Existen pocas referencias para llegar a estos bellos parajes, pero por suerte en un viaje de trabajo que realice a la ciudad de Satipo recabé suficiente información para emprender mi aventura sin contratiempos. Ya contando con la información del caso lancé la invitación a unos amigos aventureros deseosos de alejarse de la rutina cotidiana, la idea les interesó a varios de ellos pero solo dos disponían del tiempo y de los recursos económicos suficientes para realizarlo, es así que el viernes 07 de Octubre del 2006 a las 22 horas nos montamos en un confortable bus de la empresa de transportes Junín rumbo a Satipo, cerca de las siete de la mañana del día siguiente arribamos a esa ciudad para de inmediato coger los colectivos que van con dirección a puerto ocopa, el viaje hasta este punto duró dos horas, llegando de esa manera a tiempo para poder tomar con tranquilidad un ligero desayuno y coger una buena ubicación en el bote que por lo general parte repleto los días sábados a las 11am.
Nuestro viaje fluvial fue muy pintoresco, a pocos minutos pasamos por puerto prado apreciando la unión de los ríos ene y perené formando de esta manera el río Tambo el mismo que mas adelante se une con el río Urubamba y forman el gran río ucayali que es uno de los principales afluentes del colosal río amazonas, pero nuestro destino no iba tan lejos por lo cual solo navegamos cinco horas por el río tambo pero fueron gratificantes por el paisaje de belleza abrumadora que se observa en el trayecto.
Cerca de las cuatro de la tarde pusimos pie en el poblado de Betania y lo primero que hicimos fue conversar con el jefe de la comunidad, un tipo joven, alegre y muy servicial; nos indicó la tarifa que debíamos pagar ingresar a las piscinas (cinco nuevos soles por persona) y asimismo nos trajo un “guía nativo” para nuestro servicio durante el par de días que habíamos programado quedarnos, acordamos en treinta nuevos soles el costo por día, estando listos para emprender la caminata hacia nuestro ansiado destino, comenzó una torrencial lluvia, la misma que para nuestra sorpresa sirvió para que muchos niños de la comunidad nativa se dieran sus “duchazos naturales” en medio de la calle y en trajes de adan y eva, tuvimos que esperar como una hora para que la lluvia pare y comenzar nuestro recorrido, la travesía duró casi dos horas en las cuales cargando nuestras pesadas mochilas cruzamos un río que nos empapó hasta la cintura porque había subido su nivel y luego atravesamos el bosque en la oscuridad de la noche por el lapso de una hora.
En el punto final del recorrido nuestro guía divisó un zamaño (animal comestible de monte) y fue en su caza, dándole un tiro certero y proveyéndose de esta manera de alimento para varios días, un espectáculo gratis para nuestra llegada, luego armamos el campamento, nos cambiamos de ropa y preparamos la cena consistente en una sopa reconstituyente, para después tirarnos a descansar relajándonos con el sonido que emanaba del riachuelo que se hallaba a un par de metros de distancia. El día domingo me levanté muy temprano e hice un reconocimiento del entorno, al rato desperté a mis compañeros para aprovechar el día que se mostraba muy despejado, a regañadientes se levantaron mencionándome que el domingo era para dormir hasta tarde, pero la expresión que tenían en el rostro cambio totalmente al contemplar el paraje donde se hallaban, el cual en la noche anterior no se distinguía en todo su esplendor, un pequeño paraíso traído hasta esta parte del mundo para disfrutar de una tranquilidad absoluta, a unos veinte metros se encontraba la primera piscina de aguas claras muy profundas y a la derecha a unos tres metros del nivel del agua una tremenda roca para realizar los “clavados”, seguidamente existe un gran tobogán natural que llega hasta dicha piscina aumentando la diversión, desde ese punto se tiene que seguir el curso del riachuelo que fluye sobre piedra pulida naturalmente y en media hora mas tenemos a la vista la segunda piscina con aguas no tan profundas pero transparentes y al frente una hilera de lindas cascadas, formando así un paisaje de ensueño que se nos quedó grabado en nuestra retina para siempre.
Ese día fue espectacular disfrutando de las aguas cristalinas, realizando increíbles clavados, divirtiéndonos en el tobogán y tomando innumerables fotos en ese paraje extraordinario que se encuentra en medio de la selva, paraje que lamentablemente muy pocos conocen por su falta de promoción.
A las tres de la tarde, tuvimos que emprender el retorno, con pena de dejar el bello lugar pero con el alma llena de experiencias motivadoras y agradeciendo a Dios por darnos un país tan lindo donde vivir, dos horas después llegamos a la comunidad nativa de Betania, armamos nuevamente el campamento en el patio de la casa de nuestro amigo guía, dimos vueltas por el lugar observando las costumbres de los pobladores ashaninkas.
Los nativos ashaninkas tienden a conservar el bosque, la flora, la fauna y todo cuanto les rodea y cazan sólo animales que les van a ser útiles en su alimentación. El Asháninka varón mayormente se dedica a la provisión de alimentos para su hogar y lo hace mediante la agricultura, la caza y la pesca, mientras que las mujeres se dedican a actividades como cosechar la yuca, llevar el agua a casa, preparar los alimentos y el masato y cuidar a los hijos, la vestimenta que usan se denomina "Cushma" y consta de una sola pieza cuyo largo es desde el cuello hasta el talón.
Luego del recorrido dado, regresamos a casa de nuestro guía quien nos esperaba con muchas naranjas recién cosechadas para aplacar nuestra sed, poco después nos preparó “chicharrón” con el zamaño que cazó, la carne es suave y sabrosa y calma el hambre en un instante, avanzada la noche y tras un juego de cartas mientras escuchábamos canciones de Silvio Rodríguez nos quedamos dormidos.
El día siguiente fue el viaje de retorno, para no tener contratiempos tuvimos que levantarnos muy temprano para arreglar las cosas y luego esperar la llegada del bote que va rumbo a puerto ocopa, por lo general se aparece de ocho a nueve de la mañana, llegando al puerto nos apresuramos en coger el colectivo que va a Satipo, porque la demanda es grande ya que llegan otras embarcaciones del río ene y a veces no hay suficientes autos para tantas personas, en dos horas llegamos a Satipo y antes de tomar el bus rumbo a Lima fuimos de compras al mercado, donde se consigue fruta a precios super baratos.
Un viaje para el recuerdo, muy recomendable para quienes buscan sacudirse del estrés, de la monotonía diaria y para estar en contacto con culturas vivas de nuestra selva peruana.
Datos utiles Pasaje Lima – Satipo S/. 30.00 Pasaje Satipo- Puerto Ocopa S/. 18.00 Pasaje Puerto Ocopa – Betania S/. 35.00 |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|