
Matapalo, una playa paradisiaca
Playa Matapalo, Aguirre | 0 comentarios.
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Costa Rica: Ciudad, pàramo y costa.
Un amigo debia hacer un trabajo en Matapalo, Puntarenas y como hacia dias no iba a ninguna parte, como me invitó a acompañarlo, sin dudarlo mucho me apunté al viaje. Salì de mi casa en San Josè a las 4 00 am en diciembre, epoca caliente y ventosa en el dia y fria por las noches. A las 5 me hallaba en la ciudad de Heredia, donde recogerìa a mis amigos en nuestro viaje, cuyo destino final era la playa Matapalo en la costa pacifica central, para lo cual hay dos rutas para llegarle, una es tomando por Cartago en la interamericana sur hasta San Isidro del General y de ahi buscar la Costanera Sur. La otra ruta es saliendo hacia el oeste por Alajuela, Orotina y tomando el cruce a Jacò por la misma Costanera pero en su extremo norte. Decidimos irnos por el lado sur y volver por el norte para conocer las dos opciones. Todavia apenas amaneciendo, avanzamos de Heredia buscando el entronque con la autopista que va a Cartago, ciudad que fuera la antigua capital colonial de Costa Rica durante dos siglos y medio y apenas un par de años en la època republicana cuando este rango recayò en San Josè. La autopista que va hacia Cartago està en excelente estado, se paga un peaje en Tres Rios y en el cruce de Taras està bien señalizada la ruta hacia San Isidro del General. Se continùa el viaje por la creciente zona industrial de Cartago en las llanuras del Valle del Guarco, hasta el poblado San Isidro del Guarco (no confundir con San Isidro del General, para eso falta mucho aun) a 1400 metros sobre el nivel del mar donde empieza el ascenso a la Cordillera de Talamanca, por donde va la Carretera Interamericana Sur. Ya en ese momento el sol era pleno pero las temperaturas seguian manteniendose frescas por el ascenso. La carretera transcurre en una zona boscosa donde se ven algunas lecherìas, vistas al valle donde se asienta Cartago y muchas praderas. Conforme se sigue ascendiendo empiezan a cerrarse mas el bosque, con algunos pequeños poblados que aparecen de vez en cuando como La Cangreja o Vara del Roble, caserìos de pequeñas casas con vegetacion de bosque mixto de altura: las hojas de "sombrilla de pobre", helechos y epìfitas se hacen comunes. Seguiamos ascendiendo por la via en buen estado, señalizada pero sin "ojos de gato" que ya se han ido perdiendo. En algunos tramos, hay que armarse de paciencia por los camiones pesandos que suben a baja velocidad, las curvas muy seguidas y la neblina que aparece en cualquier momento y lugar no permiten adelantar en cualquier parte. Al fin dejamos atras algunos vehiculos lentos y continuamos pasando por El Empalme, lugar donde se libraron algunas batallas decisivas de la ultima guerra civil de Costa Rica en 1948. En este lugar està la ùltima gasolinera en mas de 80 kilometros, por lo que es bueno parar aqui si se necesita recargar combustible. De paso se puede comprar en los negocios, queso palmito, que es un queso tierno que viene dispuesto en forma de arrollado y para comerse debe desenrollarse a pocos. En las pulperias del poblado tambien se ofrecen cajetas (dulce de leche y azucar), jugos, empanadas, manzanas, frituras y otros articulos como baterias para radio. Despues de El Empalme sigue un ascenso largo pero no muy pesado, aunque las continuas rafagas de neblina de repente aparecen y se dificulta por momentos un poco andar en la via. Recomendado utilizar halógenos ojalá de color amarillo para ser visible. Mas adelante hay otra cafetería muy famosa: Los Chespiritos, donde los automovilistas se detienen para tomarse un chocolate o café y así combatir el intenso frío. Está en un punto llamado "Ojo de Agua" donde se halla tambien una de las casas que utilizaban los colonizadores que se desplazaban al Valle del General en el siglo XIX y a principios del XX. En estas casas o refugios, ubicadas a cierta distancia unas de otras, de las cuales solo queda la de Ojo de Agua, se detenían las familias de los colonizadores a descansar del duro viaje que emprendían para ir a poblar el Valle del General, adonde el Gobierno ofrecia tierras a quienes denunciaran terrenos baldíos. Por lo extremo de las condiciones climáticas, muchas familias sucumbían en la travesia por lo cual al Cerro Buenavista que es el punto mas alto de la Carretera, se le empezó a conocer como el "Cerro de la Muerte", nombre con que es llamado hoy en dia.
