Unfo debe estar por llegar. Quedamos que me recogería a las 4.30am en la puerta del hostal pero creo que aún no ha llegado.
Está demasiado oscuro y no logro adivinar si está ahí, además llovió toda la noche, no sé si al final vendrá.
Me visto corriendo, cojo la mochila y la cámara, rocío las últimas gotas de repelente sobre mi ropa. Bajo la escalera a tientas, el silencio es ensordecedor, todos duermen. La reja de la entrada está cerrada con candado, no puedo salir.
Junto a la puerta, sobre el suelo pero tapado por una gran mosquitera, duerme el guardia. Lo despierto. No me oye. Lo intento de nuevo. No se inmuta. Le grito al oído. Por fin se despierta y me abre.
Espero en la calle, mojada y oscura, pero no hay nadie. A lo lejos una lucecita se aproxima temblorosa, es Unfo en su tuk tuk. Gran sonrisa con ojos de almendra, se emociona cuando descubre que hoy no iremos a Angkor Wat.
Llévame a las aldeas flotantes, a los arrozales, al campo; llévame a conocer a tu gente, a saborear lo auténtico, a comer en la calle, llévame, quiero vivir la otra Camboya. |
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