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Estados Unidos -oeste mayo-2006

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FERSS
01/10/2006


Este viaje lo realizamos dos parejas de amigos, que compartimos la pasión por los viajes. La idea surgió en otro viaje (un viaje organizado a Jordania en octubre del 2005) dónde nos conocimos, y comenzamos a hablar de la costa oeste américana y lo fantástico que podría ser recorrerla, en coche y por nuestra cuenta. Poco a poco fue gestándose la idea y cada uno fue recopilando información y, una vez puestos de acuerdo en las fechas, decidimos lanzarnos a emprenderlo a finales de abril y principios de mayo de 2006.

Estados Unidos no necesita presentación, estamos hablando del país más desarrollado del mundo, y esto garantiza una adecuada red de transportes, de carreteras, infraestructuras hoteleras, hospitalarias, etc... y, por supuesto, de ocio. El recorrido discurre principalmente por el Estado de California, aunque también por los vecinos de Arizona y Nevada y muy brevemente el de Utah.

California es un estado con un tamaño parecido al de España. El clima es bastante agradable y combina grandes ciudades como Los Angeles, San Francisco, Sacramento o San Diego, con impresionantes espacios naturales y fantásticas playas mundialmente conocidas. El carácter de su gente es abierto y amable y, al ser uno de los estados más "latinos" te puedes defender muy bien en español. Es fácil encontrar guías especializadas y abundante información sobre California, así que paso a detallaros nuestras propias experiencias, por si la información de primera mano puede ayudar a quién este preparando un viaje por la zona. Si podemos aportar alguna idea al mismo, ya habrá merecido la pena.

Como habíamos decidido hacer el viaje "por nuestra cuenta y a la aventura", sólo teníamos contratados los vuelos Madrid-Londres-Los Angeles (con British Airways)y vuelta y la primera y última noches de hotel en LA (Westin Buonaventure). El viaje en avión es largo: algo mas de dos horas a Londres y luego otras casi doce directo a Los Angeles. Salimos el domingo 23 de abril, a las 7:00 de Madrid-Barajas y, como se gana tiempo viajando hacia el oeste, llegamos aproximadamente a las 17:00 a Los Angeles-LAX. Lo primero que hicimos, una vez recogidos los equipajes, fue alquilar el vehículo que debía acompañarnos durante toda la ruta, en el propio aeropuerto, que dispone de una amplísima oferta de compañía de alquiler de vehículos. Como éramos 4 personas y equipaje para dos semanas, con muchas millas por delante, teníamos claro que íbamos a elegir un vehículo espacioso, y así contratamos un monovolumen Mazda, de gasolina (en Estados Unidos es raro el Diesel). Aprovecho para comentar que el precio de la gasolina varía bastante de unas gasolineras a otras, por lo que conviene aprovechar las ofertas para llenar el depósito. El consumo de los vehículos américanos (que casi todos son automáticos) es elevado, y el precio del combustible algo más económico que en España. Algo fundamental en nuestro viaje, y que sinceramente recomendamos, es contratar un Navegador. Fue la mejor inversión que hicimos, ya que el precio es aceptable (unos 90 dolares por las dos semanas), y el tiempo y dinero (en gasolina) que te ahorra contar con este dispositivo, lo compensa con creces. Las carreteras no están especialmente bien indicadas y, sobre todo en las ciudades, supone una inestimable ayuda para orientarte y llegar a tus destinos, encontrar hoteles, etc... Como la voz era de chica, decidimos bautizarle como "Mónica". Si vais a hacer este viaje por vuestra cuenta en coche, no lo dudéis, contratadlo. Tras una anécdota divertida (por error nos dieron las llaves de un Hummer H3, y nos faltó tiempo para subirnos, pero como no tenía navegador fuimos a realizar el cambio por el Mazda...), marcamos el destino en el navegador y emprendimos el camino hacia nuestro hotel en Los Angeles. Una vez alojados, salimos a dar una vuelta y cenar algo. Nos fuimos a Hollywood, al famoso paseo de las estrellas, que fue quizás una de las cosas más decepcionantes del viaje, no ya sólo porque está plagado de turistas, sino porque la verdad, ni de lejos posee la grandeza y el glamour que parece transmitir este lugar. Tras echar un vistazo al paseo, al teatro chino, etc... cenamos algo y volvimos al hotel.

