CHOQUEQUIRAO: CUNA DE ORO
La vida de un caminante está llena de innumerables imágenes , experiencias que por momentos te envuelven por unos segundos en tu vida cotidiana y quisieras que el tiempo se detenga para que disfrutes esos instantes permanentemente. Son exactamente este tipo de emociones que experimento constantemente desde que vine de mi viaje de Choquequirao y que me motivan a escribir estas líneas para compartirlas con ustedes.
Fue así que los cuatro integrantes de esta aventura : Erika, Chicho, Nazareth y yo enrumbamos desde Lima un viernes 14 de Julio del 2006 con destino a Abancay. Después de un viaje de 16 horas y haber traspasado las Líneas de Nazca , Pampa Galeras y las bellas lagunas de la puna Ayacuchana llegamos a Abancay alrededor de la una de la tarde del sábado. Después de un reparador caldo de carnero en el mercadito y una breve caminata de 5 cuadras por las calles abancayinas nos enrumbamos inmediatamente a Cachora , punto de partida para llegar a Choquequirao. Luego de casi una hora de viaje en colectivo y haber contemplado al apu tutelar de la zona : El Nevado Ampay y su Reserva Natural que alberga bellos bosques, llegamos alrededor de las 2 y 30 pm a San Pedro de Cachora , a 2900 de altitud. . Es en este pueblito donde contactas a los guías y arrieros para llegar a Choquequirao. No tuvimos mejor suerte en que el quinto integrante de esta expedición fuese Kike . El se convirtió en nuestro guía y arriero quien armonizó rápidamente con el grupo juntamente con sus dos mulas: Caramelo y Fast las cuales se encargaron de llevar nuestros equipajes más pesados..
Sin más preámbulos cuando los relojes marcaban las 3 y 15 de la tarde y las campanas de la iglesia comenzaban a sonar iniciamos nuestra caminata hacia las Ruinas Incas de Choquequirao a 32 km. de distancia. El trekking no podía comenzar mejor ya que el horizonte nos premiaba con el Nevado Padriyoc., quien alberga la silueta de una mula en sus nieves . El letrero del Inrena nos daba la bienvenida tras haber cruzado las chacras aledañas al pueblo y atravesado un riachuelo. El camino se tornaba circundante a la ladera de un cerro , estábamos muy alegres y a la vez sorprendidos una vez más por la mágica belleza de los Andes Peruanos. Conforme íbamos avanzando la vista del Nevado se hacia más esplendoroza. Este nos invitaba a parar un rato y apreciarlo en toda su magnitud . Tras media hora más de camino hacia su aparición el Gran Cañón del Apurímac quien alberga en sus profundidades al caudaloso Río del mismo nombre y de nuevo el paisaje te invita a detenerte y a observar su grandeza acompañados por los últimos rayos del sol de este atardecer andino. Es que realmente parecía una competencia de belleza entre el nevado, el cañón y el sol donde los únicos ganadores éramos los 4 invitados venidos de Lima. Ya mis tres amigos me habían sacado cierta ventaja en la ruta cuando de pronto escuche que algo se movía a mi derecha. Pare , estreche mi mirada hacia los arbustos cuando de pronto me encontré con un animal que nunca había visto en mi vida, me quedé atónito no podía creer lo que estaba viendo . Se trataba de un pequeño gato salvaje o gato montes con la piel atigrada en tonos grises. Ambos nos quedamos mirándonos , parecía que me daba la bienvenida a estos lares no se asustó de mi presencia , se quedo quieto por más de tres minutos posando para el lente de mi cámara. En mi afán de compartir esta experiencia llame a Chicho para que retrocediera y lo pueda ver . Lamentablemente no llegó a tiempo y el animalito se echo a correr por la ladera seguido por otro compañerito igualito a él que apareció entre los matorrales. No lo podía creer eran demasiados premios en tan poco tiempo, Definitivamente era un buen augurio de esta aventura que nos traería innumerables sorpresas.
