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Navegando la Patagonia

Escribe: Kameame
Se cree que el origen del término "patagón" se debe a que los indígenas avistados por los españoles en la zona tenían los pies grandes. Una de las muchas teorías sostiene que el término viene...

 
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Navegando la Patagonia

Chile — martes, 5 de diciembre de 2006

Se cree que el origen del término "patagón" se debe a que los indígenas avistados por los españoles en la zona tenían los pies grandes. Una de las muchas teorías sostiene que el término viene del gigante "PATAGÓN", personaje de la novela de caballería "Primaleón", a cuya lectura Magallanes era muy aficionado. De ahí que al ver al primero de los aborígenes, lo relacionó con el personaje de la novela, y lo llamó "Patagón" que derivaría a Tierra de los Patagones o simplemente Patagonia.

Eran las dos de la tarde cuando embarcamos ilusionados en el carguero "Magallanes" que nos llevaría de Puerto Montt a Puerto Natales, en plena Patagonia Chilena.

Era un barco de carga que había sido habilitado para poder llevar pasajeros, las críticas que habíamos leído sobre este barco no eran muy alentadoras. Sobretodo hacían hincapié en la incomodidad de las literas y el hedor que desprendían los animales desde la zona de carga, pero la verdad es que nosotros estuvimos encantados. Disfrutamos navegando a través del impactante paisaje patagónico chileno: fiordos, angostos canales, altas cumbres nevadas y los magníficos glaciares que desembocan en el mar tiñendo sus aguas de hermosos azules y verdes.

La lluvia, el viento y ese característico cielo gris nos acompañaron durante prácticamente los cuatro días de travesía, lo que le daba un aire aventurero que resultaba emocionante. Permanecimos una buena parte de la travesía en el puente de mando preguntando y escuchando al amable y paciente capitán. A medida que el barco se adentraba entre los millones de pequeñas islas nos íbamos sintiendo como aquellos primeros exploradores que llegaron a la zona, claro que las condiciones no eran las mismas....

La navegación durante esos cuatro días fue muy tranquila a excepción del tramo que hicimos en mar abierto a través del golfo de Penas y, durante el cual, más de un viajero (mayoría británicos, alemanes y holandeses) pasó del rosa al verde en cuestión de minutos, lo que les impidió disfrutar de los pequeños grupos de orcas que encontramos en el camino.

A bordo conocimos a Luca y Tania, un matrimonio italiano que vive en Londres y que está dando su segunda vuelta al mundo y a Marita, una dicharachera y divertidísima alemana que siempre estaba de buen humor. Juntos pasamos mucho tiempo a bordo del Magallanes y más tarde en Puerto Natales.

El barco fondeó frente al pequeño y aislado pueblecito de Puerto Edén, hogar de los últimos ocho verdaderos pobladores de la zona: los Kawéskar o Alacalufes, que sobreviven gracias a los productos del mar. Desembarcamos en pequeños botes y paseamos por este pintoresco pueblo. Estuvimos charlando con un aldeano encantador que nos contó que los barcos se encontraban parados esos días debido a la marea roja (toxinas liberadas por algas que infectan a los moluscos convirtiéndolos en tóxicos). Cuando mandan los moluscos a analizar a la ciudad tardan demasiado tiempo, así que un método rápido que utilizan para saber si un molusco se puede comer o no, es dárselo al gato y esperar.....

El avistamiento y posterior navegación hacia el glaciar Pío XI, el más grande de Sudamérica, fue otro de los momentos mágicos del viaje. Estábamos todos agrupados en la proa del barco en silencio, conteniendo la respiración ante tan impresionante visión, realmente fue especial.

Desembarcamos en Puerto Natales, capital de la provincia de Última Esperanza, y nos fuimos los cinco a buscar alojamiento, por cierto hay que decir que en el Hostal Oasis nos trataron como nunca. Nuestra intención era partir a los dos días al Parque Nacional Torres del Paine, pero unas inesperadas anginas nos impidieron ir con el resto del grupo.

Ya recuperados y ataviados con nuestro "equipo de montaña" de aficionado nos pasamos cinco días en Torres del Paine, caminando los 56 Kms. del recorrido corto y disfrutando de los bellos rincones que ofrece este precioso parque: los imponentes Cuernos, el bucólico Valle Francés, las singulares Torres del Paine, los coloridos lagos y por último el impresionante glaciar Grey sobre el cual hicimos nuestro primer e inolvidable trekking sobre hielo.

Después de acampar la noche anterior en el campamento chileno y disfrutar de una exquisita cena, nos levantamos muy prontito para afrontar uno de los tramos más duros para unos novatos como nosotros: la subida al mirador de las Torres del Paine. El tramo final fue una angustiosa y eterna subida por una pedregosa pendiente que no acababa nunca. Maldiciendo como nunca a los que habían hecho el mapa que llevábamos, indicaba apenas 45 minutos de subida.....y tardamos una hora y media.Al llegar arriba nos dimos cuenta de que.......¡¡nos habíamos equivocado!!. Perdimos el camino no sabemos dónde y habíamos ido a parar muy lejos de donde llegaba el sendero (y muchísimo más arriba). Por suerte, las vistas desde nuestra posición eran excepcionales, después de haber subido prácticamente de rodillas y de haber echado el hígado por la boca, la recompensa no podía ser mejor.

En Torres del Paine, pudimos comprobar que, tras esa seriedad, los chilenos son gente muy hospitalaria. Resulta que por un error del que nos vendió los billetes de autobús nos encontramos al anochecer en medio del parque sin posibilidad de ir a ningún lugar, sin tienda de campaña y sin dinero. El único alojamiento de la zona era el Hotel Grey, un precioso y lujoso hotel situado enfrente del glaciar, pero debido al precio ni siquiera nos lo planteamos. Ante nuestra preocupación, Macarena, una simpática trabajadora del hotel que habíamos conocido unas horas antes, convenció a su jefe para que nos dejara dormir en los barracones del personal.

Nuestro último destino en la Patagonia chilena fue Punta Arenas, la capital, que gracias al ganado ovino y al comercio naval vivió su época de maximo esplendor a principios del siglo XX, algo que se puede apreciar el ver los edificios que uno se encuentra al deambular por sus calles. Allí conocimos a Joselo, Vero y Martina, una entrañable familia de Ushuaia que se portaron estupendamente con nosotros llevándonos de excursión al Fuerte Bulnes, el primer asentamiento chileno en la Patagonia. Ese sería el principio de una bonita amistad......

Puedes leer más crónicas y ver más fotos de nuestro particular paseo por el mundo en nuestra página web www.nostromon.com

Esperamos que te guste.

Amelia y Luis.

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publicado el martes 5 a las 03.51
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Últimos comentarios

Marcelerijillo dice:
HOLA... Me encanto el viaje... despues de leer me dieron ganas de hacer lo mismo... yo pensaba irme en avion hasta Punta Arenas y recorrer esa zona pero me gustó mucho más lo que hicieron ustedes! Como contactaron lo del barco? En eso tengo dudas... Muchas Gracias por contar su viaje!!! SALUDOS!
Publicado el lunes 24 a las 14.08 

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