Lunes-24 de Abril: Por la mañana, salimos del hotel y tras desayunar algo, nos dimos una vuelta por el Down-Town de Los Angeles. Es el centro de la ciudad, la zona financiera, con altos rascacielos y amplias avenidas. Destacan el museo de arte contemporáneo, la biblioteca, el ayuntamiento y el impresionante auditorio (Dorothy Chandler Pavillion), y la zona del "pueblo de los angeles" y la union station. También está la catedral, pero para ver catedrales no va uno a Estados Unidos, ¿verdad?. Un paseo de algo mas de una hora, basta para recorrer estos lugares, salvo que quieras visitar los museos. Hay que mencionar que Los Angeles es una ciudad enorme y poco convencional. Los barrios distan varis millas unos de otros, conectados por impresionantes autopistas de muchos carriles (y no por calles). A continuación, y ya con el equipaje en el coche, nos fuimos a ver "universal studios" (hay bonos de descuento en los hoteles), y disfrutamos de las atracciones (afortunadamente era un lunes de abril, y no estaba masificado, por lo que apenas hicimos cola en las atracciones) como Jurassic Park, La Momia, Regreso al futuro, Llamaradas y Water-World. La verdad es que son divertidas y los montajes a la americana (impresionantes). Nos comimos unos perritos y decidimos continuar nuestro viaje. La idea era avanzar por la costa, rumbo a San Francisco. A la salida, hicimos alguna parada en las playas: Venice (con sus canales), Santa Mónica y Malibú, pero no vimos a los vigilantes de la playa y sólo alguna que otra patinadora y polis en bicicleta te recuerdan a las series de tv. Eso si, hay bastantes surferos. Continuamos camino hacia el norte por la costa, pasando por Santa Barbara. La carretera es preciosa, ya que vas viendo el mar y las playas a un lado, y lujosas mansiones y urbanizaciones al otro, mirando al pacífico. Hicimos alguna parada también para ver "misiones españolas" (california está plagado de ellas) que, salvo su importancia histórica, no tienen mayor interés. Como ya estaba anocheciendo, decidimos buscar alojamiento en San Luis Obispo. Resulta muy fácil encontrar un motel de carretera en California y son tal y como los vemos en las películas, llegas con el coche hasta la misma puerta de la habitación, que son funcionales, con cuarto de baño, sin lujos ni pretensiones pero limpias y económicas. Hay muchas cadenas de moteles, como Motel-6, Super-8, Econolodge y Best-Western (las más económicas) ó Howard Johnson y Holyday Inn-Express (algo superiores). El precio suele estar entre 80-100 dólares la noche para dos personas en las primeras y entre 100-120 dólares en las segundas, y suelen tener anexos restaurantes de cómida rápida para cenar algo y/o para desayunar. En esta ocasión, el elegido fue un motel-6 (pagamos 51 dólares por pareja), donde tras una ducha rápida, fuimos a cenar algo y enseguida a descansar.

Martes-25 de Abril: Desayunamos en una cafetería de San Luis Obispo (Mamma Louise o algo parecido) café, zumo y unas impresionantes tortillas de 3 huevos!! (pagamos 8 dólares por persona), visitamos la misión española y continuamos nuestra ruta hacia San Francisco por la costa. En este punto quiero aprovechar para derrumbar un mito. Tras conducir mas de 3000 millas (aprox. 5000 kms.) me atrevo a decir que es completamente falso (al menos en los estados que visitamos) que se respetan los límites de velocidad y que está plagado de policías y radares. Es cierto que no se ven muchos coches a 180 kms/h, pero un gran número de vehículos circula a en torno a las 85-90 millas/h, cuando la limitación suele estar en 60-65 millas/h, y la presencia policial, como en España o incluso menor. Lo que si es cierto es que las carreteras son estupendas, amplias, seguras y, también importante: gratis! (sólo nos encontramos un peaje, que por cierto, me salte por la fila de los abonados, pero fue sin querer eh?... para cruzar el golden gate en San Francisco). El día estaba algo nublado, pero con una temperatura muy agradable. En el camino siguen apareciendo las misiones españolas (San Miguel, Soledad, etc...). Hacia el medio día llegamos a Carmel, un precioso pueblo que sorprende por su estilo europeo, su tranquilidad y su preciosa playa. Muy cerca está Monterrey, con un precioso puerto marinero, y un embarcadero de madera con multitud de restaurantes de pescado y marisco. Desde aquí parten muchas excursiones en barco para avistar ballenas, practicar submarinismo, etc... Comimos algo de pescado en uno de los restaurántes del embarcadero de Santa Cruz y continuamos viaje hacia San Francisco, dónde queríamos llegar con tiempo para buscar alojamiento, pues habíamos decidido quedarnos 2 noches, y al ser una ciudad grande y turística, queríamos ver varias opciones. Decidimos finalmente quedarnos en la zona de la bahía "Fisherman Wharf"s" (la zona más animada) en el Holyday-Inn Express (unos 120 dólares por noche y pareja, con desayuno y parking). Una vez alojados, nos dimos una vuelta para ver los horarios de salida de los ferrys y, por cambiar, nos fuimos a cenar a un italiano en el centro (zona de Union Square).