Ya tras dos horas de caminata y 9 kms. de recorrido llegamos al mirador de Huacapune , marcándonos el inicio para descender el gran Cañón del Apurímac. Ibamos por un camino zigzageante por momentos veíamos el río Apurímac y a veces sólo lo escuchábamos. Como casi todas las rutas del Perú no las disfrutas si es que no sufres un poco o a veces más de la cuenta. Y es que la belleza de este Cañón se confunde con la grandeza de sus más de mil metros de profundidad. El descenso se hacía extenuente , ya las piernas te pedían descansos más seguidos pero la presencia de la oscuridad de la noche te decían lo contrario . Ya eran más de las siete ya prácticamente caminábamos a oscuras sólo ayudados por una tenue linterna. Tras haber caminado por más de una hora sólo con Chicho el grupo se volvió a juntar para llegar los cuatro juntos al caserío de Chiquisca donde armaríamos el primer campamento. Veíamos una lucecita a lo lejos indicándonos que estábamos relativamente cerca. Ya faltaba muy poco cuando de pronto un zorrino se cruzó por nuestro camino perdiéndose en la oscuridad.. Ya las piernas no me respondían, sino hubiese sido por el aliento de mis compañeros no hubiese llegado. Una casita y la presencia de nuestro guía Kike con las carpas armadas nos decían que la caminata del día sábado 15 de julio había terminado. Todos nos sentamos a descansar mientras la señora de la casita nos decía que había de comer y nos invitaba a mandarnos un duchazo prácticamente al aire libre sólo protegidos por una cuantas cañas. Erika no lo pensó dos veces y fue la primera en meterse a la rústica ducha bajo la tutela de las nieves del Padriyoc las cuales brillaban a pesar de ser más de las 8 y 30.Luego siguieron Chicho y Nazareth hasta que mi turno llegó al promediar las nueve. La verdad que se me escarapeló el cuerpo al sentir el agua casi helada y el fuerte viento que movían las ramas de los árboles. No me quedo otra que aguantar las condiciones que la noche y esta ducha me ofrecían . Tras 5 minutos de intenso baño salí totalmente renovado y con muchas ganas de comer el arroz con huevo que la señora nos había preparado. Tras charlar un poco y bajo un cielo limpio y plagado de estrellas nos metimos a nuestras carpas a descansar y recuperar energías para los siguientes 14 kms. En subida que nos tocaba caminar el día siguiente .
Antes que nuestro despertador programado para las cuatro y media nos despertara un gallo se encargó de hacer esta tarea rápidamente nos levantamos y tras un ligero desayuno consistente en café y un poco de galletas de agua iniciamos nuestra caminata a las 5 y 55 . Lamentablemente mi rodilla izquierda no se había recuperado así que tuve que hacer el resto de la caminata rengueando. Mi caminar era muy lento así que anduve ese día muy rezagado de mis compañeros . Esta mañanita terminamos de descender el Cañón del Apurímac hasta llegar a las mismas orillas del río en un lugar denominado Playa Rosalinda a 1700 de altitud. Teníamos que atravesar el río a través de un bonito puente de casi 40 metros de longitud y más de 8 metros de altura mientras observaba el cauce de este río salvaje que nace de las cumbres de la cordillera del Vilcanota y que prácticamente es tragado por las montañas de esta parte de los Andes.
