Shanghai, la ciudad más grande de China, es una metrópolis super cosmopolita, con una interesante mezcla de razas autóctonas, sabores culinarios y costumbres aderezadas con una arquitectura que conjuga lo más tradicional con los rascacielos más futuristas.
El río Huang Pu, impresionante con su caudal arrebatador, divide a la ciudad en dos partes antagónicas: The Bund, que representa lo de antaño y Pudong, imagen del avance tecnológico.
The Bund conserva vestigios únicos de la época cuando los ingleses eran dueños de la ciudad, amos absolutos del comercio mar abierto gracias a la exportación de la inigualable seda china. Allí los edificios antiguos se mezclan con barrios tradicionales (hutones) donde el turista puede conocer de cerca tradiciones ancestrales.
En The Bund está una de las avenidas más transitadas de China: la Nanjing. Es un largo boulevard repleto de tiendas, almacenes, restaurantes y hoteles de primera que en las noches enciende los sentidos gracias a los millones de bombillos fluorescentes que le dan vida a otros tantos millones de anuncios publicitarios. Caminando por la Nanjing se llega al malecón del río Huang Pu.
Vale la pena gastar muchísimo tiempo aquí admirando, al otro lado de la ribera, la impresionante arquitectura modernista de Pudong. En Pudong sobresale como reina absoluta la Torre de la Perla Oriental, impresionante estructura que deja a todos boquiabiertos. Aquí se puede subir hasta el tope y disfrutar una impresionante vista de 360 grados.
También hay que visitar el mirador del edificio Jin Mao (88 pisos), el más alto de la nación asiática (y quinto en el mundo). Para aquellos que tienen dólares de más les aconsejo hospedarse en él, y es que este edificio (además de ser sede de varias compañías locales y transnacionales) sirve de hotel a partir del piso 53 y hasta el 87. Gracias a ello, el Hyatt Shanghai constituye el hospedaje de lujo más alto del mundo. Para cruzar del lado tradicional (The Bund) al lado futurista (Pudong) se puede recurrir a una de las miles de barcas del río Huang Pu, o bien utilizar un túnel sub-acuático que los hará alucinar. El visitante se monta en un funicular que lo transporte de extremo a extremo a través de paredes que cambian frenéticamente de colores y, a la par, puede escuchar durante el recorrido diversos ambientes musicales
Infaltable un viaje en el Maglev, el tren más rápido del mundo. Trabaja con levitación magnética, es decir, se desplaza flotando sin tocar la vía férrea. La ausencia de contacto físico entre el carril y el tren hace que la única fricción sea la del aire, lo cual permite velocidades de 650 kilómetros por hora. Esto hace que se consideren competencia directa del transporte aéreo.
Por ahora, el Maglev está habilitado entre el centro de Shanghai y el super moderno aeropuerto internacional de Pudong. En un recorrido de más de 30 kilómetros, se llega en un tiempo récord de 6 minutos y 30 segundos.
Para los que desean algo más tradicional, pueden visitar YuYuan Garden, miles de comercios y restaurantes enclavados en típicos jardines chinos. También recomiendo el Templo del Buda de Jade, impresionante recinto donde budistas y público local muestran el fervor religioso característico de la región. Aquí pueden admirar una de las imágenes más veneradas de la milenaria China: un buda gigantesco esculpido en jade traído de Birmania.
Shanghai es una ciudad alucinante, y es tan progresista que desde ya se prepara para el año 2010 cuando será sede de la Feria Mundial. Una de las novedades más curiosas es que la ciudad recibirá a los turistas con avenidas perfumadas, y es que el Instituto de Investigación de Materiales de Carreteras está preparando un tipo de asfalto que emitirá olores de jazmín y también de limón para agradar el olfato de los millones de visitantes. ¿Qué tal? Sencillitos lo chinos ¿no?.
Este proyecto, junto al ya inaugurado tren que conecta a Lhasa (capital del Tibet) con varias ciudades chinas, la imponente y gigantesca represa de la Tres Gargantas y el extraño, innovador y apoteósico estadio que se construye para la inauguración de los Juegos Olímpicos del 2008, son algunas de las obras que nos dicen que China, muy a pesar de su místico encanto ascentral, se torna cada vez más rápido en un monstruo tecnológico difícil de superar
Alejandro Fresser Greiner(aa_fresser@yahoo.com)
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