Visitar esta otra maravilla incaica, estuvo dentro de mis planes por mucho tiempo, pero cada vez que programaba el viaje, se presentaba algún inconveniente que me obligaba a cancelar, pero esta vez fue a Roney a quien se le presentó un contratiempo por motivos laborales y en vista que contábamos con los pasajes y las provisiones, tuvimos que dejar a este querido amigo con su tristeza y lagrimas en la gran Lima, quedándome como única compañera Ana, una aventurera audaz que ya conocía este gran complejo arqueológico, pero esta vez tenia la ilusión de unir Choquequirao con Machupicchu en un total de más de 100 kilómetros de caminata.
Nos embarcamos en un bus de la empresa de transportes Molina, era un día sábado de noviembre del 2006, el servicio no fue tan confortable pero lo importante fue que nos condujo en el tiempo previsto a la cuidad de Abancay (Apurimac) a la cual llegamos a las siete de la mañana del día siguiente, al rato y luego de estirar nuestras entumecidas piernas cogimos un taxi que nos llevó al paradero de los colectivos que se dirigen al poblado de Cachora, en donde abordamos uno de los vehículos y en poco mas de una hora arribamos al pueblo en mención.
En Cachora (2900 msnm) paramos un par de horas destinados desayunar y luego para contratar un arriero, es así que buscamos a Carlos un conocido de Ana, pactamos el costo del servicio, le entregamos nuestras pesadas mochilas para que sean acomodadas en la acémila y nos adelantamos en busca de la famosa “cuna de oro de los incas".
Recorrimos en dos horas los diez primeros kilómetros en forma descansada, ya que el desnivel es mínimo y se realiza siguiendo una trocha carrozable por lo cual no hay forma de perderse y al final del mismo se encuentra el abra de “Capulliyoc” (2915 msnm) del cual se divisa hacia abajo el largo y serpenteante camino de herradura por recorrer y mucho mas abajo el gran río Apurimac.
Ttodo albergado dentro del espectacular cañón del Apurimac, a medida que descendíamos la temperatura iba aumento, el calor era cada vez mas sofocante, nuestras fuerzas disminuían al igual que las provisiones de agua, fue una bajada de nueve kilómetros muy pesada donde nuestras rodillas tuvieron que demostrar que estaban hechas para este tipo de desafíos, descendimos en aproximadamente dos horas.
Ya eran cerca de las tres de la tarde cuando topamos la parte mas baja del cañón en el lugar de acampada denominado “Playa Rosalinas” (1550 msnm) donde encontramos agua fresca, sombra para descansar y otros caminantes con quienes conversar.
Una hora fue mas que suficiente para relajarnos y recobrar fuerzas en ese apacible lugar, y aunque nos provocaba quedarnos a acampar, como lo hacían muchos caminantes que llegaban exhaustos, preferimos seguir con lo planeado, así que cruzamos el puente existente, dejando de esa manera tierras apurimeñas y comenzando a caminar en suelo cuzqueño, suerte que el calor ya no era tan abrasador porque lo que venia era una subida de nunca acabar, cerca de las seis de la tarde llegamos al caserío de “Santa Rosa Alta” donde pudimos reabastecernos del liquido vital que se nos había acabado.
Le pregunte a Ana si quería continuar porque la notaba muy agotada, ella me respondió que quería llegar a “Marampata” nuestra meta del día, avanzamos y todo se cubrió de oscuridad, la luna nos negó su luz y lo único que lograba distinguir muy abajo en tremenda penumbra era un par de pequeñas luces cual luciérnagas, que emanaban de las linternas de mi amiga y de Carlos el arriero que le había dado alcance, decidí esperarlos, cuando me alcanzaron salude a Carlos, quien entusiasmado me dijo que nunca pensó que lograríamos llegar hasta el punto donde nos encontrábamos en razón a que toma dos días por lo general realizarlo, al lado Ana sin aliento solo atinaba a preguntar “cuanto falta” los dos a la vez le respondimos que estábamos a un paso, ya se distinguían las luces del caserío de “Marampata” al mismo que llegamos a las ocho y media de la noche, luego de un duchazo y de probar una caliente y fortificante cena.
