
Escapada gastronómica a Madrid
Madrid, Segovia y Zaragoza | 0 comentarios.
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18 de diciembre de 2006. Barrio Castizo.
El primer día tocaba cena en uno de los locales más famosos de Madrid, “Casa Lucio”. Su plato más famoso son las patatas con huevos estrellados, más conocidos como los “Huevos Lucio”. En la mesa de al lado había una reunión de entrañables octogenarios todos hombres pulcramente vestidos con traje y corbata; el último en llegar fue recibido con vítores de “presidente, presidente!” por el resto de compañeros. Después de disfrutar de una cena a base de los famosos huevos y de solomillo a la piedra llegó Lucio, que podría haber estado cenando en la mesa antes explicada, y pasó a saludar a los octogenarios. Entre risas Lucio les explicaba un chiste sobre catalanes:
“Va un catalán por la Rambla de Barcelona con su madre al lado y se encuentra con un amigo que le dice: -oye, ¿dónde vas con tu madre?- a lo que el otro le contesta: - es que se ha quedado sorda y ciega. – El amigo le vuelve a preguntar: -¿y dónde la llevas, al médico?- y el otro le contesta: -no, voy a darla de baja de la luz y del teléfono.-“
El chiste despertó las carcajadas de los octogenarios. En ese momento nos levantamos, porque ya habíamos acabado, y fuimos a saludar a Lucio y a decirle que nos había gustado mucho el chiste, a pesar de ser catalanes. A partir de aquí, Lucio empezó a explicarnos la historia de la mesa, que al que habían vitoreado “presidente” había sido Ministro (supongo que, por la edad, debió ser ministro pre-constitucional) y que se había presentado a las últimas elecciones a presidente del Real Madrid que, obviamente, no había ganado. Luego nos acompañó por todo el restaurante explicándonos quienes eran las personas famosas que se encontraban en el local, nos explicó vida y milagros del restaurante y de sus amistades con famosos cocineros catalanes, con los cuales se esforzó en decir que se llevaba maravillosamente, y que tenía muchos seguidores catalanes. Luego nos ofreció un cartel del establecimiento y nos enseñó fotos de su álbum particular con el ex – Presidente de Catalunya, Jordi Pujol y con el presidente de Japón, entre otros. Total, que acabamos la cena, por una casualidad de un chiste, confraternizando con Lucio, un experto en cocina y en marketing. Imprescindible ir a comer a su restaurante “Casa Lucio” o a cualquiera de sus otros dos que tiene en la misma calle, la Cava Baja, “El Viejo Madrid” o “Los huevos de Lucio”. En resumen, una buena cena con “Huevos lucio” y excelente carne de res a la piedra a poco más de 35 euros por persona, todo incluido.
19 de diciembre de 2006. Barrio Castizo.
Al día siguiente tocaba cocido madrileño en “La Posada de la Villa”, también en la calle gastronómica de la Cava Baja. Allí, como el mundo es pequeño, estaba el ex – presidente de mi empresa y otro ex -directivo del trabajo, el que se dedicaba a los RRHH. Saludo de rigor y comentario sobre el motivo de sendos viajes, días de estada en la ciudad, restaurantes visitados y a visitar... El cocido madrileño, impresionante, a base de un caldo y el hervido de verduras y carnes con acompañamiento de encurtidos. Para los días de frío como los de diciembre, una comida perfecta a precio razonable relación calidad/precio, a algo más de 35 euros persona, todo incluido.
Por la noche tocaba un chocolate caliente con porras en la “Chocolatería de San Ginés”, en la calle del mismo nombre. El local estaba a abarrotar de gente, jóvenes y mayores, que comía exclusivamente chocolate con churros en medio de un ambiente salido de otra época. Curioso local que abre de 6 de la tarde a 6 de la mañana exclusivamente.
20 de diciembre de 2006. Zona Santiago Bernabeu.
El tercer día desayunamos en otro típico madrileño, el “Café de Oriente”, con vistas al Palacio Real; ambiente y mobiliario clásico que invitan a la conversación.
