
Melilla: Enclave español en Africa
Melilla, España | 0 comentarios.
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MELILLA: UN OASIS EN EL RIF
Me es difícil comenzar este diario, porque hay uno escrito por mi amiga Mayte, tan perfecto, que realmente no me queda ya casi nada que contar, pero sé que a ella le gustará que cuente mis impresiones sobre su ciudad, así que Mayte y Jesús, va por vosotros este diario, con todo mi agradecimiento y mi amistad. Porque fuisteis artífices de unas vacaciones inolvidables,
Era mi primer viaje a Melilla, una de las dos ciudades autónomas españolas junto con Ceuta. Las dos enclavadas en la costa mediterránea de Marruecos, pero separadas por unos 700 kms. Puede pensarse que son dos colonias en África, pero no lo son, ya que en la época de su anexión a la corona española, lo que entendemos como Marruecos, era una serie de territorios bereberes.
Históricamente, Melilla fue ciudad fenicia, cartaginesa, romana, árabe, y por último española. Mezcla de razas, religiones, culturas, Melilla se abre al mundo como baluarte europeo en la vieja África.
Tras conducir durante 6 horas, llegamos a Málaga para tomar el barco que nos trasladaría a Melilla. Una travesía de 8 horas que de alguna manera me iba “ubicando” en el lugar al que me dirigía, por lo menos eso pensé en ese momento. Muchísimos marroquíes, la mayoría de aquel pasaje, que volvían a su país, y yo pensé que de alguna manera “eso” sería lo que me encontraría. ¡Lo que hace el no conocer!
Al llegar a Melilla, sencillamente se me abrió un mundo nuevo y diferente, pero a mismo tiempo tan conocido, ¡tan mío! Eran casi las 9 de la noche, y las brumas de la tarde comenzaban a caer sobre Melilla. Yo me fui en el coche con Jesús y Mayte. En ese trayecto desde el puerto hasta el hotel pasamos por la Plaza de España, donde ondea una bandera española. Confieso que cada vez que la volví a ver durante los días que estuve, me emocionaba, y pensaba, “esto es como un oasis en el Rif”.
Esperaba encontrarme una ciudad diferente. La sorpresa fue tan grande, y tan grata, que me cuesta trabajo encontrar las palabras adecuadas. Mientras rodeábamos la Plaza de España, eché un vistazo a la Avenida Juan Carlos I Rey, y me vino a la mente la descripción que Albert Camus hace de la ciudad de Orán en “La Peste”: la mezcla de lo europeo con lo magrebí, el ambiente del atardecer con sus tonos rojizos, la combinación de la bruma del mar y la arena del desierto.
Pero Melilla es ante todo y sobre todo una ciudad española, injustamente olvidada por motivos políticos. Mezcla de razas, religiones, culturas; Melilla se abre al mundo como baluarte europeo en la vieja África. Para conocer la realidad de donde se está, basta con caminar un poco hasta la frontera con Marruecos. No se ha terminado de pasar al otro lado cuando ya se siente diferente. Será la gente, el pueblo, el olor a té a pimienta y almizcle, pero de alguna manera traspasas de un mundo a otro. Ni mejor, ni peor, sólo diferente.
Ciudad crisol de culturas, donde conviven con toda normalidad musulmanes, judíos, católicos e hinduistas, pero todos se sienten españoles por encima de todo. Con tanta normalidad, que hasta “comparten” cementerio judíos y católicos.
Históricamente fue ciudad fenicia, cartaginesa, romana, árabe y finalmente española, conquistada para los reyes Católicos por Pedro de Espiñán, la ciudad fue conformándose en lo que es ahora, la segunda ciudad modernista española tras Barcelona. Es una delicia pasear por cualquiera de sus calles admirando su arquitectura, sus balcones, sus ventanas, en su mayoría obra de Enrique Nieto, discípulo de Gaudí.
Fueron unas vacaciones absolutamente tranquilas e inolvidables. |
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