Sábado 9: más Berlín!
Suele ocurrir en muchas ciudades. Un barrio se pone de moda durante un tiempo y todo el mundo quiere vivir en sus calles. Es lo que ocurre actualmente con el barrio de Prenzlauer Berg”, un barrio donde se mezclan varios tipos de “tribus”… Los que en los años 80 lucieron crestas y eran punkies hoy empujan carritos de niños y se han aburguesado. Cuando llegamos al mercado de frutas y verduras, estaba a tope de gente y disfrutamos mucho viendo los puestos de quesos de mil clases, de chocolates que nos hacían la boca agua y con un puesto en concreto, en el que vendían collares artesanales hechos con piedras naturales de río. Paseando vimos varias fachadas de antiguos edificios, con restos de metralla, que aún seguían sin restaurar. En la parte Este de Berlín, y en este antiguo barrio de trabajadores más concretamente, se han restaurado muchos edificios, pero los que quedan tal cual desde la gran guerra, dan idea del horror que vivió esta ciudad antes, durante y después del bombardeo de los aliados. Descubrimos los llamados “cuarteles de alquiler” que son conjuntos de edificios unidos por varios patios interiores, construidos para la masa obrera, mientras que los ricos propietarios habitaban las viviendas que daban a la calle, adornadas con bellas fachadas.
Pasamos junto a un cementerio judío que estaba cerrado por ser sábado, y Eron nos explicó que era inmenso y muy bello. Llegamos al nuevo museo dedicado a la DDR, la Antigua Alemania del Este, que está justo al lado de la isla de los museos, en la orilla del canal que rodea la isla. Desde un “Trabant” en el que te puedes montar, y comprobar en persona cómo eran estos coches de la era comunista, y fabricados en la Antigua Alemania del Este, hasta la recreación de un apartamento, con su cocina y su salón decorado al más puro estilo “ost”. Es un museo atípico, donde no se exponen los objetos de forma tradicional en vitrinas o expositores, aquí se abren cajones, se tocan los objetos, se escuchan grabaciones, y hasta se olfatea el olor de una era no tan lejana en el tiempo. http://www.ddr-museum.de/en/
Un pasado reciente y un presente lejano, como el del edificio en ruinas que ocupa una gran superficie frente al museo de la DDR. Se trata del Palacio de la República, antigua sede del Parlamento de la RDA, con su estética comunista de los años 70. Su destrucción sigue siendo objeto de polémica, ya que muchos la consideran una huella de esos tiempos a borrar, y otros la consideran una joya de los 70, dotada de piezas de diseño originales. Yo personalmente, creo que es un edificio bastante feo, sobre todo en el estado en el que se encuentra, contaminado de amianto y hecho un amasijo de hierros, pero lo triste es que ahora una vez destruido, parece ser que no hay dinero para su reconstrucción. Y como contraste a lo que acabábamos de ver, ¿a dónde podíamos ir? Pues sencillamente al templo del consumismo en Berlín, a los almacenes KADEWE, ubicados al otro lado de Berlín, en la parte occidental.
Estos grandes almacenes son legendarios y tienen mucha historia detrás, ya que cuando Berlín estaba dividida por el muro, eran un reducto del capitalismo y un objeto deseado por los que habitaban al otro lado del muro. De hecho, dicen que es el almacén más grande de Europa con una variedad de 1800 marcas. Antes de entrar fuimos prudentes y en un kiosco ambulante probamos la especialidad de Berlín: el “curry wurst”, o lo que es lo mismo, un perrito caliente con ketchup y curry. Algo tan simple, resulta que es todo un símbolo de Berlín, y se vende en todos los rincones de la ciudad. Una vez saciados, ya estábamos preparados para visitar la sexta planta de los almacenes, dedicada íntegramente a la sección “Alimentación”. Puro éxtasis para los 5 sentidos. Un templo dedicado a las “delicatessen” y un desafío permanente al pecado de la gula. “Entrecots” a 250 euros el kilo, Moet Chandom a 10 euros la copa, y otros “pecados veniales” que instaban a la lujuria culinaria desde las vitrinas donde se lucían sin ningún pudor. Me recordó mucho a la sección de alimentación de los almacenes “Harrods” de Londres, cuando vimos cómo la gente también probaba “in situ”, las exquisiteces en una especie de barras-restaurante, donde se ofrecían ya guisados y listos para comer, las mismas “joyas” que se vendían en cada sección. Pero como Dios aprieta pero no ahoga, una vez más, nuestra “delicatessen” particular nos esperaba en casa. Cenamos como reyes una variante de pasta “a la putanesca”, muy picante y sabrosa que nos dejó la boca preparada para las cervezas de la “fiebre del sábado noche”.
