mundo.
1.Am Emprendimos el regreso a nuestro lujoso hotel. Eva pudo comunicarse con Sebas y pedimos nos despierten a las 8 u 8 y media y nos fuimos a dormir.
The Cataratense Magazine. Año I Número 3.
Viernes 17 de Octubre
Amanecimos en la habitación del San Juan cerca de las 8 y media. Con Eva nos alistamos como para desayunar y luego disfrutar de la espectacular piscina hasta aproximadamente el medio día (hora en la que un auto nos vendría a buscar para volver al San Diego).
El servicio para el desayuno era un placer para los ojos y el estómago: ananáes, papayas, mangos, sandías, melones, bananas y otras exquisitas frutas tropicales; 8 variedades de jugos naturales, un sinfín de cositas dulces, variados fiambres, panes, mantequilla y mermeladas. (no dejamos de probar nada y enfilamos hacia la pileta que lamentablemente no tendría sol hasta cerca de las 12. Mientras Eva tomaba rayitos de sol, yo escribí el Cataratense Numero 2 y decidimos llamar al San Diego para que nos buscaran lo antes posible.
Llegados al Hotel que habíamos reservado y que durante tanto tiempo no habíamos podido usar nos ubican en la hab. 280. (tres noches, tres hoteles, tres habitaciones, para el Guinnesss no?)
El San Diego no es como el San Juan a pesar de tener la misma cantidad de estrellas, parece que las de este último son de cartón pintado."Nunca contraten nada vía Internet, los fotógrafos que hacen las tomas para la página deberían ganar el pulitzer."
Pero en fin, ya estamos instalados, tenemos lo necesario, y se acabaron los traslados.
Nos encontramos con las chicas y partimos hacia Argentina a fin de disfrutar de lo que nos faltaba recorrer de tan magnifico lugar. Despedimos a Adrián (el madrileño, que se iba para Rió) y tomamos el bus. Tramite migratorio (sin complicaciones), transbordo de micro en Puerto Iguazú, arribo a Cataratas, compra de boletos a mitas de precio (el 2do día te sale el 50 por ciento si te avivas y sellas los tickets antes de irte.
Compramos provisiones y mientras esperamos el trencito hicimos un picnic con abundante cerveza y sandwichitos.
Una vez en Estación cataratas tomamos el circuito inferior (otra vez a las corridas porque esta vez, teníamos pensado hacer también el circuito macuco y demanda bastante tiempo ,pero debíamos antes ir a Isla San Martín. (n. de la r. Ver película LA MISIÓN)
En la isla, luego de una trepada infernal en la que creí se me salían los pulmones (para que carajo fumo), nos encontramos con tres senderos y elegimos el del medio. Llegamos a un sitio encantador, con vistas de las Cataratas a través de una ventana en la roca donde miles de aguiluchos o cuervos ( vaya uno a saber que bichos eran pero tenían plumas, eran negros, grandes y volaban) dominaban el lugar.
Olga se encontró con una señora a la que le comento lo del Macuco y ésta le dijo que deberíamos partir ya , pues la travesía nos demandaría como 4 horas, el sendero era en el medio de la selva más frondosa, cabía la posibilidad de encontrarse con yararáes o lo que es peor con corales, además de haber lugares de difícil accesibilidad y para colmo una vez llegado a la cascada en donde te podes bañar, había que trepar por piedras resbaladizas y agarrarse con piedras.
Olga y Lydia, decidieron partir al toque, Eva tenía ganitas y yo que ya había corrido durante dos días y además lo que me esperaba no me gustaba demasiado, amen de producirme cierto grado de cagazo extremos, me excuse de acompañarlas opte por bañarme entre las rocas de ese lugar y disfrutar del día muchísimo más relajado.
Eva, quien había vivido las mismas experiencias decidió seguir el día conmigo. No hubo manera de convencerla a que cruzara 4 piedras para llegar a una olla y bañarnos allí, así que pele zunga y me pegue una refrescada solito.
