
Viaje a Junin de los Andes en moto | Dia I
Junin de los Andes | Neuquen | 0 comentarios.
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La idea de un viaje en moto nació producto de la pasada aventura en bicicleta a Santa Teresita, a modo de superación. Se nos ocurrió con mi compañero de rutas, Checho, ir a escalar el volcán Lanín, pero yendo de una manera más sacrificada y arriesgada.
Contábamos con una moto Susuki FXR y por segunda vez remplazamos las alforjas por mochilas, que se convirtieron en nuestro peor enemigo.
De forma ilustrativa en la moto íbamos 4 personas, manejando iba Checho, atrás su mochila, que ocupaba el espacio de una persona, atrás venia yo casi saliendo de la moto y atrás mi mochila, colgando literalmente de la misma.
El plan de ruta:
El plan de ruta originalmente era hacer el viaje en 2 días, saliendo de Buenos Aires y parando en Río colorado (Km. 891); luego un trayecto de 742 Km. hasta de Río Colorado a Junín de los Andes (X Km.)
Día I:
El día llego y nos reunimos en la casa de Checho, donde me esperaba la Susuki con tanque lleno y comida para repartir en las mochilas. Probamos las posiciones y nos dimos cuentas de que, paradójicamente, no nos habíamos dado cuenta en las pruebas anteriores la incomodidad de las 2 mochilas. Como si fuera poco el casco que me había comprado, el más barato para salir del apuro, tenía un olor a pegamento insoportable y la visera un poco despegada, por lo que le pusimos cinta aisladora.
Con confianza y voluntad, contra las tentadoras ofertas de enviar las mochilas por micro/encomienda partimos al destino.
La marcha hacia el sur había comenzado. Para tener una buena posición en la moto me incline para adelante y me sujete las rodillas, mientras la mochila se apoyaba en el “apoya manos” trasero de la moto y mi cabeza iba de costado apoyada contra la mochila de mi compañero.
En los primeros Km. no hubo mayores problemas, la tolerancia física era buena y no tenía molestia alguna.
A la altura de Azul (Km. 325) pinchamos la rueda trasera y paramos en una gomería de ruta que por suerte estaba justo ahí cuando pinchamos, así como esperándonos. Nos atendieron 2 chicos de 24 años aprox. y nos confesaron no saber nada de motos, pero sin embargo intentaron reparar la pinchadura y lo lograron con éxito artesanal. No nos quisieron cobrar casi nada, por lo que les tuvimos que dejar plata de más. A esa altura ya era mediodía y fuimos a comer algo cuando nos dimos cuenta de un ruido extraño en la rueda; habían puesto mal el freno de disco y este se frenaba provocando un olor y desgaste terrible. Volvimos a la gomería y terminamos de solucionar el problema para seguir la marcha.
Los dolores ya empezaron a sentirse. Mi vieja lesión en la rodilla derecha y los tendones de mis brazos al agarrarme de la rodilla me torturaban de a poco.
Caímos en la cuenta de que considerando el horario y lo que faltaba para Río Colorado había que hacer un sacrificio sobrehumano para llegar y necesitábamos ahorrar fuerzas para el día siguiente. Fue así que decidimos parar en “Tres Arroyos” (Km. 518) a acampar.
Al llegar nos encontramos con una gran polis muy poblada, con casas pobres a los costados de la ruta y muy poco lugar para tirar la carpa con seguridad. Considerando esto decidimos seguir hasta un pueblo más, y lo más cercano era “Coronel Dorrego” (Km. 638) que quedaba a unos 120 Km. Al llegar paramos en una estación de servicio y cuando estábamos dispuestos a acampar apareció de la nada un grupo de “motoqueros” que iban a un festival de motos en “Las Flores”, lugar que ya habíamos pasado en el Km. 211. Se nos acercaron para ver la moto y empezaron a hablarnos y tomar cerveza. Nosotros apenas teníamos fuerza para responder pobres monosílabos.
Era tanto el ruido de motos y las ganas de dormir que teníamos que nos “escapamos” con las últimas hacia el próximo pueblo. Este era el famoso “Bahía Blanca” (Km. 731), una ciudad gigante e imponente que queda a unos 93 Km. de “Dorrego”. A esta altura la noche era increíblemente obscura en la ruta y las estrellas se veían a la perfección, como un manto único blanco, mientras que unos árboles muy lindos adornaban las orillas de pavimento.
Al llegar a Bahía Blanca paramos nuevamente en una estación de servicio donde había unos cuantos camiones esperando el alba para seguir su ruta, así fue que acampamos y comimos algo en el restaurante que ahí estaba recuperando un poco de ánimos… |
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