Nuestra salida nocturna por los antros de perdición de Berlín fue histórica y memorable; estuvimos en un montón de garitos de todo tipo. Para empezar la noche, fuimos a un local escondido, donde escuchamos un concierto que pasará a los anales de nuestras vidas como un tremendo taladro auditivo. Rodeados de “divinos” que mientras miraban alucinados a los dos personajes que hacían ruido más que música, se tapaban los oídos, nosotros intentábamos comprender cómo se podía disfrutar de un concierto, si para “resistirlo” tenías que taparte los oídos… Después, y aún en trance por los momentos vividos, entramos en un local que se llamaba “en tu casa o en la mía”. Era lo que se llama un “lounge” bar, lo que en cristiano quiere decir, un bar donde en vez de sentarse en un taburete o en una silla, te sientas en un sofá o en un puf, y un lugar donde en vez de escuchar rock and roll, escuchas los últimos éxitos de “chill out”. En definitiva, otra forma más de ser “snob” , quedando en el “Lounge ” en vez de quedar en el Bar Pepe de toda la vida. Pero aún quedaba más y mucho por ver. Si algo tiene Berlín son locales guapos para todos los gustos y colores. El siguiente estaba justo al lado y era un local de “ambiente”, con escenario de cabaret incluido. De repente me vino a la cabeza, esa escena de la película original de “Cabaret”, que tantas pesadillas me provocó cuando era niña, donde aparecía el ventrílocuo con una marioneta que hablaba sola y cobraba vida. (aún me tiemblan las piernas….) El personal de este lugar era para grabarlo en directo con cámara de súper 8. Una pareja de fornidos camioneros se daba el lote, mientras otro cliente jovencito y bastante “tocado del ala” pululaba por todas las mesas diciendo cosas de las que se reía él solito,. Un auténtico cuadro! ¿Y si a las 3 de la mañana te apetece tomarte un chocolate caliente en un bar de moda? En Berlín todo es posible. Se llama “Kakao” y también está en el barrio de moda de Prenzlauer Berg. Sirven un chocolate caliente 100% puro cacao, junto a un licor de naranja que nos supo a Gloria bendita…. Al salir, como tampoco era cuestión de “chocolate y a la cama”, después del “momento chocolate”, entramos en un “café” de diseño, donde la mesa de al lado daba para una crónica intensiva e intensa sobre “los perjuicios que causa el alcohol”. Era un grupo de 8 0 9 chicos y chicas. La “estrella de la noche” era una chica, bien entrada en carnes que se desplomaba de la risa cada vez que uno de los chicos le decía algo. La chica pedía guerra pero la ignoraban. Caricias por aquí, arrumacos por allá y no había manera.
Poco a poco el grupo se fue disgregando pero ella insistía. El alcohol que llevaba encima la hacía inmune al desaliento y a nosotros, a pesar de ser buena gente, prácticamente nos “obligó” a hacer apuestas. (¡qué cara más dura tengo!). No recuerdo quién de nosotros ganó la apuesta, lo que sí recuerdo es que el acoso y derribo acabó con un “chico damnificado” por un pase de escotazo de la chica en toda regla y con la salida triunfal de la misma, agarrada a su víctima como una garrapata en busca de un rincón oscuro de Berlín para rematar la faena. Eso es constancia y lo demás tonterías…. Despuntaba el alba, y ya e iba siendo hora de “ahuecar el ala”. Fieles a la tradicional “espuela”, echamos la última copa en un pub de ambiente que ya era como nuestra segunda casa. Habíamos estado el primer día de nuestra llegada y no nos podíamos despedir de Berlín sin volver a escuchar a nuestra idolatrada y admirada Dalida. Nos “regalaron” unos vídeos de la súper diva francesa, y mientras le hacíamos coro a esas canciones desgarradoras de desamor y estética años 70, recordamos todos los momentos históricos que habíamos vivido esa noche sin parar de reír. Fue sin duda una noche memorable y de las que hacen historia en el currículum “viciae”, digo “vitae”.
Domingo 10: últimos cartuchos en Berlín
Resaca: estado mental y físico lamentable, con signos acuciantes de posible explosión de los vasos sanguíneos capilares. No creo que sea la explicación científica, ni mucho menos, pero así nos despertamos el domingo de Pascua y resurrección. Gracias a Dios, luterano o no, que nos esperaba un auténtico desayuno- brunch, de esos tardíos que ponen las pilas enseguida.