Como el frescor del agua había reducido mis atributos viriles a su mínima exponencia y no pensaba volver a calzarme las bermudas, recurrí al viejo truco de la media en el bulto y así lograr un bultillo de lo más interesante y continuamos con nuestro paseo, explorando el resto de los senderos hasta llegar al mirador del Salto San Martín (el mismo en donde nos habíamos duchado ayer durante la travesía náutica).
Una llovizna persistente, formaba arco iris entre nosotros y la bendición del agua refrescaba nuestros acalorados cuerpos. El éxtasis era total y nos quedamos contemplando el lugar un buen rato.
Bajamos a la playa, nos bañamos en el río y cruzamos otra vez hacia los circuitos. Recorrimos el inferior, esta vez muy lentamente, aprovechando para tomar fotos y contactarnos con la naturaleza. Se acercaba el atardecer y tomamos el circuito superior, para divisar todo desde arriba y seguir dándole alimento a nuestros espíritus.
"Salíamos de un mirador, cuando de pronto escucho que EDu aulla un estrepitoso AYYY!!!!!!!, que me asusta y hace dar vuelta a los turistas que por ahí circulaban. Eran dos insignificantes lagartijas que corrían en dirección hacia sus pies y que realmente no podían asustar a nadie." Eva dixit.
Emprendimos el regreso y nos encontramos con Olga y Lydia que venían muy cansadas por haber hecho algo que lleva 4 horas en menos de dos, además de haber pasado por momentos de cagazo y adrenalina a tope.
Las españolas siguieron a Puerto Iguazú para enviar postales y Eva y yo seguimos hacia la frontera y de ahí al Hotel.
Hora de cenar. Por Evangelina Cortes.
Bajé al comedor en primer término y al ver lo que había para comer me dije: a Edu, ésto no le va a gustar ni mierda: pollo viejo reseco, chancho de dudoso aspecto y cortado en porciones que parecían brontosaurios, fideos de hospital, arroz a secas, Zuquinis hervidos y puré de papas ( algo que puede atentar terriblemente contra mi salud, a causa de los gases que provoca la ingesta de tal alimento en nuestro amigo).
Pues bien, lo que pensé se hizo realidad: Edu parecía un niño rebelde; enfurecido iba y venia alrededor de la mesa bufete, abriendo y cerrando los receptáculos donde se mantiene la comida caliente. Abrazaba su plato vacio con odio y sus ojos variaban del odio enfurecido hacia la comida a la desprotección más angustiante cada vez que me miraba como diciéndome y ahora? Que mierda como?
Después de media hora de calesita agarre un pedazo de pollo, arroz y zuquini, tragué como pude y me desquite con la ensalada de fruta varias veces. Olga y Lydia ya compartían tal paupérrima cena con nosotros.
Una vez terminado la cena, nos dirigimos hacia la piscina y compartimos cerveza, buena música, una charla increíble y una bolsa de un kilo de chizitos para paliar el hambre.
1. AM Llego la hora de las despedidas, ya que Lydia y Olga partirían a las 7 para Asunción y desde ahí a Caracas a seguir con su travesía latinoamericana.
Chicas: Fue maravilloso haber compartido este tiempo con vosotras, las vamos a echar de menos, pero como dice el refrán no hay dos sin tres, así que ya nos volveremos a ver en algún lugar de nuestro inmenso, amado y rico planeta. Besos, Edu y Eva.
Bueno, fuimos hacia el cuarto y nos dispusimos a dormir. Chau. Esperamos comentarios.
"Ningún chau, falta contar algo más. Una vez arribados a la habitación, nos acostamos cuando de pronto Edu, muy educado y haciendo caso a un pacto de honor flatulento se encaminó hacia el baño a descargar su inagotable garrafita. Salio al cabo de treinta segundos luego de descartar un pedo, pero no un pedo cualquiera. éste era un pedo cariñoso, de esos que te acompañan y dejan Estela, Estela Molly, Estela Raval y los cinco latinos y cuyo aroma invadió indefectiblemente toda la habitación. Traté y traté de no contaminarme, tapándome con cuanto objeto tuviera a mano, EDu no tuvo mejor idea que tirar desodorante: Pedo y olor a Rexona (mezcla mortal si las hay);
Desde ahora, el pacto incluye 15 minutos de encierro en el baño y a comerse el pedito a solas. Ahora sí, Buenas noches y chau.
