
Lanzarote, la mejor cura - Parte 1ª
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Yo: Nena, me pelo de frío aquí en Madrid. Deberíamos hacer algo para evitarlo. Necesito calor ¡
Sonia: Pues vámonos a buscar el sol
Yo: ¿Dónde?
Sonia: No sé, a algún sitio cerca
Yo: ¿cerca? Soni, estamos en pleno mes de enero, a menos dos grados bajo cero. El sol está invernando y no volverá hasta Mayo, al menos.
Sonia: Aquí sí, pero en las islas no..
Yo: ¿Qué islas?
Sonia: Las Islas Canarias... vámonos a Lanzarote !!
Yo: Hummm... Lanzarote.... relativamente cerca, isla volcánica, curiosos viñedos, graan vino, el Timanfaya, Mojo Picón, camellos, playa.... y ¡sol!, sobre todo sol, mucho sol !! Sí, vámonos a Lanzarote !!
Dos días antes del viaje:
Yo: Soni, tengo que anular. Ya sabía yo que este frío me iba a matar... estoy con 40 de fiebre. No puedo mover un músculo.
Sonia: Espera que voy ahora mismo a prepararte una tortilla de antigripales, con salsa de Couldina y todo regado con un maravilloso caldo de aspirina de cosecha del 96, buen año. Métete bajo toneladas de mantas hasta que llegue a tu casa. Suda muñeca, suda, que te vas a quedar como una sílfide y verás qué bien luces el bikini...
Quién me iba a decir a mí que mi viaje a Lanzarote me iba a costar tantos sudores sin ni siquiera haber puesto el pie en el avión todavía. Dos días antes de la fecha de salida maldecía mi suerte a la vez que me comía los mocos, o mejor dicho, los mocos me comían a mí (por no hablar de la tos)...
Día D, Hora H. Aeropuerto de Madrid, Barajas. Yo con 38 y medio de fiebre, no pisaba el suelo, flotaba. Mi amiga Sonia me llevaba de la mano y yo tenía la sensación de ser un globito de feria que se dejaba llevar allá en lo alto. Llegamos al avión.
Yo: Soni, me muero.
Sonia: No te mueres...
Yo: Sí, me muero y me quiero ir a casa.
Sonia: Vavava... espera que te abrocho el cinturón, le pido a la azafata una manta, una almohada y un lingotazo de whiskey, verás como entras en calor..
Yo: No, si encima voy a llegar a la isla borracha como una cuba..
Y así nuestro avión despegó y nos llevó rumbo a las cálidas costas de la Isla de Lanzarote.
Tras un corto viaje aterrizamos en el aeropuerto de Lanzarote-Guacimeta, aunque yo seguía en las nubes (si, si, el avión había aterrizado pero yo no, yo seguía flotando...).
Días antes, habíamos (mejor dicho, mi amiga) había reservado en unos aparta-hoteles de lo más cuidado y limpio y no demasiado caros sobre todo para la temporada en la que nos encontrábamos. Los apartamentos estaban ubicados en una pequeña urbanización con piscinas, jardines y espacios para pasear y tomar el sol. Dadas las fechas (nos encontrábamos a mediados de Enero), apenas había gente, lo cual me animó mucho, pues lo último que me apetecía era encontrarme en un hotel abarrotado de extranjeros vistiendo ropa de pleno verano estando en pleno invierno (que aunque se tratara de Lanzarote el tiempo no estaba para meterse en el mar....¿o sí?), esa visión me hubiera producido más escalofríos de los que ya castigaban mi maltrecho cuerpo.
El caso es que tras dejar los bártulos en el cuco apartamento monísimo de la muerte que nos asignaron fuimos a la busca y captura de un caldito bien caliente, que aunque no sea el plato típico de la isla era lo que en ese momento me pedía el cuerpo.
Pensar que apenas hacía tres horas estábamos enfundadas en abrigos de plumas, gorros, guantes y bufanda y que de repente todo aquello nos sobrara causó estragos en mi salud, o tal vez fuera que me puse firme conmigo misma y me decía que si persistía en ese comportamiento victimista por unos cuantos mocos y un par de décimas de fiebre lo llevaba claro, así que comencé a mentalizarme muy en serio de que no estaba enferma y de que más me valía la pena disfrutar y no dar más la lata.
Dicho y hecho, tras un pequeño descanso reparador y un paseo por la playa mis males comenzaban a disiparse, tanto que hasta un guapo isleño se prestó voluntarioso a darme todo el calor que hiciera falta para terminar de encontrarme bien. Comprenderéis que una oferta así resucita hasta a un muerto, y yo resucité, vaya que sí !!!
Cuando ya empezaba a ser persona, lo primero que hicimos fue alquilar un coche para recorrer los 800 km2 de la isla, o al menos lo que nos diera tiempo....Como nuestros bolsillos se encontraban en un estado bastante deplorable, optamos por lo más barato que encontramos, léase un Seat Panda cuya ventanilla no cerraba a riesgo de quedarte con la manivela de la misma en la mano, pero tenía volante, cambio de marchas, embrague, frenos y ruedas.... no necesitábamos mas !
Primera parada “El Golfo” (y no me refiero al guapo isleño resucitador de muertos, no). Se trata de uno de los pocos ejemplos de actividad volcánica que se produce cerca de la costa. En su interior, en el centro del mismo cráter, se encuentra La Laguna de los Ciclos, de un color verde intenso que destaca, como si fuera una gigantesca esmeralda de entre la negra arena de la playa. Ese color es debido a la concentración de la ruppia marítima, un alga marina. Bellísimo lugar.
Segunda parada: “Los Hervideros” (y no, no es este el lugar donde la gente va a sudarse las gripes y catarros si no se tiene a mano un guapo “golfo”, perdón, isleño !!), no, se llama así a los pasadizos formados por la lava volcánica en su recorrido hacia el mar. Desde ahí se puede contemplar el violento golpear de las olas cuando el mar está embravecido, aprovechando los agujeros de la lava, sube a la superficie como si de agua hirviendo se tratara.
De camino a nuestro siguiente punto de destino, “Las Salinas del Janubio”, le pedía a mi amiga y chófer que parara para hacerle fotos a todo lo que me parecía de interés (o sea, casi todo)..
Sonia: Mira que estás pesadita, podías seguir con tu fiebre un ratito más, mona...
Yo: Calla y para el coche, mira que hermosura de volcán !
Sonia: Pues si estás así hoy, mañana cuando subamos al parque Timanfaya estarás insoportable.
Yo: Sí, ya, pero eso será mañana.
Llegamos pues a las Salinas del Janubio donde tiene lugar la actividad tradicional de la obtención de la sal. Las erupciones volcánicas también crearon una barra de arena que cerraría una laguna interna llamado la Caleta del Janubio.
Parecía que al fin la gripe quedaba atrás y yo estaba más viva que nunca. A grandes males, grandes remedios y lo mejor para quitarse una gripe de encima es emigrar a tierras más cálidas. Ahora entiendo por qué las aves migratorias nunca se constipan !! |
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