Miércoles-26 de Abril: Después de desayunar, fuimos caminando (unos 10 minutos) hasta el Pier-39 (muelles), desde el que parten los ferrys que hacen las excursiones por la bahía. Hay varias opciones: crucero por la bahía, isla de tiburón, sausalito, etc... Nosotros decidimos hacer la excursión a la Isla de Alcatraz (14 dólares por persona). El paseito hasta la isla es muy agradable, las vistas de San Francisco desde el barco son fantásticas, y la visita de la prisión bastante interesante, sobre todo si has visto las películas (fuga de alcatraz o la roca). De vuelta al muelle, estuvimos un rato viendo los leones márinos (no mucho, porque la verdad es que huelen fatal!), y la zona comercial de Fisherman Wharf"s con su famoso tiovivo. Después nos acercamos hasta el hotel para recoger el coche y hacer una ruta turística "49 miles scenic drive", perfectamente señalizada, que te va llevando por los puntos mas interesantes de San Francisco.
Es una ruta circular, por lo que puedes cogerla en el punto más cercano y dar la vuelta completa, o acortar alguna zona más apartada si andas escaso de tiempo. Comenzando por los muelles, te lleva bordeando la bahía por la academia militar (Fort Mason), el muelle de veleros de época (preciosos), y un poco mas adelante, el famoso puente Golden Gate y el parque del mismo nombre con el observatorio. Tuvimos mucha suerte y el día era espléndido y despejado (adjunto foto del golden gate), cosa no muy común, ya que debido a las brumas de la bahía, es bastante complicado poder ver el puente en su totalidad. La ruta continúa hacia el palacio de la legión de honor, pasando por Baker Beach (la playa mas bonita de SF con vistas del golden gate), y cuidados parques. Lo cierto es que la ciudad es preciosa, abierta, limpia y de estilo muy europeo, una ciudad encantadora que suele gustarle a todo el mundo. Después de un recorrido por el parque, paramos a comer un bocadillo (están buenísimos) en un clásico de la ciudad (el Yellow Submarine), dónde dejamos olvidada una cazadora con dinero en el bolsillo, volvimos horas más tarde y allí estaba (incluido el dinero). A continuación, seguimos la 49 miles scenic drive, por la zona de Twin Peaks, el barrio de Castro (barrio gay por excelencia de SF), y por el centro de la ciudad: Union Square, Distrito Financiero (zona de rascacielos), Barrio Chino y Zona de Market Street y Mission Street (zona comercial de la ciudad). Luego la ruta vuelve a buscar la bahía por el otro puente, el impresionante Bay Bridge (que conecta con Oakland), cerca del estadio de los Giants (dónde presenciamos una persecución policial con detención en primera fila), y sigue pegada a la bahía hasta volver a Fisherman"s Wharf. Después de cambiarnos y descansar un rato, salimos de nuevo hacia el centro y (después de recoger la cazadora) aprovechamos para ver los magníficos hoteles del centro (p.ej. el de la serie Hotel), el edificio Transamérica Pyramid y para hacer algunas compras. Cenamos algo en la zona interior de los muelles de la bahía y al hotel.

