Hola amigos viajeros, les escribo sujeto a una bota de yeso por fractura de peroné, acaecida hace casi un mes en Lircay, capital de la provincia de Angaraes de la región Huancavelica. Todo empezó muy bien, el viaje por la Carretera Central que sube desde la costa de Lima hasta la ciudad de Huancayo, cruzando alturas de hasta 4.818 msnm. todo muy bien, el paisaje serrano espectacular, lagunas de altura de gran belleza, montañas nevadas que parecían al alcance de la mano. Al día siguiente de mi llegada a Huancayo a 457 km de Lima, partí hacia Huancavelica en el "tren macho", llamado así porque "sale cuando quiere, llega cuando puede y nadie le puede decir nada". A hora y media de mi partida desde Huancayo, viajando entre la ladera de un cerro y un abismo al fondo del cual corre el río Mantaro, mi vagón se descarriló, con la alarma entre los pasajeros que es de suponer.
Luego de media hora, los expertos conductores pusieron el vagón sobre rieles y continuamos el viaje. Ese y otros retrasos hicieron demorar el viaje casi ocho horas, cuando lo normal son entre seis horas. En Huancavelica, me cogió una lluvia con granizo incluido que en dos minutos inundó las calles y quede chorreando agua como se pueden imaginar. Al día siguiente en una camioneta de servicio público, partí para Lircay. De Huancavelica a Lircay hay 75 km. que se cubren en dos horas y media a tres horas por camino de tierra afirmada. La puerta de la camioneta junto a la cual viajaba no tenia cristal y al ganar altura durante el viaje penetraba el aire gélido de alta montaña, además durante el recorrido, la camioneta sufrió una ponchada o "bajada de llanta" en el punto mas alto, en medio de un paraje nevado muy bello. Arreglada la avería del neumático, seguimos el viaje, descendiendo por caminos a uno de cuyos lados se abrían impresionantes abismos o pendientes pronunciadas, pero al mismo tiempo era posible ver pueblos serranos, las llamas o ganado vacuno, campamentos mineros, bosques de piedra, todo muy hermoso. A dos kilómetros de Lircay, una nueva ponchada, obligó al conductor a un recambio, el cual muy precavido nos dijo que siempre tenía dos neumáticos de repuesto. Que bien.
Después de buscar alojamiento caminé un poco por la ciudad antes del almuerzo y es así como al ascender por un sendero estrecho de tierra para ver la ciudad desde lo alto me tuve que hacer a un lado para dejar pasar un camión y al apartarme metí el pie derecho a un agujero. Ello y la torsión correspondiente me causaron la fractura. Imagínense el sobresalto de saberse con fractura de pierna a 532 km de casa, en medio de pueblos y paisajes rústicos. Apelando al sentido común busqué de inmediato la forma de retornar a Lima. Eran las doce y media del día. Abordé un vehículo público con todo y mochila, llegue a Huancavelica a las 3.30 pm, enseguida abordé un automóvil de servicio público con destino a Huancayo. Luego de demoras por congestionamiento en la vía por mantenimiento, llegué a Huancayo a las 8.30 de la noche; si parar ni para comer o ir al baño abordé otro automovil de servicio público hasta Lima, destino al que llegué a la 1.30 am del día siguiente. Llegar a Lima y partir para una clínica fue cosa de un instante.
Así pues termina un viaje frustrado que espero repetir el próximo año en abril, después de las lluvias, porque con las ganas de viajar a Huancavelica no me quedo. De ser posible agregaré foto de la ruta hasta Huancayo, tomada en otro viaje hacia destinos diferentes. Gracias por su paciencia al leer esta narración. |
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