The cataratense Magazine. Año I Número 4
Sábado 18 de Octubre.
Luego de desayunar, partimos con Eva hacia "Ciudad del Este" (la capital del contrabando y las cosas truchas del cono Sur).
Es harto conocido por todos ustedes que detesto las aglomeraciones humanas, las ferias de trucholandia y demases; pero como la carne es débil y siempre existe la posibilidad de conseguir alguna huevadita que aunque sea trucha te permita dar rienda suelta a tu consumismo reprimido y además no pensaba dejar sola a Eva en semejante Kaos.
Ya en el micro y antes de cruzar el puente de la Amistad que une Paraguay con Brasil, le pregunto a Eva si tenía más o menos pensado y/o decidido que comprar (normalmente los humanos podemos llegar a pasar horas y horas en estos lugares, cargándonos de infinidad de porquerías que compramos por baratas pero que en realidad no necesitábamos).
Yo quería que la travesía resultara rápida, eficiente y precisa, ocupándonos la menor cantidad de tiempo y energía posible.
Antes de descender, le comento a mi compañera de ruta que bajo ningún concepto vaya a contestarle a los vendedores ambulantes que ofrecen perfumes y que andan por todos lados alrededor tuyo como moscas en la mierda.
Luego de recorrer un shopping, donde los precios eran en dólares y por supuesto imposibles para nuestros magros bolsillos argentos, nos aventuramos con los puestos callejeros: zapatillas, relojes y pantalones eran nuestros tres objetivos en común. Eva, además, quería comprarse un cd player portable.
Estábamos viendo pantalones en una especie de tienda de campaña cuando un sujeto con varios perfumes en la mano se acerca y nos ofrece su fraudulenta mercancía; a lo que Eva, olvidándose de mi advertencia lanza un mágico -¿Cuánto?. El paraguayo comenzó solicitando 15 dólares y ante nuestra negativa descendía el valor de su mercadería, como lo hizo nuestro nivel de vida a partir del 20 de diciembre(todo esto durante 8 o 9 cuadras con paradas incluidas).
Eva hacía como si nada pasase y yo cada vez me encolerizaba más a tal punto que en un momento, rojo de furia, con los ojos inyectados en sangre, lanzando espuma por la boca y con un ataque plumífero de loca malco, detengo mi marcha y le vocifero al insistente hermano guaraní:_NO QUEREMOS NADA. NO TE VAMOS A COMPRAR NADA. TERMINALA. DEJANOS DE SEGUIR. CORTALA YA Y DESAPARECE DE MI VISTA. POLICÍA!!!!! POLICÍA!!!!. Mi actuación pareció no asustar al insoportable compañero de caminata ya que continuaba bajando su oferta hasta casi convertirla en un regalo. Tome a Eva de la mano y nos introdujimos en un shopping donde le era vedada la entrada a este tipo de comerciantes y para que Eva eligiera su cd player tranquila.
Ah, además como buen maestro ciruela, junto con la insistencia del vendedor, Eva oía por el otro oído mis quejas y reproches del tipo:_TE DIJE: VES? AHORA NO NOS DEJA MAS. PARA QUE MIERDA LE PREGUNTASTE. Gracias a Dios mi amiga que es de fierro y tiene una paciencia de acero y un aguante único se cagaba de risa y se lo pasó de lo más divertida.
Estuvimos recorriendo locales de electrónica y por fin Eva pudo hacerse con su ansiado aparatito y unos auriculares espectaculares( yo también me tenté y me compre auriculares, para que si ya tenia?). A la hora de pagar, resulta que la tarjeta de Eva no pasaba o algo así; por suerte yo llevaba 50 dólares y Eva completo el resto con reales. (menos mal, ya no nos quedaba mucho dinero y esto haría que el paseo terminase pronto).