El Páramo y San Isidro del General
Mas adelante de Ojo de Agua, la vegetacion empieza a ser diferente, aparece el paramillo o vegetacion de cumbre, y al alcanzar los 3300 metros sobre el nivel del mar, el páramo asoma en todo su esplendor, vegetacion baja y dispersa de hojas duras y pequeñas. El Instituto Costarricense de Electricidad y otras instituciones públicas tienen estaciones de investigacion en la pedregosa cumbre. En dias muy favorables, se puede divisar el Mar Caribe a lo lejos, la cumbre del Cerro de la Muerte está ubicada sobre uno de los puntos mas angostos de Costa Rica, con menos de 200 km de distancia de un océano a otro. Un poco mas adelante de la cumbre hay un claro donde es posible divisarlo, en algunos momentos del año. Esta vez no corrimos con suerte, la fuerte radiacion solar no permitió ver el Mar, en el claro donde nos detuvimos. Después inicia el descenso, en algunos tramos muy vertiginoso por lo que hay que ir con precaución. Empieza a desaparecer la vegetacion de altura, hasta volver a topar algunas praderas. El primer pueblo en aparecer se llama Division, hay otro llamado Siberia y mas adelante la carretera sigue dibujando curvas por lo que un poblado se denomina La Ese. Tres horas despues de haber pasado por Cartago, aparece ante los ojos el Valle del General, con la ciudad de San Isidro al fondo del Valle. Ya se siente el calor caracteristico de la zona, que sin embargo, no es bochornoso. San Isidro del General, cabecera del cantón Pérez Zeledón, forma parte de la provincia de San José y es una zona productora conocida por su café de alta calidad. Es también el centro regional mas importante del sur del país por lo que en San Isidro del General se hallan todos los servicios: desde supermercados hasta universidades. Este es el punto ideal para reabastecerse si es del caso, debido a que en adelante no habrá lugar donde hacerlo a menos que querás pagar precios altos a estilo de turista anglosajón en Playa Dominical. Hay gasolineras y en el mercado se ofrecen diversos platos de la zona. La Interamericana Sur se ensancha en cinco carriles a partir de San Isidro, pero nosotros nos desviamos hacia el oeste en la avenida que pasa por la Catedral en el camino que va hacia Dominical. El pequeño estadio Otto Ureña se deja ver a un costado de la via, asi como la siempre llena terminal de buses. Unos cuantos kilometros después dejamos San Isidro del General y se empieza un pequeño ascenso por la Fila Brunqueña donde ya el calor empieza a manifestarse y obliga a abrir todas las ventanas del vehiculo. El camino está en regular estado y carente de señalizacion, por lo que se recomienda precaución. La ruta discurre con tranquilidad por pintorescas poblaciones como Platanillo o La Palma, hasta llegar a Barú, donde se divisa el océano Pacífico. Después de pasar el rio Barú, estamos en el cantón de Osa, provincia de Puntarenas, donde oficialmente comienza la Zona Sur. Al llegar a un cruce enorme, entroncamos por fin la carretera Costanera Sur. Increible, del páramo al nivel del mar en menos de tres horas. De ahi en adelante, permaneceremos en la provincia puntarenense.