Jueves-27 de Abril: Después de desayunar, decidimos coger el tranvía (algo muy típico en SF) y dirigirnos hacia lombard street (famosa calle porque se ruedan las escenas de persecuciones de coches, con impresionantes cuestas y curvas). Llegamos hasta un extremo (donde está la Coit Tower) y luego hasta el otro, dónde hay una famosa bajada en zig-zag rodeada de jardines. Regresamos al hotel para recoger el equipaje y proseguir viaje. Atravesamos el Golden Gate para ver la lujosa ciudad residencial de Sausalito, al otro lado de la bahía y tras dar un breve paseo, regresamos de nuevo por el golden gate (aquí fue donde me salte el peaje por la fila de los abonados), para abandonar luego la ciudad por el Bay Bridge, hacia la isla de Yerbabuena y Oakland. Tras dar una vuelta por el campus de la universidad de Berkely, tomamos rumbo hacia nuestro siguiente destino: el parque nacional de Yosemite. Comimos en nuestro burger favorito (Carl"s Jr.) cerca de Stockton y Modesto, poco después acaba la autopista y se accede a la zona del parque. Aquí la carretera pasa a ser estrecha, empinada, con curvas y... preciosa!! enmedio de tremendos bosques de robles, cedros, abetos, arces y sequoias. Es muy recomendable llenar el depósito antes de acceder a Yosemite, pues si bien hay un par de gasolineras en el parque, el precio, lógicamente, es muy superior. Pararías a hacer una foto en cada curva, porque el escenario es incomparable. Tras atravesar un par de núcleos con campings y algún motel (entramos a verlos y no los recomendamos), decidimos jugárnosla y seguir hacia el centro del parque. Tuvimos la suerte de que no era verano y tampoco fin de semana, porque comenzaba a caer el sol, y esas carreteras no están para ponerse de noche a buscar dónde quedarte a dormir, estando los núcleos habitados a mas de una hora en coche. Como digo, tuvimos suerte y encontramos alojamiento en unas cabañas en pleno corazón de Yosemite (dejo una foto del interior de la cabaña, que nos costó 95 dólares cada cabaña, es decir, por pareja), en la zona de Curry Village. La llegada a Yosemite Valley es algo que no se puede explicar, una sensación que hay que vivir por uno mismo. Un valle amurallado por desfiladeros verticales decorados con imponentes cascadas, frondosas extensiones de espesa hierba, flores silvestres, ríos de agua helada y cristalina, ciervos y hasta osos negros. Te obligan a firmar una póliza anti-osos y te recomiendan no dejar nada en el coche para evitar la visita nocturna de estos animales, y te enseñan fotos de los osos asaltando los coches para hacerse con comida, de manera que veas que no están bromeando. Cenamos un perrito caliente en la única pizzeria disponible en el Curry Village (16 dólares los 4 perritos y las bebidas), y estuvimos un rato en el refugio planificando la ruta del día siguiente para recorrer el parque, gracias a los mapas e información que te facilitan en el centro de reservas de Yosemite (tienen hasta su propio periódico diario!!) antes de acostarnos. Por cierto, la entrada al parque cuesta 20 dólares por vehículo y se puede pagar al entrar o al salir (nosotros la págamos al salir, porque al entrar era tarde y el ranger ya se había marchado).

Viernes-28 de Abril: Nos levantamos muy temprano, para ver amanecer en Yosemite, una experiencia inolvidable. Tras asearnos (la pega era que las cabañas no tenían cuarto de baño y había que utilizar unos comunes, eso si, muy limpios y gracias al madrugón, disponible para nosotros solitos), nos dirigimos a desayunar en la zona de Yosemite Lodge (en esta zona también hay dos hoteles, preciosos, lujosos y... bastante caros). El desayuno sólo se puede realizar aquí y sale algo caro, ya que nos cobraron 30 dólares por cafe, zumo, cereales, algo de fruta y un par de sandwiches, pero bueno... La organización es impecable. Hay diferentes rutas circulares de autobuses gratuitos (así evitan contaminación y atascos por las carreteras del parque), de manera que puedes bajar en dónde te interesa y hacer las excursiones a pie que tengas preparadas, para acudir a la misma (o a otra diferente) parada y volver a coger el autobus hasta otro punto o finalmente hasta el parking general. Nosotros comenzamos por bajarnos en la parada más cercana al Glacier Point y el Half Dome, e hicimos a pie esta excursión (aprox. una hora), disfrutando de la naturaleza y de los bellísimos parajes (ver foto) que ofrece la ruta (desfiladeros, rios, lagos, cedros, abetos, ardillas, armadillos, etc...). Luego acudimos a otra parada de autobús y lo tomamos de vuelta hasta las cascadas Yosemite Falls, impresionantes y preciosas caidas de agua (dejo también una foto). A continuación, fuimos a ver el hotel (que nos encantó) y luego seguimos ruta hacia el otro