Compramos los relojes y las zapatillas, regateando el precio como en feria persa y creo que hicimos un buen negocio y dimos por terminada la aventura. Tomamos el bus hacia Foz y no arrancaba. Estaba parado esperando a llenar ese receptáculo como si fuéramos sardinas. En ese momento se me ocurrió hacer como en los teatros y empecé a aplaudir, a lo que varios pasajeros se sumaron y por fin el bus arranco su marcha.
Compartimos el cruce del puente con cerca de 25 contrabandistas y otras personas. Dicho puente de no más de 1 cuadra se cruzaría en 2 minutos en condiciones normales, pues bien era tanto el tráfico que creo que si hubiéramos hecho el trayecto gateando llegábamos antes. Algo increíble es ver a los mototaxi: una moto, chofer y pasajero con cascos que cruzan todo juntos como hormigas. Eran alrededor de 100 lo que daba la impresión de estar acompañados por una procesión de chupetines bolitas sobre rueda. En la aduana, un policía brasileño, revisa algunas cajas al azar obligando a bajar al dueño y haciéndose el boludo con los otros. Cruzamos a Foz y los contrabandistas se bajan al toque. llegamos al centro y nos mimamos yendo a comer a un spetto corrido y luego buscando cajero automático desde donde poder sacar dinero. Recién en el octavo banco que visitamos, Eva pudo retirar el dinero. Compré Flatol en una farmacia (es necesario que explique que cura?) y volvimos al hotel. Mallas, música, sol y piscina. Eva escuchando su música y yo escribiendo el número 3 de esta revistita. En esas estábamos cuando arribó a la piscina un nutrido grupo de caballeros, que creíamos era personal del hotel, luego imaginamos que eran un equipo deportivo y por último nos dimos cuenta que eran contrabandistas de Río y San Pablo que viene a comprar toneladas de cosas truchas para luego venderlas en sus ciudades. Había de todas las edades y con diferentes tipos de bañadores; los mas jóvenes en zungas y contoneándose ante nosotros como pavos reales. Eva estaba incomoda y a mí me era imposible fijar la vista en mis papeles (tanto bulto dando vuelta y uno a dieta, Ay MI dio que suerte pa la desgracia).Decidimos hacer caso omiso a los muchachos y compramos unas cervezas y nos fuimos a preparar para la cena.
El menú era no muy variado pero mejor que el de anoche, acompañamos la comida con un rico tinto que terminamos de beber a orillas de la piscina compartiendo una charla profunda y divertida como las que solemos tener.
Nos fuimos hasta Internet a mandarles la 2da edición y mails a Sebastián pero se desconectó la maquina y esto último no pudo ser, tomamos un heladito por ahí y volvimos al hotel. Esta vez gracias a Flatol no hubo pedos cariñosos ni nada que se le parezca. Chau, hasta la próxima.
The cataratense Magazine. Última Edición
Domingo 19 de octubre. Feliz día de la Madre.
Luego de desayunar, decidimos salir a conocer el lado brasilero de las cataratas. Como hacía calor, nos pusimos bermudas y remeras sin mangas, cargamos cámaras y caminamos las dos cuadras que separan nuestro hotel de la parada del bus.
Luego de media hora llegamos al Centro de visitantes. El clima había virado sensiblemente y lo que era una calurosa mañana se había transformado en un fresco mediodía en la selva.
Nos mandaron sacar entradas y pude comprobar como los brasucas esquilman a los turistas ofreciéndoles la travesía náutica que desde Argentina cuesta 30 pesos a 105 reales y además mintiendo descaradamente. Estuve a punto de auxiliar a un par de yanquis pero como no quería salir en las fotos como boxeador después de 15 rounds, desistí de intervenir.
Sacamos nuestras entradas y bordamos el bus doble piso que nos llevaría a ver las vistas panorámicas de las Cascadas. Bajamos en el Hotel Tropical y comenzamos a recorrer el único sendero disponible desde donde ves las cataratas, coatíes metiéndose en los cestos de basura en busca de comida y abundante vegetación. (Desde Brasil, las ves, en Argentina las sentís. LA ELECCIÓN ES TUYA).
