
Donde el viento da la vuelta
Luang Nam Tha | 0 comentarios.
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Ahí, donde el viento da la vuelta, muy muy al norte de
Laos, casi tocando la frontera con China, se encuentra
una región muy verde y montañosa, habitada por una
minoría étnica muy bien preservada: los AKA.
Tenía ganas de conocerlos, así que decidí
lanzarme a Luang Nam Tha para interactuar con ellos,
lo que nadie me dijo es que para acceder a la
remota población de las montañas, y tener una
probadita del paraíso, tenia que pasar primero por el
mismísimo infierno (eso me pasa por no leer las letras
pequeñas!!!)...
-9 horas en una furgoneta venida a menos por los
años, viajando por una carretera con más baches y agujeros que
kilómetros!!! A fuerza de salto y salto, esquivando
búfalos, rocas, campesinos y tractores llegué a Mua Sing, un
pueblecito en medio de la nada en el que pasé la noche.
Al día siguiente me esperaban 2 horas más de camino de tierra,
en una especie de tuk tuk masivo en el que, poblado tras poblado,
subían y bajaban los autóctonos con gallinas y bolsas.
Ya no sé ni cuantas veces paramos por el camino, el viaje parecía no tener fin,
pero esto era sólo el preludio de la verdadera pesadilla:
-6 horas caminando por la selva, cuesta arriba!!!,
a 38 grados bajo el sol y con una humedad de locura...
Sientes que ya no puedes dar un paso más,
los pies se te hacen de plomo y la mochila pequeña
-que empacaste solo con lo más esencial- se
convierte en un accesorio completamente innecesario (y
terriblemente pesado) que te gustaría dejar ahí olvidado.
-De esas 6 horas de "marchas forzadas", casi 2 las
pasas atravesando un camino lleno de SANGUIJUELAS que
se te trepan en los pantalones y se te meten en los
zapatos para chuparte la sangre... que asco y que
agobio!!! Te las arrancas con una barita y sigues tu camino.
Pero al final, por fin, llega LA RECOMPENSA!!!
Una aldea, en medio de la nada, rodeada de
plantaciones de arroz y banana, con gente amable,
pura, inocente, sonriente; con las tradiciones y
costumbres mejor preservadas de la región... pequeñas
casitas de bambú que se asoman tímidas entre el verdor
de la selva; silencio total que se rompe con el sonido
de grillos o gallos, noches con un millón de estrellas
y niños que se acercan a jugar y cantar...
Me quede tres días viviendo con los AKA,
comiendo con ellos (arroz, hierbitas hervidas y pollo -que esa
misma tarde traían vivo a casa y mataban antes de la
cena-), y aprendiendo un poquito sobre su vida, sobre
su mundo… un mundo muy diferente al mío, al nuestro.
Supongo que por eso dicen que "lo que más vale la pena
cuesta más trabajo"... y vaya si me costo trabajo
llegar... pero definitivamente VALIO LA PENA!!! |
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