lado del parque, con las famosas paredes de roca, entre las que destaca la conocida como El Capitán. Aunque nos hubiéramos quedado una semana o mas, nuestro viaje debía proseguir, así que decidimos echar un vistazo a la zona norte del Tioga Pass, que permanece cerrado hasta finales de Mayo, cosa que pudimos comprobar por la gran cantidad de nieve que aun presentaba esta zona, así que decidimos enfilar la carretera del parque hacia el sur (nuestra "mónica" andaba un poco perdida por estas carreteras de montaña), para abandonar sus bellísimos parajes, atravesando la zona de Wawona y dejándolo ya por la salida sur de Oakhurst, donde aprovechamos para repostar y comer algo (de nuevo un Carl"s Jr. dónde pedimos 4 hamburguesas, patatas y las bebidas por 23 dólares). Nuestro siguiente objetivo era el Parque Nacional Sequoia & King"s Canyon. El día seguía despejado y era caluroso, algo que se hizo mucho mas patente en cuanto abandonamos Yosemite y su densa vegetación. La carretera 41 que sale de Yosemite, continúa hasta las inmediaciones de Fresno, dónde enlaza con la 180 East, que se dirige hacia el PN Sequoia. En la carretera abundan los puestos de venta de fresas (como los de melones y sandías de aquí), así que paramos a comprar un par de cestas (estaban buenísimsa porque no duraron ni 10 minutos) y enseguido entramos en la zona protegida del parque, dónde la carretera volvia a empinarse hacia arriba, aunque era menos exigente y revirada que la de Yosemite. A un ritmo normal, son algo más de dos horas y media de viaje desde Oakhurst, por lo que ya no nos quedaba mucho tiempo hasta la puesta de sol. A medida que ascendíamos, bajaba la temperatura. Cuando llegamos, el espectáculo era sobrecogedor. Bosques de cientos de mágnificas sequoias y más de un metro de nieve polvo en el suelo, una nieve que cuando la pisabas, descendía bajo tu peso hasta cubrirte bastante por encima de la rodilla. Nuestra primera parada fue en la zona de Buck Rock y Big Meadows, desde donde se divisaban los grandes cañones del Kings Canyon y las grandes extensiones de sequoias del Sequoia National Forest. Estos milenarios árboles, alcanzan en muchos de sus ejemplares más de cien metros de altura, cientos o incluso miles de años de edad y son resistentes al fuego. Su corteza, aunque de aspecto leñoso, resulta blanda y frágil, de textura parecida al corcho. Esto hace que no tenga valor para la industria maderera, y que sea capaz de resistir el fuego, factores (tal vez más poderoso el primero incluso que el segundo) que han permitido su extraordinaria longevidad (dejo también una foto). Seguimos ruta hacia la Sequoia más visitada "El general Sherman", que cuenta con más de tres mil años de edad, ochenta y dos metros de altura y once metros de diámetro (conocido anteriormente como Karl Marx Tree). Se trata posiblemente del organismo vivo mas longevo del planeta, y está acompañado por otros magníficos ejemplares. Resulta dificil de fotografiar por sus enormes dimensiones. Cerca hay un centro de visitantes, que proporciona información y mapas y organiza rutas a pie, con raquetas e incluso se puede practicar esquí de fondo. Nos dirigimos a continuación a una zona que también presenta magníficos ejemplares "Giant Forest" y realizamos un corto paseo a pie entre las sequoias, pudiendo entrar incluso en el interior de algún tronco. De vuelta al parking, continúamos ruta hacia la salida sur del parque. La luz comienza a desvanecerse y los ciervos aprovechan para bajar a beber, momento ideal para contemplarlos. Aun paramos en dos o tres miradores para hacer fotos y contemplar la belleza del paraje en las zonas de Moro Rock y Three Rivers. Al salir, las taquillas ya están cerradas, así que no pagamos (el precio era, como en todos los parques, 20 dólares por vehículo). Cuando el sol se pone, estamos ya en la presa "Kaweah Lake" rumbo a Visalia. Un poco más allá, la autopista 99 nos conduce al punto final de una larguísima jornada, la ciudad de Bakersfield, importantísimo núcleo ganadero de California. La jornada ha sido preciosa, increible, pero también muy dura y el cansancio se nota. Aquí se agradece la ayuda de Mónica (recordamos que es el nombre que le hemos puesto a nuestro navegador), que evita hacer kilómetros innecesarios y nos indica y nos lleva directamente a los hoteles,algo muy eficaz especialmente en núcleos de población grandes como Bakersfield. Debido a una convención de amantes de los coches de época, no hay habitaciones en los dos primeros moteles que encontramos. Finalmente encontramos en el Holyday-Inn Express (95 dólares por habitación doble, con desayuno), muy recomendable. Estamos tan cansados que ni siquiera vamos a cenar, directamente a descansar. Mañana espera otra dura jornada.

