Confieso que no me hacía mucha ilusión este viaje. No por el lugar, sino por el clima de estas fechas en los lugares elegidos.
Praga y Budapest, yo los quería conocer, pero en primavera o verano, cuando el clima invita a los paseos al aire libre.
En fin, la compañía se empeñó, y yo tuve que claudicar y embarcarme en un viaje a lo que yo pensaba iban a ser las heladas tierras de Praga y Budapest. Por eso, me había provisto de todo tipo de ropa térmica, además de gorros, bufandas, guantes y botas para la nieve.
Para mi sorpresa, a nuestra llegada a Praga, el día era luminoso,el cielo intensamente azul, con la claridad que dan los días de invierno, y relativamente templado. A medida que nos acercábamos a la ciudad, los edificios que vi, bloques de apartamentos que me recordaron a mi época de residencia en Berlín en 1980, cuando cruzábamos a Berlín este a modo de excursión. Misma estructura, misma forma, mismo todo. Esta sensación sólo duró 5 minutos, lo que tardamos en adentrarnos en la ciudad.
Praga es como si retrocedieras en el tiempo hasta el siglo XIV. No es un decir ni una metáfora, es una realidad. Caminar la Plaza Vieja es toda una experiencia. Lástima que los turistas éramos como una especie de marea humana que impedía la ensoñación de haber traspasado la barrera del tiempo. Todo el centro de la ciudad es un laberinto maravilloso propio de las ciudades medievales. Sus tejados rojos a dos aguas, sus fachadas pintadas de colores o simplemente gris perla, sus calzadas adoquinadas” para que los caballos no se resbalaran”. Para cualquier lado que miras, ves picos, torres, pináculos, al estilo de los castillos del siglo XIV.
Era diciembre, el frío era importante, pero nada más pisar esa tierra, me había dado cuenta de que nada importaba el clima, lo que estaba ante mis ojos era mucho más que viento y frío. Llegamos caminando hasta la Plaza Vieja. Una plaza de estilo gótico. Había un mercadillo de Navidad, en la que se vendían, además de adornos navideño, objetos típicos checos, y también comida. Los tenderetes estaban ambientados en la Edad Media, de manera te ayudaba mucho más a ambientarte en la ciudad. Entre la comida que vendían había jabalí entero asado, codillo de cerdo, salchichas blancas y rojas, crepes con mermelada. También vendían vino caliente con azúcar y especias. Imagino lo que estareis pensando, pues no, no emborrachaba, entonaba, entonaba mucho, quitaba el frío y animaba.
Cruzando el puente Carlos, el más emblemático de los puentes de Praga, llegamos hasta el barrio del castillo, que en realidad no es un castillo, sino un conjunto de edificios de diferentes estilos, francamente maravillosos. En la zona alta de la ciudad, las vistas, sólo esas vistas valen la pena el viaje. A medida que se va bajando, no se puede dejar de visitar la calle dorada, calle medieval que toma su nombre de los artesanos que allá trabajaban el oro y la plata, en una de cuyas casas habitó Kafka, el más famoso checo . Tampoco se puede dejar de visitar la casa donde nació, y por supuesto , darse un paseo en barco por el rio Moldava.
Cuando la tarde se echa encima y la noche amenaza con llegar, yo recomendaria irse al puente Carlos a disfrutar de la puesta de sol. Si os colocais mirando hacia el castillo, vereis como el sol va cambiando de color, hacia más anaranjado a medida que se va escondiendo entre las torres de los edificios del castillo. Entonces, cuando las brumas comienzan a ganar espacio, esos pináculos se van difuminando hasta mezclarse con el aire y el cielo, y convertirse en un “todo” gris oscuro. La experiencia se me antojó totalmente mágica.
Una noche nevó. Y el blanco se mezcló con el gris del aire inundando el ambiente de una magia especial. Fue todo un espectáculo ver esos copazos caer, tan blancos, tan grandes, y al pasar por un edificio iluminado, verlos convertirse en copos naranjas. Decididamente, mi viaje a Praga fue una experiencia única y fascinante. Estuve encantada en esa ciudad maravillosa, y verdaderamente sentía salir de allá, pero no sabía que me esperaba otra ciudad tan fascinante o más. No me deja bajar fotos. Prometo hacerlo en cuanto pueda.
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