
Postal de Ischigualasto y Talampaya.
San Juan y La Rioja. | 0 comentarios.
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Allá por febrero de 2002 partí desde Rosario, con la decisión de visitar el Valle de la Luna y el Cañón del Talampaya, y para ello me tracé un itinerario muy interesante, aunque no es el tradicional de las agencias de turismo.
La primera escala sería la ciudad de San Juan, inconfundiblemente vitivinícola, rodeada de bodegas y viñedos. Al llegar, el fortísimo calor seco y el viento zonda, dan la bienvenida al viajero, sobre todo en esa época. En las proximidades de la ciudad capital se encuentran algunos atractivos turísticos como la represa de Ullum y las termas de La Laja. Los pude conocer y realmente me agradaron.
También me interesaron algunas curiosidades gastronómicas como los dulces de algarrobo, tambien llamados patay, además de higos y otras frutas que realmente valen la pena degustar y ,obviamente, los deliciosos vinos de la región. Desde allí partí hacia el Valle Fértil, un poblado hermoso, situado al norte de la provincia, desde donde hay excursiones al Valle de la Luna o Ischigualasto y el Cañón del Talampaya.
Estos parques, el primero situado en la provincia de San Juan y el segundo en la provincia de La Rioja, tienen reglamentaciones bastante estrictas en cuanto al cuidado del medio ambiente. En general es prácticamente imposible recorrerlos caminando, y al tratarse de territorios semidesérticos, con altas temperaturas, deben llevarse buenas provisiones de agua y alimentos, por supuesto.
Ambos forman un conjunto de áreas geológicas, en donde es posible ver un paisaje pétreo, esculpido por los agentes físicos de la tierra durante millones de años. Son territorios donde la naturaleza modeló obras de arte, abstractas algunas y asombrosamente figurativas otras.
El interés científico por estos lugares es de larga data, pero el turístico ha ido creciendo en los últimos años. Estos sitios son tan majestuosos que conforman tanto al científico, ávido de información " in situ ", como al simple observador , que con sólo percibir las curiosas formaciones, experimenta una satisfacción visual y una cierta relajación.
Recuerdo que desde una de las bases de los muros del Talampaya, se observaban cóndores en un vuelo giratorio, pero con una cercanía que yo jamás había experimentado. Realmente se aprecia la gigantesca extensión de sus alas. En algunas de las paredes de roca color rojiza, hay petroglifos arcanos , y una especie de enigmáticos morteros u hoyos, tallados en las piedras por los indígenas, con fines aún inexplicados.
En cuanto al Valle de la Luna, sus famosas geoformas lo dicen todo, es más, son de libre interpretación, los vocablos sobran en este caso, cada cual saca sus propias conclusiones. Habiendo tenido tenido la dicha de visitar estos fascinantes panoramas, emprendí mi regreso por una ruta que abarca la zona oeste de la provincia de San Juan, pensando en regresar algún día. |
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