Un ornitorrinco llamado Syd, un kookaburra de nombre Olly y un echidna apodado Millie fueron las mascotas oficiales de los Juegos Olímpicos Sydney 2000. Tan pocos conocidos como todas las maravillas de esta ciudad que muchos consideran capital de Australia (cuando en realidad es Canberra). Los canguros y koalas se quedaron con las ganas, y es que el Comité Olímpico de aquella época quería decirle al mundo que Australia es mucho más que marsupiales. Comienzo por decir que Sydney se ha convertido en destino ideal para estudiar inglés, gracias a las facilidades de trámites y a la finura del idioma británico heredado durante la colonia. También es uno de los sitios de inmigración preferidos por su alta calidad de vida. Y finalmente es uno de los parajes turísticos de mayor crecimiento a nivel mundial. Todo esto a pesar de su lejana ubicación en el orbe.
Un viaje es maravilloso sólo si está lleno de aventuras. Y créanme que la primera aventura que se tiene cuando se piensa ir a Australia es precisamente el itinerario para llegar allá. Yo decidí irme por el sur: tomé un avión Caracas-Buenos Aires (8 horas), luego un 777 entre Buenos Aires y la ciudad de Auckland en Nueva Zelanda (15 horas) y finalmente otro vuelo Auckland-Sydney (4 horas). Viaje largo y agotador pero que fue recompensado con creces
El primer sitio de visita obligada es la bahía de Sydney, con su majestuoso y emblemático Opera House. Frente a él se levanta otro ícono aussie: el Harbour Bridge. Si tiene espíritu aventurero y algunos dólares extras, puede subir a la cima del gigantesco puente amarrado a un arnés y bajo la supervisión de un guía. La vista desde arriba, donde ondea flamante la bandera australiana, deja a cualquier sin aliento.
Otro atractivo imperdible es Darling Harbour, malecón con hoteles, restaurantes, pubs y tiendas turísticas abiertas las 24 horas día. Esta tendencia non stop está en cada rincón de la urbe, propiciada en gran parte por la absoluta seguridad que se registra. Así las cosas, usted puede hacer actividades insólitas como ir al gimnasio a las 3 de la mañana o bien a la peluquería. Otra curiosidad callejera: algunos defensores de los aborígenes camina descalzos como símbolo de apoyo. Pude ver algunos encorbatados -sin zapatos ni medias- en el tren mientras se dirigían a sus trabajos. Es conocida la férrea defensa que varias organizaciones tienen a favor de los indígenas aussies en razón del aparente descuido de las autoridades. Tanta es la presión que el gobierno australiano permitió a una atleta de descendida aborigen, Cathy Freeman, encender el inusual pebetero del estadio olímpico de Sydney hace 6 años.
La ciudad tiene 50 playas delicias de los surfistas. Las más famosas son Bondi y Manly. Muchas de ellas tienen una reja metálica dentro del agua que las encierra. Esto para proteger a los bañistas de los osados tiburones porque en esas latitudes los escualos llegan casi siempre hasta la orilla en búsqueda de acción. Visité también The Rocks, con sus calles y casas coloniales. Es el barrio más europeo de la ciudad. Y como toda metrópolis tiene su lado pervertirlo, la calle Kings Cross permite al turista adentrarse en los bares de la mala vida. Aquí hay miles de albergues populares para los mochileros.
Antes de concluir, les digo que la ciudad es super latina: gente amable, simpática y bochinchera, a diferencia de la otra gran urge australiana: Melbourne, donde la gran cantidad de descendientes británicos propicia un estilo de vida más serio, rígido y hasta frívolo. Durante los olímpicos Sydney fue una fiesta. Volví y comprobé que el objetivo de Syd, Olly y Millie se cumplió. Luego de los juegos, los viajeros conocían mucho más sobre la gran isla-continente (Oceanía) que es Australia y su maravillosa capital irreal: Sydney. Si planea llegarse a este rincón del planeta colonizado por el capitán Cook, esta página es excelente y puede resultar de gran ayuda: www.australia.com
Alejandro Fresser Greiner
aa_fresser@yahoo.com
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