Empieza la Costanera
De ahi decidimos ir a Dominical a dar una vuelta de reconocimiento: algunos hoteles, zona de artesanías, supermercados, oficinas de bienes raices y casi todos los rotulos en inglés. Volvemos a la Costanera para hallar el unico cajero automático de la zona, antes de eso un Volvo de placa colombiana a gran velocidad estuvo a punto de embestirnos cuando intenté entrar a la vía. Andaba un poco lejos de casa este colombo y haciendo loco! La Costanera es ancha y se halla en perfecto estado. Nosotros de ahi debiamos ir hacia el norte, en busca de Matapalo, por lo que nos devolvimos al cruce y entramos en el tramo no terminado de la Costanera, estrecha y aun en lastre. El paisaje cambia de ahi en adelante: mucha vegetacion a ambos lados, pocas viviendas y mas adelante, llanuras dedicadas a la ganaderia. Aparece en medio de la espesa vegetacion, una gasolinera, la unica de la zona, adonde posiblemente vengamos a abastecernos a la vuelta.
Matapalo al fin
La temperatura es alta y los vehiculos van dejando una espesa nube de polvo a su paso. Para esta via es recomendable un vehiculo doble traccion o bien que sea alto. Por aqui pasan muchos furgones, sobre todo panameños que van a su país o se dirigen al resto de Centroamerica, pero que se quieren evitar el paso por el Cerro de la Muerte y por San José. Como la via aun no está terminada, aun tiene pequeños puentes de un carril donde apenas pasan estos furgones y obligan a esperar. En el lugar llamado Hatillo hay dos puentes pequeños muy seguidos, uno de ellos antes de una curva, por lo que los traileros deben tener bastante pericia para poder doblar la curva al salir del puente. Fuimos entrando en las pequeñas playas anunciadas, una de ellas Playa Guápil es simplemente espectacular, la playa es ancha y solitaria. Por fin, en medio de un polvoriento camino, hemos llegado a Matapalo. La plaza de futbol es infaltable, como todo pueblo costarricense, al frente la pulperia y al otro costado una soda. Ahi decidimos desayunar, siendo ya las once de la mañana, y luego de 215 kilometros con algunas paradas para fotografias, tanto en el Cerro de la Muerte como en Playa Guápil. Buena comida, aunque los precios un poco altos, pero en fin, por la calidad y buen servicio pagamos gustosos.
Buscamos el hotel donde mi amigo habia hecho la reservacion de previo: habitaciones sencillas, con aire acondicionado. Para subir tenia una grada metálica muy estrecha y empinada por donde me caí bajando en chancletas ese mismo dia en la noche. Vale que me agarré de las barandas sino no estaría contando el cuento. Dejamos los equipajes en el hospedaje y recorrimos el poblado. Matapalo es un pueblito pequeño que en los ultimos tiempos se ha llenado de casas de extranjeros, sobre todo en las zonas mas alejadas de la playa. Su playa es ancha y alargada y a diferencia de las excentricidades de Dominical, se respira aqui un tranquilo aire pueblerino. Su gente es amable y servicial. Terminado el trabajo de mi amigo, en la noche se vino un fuerte aguacero, obligandonos a quedarnos en el hotel mientras bajaba un poco la intensidad. La noche era caliente pero agradable. En el hotel tenian supermercado, donde compramos unas cervezas para pasar un rato de descanso. Tambien habia restaurante, pero los precios eran excesivos en este ultimo por lo que fuimos a la misma soda de la mañana para una cena ligera, ubicada a un kilometro de ahi sobre la polvorienta Costanera. Sin ningun problema pasamos la noche.