Lo primero que hicimos fue ir a ver el Reichstag con su cúpula de Norman Foster. Tuvimos suerte, porque hicimos unos 20 minutos de cola, cuando lo normal es mucho más. Además, empezaba a caer la tarde y las vistas desde la cúpula, con esa luz rojiza del atardecer nos engancharon durante un buen par de horas. Las normas de seguridad para acceder al Reichstag son extremas pero merece de verdad la pena, esperar y “sufrir” los cacheos y detectores de metales. Se sube en ascensor hasta la cúpula, una gran cubierta acristalada dominada por un eje central de espejos que despistan al espectador. (ver fotos). Hay una exposición permanente con fotografías en blanco sobre la historia del Parlamento y destacan las fotos de lo “nazis” gobernando la nación desde sus asientos parlamentarios, usurpados a base de crimen y terror: En 1933 parte del edificio fue víctima de un incendio y el régimen nacionalsocialista utilizó como pretexto este incidente para iniciar la persecución de sus enemigos políticos.
Me gustó sobre todo el contraste entre las piedras señoriales del edificio del parlamento con el cristal y los espejos de la cúpula de Foster. Dicen las malas lenguas que el gobierno alemán no quiere pagarle a Norman Foster porque hay hasta un total de 45 reclamaciones sobre defectos que han encontrado en la construcción. Sea verdad o no, lo que está claro es que las vistas sobre la ciudad desde allí son “objetivo preferente”. Al salir cogimos una vez más el bus nº 100 y fuimos hasta la gran columna de la Victoria. El día anterior la habíamos visto al pasar y esta vez queríamos verla detenidamente. Conforme te acercas a ella, es cuando compruebas su magnitud. Si desde la Puerta de Brandenburgo se ve pequeña, cuando estás al lado es un “gigante” enorme, a cuya cima, como señalé al principio, se puede subir para disfrutar de unas vistas también increíbles sobre Berlín. Nosotros no subimos porque, una vez escondido el sol, el frío era ya preocupante. Así que paso a paso, fuimos andando por toda la avenida del 17 de junio que lleva a la famosa puerta de la cuadriga de bronce. Cuando alcanzamos la Puerta de Brandenburgo, seguimos por el paseo “Unter de Linden” (bajo los tilos) que lleva hasta la Alexander Platz. En definitiva, bajo las luces navideñas que decoraban los tilos nos dimos un paseo de unos 3 km hasta la parada de metro de la plaza donde se ve majestuosa la torre de televisión más famosa de Berlín. No sé cuántas fotos hice de esta torre, desde todas las perspectivas y con todos los matices de luz. (Si me tengo que quedar con un símbolo de Berlín, creo que sin dudarlo me quedo con ella). Volvimos en metro a casa y como despedida, nos sugirieron ir a cenar a un restaurante turco de otro barrio. Antes fuimos a una iglesia cercana a casa donde anunciaban un concierto navideño de Bach. La lástima fue que el aforo estaba completo y no pudimos entrar. ¡Qué buena estaba la carne con yogurt y cuántos recuerdos de Estambul nos vinieron a la cabeza. Según nos explicaron, en el local ofrecen la mejor comida turca de Berlín y aunque tardaron en servirnos, valió la pena. Y si bueno fue el restaurante, mejor iba a estar lo que llegaba a continuación.
Una ciudad cosmopolita como Berlín ofrece una amplia variedad de opciones culturales. Jochen y Eron, nos llevaron a un café-concierto de Jazz después de cenar que nos encantó. El local se llama “Heile welt”, en la calle Motz nº 5 y la estrella principal es una cantante negra al piano que encandila al personal con su voz y su humor sarcástico. Como nos comentaba Eron, es una bonita forma de empezar la semana, con un buen vaso de vino, una música relajada y un ambiente muy “cool”. Su voz aterciopelada nos encandiló y cuando ya llevaba varias canciones del tipo “you are the sunshine of my Herat” y la famosa “my babe dont care “de Nina Simone, tuvimos el gusto de escuchar a un espontáneo, también negro que le hizo los coros a nuestra “Billie Holiday” particular. Fue grandioso y una auténtica gozada acabar así nuestra estancia en Berlín. Nunca olvidaremos esa noche.
Lunes 11: Aufidersen Berlín!!!
No había más remedio, llegamos al aeropuerto de Schoenefeld a las 5.30 de la mañana, a punto para coger nuestro avión con destino a Palma de Mallorca. Nuestro destino final era Valencia, pero la opción de hacer escala en Palma de Mallorca y pasar unas horas en una ciudad que no conocíamos, nos atrajo desde el principio. Antes de embarcar me acordé de una cita que había visto en Internet sobre Berlín: “Ser un berlinés es ser parte de algo progresista y anticuado, bohemio y proletario, conservador e innovador, oriental y occidental, verde y futurista. Berlín es contradictoria. Es amor y odio porque brilla, al mismo tiempo, con su pomposa arquitectura y molesta con las huellas de Stalin y los patios ruinosos.” No hubiese encontrado mejor definición para una ciudad que nos había dejado huella. |
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