
Travesia
Colombia - Tolima , vereda la osera- Municipio de Rovira | 0 comentarios.
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El presente Escrito , es una cronica , dedicada a una población que queda muy , pero muy lejos de cualquier parte , en especial de una urbe . Fue escrita a raiz de mi trabajo con comunidades rurales en Colombia .
TRAVESÍAS
A La Osera
Santiago de Cali, Junio 27 del 2006
Hace una semana, en este mismo día me encontraba recordando la experiencia de la replica en La vereda la Osera, municipio de Rovira. Era una de las replicas más esperadas, no solo por la travesía que debíamos de hacer sino también por las ganas y entusiasmo con que Blanca Nieves nos esperaba; casi como si recreáramos a los Hermanos Grimm el Lunes a las 5:30 AM salimos en busca de un reino muy lejano.
Después, de desviarnos de la carretera principal, la cual todavía nos recordaba la ciudad, nos encontramos con una “carretera” lejana a nuestro imaginario citadino, hace unos días había llovido y el agua, eje de nuestra misión, en este momento se convertía en el obstáculo para nuestra llegada, la carretera despavimentada y polvorienta simulaba un terreno después de un bombardeo, en silencio y con la ansiedad en la garganta, nos limitábamos a suspirar cada vez que lográbamos vencer una grieta.
Una hora y media después, llegamos, Harvey estacionó el Jeep. Ahora el trayecto continuaba en Mula. Mientras esperábamos en la tienda color tierra, hacíamos conversa y escuchábamos a los curiosos, nos decían - ¿Ustedes son los que traen las semilla?, ¿semillas?, respondió Harvey, de inmediato, él busco nuestras miradas y contra pregunto, el tendero, su esposa y algunos madrugadores asintieron, - Sí a nosotros nos dijeron que venia unas personas a traer semillas… Aclaramos aquella confusión, de tal forma que las caras curiosas se tornaron desencantadas.
Llegaron las bestias, Zolanyi y yo empezamos a mirarnos y nuevamente el germen citadino se apoderaba de nuestros comportamientos, escogí la yegua, por que alguna vez en mi corta vida me había creído jinete; montaba en la finca del algún amigo de la familia, claro esta, en la bestia más mansita. Aun recordaba como uno se subía, pero ya arriba, la yegua bien terca, se dio cuenta de mi inexperiencia, como dicen los abuelitos se remachó, conclusión Don José que muy cordialmente nos había bajado las bestias, le toco jalar a la yegua, pues la bestia de la jinete no pudo con ella.
El paisaje era bellísimo!! Aunque la pena no me dejo disfrutarlo de a mucho, una hora y media después estábamos próximos a la Escuela. Antes de llegar a la tienda, donde dejamos el Jepp, Harvey nos había contando que la vereda quedaba, detrás de una montaña y más allá, en ese momento no le creí, pues sus antecedentes de chistes pesados eran un indicio muy grave en su contra, pero, en la mitad del camino tuve que darle la razón ¡era lejísimos!, como en lo cuentos de hadas, donde los príncipes debían de pasar obstáculos tras obstáculos para llegar hasta donde la princesa encantada. Así con la ayuda de Don José y del hijo de Liliana, logramos llegar.
En esta ocasión, no éramos príncipes ni tampoco azules, simplemente deseábamos cumplir de manera reciproca con el compromiso de dos mujeres representantes de una comunidad, quienes sin importarles el que dirán, los reproches de la familia, las largas caminatas, el sol inclemente, el camino pedroso, han cumplido con el proceso de formación y de manera real se han echado el Conversatorio de Acción Ciudadana al hombro.
Con una sonrisa doña blanca y Liliana no recibieron, en el fondo se sentían aliviadas, por que más de uno en la vereda nos les creían, los comentarios no faltaban, les decían ¡que rico que ustedes puedan pasear tan de seguido! , ellas respondían - sí es muy rico, ojala algún día nos acompañaran a nuestro paseos (refiriéndose a los talleres).
Las personas empezaron a llegar y mi ansiedad nuevamente empezaba a florecer, en nosotros estaba la responsabilidad de volvernos hadas madrina o brujos detestables.
Hoy, tranquilamente puedo decir que lo logramos, entendieron que era eso de las Semillas, que no era que entregaran azadones, ni abono, sino generaba semillas de inquietudes y conocimiento en la gente; que el Conversatorio de Acción Ciudadana era un mecanismo y que el derecho de petición era una herramienta, que no iban a dejar guardada, por el contrario seria un medio igual que el machete y la mula.
En esta ocasión no cumplimos con ser encantadores de serpientes, pues el conjuro de entusiasmo que arrojo la comunidad fue suficiente para recordar que ¡Siempre es Preciso Volver!, aunque a la bajada hallamos comprado tierra, de las caídas que todos nos metimos.
Sara |
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