A la mañana habiamos querido ir a desayunar a la misma soda frente a la plaza pero estaba inusualmente cerrada. Al final, esto resultó en algo favorecedor. De paso debiamos ir a cargar gasolina, por lo que nos devolvimos casi hasta Dominical y en Hatillo pasamos a una soda familiar donde por 1200 colones (dos dolares con 30 centavos o bien 2 euros) me pude comer un gallo pinto (arroz con frijoles en aceite con especias) con dos piezas enormes de pollo frito y un café con leche. En la otra soda hubieramos pagado el doble o más. El camino estaba encharcado por la lluvia de la noche anterior, y aun asi algunos se atrevian a entrar con autos bajos. El camino aun lo permite, pero conforme se avanza al norte, se va disminuyendo la calidad por falta de mantenimiento y se vuelve inadecuado para vehiculos bajos. De vuelta en Matapalo, recorrimos la playa de lado a lado, hasta llegar caminando a la Reserva Ecologica Portalón, donde se termina el camino de tierra que desde el centro de Matapalo es sombreado por los arboles sembrados a ambos lados. Para entonces, la temperatura era de 33 grados y sudaba a chorros.
La Costanera lastreada
Recogidos los enseres de la habitacion, cuyo unico problema era la poca cantidad de agua que llegaba, a pesar de que no escasea en el pueblo, emprendimos el viaje de vuelta, esta vez, luego de almorzar de nuevo en Hatillo, pasamos por ultima vez por Matapalo. La via seguia en buen estado, aunque lastreada, hasta el puente sobre el Rio Savegre, el mas largo y angosto de la Costanera. Hasta ese lugar habia llegado yo tres años antes, pero viniendo del norte. Ahora es muy diferente, porque el Gobierno está ampliando la via lastreada con el fin de asfaltar la Costanera antes del año 2008. Ahi alcanza un ancho de 20 o mas metros. A partir de ahi cambia el paisaje una vez mas. El Rio Savegre avanza por llanuras pequeñas y llenas de palma aceitera de exportacion, a diferencia de los potreros de ganaderia anteriormente vistos. Ese será el paisaje dominante en adelante hasta despues de Parrita, a casi cien kilometros de ahi. Inicia el tramo en peor estado de la Costanera, y con algunos puentecitos de metal de espanto, sin barandas y con laminas de metal flojas, algunos hechos con rieles de ferrocarril como piso. Vamos pasando con mucho cuidado los pequeños puentes, porque no pocos carros se han caido por no fijarse bien. De noche se convierten en una trampa mortal por lo que recomiendo recorrer esta via a la luz del dia.
Quepos, Parrita, Jacó
Sin embargo, la Costanera inconclusa y polvorienta en proceso de construccion está a punto de ser un recuerdo al llegarse a la ciudad de Quepos, donde luego de pasar el hospital y su pequeño aeropuerto, se convierte por fin en un camino transitable todo el año, una amplia carretera de cuatro carriles, pero con poca señalización, como ha sido costumbre en toda la Costanera. Luego del Hospital hay dos opciones: ir al centro de Quepos o acortar camino por la zona periferica. Nos vamos por la periferia porque ya era tarde, donde son visibles algunos terrenos invadidos por precaristas que han construido sin ninguna planificacion por lo que las ciudadelas perifericas son desordenadas y no son un paisaje agradable a la vista. Por fin alcanzamos la Costanera asfaltada y la velocidad tortuosa que traiamos, aumenta considerablemente. El paisaje como dije antes, siguen siendo los sembradios de palma africana o aceitera, unos en regeneracion, otros dando frutos. No aparece ninguna poblacion en el horizonte hasta llegar a Parrita, cuyo puente sobre el rio del mismo nombre, es de un carril y hay que esperar que la gente que viene en direccion contraria dé el paso. Por fin un alma caritariva se conmueve y vamos pasando el puente, de metal con piso de laminas de acero estruendosas. Para ese momento ya empezaba a oscurecer y al llegar al cruce de Jacó, famosa playa del Pacifico costarricense, ya llovia fuerte y de noche. Jacó es un lugar que ha crecido enormemente, en los ultimos tiempos se ha llenado de condominios, hoteles, supermercados, centros de comidas rapidas, cines, malles, todo muy cerca del mar. Y a todo lujo, sin nada que envidiarle a la capital.