Sábado-29 de Abril: El objetivo del día es visitar el Death Valley, paraje único en el mundo y dónde al parecer se alcanzan (no en vano, esta depresión se sitúa unos 80 metros por debajo del nivel del mar) las mayores temperaturas del planeta. En tan sólo 24 horas vamos a pasar del frescor y la nieve de Yosemite y Sequioa, al calor, las dunas de arena y los lagos de sal del desierto. Desayunamos en el hotel y ponemos rumbo al Death Valley. Son casi cuatro horas de camino, atravesando el desierto de Mojave, con muy pocos núcleos poblados, salvo impresionantes bases militares como la de China Lake, de la marina de los Estados Unidos. Tras una breve parada en el Red Rock Canyon, continuamos hacia el valle de la muerte, en medio de ningún sitio (está a 240 kms. de cualquier población). En cuanto abandonas la autopista en dirección al valle, las carreteras son largas, rectas y solitarias. Te invade una cierta sensación de inquietud (sobre todo si piensas en lo que ocurriría si al coche le da por pararse, en medio de la nada y con este impresionante calor). En muchos kms. sólo te cruzas, muy de vez en cuando, con los típicos grupos de motoristas (harleys), a los que les encanta moverse por esta zona. Por fin, llegas a uno de los dos únicos puntos dónde conseguir provisiones y alojamiento en el Death Valley, e incluso en éste de Stovepipe Wells, gasolina (eso si, bastante cara). La temperatura estaría en torno a los 32 grados, y el ambiente muy seco. De nuevo en el coche, comenzamos la visita del parque por las dunas de arena, y seguimos hacia el punto más lejano y anunciado "Scottish Castle". Se trata de una construcción realizada por un excéntrico millonario que quedó maravillado por este paraje. El castillo (por llamarle de alguna manera) no tiene nada de particular, salvo el mérito que tiene llevar a cabo una construcción en una zona tan inhóspita y alejada de la civilización, una obra de ingeniería digna de mención. Nuestra recomendación es no vistar este punto, ya que no merece la pena en absoluto, se tarda mas de una hora en ir y volver, no está de camino a nada y es el único punto dónde te cobran la entrada (una vez mas, 20 dólares por vehículo), con lo cual, si no vas, no pagas en el Death Valley. De vuelta a Furnace Creek, el otro punto habitado, que dispone de dos magníficos (y carísimos) hoteles (uno de ellos cuenta incluso con un campo de golf, que tiene narices ponerse a jugar al golf con este calor!! y picadero de caballos), restaurantes, gasolinera y tienda, aprovechamos para comer (ensaladas, sandwiches y bebidas para los cuatro, por 45 dólares) en uno de los restaurantes. Después tomamos café en un típico "saloon" de moteros (5 dólares) y proseguimos la ruta por el valle. Vimos el campo de golf Devil"s Golf (apropiado el nombre, si señor!), el golden canyon, Dante"s view, bad water con su lago seco de sal y, ya de vuelta y al atardecer, el magnífico Artist"s Pallet con la Artist Scenic Drive. Todos los puntos están perfectamente indicados y señalizados y los caminos, en general, asfaltados o suficientemente acondicionados para transitarlos en coche. La gran cantidad de minerales que poseen estas rocas, junto con la erosión del viento y, cientos de años antes, el agua, hacen que aparezcan ante nosotros como un arco iris fosforescente o como la paleta de colores de un pintor (ver foto). A última hora de la tarde, el paseo se hace agradable, sin el castigo del sol y con temperaturas mucho mas llevaderas. A esas horas el Death Valley presenta una enorme belleza. Resulta increible que pueda haber vida en estas condiciones, pero abunda la vegetación autóctona, y sobreviven algunas especies de ave, serpiente y los simpáticos muflones de las rocosas (parecidos al conejo), que a estas horas pueden verse en los bordes de las carreteras del valle. Antes de abandonar el parque, paramos en el otro lujoso hotel de Furnace Creek para comprar agua, y nos cobraron 6 dólares por cada botella pequeña, eso si, era Evian de los alpes suizos... Está anocheciendo y estamos muy lejos de cualquier población, así que ponemos rumbo a la salida oeste del parque, muy cerca ya del límite con Nevada para buscar un sitio donde pasar la noche. Ya en Nevada, a lo lejos divisamos las luces de lo que podría ser un pueblo. Cuando llegamos, se trata de un solitario hotel-casino (de ahi la cantidad de luces que se veían), que nos permitimos recomendar, porque nos encantó. Es un sitio auténtico!! Tuvimos suerte y conseguimos dos habitaciones dobles por 95 dólares cada una (esta vez, sin desayuno). Poco después bajamos a cenar y vimos como tenía que marcharse otra pareja porque no quedaban habitaciones; era sábado por la noche y había gran cantidad de motoristas. El restaurante y el bar del hotel, con el casino anexo, estaban de lo más animado, incluso con música en directo. Cenamos (35 dólares los cuatro) y pasamos al bar a tomar unas copas. La "fauna" es