Tras cruzar el puente alce la cabeza y me di cuenta que estaba en las profundidades del gran Cañón sintiéndome un lunar en medio de esta accidentada geografía, que me desafiaba a atravesarla y subirla si es que quería llegar a Choquequirao .Me arme de fuerzas e inicie la subida a las 7 de la mañana. Luego de haber caminado una hora llegué al caserío de Santa Rosa donde me refresque un poco mientras conversaba con un lugareño , quien me contaba que esta zona era el hábitat del oso de anteojos y del puma andino despidiéndose de mi me deseaba suerte para encontrarme con estos bellos animales y poder fotografiarlos . Seguí mi camino , mientras los rayos solares se iban acercando cada vez más hacia el lado del cañón por donde yo transitaba. La subida se hacía realmente dura y ya al promediar las 10 tenía al sol prácticamente encima mío. Fue a partir de aquí donde realmente el Cañón probaba todas mis energías , cada 15 pasos paraba , tomaba aliento y un poco de agua . Esta operación la repetí por espacio de una hora y tras haber recorrido 8 kms. Cuesta arriba llegue al primer objetivo del día : Marampata . Ya había terminado la parte más dura del día y el premio era las primeras vistas de Choquequirao en la parte alta de una colina llena de vegetación . Realmente me emocioné de estar aquí y tener el privilegio de estar en un lugar tan recóndito de los Andes , tan recóndito también para los mismos antiguos peruanos que habían decidido construir su ciudadela lejos del avance de los conquistadores venidos de Europa. Ya mis amigos Erika, Chicho Nazareth y nuestro amigo de Cachora Kike me esperaban al pie de la casita con una jarra de chicha de jora , la cual me la tome de golpe sintiéndome totalmente revitalizado . Tras observar el espectacular paisaje nos dimos cuenta que estábamos casi al mismo nivel de las nubes , atrás ya habíamos dejado el Cañón del Apurímac y los 29 kms que nos separaban de Cachora. Tras un suculento atún saltado reiniciamos la caminata a las 12 en punto por un camino ondulado y con varias caídas de agua. Tras haber caminado un poco más de una hora los letreros nos marcaban el km 31 faltando tan sólo un km para nuestro gran objetivo. Tras cruzar un sendero lleno de vegetación y de algunas orquídeas los Andenes de Choquequirao nos iban marcando la entrada hacia la ciudadela . Tras subir unas pequeñas escalinatas exactamente a las 3 y 15 pm del domingo 16 de julio del 2006 la grandeza de Choquequirao nos hizo recordar que por nuestras venas circula sangre inca, la misma que forjó el Imperio más grande de toda América . Era todo Choquequirao sólo para nosotros cuatro , era como retroceder a la misma época de los incas de Vilcabamba, como si el reloj se hubiese detenido en el tiempo. Recorrimos todo el lugar , llegamos hasta la parte más alta denominada el Ushno donde el viento soplaba con más fuerza invitándonos a flamear coincidentemente la bandera del Grupo Wayra (viento en quechua) por cada uno de los cuatro , representando a nuestros amigos que lamentablemente no pudieron acompañarnos en esta travesía. .
Caminamos casi por espacio de una hora quedándonos maravillados por la arquitectura de sus construcciones. Nos tiramos un rato en el patio principal para recargarnos de toda la energía que irradia este lugar. Dimos un último recorrido por las ruinas y dentro de mi decía sólo falta algo, tengo que sentir su presencia cuando de pronto mirando el cielo apareció , sí , el símbolo de los cielos andinos , el ave más grande creada por la naturaleza y que asignó a los Andes como su eterno hogar : El Cóndor que con su majestuoso vuelo se perdía por el firmamento.
Iniciamos el descenso a las 5 de la tarde para dirigirnos a la zona de campamentos asignada por el INC, la cual también cuenta con baños y duchas para facilitar la estadía de los caminantes. Acampamos muy cerca de la casita de los trabajadores del Inrena que nos facilitaron su cocinita para preparar nuestra cena . Mientras comíamos íbamos escuchando los huaynitos que eran interpretados por los amigos del Inrena.
Ya prácticamente era de noche así que decidimos tirarnos en nuestras colchonetas observando un cielo sin igual, estaba mucho más claro que la noche anterior, las estrellas fugaces nos iluminaban aun mas el cielo una y otra vez , creo que cada uno de nosotros pidió más de cinco deseos . No cabía duda que disfrutábamos cada minuto del día y de la noche de este mágico lugar.