Orotina, San Mateo y Atenas
Al norte de Jacó, encontramos otros lugares muy turisticos: Herradura y Punta Leona, donde se han asentado hoteles y marinas para extranjeros. Aqui hay un pequeño ascenso y por fin la via se halla debidamente delimitada y con ojos de gato. Por fin, en una gran planicie, aparece el Restaurante La Vaquita, donde se interseca la Costanera con la carretera a Caldera, principal puerto del Pacifico. La Costanera continúa en ruta hacia el norte, hasta encontrarse con la Interamericana. Por el contrario, en dicho cruce tomamos hacia el este buscando la pintoresca Orotina, ciudad famosa por sus frutas. Orotina, poblacion ubicada en un antiguo reducto de los belicosos huetares, que no dejaron de acosar a los europeos a su llegada a lo que hoy es Costa Rica, debe mucho su existencia a los turistas y viajeros que van hacia el Pacifico. Antes en tren a Puntarenas, hoy en carro hacia Jacó, para muchos es parada obligatoria en Orotina, donde hay muchos restaurantes y ventas de artesania y tiendas de abarrotes. Ya aqui estamos en la provincia alajuelense. Muy cerca de Orotina está San Mateo, un pequeño poblado que parece estancado en el tiempo. De ahi en adelante la via se vuelve llena de curvas y ascensos, estamos entrando en los Montes del Aguacate, donde a diferencia del Cerro de la Muerte, la carretera no es tan ancha y las curvas son muy cerradas, a tal punto que no circulan vehiculos articulados en esta via. El paisaje es de zonas de abrupto relieve donde se da el pastaje de vacas. El transito se vuelve lento por una microbus que va a muy baja velocidad subiendo. Y es que no pocas veces se ven carros con problemas en estos cerros, para andar por aqui, hay que tener el carrito bien afinado sino se corre el riesgo de quedar varado. Terminadas las curvas, se llega a una pequeña planicie donde aparece la ciudad de Atenas, otro histórico lugar reconocido por la alegria de su gente, sus cimarronas, su clima agradable y sus toronjas rellenas. Hay mucho movimiento en Atenas y el transito avanza lento otra vez. Muy cerca de Atenas se halla el "Puente de La Garita", un extenso puente sobre el Río Grande ubicado en un área de tajos y lugar de solaz para geólogos por las formaciones rocosas a la vista que denotan una gran actividad en el pais.
Despues del puente de La Garita, en la poblacion del mismo nombre se hallan restaurantes como "La Fiesta del Maiz", "La Fiesta del Pollo" y otros lugares donde familias enteras llegan a departir sobre todo los fines de semana. La oferta es extensa. Despues de cruzarnos con la Interamericana Norte en el lugar llamado "Manolo's" por un restaurante ubicado en el lugar, encaminamos a Alajuela a dejar en su casa a uno de los compañeros que fue al viaje, por lo que estamos ya cerca de cerrar el círculo que habiamos iniciado poco mas de un dia atrás. Luego fui a Heredia, a dejar a mi otro amigo y su novia y por fin, algo cansado por la asoleada y la andurriada, por fin fui llegando a mi casa en el norte de San José a las 9 de la noche, cinco horas despues de haber salido de Hatillo, con una vuelta de unos 600 kilometros en un dia y medio y con la satisfacción de saber que en un pais pequeño como el nuestro encontramos tanto contraste en distancias relativamente cortas, hermosos paisajes radicalmente diferentes, gente amable y mucho sabor a pueblo. Como andabamos un poco apurados, no pudimos darnos un relajamiento total, pero a pesar de todo fue una experiencia inolvidable. Se las recomiendo, y espero que el tramo faltande de la Costanera esté pronto asfaltado aunque eso le quitaría un poco el encanto del aislamiento a las playas cercanas a Matapalo.
Saludos
Rodrigo
San José, Costa Rica |
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