La tarde comenzaba a caer cuando llegamos a Petra. Nuestro guía Jehad nos detuvo en lo alto del pueblo nuevo, Wadi Mousa (Petra), camino del hotel Panorama, donde se hospedaban la mitad de los compañeros, y allí contemplamos la puesta de sol sobre las colinas de Petra.
Habré visto muchas puestas de sol a lo largo de mis relativamente pocos años y siempre me produce una profunda emoción la belleza del sol cuando se esconde, pero el saber que detrás de aquellas inusuales colinas donde se adentraba el sol, colinas que parecían la muralla que albergara un “tesoro” oculto, estaba la antigua ciudad de Petra nos emocionó profunda y dulcemente, por fin estábamos allí.
Nuestro hotel en Petra era el Movenpick(5*). Está situado a las puertas de la entrada a Petra. La decoración de los lugares comunes es muy cuidada y bonita con techos artesonados en madera, las habitaciones son simplemente correctas para las estrellas que posee y el personal es verdaderamente amable.
A las ocho en punto de la mañana del jueves 24 de agosto de este mismo año nos encaminamos hacia la antigua ciudad de Petra. El hotel Movenpick esta a escasos metros del centro de visitantes, lugar donde te dan información sobre que ver o visitar y las entradas, el guía nos las saco y accedimos a Petra a través de una portezuela metálica enrejada, ahí te encuentras un camino que puedes recorrer a caballo unos 10 metros hasta la entrada al Siq, los caballos van por un sendero paralelo al camino, este paseo a caballo suele estar pagado por las agencias, solo se debe dar una la propina a los caballistas.
El Siq es un estrecho desfiladero que termina en un recinto donde se encuentra la fachada más fotografiada de Petra: Al-Khazneh El-Faroun, “El Tesoro”. Tus propios pasos se escuchan de forma inquietante en este estrecho desfiladero, dos kilómetros hasta llegar a Al-Khazneh, no se oyen voces solo el sonido leve de tus pasos como si fueran los primeros pasos que recorren aquel camino desde hace miles de años, es un sonido que te envuelve y te hace pensar que eres un descubridor, un arqueólogo que va hacer un gran hallazgo.
Todo el camino está plagado de pequeñas cosas que admirar: los restos de un arco de entrada, un altar en homenaje a diosas de la fertilidad, unos dromedarios tallados en la roca, los colores de la piedra, las canalizaciones de agua que realizaron los nabateos, las higueras encaramadas en lo alto de la roca que desprenden su caracterisca fragancia y en cada recodo del camino el corazón te da un vuelco porque crees que va aparecer “El Tesoro”.
El camino se estrecha y al fondo una claridad te deslumbra, el sol impacta sobre la fachada del Khazneh , majestuosa, imponente, aparece por fin en todo su esplendor, el regalo que los nabateos otorgaron a la posteridad. Su infinita áurea belleza lleva siglos resguardada de la lluvia y los vientos, esto ha contribuido a que sea la fachada mejor conservada de Petra.
Los nabateos esculpían las fachadas sobre la piedra arenisca, comenzaban por arriba, y siempre estaban sustentados sobre suelo. Para excavar el interior hacían un agujero por encima de la puerta y desde ahí comenzaban a realizar una habitación grande y con lisas paredes como puede ser el interior del “Tesoro”.
Cuando sales del entorno que circunda el Khazneh, el territorio que acoge la ciudad se habré y da paso a una gran extensión desde la que se contemplan miles de pequeñas fachadas sobre las paredes, bajo las cuales se asienta el teatro romano excavado en la roca y frente a él, en escorzo, se encuentran las Tumbas Reales: Tumba de la Urna, Tumba de la Seda, Tumba Corintia y Tumba Palacio. Merece la pena subir a verlas aunque sean las tres de la tarde y el sol caiga a ultranza sobre la cabeza.
Siguiendo el camino principal pasareis por la Vía Columnata, pero antes de llegar a ella, fijaros en el árbol de la derecha: un pistacho atlántico de más de dos mil años de antigüedad, custodiado por un simpático beduino de avanzada edad con él que podréis charlar en inglés. Al final de la Via están los restos de un templo romano y muy cerca de allí sitios donde comer, justo al pie de la subida al Monasterio.
La subida al Monasterio no es apta para las personas que sufran del corazón, pero los demás no debéis perdérosla. Novecientos escalones. Escalones excavados en la roca, algunos ya desgastados resbalan. Yo subí a pie, desdeñe los bonitos burritos que los beduinos ofrecían, craso error porque en la mitad del camino todos nos acordábamos de ellos. Al final de los novecientos escalones te encuentras con una monumental fachada excavada en la roca: Ed-Deir, el Monasterio, está muy bien conservada. Frente al Monasterio hay un puesto donde seguro tomareis algún refresco, y venden los mejores objetos de plata de todos los sitios turísticos del país. La dueña del puesto es española y lleva 15 años viviendo en Petra, tiene muy buenos precios y artículos realmente bonitos y originales.
Al final de la tarde la contemplación del color rosado de la fachada del Khazneh es preceptivo para todo aquel que visite Petra, puedes pasarte horas allí sentado simplemente contemplando.
El camino de vuelta por el Siq es más silencio, quizás por la tristeza de abandonar ese lugar mágico, cargado de la energía que dejaron los hombres sabios que construyeron esa ciudad.
Al llegar al hotel sobre las seis de la tarde estarás lleno de polvo rosa y cansado, muy cansado, pero la adrenalina de la emoción no permitirá que decaigas. Mi recomendación es que te des un baño en la piscina del hotel, el agua estaba helada y se agradece. Y después de la cena, si estas hospedado en el Movenpick, sube a su terraza y pide un té o una copa, con una naghileh por supuesto, y si tienes suerte un grupo de hombres jordanos, de los que están tranquilamente jugando a las cartas o charlando, se levantarán para bailar en grupo canciones árabes. La sensualidad de la noche en la terraza del Movenpick hará que te enamores para siempre de esas gentes y esas tierras, si es que no lo habías hecho todavía. |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|