Si anteriormente, hablaba del “balneario perdido”, ahora puedo hacerlo del “balneario encontrado”. A la sombra del hortera y ostentoso balneario de Arnedillo en la Rioja, existen unas piscinas naturales con el agua a casi cuarenta grados de temperatura. Estar bañándose en pleno diciembre en las orillas de un río a cuatro grados sobre cero en el ambiente, suena a ciencia ficción.
Después de una larga jornada conquistando paisajes a través de sendas y Vías Verdes... en un pequeño valle surcado por el río Cidacos en medio de un paraje con mucho encanto y cuando ya se han apagado las luces, penetramos en una noche mágica, sentimos un ligero olor a azufre, que proviene desde un paisaje inesperado, de agreste belleza.
Sometidos por el plenilunio, donde la luna llena da cobijo a decenas de atrevidos bañistas de distintos orígenes geográficos y sociales; desafiando las bajas temperaturas, se sumergen en las calientes aguas de Arnedillo.
Los exclusivos clientes del balneario cercano, al atardecer salen a comprobar si son ciertas las aseveraciones que han escuchado en el acogedor spa del complejo, todo rodeado de mármoles y luces indirectas..., unos ateridos chiflados reblandecen sus carnes desnudas en las orillas del río, mientras beben cerveza y fuman cannabis. Cuerpo a cuerpo excitan sus neuronas inducidos por una irresponsable luna, compartiendo y socializando los vapores del preciado liquido... del agua... Lugareños ortodoxos, parejas de hecho, mileuristas, niños alternativos, solitarios, nudistas, emigrantes, mirones... codo con codo llenan un territorio delimitado por unos muros de piedra inundado de aguas relajantes, que generosamente nos ofrece las entrañas de la madre Tierra.
En un mundo bobalizado, engominado y sintético, donde los imbéciles, ostentan el poder, encontrar un lugar virgen, natural y autentico como el que describo es casi una utopía. |
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