Sacamos fotos y nos cagamos de frió porque había comenzado a llover. Llegamos al fin del recorrido y tuvimos que subir 150 escalones ya que el ascensor panorámico estaba en reparaciones. Fuimos a una confitería y tomamos un café contemplando desde lejos, muy lejos las Garganta del Diablo. Eva quería irse ya mismo y yo quería quedarme un rato más contemplando el lugar. Ella se quedo un poquito más y yo me fui un poquito antes.
Tomamos el bus hacia la ciudad y llegamos al hotel. Nos dimos unas duchas bien calientitas y nos abrigamos. El día era gris y cada uno iba a recorrer Foz solito, para tomar un descanso el uno del otro y estar un poquitin solos.
Foz de Iguazú se convierte en una ciudad fantasma después de las seis de la tarde. Cortinados de acero tapan las vidrieras de los locales y muy poca gente circulaba por sus avenidas en ese domingo gris, depresivo, frió y melancólico. Tome algunas fotos, camine para arriba y para abajo, tome un bus para hacer un recorrido circular y nada cambiaba. El mismo sentimiento de soledad continuaba.
Decidí volver al hotel y buscar a Eva a fin de cambiarle la cara a tal triste día. Eva estaba con ataque de angustia: la jornada había sido terrible para ella y para colmo de males yo no había ayudado en nada. En principio ni me percaté de su estado de ánimo por la mañana, en Cataratas digité todo pero todo lo que haríamos (sí hasta dispuse de sus esfínteres y le dije en que momento tenia que cagar.) No le permití comprarse un rollo de fotos porque yo tenia película suficiente en una cámara que no iba a usar y me parecía al pedo que gastara una fortuna en tal elemento. Estaba mas pesado que madre judía, (bah, judía, italiana, española o argentina, las madres pesadas son pesadas en cualquier idioma o religión).
Bueno, charlamos un buen rato, Eva me hizo ver todo lo que les conté anteriormente, nos pedimos disculpas, nos abrazamos y lloramos un rato y en menos que canta un gallo el problema había desaparecido. “A veces por amor sobreprotegemos al otro sin darnos cuenta que lo estamos asfixiando”. Por suerte somos dos adultos que aprovechamos al máximo nuestras sesiones de terapia y con amor todo lo podemos solucionar. Con amor y con verdad. Gracias Betina.
Como en el hotel casi no había pasajeros nos mandaron a comer a un restaurant a una cuadra de allí a cuenta del San Diego. Elegimos lo mas caro, milanesa a la napolitana, con papas, ensalada, arroz y frijoles, mousse de chocolate y torta de limón, cerveza helada y café. Volvimos al hotel y nos fuimos a dormir, mas amigos que nunca., más hermanos, mas humanos.
Lunes 20. últimas horas.
Armamos valijas, desayunamos, Eva se fue a la piscina y yo a enviar él numero tres de la magazine. Volví al hotel, me di unos chapuzones, nos sacamos fotos y dejamos nuestra habitación. Cancelamos la cuenta y dejamos las maletas en el lobby.
Salimos a recorrer el centro y disfrutar de una ciudad distinta a la que habíamos visto ayer. Eva se compro un top y yo no encontré malla que me convenciera.
Volvimos, recogimos nuestro equipaje y nos tomamos un bus hacia el lado Argentino.
Tramite de aduana aprobado, llegada a la Terminal de Puerto Iguazú. Dejamos equipaje en custodia, cambiamos reales por pesos y a almorzar. Asado, chorizos y morcillas, papas fritas, ensaladas y cerveza. Balance del viaje (SUPERPOSITVO; OBVIO) y a las 3 y media estabamos abordando el bus hacia Buenos Aires. El viaje como el de ida pero mejor, las películas eran estrenos en DVD y el auxiliar de a bordo estaba muy bueno. Nos reímos mucho, nos comimos todo, nos tomamos todo, dormimos como lirones y después de 16 horas divisamos a Sebastián que nos esperaba en la Terminal de Buenos Aires. El viaje había llegado a su fin y nuestra amistad estaba más sólida, adulto y fuerte que nunca. “Gracias Eva, por tu paciencia, tu amor, tus palabras y tu presencia. Te quiero con el alma, sos mi hermana del amor. Dios te bendiga”. |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|