Nos despertamos bastante temprano y preparamos nuestro equipaje para la vuelta a Cusco, a la tarde.
Bajamos a desayunar al comedor del hotelito de Aguas Calientes que era bastante lindo.
Un poco después de las nueve partimos para nuestra segunda visita a las ruinas.
Queríamos estar tranquilos y disfrutar de la caminata, el día se presentaba fresco pero con sol.
Subimos la cuesta muy abrigados, llevamos poco agua y casi nada de comer...quizá todas esas cosas podríamos haberlas organizado mejor pero lo mismo llegamos contentos y empezamos nuestro propio itinerario, sin rumbo pero también sin la multitud de turistas atropellándose en los mismos lugares y los gritos de los guías desesperados por captar su atención.
Sólo estaban los guardianes del santuario y unos pocos turistas que llegan por el camino del inca. Lo primero que hicimos fue subir a la parte más elevada , donde está el observatorio astronómico.
El guardia andaba solo por ahí y le pedimos que nos sacara la única foto que tenemos juntos allá arriba. La piedra que se encuentra allí es muy famosa.
Está en un lugar elevado y preferencial y servía para mediciones astronómicas. Ahora está protección porque la rompieron en el extremo cuando la cedieron para un spot publicitario en el lugar.
El guardia nos hace posar en la mejor parte donde se ve el Wayna Picchu y la piedra con toda su complejidad. En alguna parte de todo lo que leí dice que esta piedra podría haber servido también para preparar las cuerpos de los muertos que luego se envolvían en fardos.
Las distintas partes de la piedra tendrían así diferentes fines, de acuerdo a las prácticas para embalsamar que tenían los incas. Lo cierto es que esta piedra es codiciada por los turistas que van en busca de espiritualidad y energía.
Solo dejan que la toquen pero ya eso, como vimos el día anterior, origina cierta histeria colectiva cuando hay mucha gente. Luego de allí bajamos hasta el acceso a la montaña más alta y que se puede escalar con equipo adecuado.
Hay que registrarse antes de subir. El guardia también nos aconsejó adonde ir: teníamos la opción de caminar hacia las terrazas de cultivo y de allí a las casas de los vigias. Luego, hacia la derecha, el camino lleva a un antiguo puente colgante y hacia la izquierda podíamos ir hasta el Camino del Inca que es lo que elegimos hacer .
Caminamos muchísimo por las ruinas hasta llegar al lugar donde desemboca el camino. Sin tantos extraños alrededor, casi solos por lugares agrestes y totalmente desconocidos fuimos muy felices y pasamos una mañana en que le arrebatamos al tiempo bocanadas de vida.
Nos sacamos muchas fotos y compartimos con unas pintorescas llamas parte del recorrido, ya que los animales usan como corral una antigua construcción inca. La vegetación selvática del lugar es increíble , aparece por todos lados cubriendo los costados del camino , se encuentran especies que yo no había visto nunca mientras se escucha el canto de los pájaros y se presiente en la espesura un montón de vida que se desplaza , ajena al tránsito incesante de los grupos que llegan caminando , hablando en distintas lenguas pero con el corazón colmado del mismo regocijo.
Dice mi querida amiga Estela que le gusta ver cuando la gente que no conoce las ruinas baja del lugar porque su cara es diferente. Nosotros debemos haber tenido una satisfacción incomparable en los rostros que nos devolvíamos con solo mirarnos.
En los paredones de piedra se podía apreciar la huella de las construcciones que los incas habían levantado en el lugar. Un poco pasado el mediodía bajamos a Aguas Calientes para almorzar.
Cuando se empezaba a llenar de turistas nosotros nos íbamos hacia el pueblo agotados pero felices Teníamos un almuerzo ese día en uno de los hoteles más lindos del pueblo. Tardamos en localizarlo y teníamos hambre y sed y eso nos puso un poco de mal humor. Al final lo encontramos ¡!!!!!!!
Un lugar muy agradable y colorido, al borde del camino hacia las ruinas de Machu Picchu. Conseguimos una mesa en el medio del salón y empezamos a elegir la comida. Estaba lleno de turistas y el ambiente era bullicioso y distendido. La comida variada y muy rica Como hacia calor consumimos cosas livianas y frescas.
Como en otros lugares donde comimos, preguntábamos a los mozos cuando no conocíamos algún ingrediente o preparación. Mi compañero se eligió unas torrejas de quinua que estaban riquísimas ...yo solo probé porque quería cuidarme. Traté de comer liviano para dedicarle todo mi hambre al postre.
En medio de mis devaneos para elegir postres veo que él se sirve un buen trozo de una tarta de frutas. El color de estas era morado intenso, muy hermoso y eran como pequeñas guindas oscuras y un poco arrugadas como pasas.
Yo me tenté, me serví y pregunte por el nombre: sauco. Comimos bastante los dos y nos gustó. Pero nos hizo muy mal. En la estación de Aguas Calientes los dos nos empezamos a sentir decaídos y lo atribuimos al cansancio de la subida de la mañana. Queríamos dormir en el tren....no sabíamos lo que nos esperaba.
Después de bastante espera y de matar el tiempo en tonterías varias, subimos al tren y nos acomodamos. Pero apenas subimos nos sentimos descompuestos .Para colmo, el tren anterior se rompió y hubo que esperar que lo remolcaran y el nuestro tuvo que detenerse en el medio del trayecto y esperar como media hora para reanudar la marcha.
Para nosotros fue eterno, no veíamos la hora de llegar al hotel y faltaban como tres horas! Otra cosa que a mí me produjo mayor inquietud es que apagaron todas las luces cuando el tren estuvo detenido por lo que estuvimos totalmente a oscuras.
Por fin llegamos a Cusco, muy atrasados y totalmente intoxicados Cuando la vimos a nuestra guía Magnolia nos sentimos aliviados porque el chofer nos llevó rápido al hotel. En cuanto nos dieron la habitación y llevaron nuestro equipaje tratamos de reponernos Yo me bañe y acomodé algo, pues nos despertaban temprano para el vuelo a Lima.
Me levanté con una especie de fatiga y deshidratación que no se me despejó hasta bastantes horas después. En fin, fue el momento más difícil del viaje. En la sala de espera del aeropuerto yo miraba a la gente caminando animadamente y no podía creer que eso fuera posible.
Cuando llegamos al Hotel María Angola seguía en ese estado de ensimismamiento que se me fue despejando de a poco, cuando nos acodamos, salimos a caminar, la llamamos a mi amiga Estela para saludarla y compramos un medicamento que aunque nos salió carísimo para lo que cuesta en Argentina, nos hizo muy bien.
Aprovechamos para ir hasta el borde del mar y comimos liviano en un hermoso restaurante del shoping Larcomar con vista al Pacífico. Era nuestro último día y aunque logramos reponernos un poco, nos sentíamos también con esa extraña sensación que provocan las despedidas.
Algo como: quiero volver a mi casa y a la vez quisiera que el viaje continúe. Nada como el mar, para mirarse en ese momento.. y ahí estábamos , colgados en la punta de la ciudad. |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|