Para desgrasar un poco la comida popular de la ciudad este día comimos en un popular restaurante japonés, el Kabuki, situado muy cerca del estadio de fútbol del Real Madrid, el Santiago Bernabéu, en plena zona de negocios. Para hacer un cambio de tercio, que era de lo que se trataba, no estuvo mal, pero comer en uno de los más conocidos japoneses de la capital no le hizo sombra a mi preferido, el barcelonés Shunka, que para mi no tiene comparación con ningún otro que haya probado hasta la fecha. Además, resultó la comida más cara de todas las realizadas en estos días, a casi unos 50 euros por persona, con lo cual supongo que será de los que no repetiría de volver a la capital.
21 de diciembre de 2006. Segovia.
El cuarto día tocaba visita a Segovia, a unos 80 km de Madrid. Por el camino la temperatura iba bajando y se veían tramos nevados y helados. Nada más llegar a la ciudad te encuentras con el famoso acueducto, inmenso y majestuoso; la parte antigua se extiende dentro de las murallas, en un extremo de las cuales está el pintoresco Alcázar segoviano. La comida no fue en el archiconocido Cándido, que se encuentra al lado mismo del acueducto, sino en otro típico “Jose Luís”, al lado mismo de la Plaza Mayor. Lo típico es comer el cochinillo asado que para los amantes de la carne no tiene el mínimo desperdicio, aunque los que no somos de ella también lo podemos disfrutar.
22 de diciembre de 2006. Zona Serrano/Alcalá.
El día del sorteo del Gordo de Navidad empezó con el primer premio pasando por Madrid, oficina de la Puerta del Sol, o sea, más típico casi el chocolate con churros, el bocadillo de calamares o los callos a la madrileña. No obstante, de este día lo único típico en cuanto a comidas fue el tentempié del mediodía, a base de un plato de embutidos ibéricos en un bar con solera de cerca de la Plaza Mayor, ya que la cena fue en uno de los mejores restaurantes chinos que he probado, el “Le Dragon”. Le debo la recomendación al diseñador David Delfín, ya que leí un día un comentario suyo sobre este local de la capital; y como a mi me gusta mucho la comida china pensé que no estaría mal viniendo de un tío con gusto como él. Así pues, en plena zona mega-pija de compras, en una calle transversal de la fashion Serrano está este restaurante de diseño con una comida exquisita y que bien merece una repetición si se vuelve por la ciudad. Ah, y a precios razonables, a menos de 35 euros el cubierto.
23 de diciembre de 2006. Zona Plaza de Oriente.
El último día en Madrid era para acabar de pasear esas zonas aún no visitadas y dar un repaso a la zona del centro, aquella donde siempre acabas yendo, Sol, Callao, Plaza Mayor. Antes de la comida del mediodía tocaba tomar un aperitivo en uno de los concurridos bares de la ciudad, donde la gente se agolpa en las barras con una caña u otra bebida y la tapa correspondiente. Después de esto salimos para la Plaza de Isabel la Católica, cerca del Palacio Real y la Plaza de Oriente para comer en un restaurante italiano, el Ouh...Babbo, donde la música italiana no convencional, la buena comida tradicional y el agua mineral de la Toscana ayudaban a trasladarte al país de la bota más allá del entorno de diseño del local, que tenía el omnipresente negro en decoración y vestuario de los camareros que tan característico se ha hecho en los locales “modernos” españoles. Las pizzas deliciosas, y los antipasti muy acertados. El precio medio a unos 30 euros el cubierto, todo incluido.
24 de diciembre de 2006, parada en Zaragoza.
De vuelta para casa un alto en el camino en la capital aragonesa, Zaragoza, para visitar a la Virgen del Pilar. A pesar de ser domingo y ser el día previo a Navidad, había movimiento por las calles a pesar del frío y gente abarrotando la basílica del Pilar.
Para el almuerzo escogimos un restaurante lejos del centro, el Rogelios, en lo que parecía un desvencijado local desde fuera, pero que albergaba un restaurante recargado en decoración y de comida más que aceptable, sencilla pero muy acertada, eso sí, a precios elevados; el precio por persona incluyendo postres, cafés y bebidas es de unos 50 euros. Tienen carta de aguas además de la de vinos.
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