Ingresamos a la carpa para deshacernos de nuestro cansancio. A la mañana siguiente y como de costumbre me levante muy temprano, el clima no se mostraba alentador, caía una continua llovizna, se distinguía muy poco del lugar por la densa neblina que cubría todo el inmenso cañón; a unos metros de distancia se encontraba la cabaña donde Carlos prendía el fogón para preparar el desayuno, me dispuse a ayudarlo y conversando me comentaba que el clima iba a cambiar a medida que pasaran las horas, siendo las nueve de la mañana y aun con lluvia continuamos con la ruta.
Solo caminamos cuatro kilómetros en menos de una hora para llegar a Choquequirao, la lluvia paro y los rayos solares nos dieron la bienvenida a este increíble complejo arqueológico también llamado “cuna de oro”, conocimos en ese instante al antropólogo encargado la recuperación del complejo quien nos narro que a partir del decenio de 1960 se iniciaron los primeros trabajos de limpieza de la zona.
La ciudadela se encuentra a más de 3000msnm, en el distrito de Santa Teresa, provincia de La Convención, en Cusco y al igual que Machupicchu fue concebido en los pliegues de una meseta andina, lo que facilita una extraordinaria vista hacia la vertiente del río Blanco, el cañón del Apurímac y el nevado Salcantay; la concepción urbano arquitectónica comprende templos al sol, a la tierra, una residencia real, depósitos, residencia para una población permanente de agricultores y productores de bienes y servicios, canales de riego, y fuentes rituales, en fin, otra maravilla mas de los Incas que de inmediato comenzamos a recorrer.
Como mencionó el arriero el buen clima nos acompaño por el resto del día, mientras trepábamos a los torreones, paseábamos por la ruinas, contemplando la magnificencia del trabajo de nuestros antepasados y disparando las cámaras hasta casi agotar las memorias, un día lleno de gratas emociones que perduraran en nuestras memorias, pasado el ocaso bajamos al campamento y el arriero nos esperaba con cara de preocupación, le habían comentado los residentes del lugar que se estaban presentando derrumbes en el camino rumbo a Machupicchu, además de fuertes nevadas, por lo cual nos indicó que era imprudente seguir, Ana con mas lagrimas que enojo tuvo que desistir de la ilusión de unir los dos Colosos Incas.
Nuestro amigo el antropólogo para restar tristeza planteó que realizáramos el regreso por otro camino, el cual nos llevaría al poblado de Huanipaca en vez de Cachora, la idea nos agradó, así que al rato preparamos la cena, continuamos la tertulia y avanzada la noche descansamos placidamente absorbiendo las energías regadas en ese místico lugar.
El tercer día dimos la última vuelta por los alrededores y emprendimos nuestro retorno, teníamos que descender nuevamente a lo más profundo del cañón pero esta vez hasta la playa San Ignacio, llegamos a este lugar al medio día empapados de sudor, nos refrescamos con agua fresca, purificamos otro poco del liquido elemento para el resto del camino y le dimos duro a la marcha.
Tras cuatro horas mas de arduo andar llegamos a un Lodge de unos Italianos en Tambobamba, en el cual solo se encontraban los guardianes, los mismos que nos atendieron muy cortésmente consiguiéndonos una movilidad para trasladarnos a Huanipaca, la caminata de este día solo comprendió 18 kilómetros que realizamos en la absoluta soledad, dado que esta ruta alterna es poco utilizada por los turistas debido a la prohibición del paso de acémilas por la presencia continua de derrumbes en el camino.
Pasada las cinco de la tarde llegamos a Huanipaca, un tranquilo y típico poblado de nuestros andes, luego de las últimas fotos abordamos el colectivo hacia Abancay donde culminó nuestra gran aventura, prometiendo regresar este año para cobrar nuestra revancha y realizar la caminata de mas de cien kilómetros que atravesaran nuevamente Choquequirao y luego como premio mayor culminarán en “Machupicchu” (con tu voto, una de las próximas siete nuevas maravillas del mundo - www.new7wonders.com); la invitación queda abierta.
Datos útiles: Pasaje Lima – Abancay S/. 60.00 Pasaje Abancay – Cachora S/. 10.00 Servicio de Arriero – S/. 20.00 por día Alquiler de Acémila – S/. 20.00 por día Entrada al complejo – S/. 10.00 Distancia Cachora – Choquequirao: 32 Kilometros |
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