de lo más curioso: moteros, camioneros, el sheriff y sus ayudantes con estrella, sombrero, botas, espuelas, pistola y cartuchera, el grupo country y... nosotros. La situación era surrealista, pero nosotros estábamos encantados. La cantante del grupo nos pregunta de dónde somos, y cuando contestamos, el resto nos mira como si somos marcianos, jaja. Al acercarnos a pedir las consumiciones, vemos porque algunos están tan concentrados en la barra. La barra está llena de ventanas que no son sino máquinas tragaperras... por supuesto!! estamos en Nevada!! Estuvimos un rato hablando con Bob, hijo de Dany Millerl guitarrista del grupo, que luego se nos unió y nos explico que su abuela era española (de Sevilla) y sabía un poquito (muy muy poquito, la verdad) de español. Hicimos alguna foto, pero nos dijeron que no apuntaramos al casino, porque era obligatorio salvaguardar la intimidad de los jugadores. A la tercera ronda (pagamos 14 dólares por cada ronda), eran casi las dos de la mañana y decidimos irnos a dormir. Las habitaciones cómodas, muy amplias, muy limpias, y con terraza con vistas a un pequeño lago con patos. El lugar se llama LongStreet Inn Casino, si os cuadra... no lo dudéis.

Domingo- 30 de Abril: Tras dejar el hotel, desayunamos en Fort Amargosa (café, zumo, huevos, bacon y tostadas, por 16 dólares, aunque alguna no desayunó porque las copas de la noche anterior habían dejado huella), compramos unos gorros vaqueros y hacia las 10 de la mañana, seguimos ruta hacia Las Vegas, aunque en está ocasión solo para rodearla en nuestro camino hacia Zion Park. De nuevo magníficas autopistas gratuitas nos conducen por Nevada direccion noreste, hacia Arizona y Utah. Tras circunvalar Las Vegas (te explicas perfectamente porque le llaman la capital del desierto), seguimos la autopista hasta Hurricane. Entramos de nuevo en zona montañosa y, por primera vez desde que hemos llegado, comienza a llover debilmente. Entramos en Utah, y continuamos hacia el Zion Park, al que llegamos hacia las 12:30, de nuevo 20 dólares por vehículo. En este punto, voy a mencionar que merece la pena comprar un bono de 50 dólares que permite la entrada a todos los parques nacionales de la red, con lo cual, en cuanto visitas tres, ya te sale rentable. Nosotros nos dimos cuenta cuando ya sólo nos quedaban por visitar dos y uno de ellos (el Monument Valley) no está incluido en el bono. Lo cierto, es que habíamos incluido la visita a este parque natural porque había una gran distancia por carretera desde el Death Valley hasta el Monument Valley, y pensamos que así no se haría tan pesado el viaje. En cuanto entramos en el parque, nos dimos cuenta de que Zion Park, merece una visita por si mismo. Un paraje espectacular, con ríos de agua cristalina, curiosas formaciones graníticas, impresionantes cañones, rocas vertícales para el disfrute de un buen puñado de escaladores y, como siempre, una impecable organización. Dejamos el coche en el parking y accedimos al Shuttle Bus, que al igual que en Yosemite, realiza un recorrido circular por el parque, es gratuito y te permite bajar en la zona elegida para realizar tu ruta y luego regresar a este u otro punto del recorrido para cogerlo de regreso, sin esperar nunca más de 15 minutos. Como era domingo, había muchos excursionistas y escaladores, a pesar de que llovía a ratos. Decidimos ir hasta el último punto del recorrido para hacernos una idea panorámica del parque y luego parar a la vuelta en el punto que más nos hubiera gustado. Dimos un corto paseo, fundamentalmente debido a que arreció la lluvia (incluso pudimos ver como un rayo derribaba un viejo árbol a escasos metros del camino por el que avanzábamos), ya que la belleza del entorno te animaba a seguir caminando durante mucho más tiempo (incluyo foto del parque). Además eran casi las 16:00 no habíamos comido, y teníamos que regresar al parking a recoger el coche y seguir carretera, pues quedaba aún una tirada hasta nuestro siguiente destino. La tormenta terminó de animarnos a proseguir, y salimos del parque en dirección a Kanab, pequeño pueblo de Utah dónde aprovechamos para hacer una comida-merienda-cena a eso de las 17:15 (comimos unos estupendos steacks con guarnición y algo de postre en el restaurante Houston, 81 dólares los 4). Como habíamos llenado el depósito poco antes de entrar al Zion Park, continuamos carretera. Al atardecer pasamos por el Glenn Canyon y Lake Powell, con la luz justa para hacer unas últimas fotos, que salieron preciosas (coloco una como muestra). Luego una buena tirada de carretera, ya de noche, sin apenas zonas habitadas hasta territorio navajo, entre Arizona y Utah, hasta llegar a la capital de los indios navajos: estamos en Kayenta. No hay muchas opciones de alojamiento en la zona. Encontramos de nuevo un Holyday-Inn Express, y por 105 dólares la doble, nos fuimos directamente a dormir. Había que madrugar para visitar el Monument Valley.

