Creí que jamás llegaría tan lejos en mis paseos fuera de Sudamérica. Allí estaba yo, montado en ese avión de la línea aérea escandinava. Era una mañana tibia en el aeropuerto internacional de Bruselas. La noche anterior la había pasado en el Bruegel Hostal a 15 Km. del aeropuerto.
Mi primera impresión sobre el desconocido territorio nórdico vino de la mano de las sobrecargos del vuelo. Mujeres mayores, de alrededor de unos 60 años conducían a la perfección el carrito de las bebidas, servían prolijamente el café y llevaban con orgullo su traje de la línea aérea SAS. Realidad muy lejana a la que he vivido en otros lugares, sobretodo en Chile.
El vuelo fue como cualquier vuelo, allá arriba el tiempo se disuelve en una taza de café negro o en un jugo de naranja increíblemente recién exprimido, el tiempo es devorado junto a los waffles que aún me quedaban en el bolso traídos desde ese pueblito medieval llamado brugges, el tiempo es aplastado bajo mis pies descalzos que deambulan por el avión.
Arlanda es el nombre del aeropuerto en el cual debía descender. Allí Lily esperaba por mí.
Salí del avión, lo mismo de siempre, pasaportes, pasajes de retorno, maletas que giran esperando su rescate, moneda local y tarjetas de crédito que avalan tu estadia.
Mala suerte corrí, fui escogido al azar… al azar si se puede llamar cuando lo primero que ven en ti, un parche de la bandera chilena... la policía me tomó y vació mis maletas, mis bolsillos, mis objetos personales, vació hasta mi dignidad… mi error fue decir que venia de Chile… si en realidad venia de un vuelo de Bruselas y antes de Ámsterdam y antes de Londres y antes de Paris y antes de Madrid y antes…….
Entregué al policía un papel que decía… Jag besöker Sverige som turist, inbjuden av väner. Mina vänner har bott i Sverige sedan 20 år… algo así cómo que yo visitaba Suecia como turista invitado por mis amigos que viven allí hace más de veinte años. El policía hizo una mueca al otro policía y liberó mi paso, pero ya era demasiado tarde… mis cosas estaban desparramadas en el mesón y tuve que armar nuevamente mi maleta.
Lily es mi mamá, mi otra mamá… esa que uno decide que lo sea. Una chilena como tantos otros que viven en esas lejanas tierras, tierras lejanas como lo son Magallanes, lugar en que ambos hemos vivido algunos años. Y así fue, recuerdo cuando salí hacia el otro lado del aeropuerto, hacia la calle, sentí un frío tal como lo he sentido en Magallanes, era un frío helado, que llegaba a los huesos… mi corazón se alegró, me sentí como en casa, así fue.
Mi segunda impresión vino al llegar al centro de la ciudad, el agua es un elemento omnipresente. Estocolmo cuenta con 53 puentes que permiten circular entre los diferentes barrios. Es llamada también la Venecia del Norte.
Como en cada uno de mis viajes, descubro a las personas que me rodean en cada andar. Cornisas, estatuas, iglesias se pueden ver por fotos o en internet, pero el trato con las personas sólo se vive in situ. Pude percibir cierta rigidez en el trato social, el sueco no demuestra sus sentimientos abiertamente, ni sus alegrias ni sus penas. En pocos países parece ser la gente tan jovial como en Suecia. Durante los claros meses del estío, están tan llenos de sentimientos de felicidad y de libertad, aunque ligados a la melancolía producida por la corta duración del verano. Los Suecos tienen un humor sutil y son poco propensos a entablar contactos con extraños.
En Vallentuna pasé una reconfortante semana, me repuse de tantos viajes, vuelos, trenes, conexiones, horas de insomnio forzado, horas de caminata por la antigua Europa. Disfruté de conversaciones con Jaime, Cristian, Patricia y su novio sueco. Conocí el festival de Eurovisión y seguimos paso a paso la participación de la concursante sueca. Recorrimos en metro (Tunnelbana), auto y a pie los callejones estrechos y encurvados de Estocolmo, de día y de noche. Bibliotecas, ferias libre, el precioso cementerio de Vallentuna, tiendas de antigüedades, un parque de entretenciones, museos y algo parecido a Alcatraz. Lugares que seguramente años atrás también fueron recorridos por Alfred Nobel y Greta Garbo.
Lo que más me gustó fue la parte vieja de la ciudad, Gamla stan. En esas calles empedradas y de estilo medieval me encontré con el Palacio Real, el Museo Nobel (nobelmuseet) y la estatua de San Jorge atravesando al dragón en la Catedral Storkyrkan.
Recuerdo que desde cada esquina podía observar como se multiplicaban los tulipanes en el verde de los parques, plazoletas, maceteros colgantes y todo rincón que pudiese dar vida, allí estaban ellos. Tulipanes escandinavos. Una de las ciudades más bellas que he conocido.
Asi es Estocolmo, visto con mis ojos, con mi corazón. |
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