Tras una noche tranquila , amaneció el día lunes . Nos levantamos cerca de las 7 y tras un desayuno consistente en frugos y galletas ,Nazareth Chicho y yo decidimos explorar la parte baja de Choquequirao fue a si que tras media hora de camino llegamos a los Andenes de Pacchayo realmente impresionante. como los incas ingeniaron técnicas para aprovechar estas tierras en campos de cultivo. Recorrimos el lugar por espacio de casi una hora , tuvimos que dar pasos agigantados para poder superar las escalinatas que unían todo el sistema de andenes. Regresamos los tres al campamento y tras un breve descanso iniciamos junto con Erika el camino de retorno. Ya habíamos pactado con la madre de Ruth Karina , una bella niñita de ojos hermosos que vivía en Marampata, que nos prepare un caldo de gallina . Este estaba tan rico que fácilmente me hubiese tomado tres platos pero tenía que estar liviano para los ocho kms de descenso que nos esperaba hasta llegar a las orillas del río Apurímac. Antes de iniciar mi bajada por el gran cañón me detuve para contemplar Choquequirao por última vez.
Iniciamos el descenso al promediar la una de la tarde , para nuestra suerte en esta parte del cañón la sombra nos acompañó haciéndonos menos extenuada nuestra caminata pero esto sólo duraría hasta llegar al río y atravesar el puente, ya que a partir de aquí el sol nos hizo la subida hasta Chiquisca , lugar donde acamparíamos, realmente agotadora . esta subida desde el río hasta el campamento que duro casi una hora y cuarto realmente pareció que hubiese sido el triple de tiempo . Llegue a las 5 y 30 pm a Chiquisca , media hora después que mis tres compañeros y tras tomarme casi dos litros de agua me tiré al piso tras la mirada atenta de un perrito que circulaba por allí.
Luego de descansar un poco y bañarnos de nuevo casi al aire libre nos acostamos temprano para recuperar energías para la última caminata del día de mañana.
Muy temprano nos levantamos e iniciamos el camino de regreso a Cachora exactamente a las 5:45 am . Esta vez caminamos los cuatro parejos . nos esperaban casi 8 kms. de extensa subida por el cañón y de allí 10 kms en camino casi plano hasta Cachora. El reloj marcaba las 8 y 15 y el sol de nuevo comenzó a sofocarnos , de nuevo teníamos al nevado Padriyoc al frente . La última media hora hasta el mirador , punto donde acababa la subida, nos dejó prácticamente sin piernas , cada 20 pasos paraba , teníamos a cuestas los 54 kms recorridos en total desde el día sábado. En mi afán de exigir mi cuerpo al máximo hice los últimos treinta metros corriendo hasta el mirador Capuliyoc , nos abrazamos los cuatro ya que sabíamos que habíamos logrado lo más difícil de la caminata. Era las 9 am del martes 18 de julio. Nos sentamos a descansar en las piedras y tomar bastante agua. Sentíamos que nos despedíamos de este lugar hermoso, así que prolongamos unos 10 minutos mas nuestro descanso para seguir contemplando el gran cañón, cuando de pronto vimos una sombra que se reflejaba en el suelo , alzamos la mirada y era nada menos dos cóndores que comenzaron a deleitarnos con su majestuoso vuelo, era como si Choquequirao por medio de ellos nos daba una inolvidable despedida como para recordarlo toda la vida . Luego de semejante espectáculo retomamos el camino de retorno que prácticamente lo hicimos sin parar .
Era el mediodía cuando llegamos a la entrada del pueblo de Cachora , ahora sí sabíamos que el trekking llegaba a su fin . La emoción nos embargaba a los cuatro así que nos dimos una abrazo fuerte mientras los recuerdos de Choquequirao pasaban por nuestras mentes. Entramos felices a la plaza de Cachora para enrumbarnos inmediatamente a nuestro próximo destino que culminaria en la cima del ombligo del mundo , en la misma cima del Huaynapicchu en el Cusco.
Miguel Angel Cadillo
Julio del 2006 |
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