Lunes- 1 de Mayo: El amanecer era a las 5:45, pero nosotros no llegamos a tanto y nos pusimos en marcha a las 7:15. Desayunamos en un restaurante típico navajo llamado Sand Dunes: Cafes, zumo, huevos, tostadas y hashbrowns, por 24 dólares los 4. De ahí directos al Monument Valley, pasando de nuevo la frontera Arizona-Utah. Este parque no está incluido en la red y se paga 5 dólares por persona, como éramos 4, de nuevo 20 dólares. En la entrada, junto con los planos, puedes elegir entre realizar la excursión en tu propio vehículo (los caminos son de tierra pero son perfectamente transitables circulando despacio) o contratar una en todo terreno. Nosotros la hicimos en nuestro propio vehículo alquilado, el circuito es circular y pasa por todos los hitos interesantes, con zonas para poder aparcar y hacer fotos. En algún punto hay zonas dónde poder alquilar una excursión a caballo (la verdad es que todo el paisaje es de película del oeste), puestos de amuletos navajos y bisutería y una zona con una tienda y una vivienda típica de los indios. El paraje es de ensueño, y lo disfrutamos al máximo (dejo también una foto). Destacan los típicos picachos que tantas veces hemos visto en las películas; no en vano, hay varios puntos que hacen referencia a ellas, como el John Ford Point, y formaciones que evocan a algún animal, como el elefante, el camello, etc... Sinceramente, nos encantó, y os recomendamos no perderos esta visita, que se puede afrontar perfectamente en 3 horas. Hacia las 12:30 deshicimos el camino hasta Kayenta, otra vez en Arizona y de ahí de nuevo al sur, camino de nuestro siguiente destino: El Parque Nacional del Gran Cañón del río Colorado. Hicimos una parada en Navajo Park, que si bien es gratuito, y presenta algún cañón de considerables dimensiones, es una visita perfectamente evitable si se anda algo escaso de tiempo. Su mayor interés reside en los restos de viviendas navajas encontrados en algunas cuevas, que se pueden observar desde un mirador, o acceder a ellas despues de una caminata de más de tres horas (entre ida y vuelta). Nosotros nos conformamos con una caminata de 30 minutos hasta el mirador y regresamos al coche para seguir ruta. A la hora de comer, estábamos cerca de Cameron, dónde nos pilló una tormenta de viento y arena. El coche se movía mucho, a pesar de ir 4 personas y los equipajes, y se veían atravesar la carretera las típicas bolas enmarañadas y, a lo lejos, los típicos remolinos de viento sobre la arena del desierto (pequeños tornados). Paramos a repostar y casi no podíamos abrir la puerta empujando con toda nuestra fuerza. Decidimos parar a comer para ver si mejoraba un poco la cosa, y así fue. Comimos en un restaurante navajo, a base de ensalada, tacos (sensacionales) y hamburguesas; las raciones eran imposibles de terminar (40 dólares los 4). Aprovechamos en la tienda para comprar algún recuerdo y contínuamos viaje hacia el Gran Cañón, al que accedimos por la entrada sur hacia las 17 h., pagando 25 dólares por la entrada. La vista del Gran Cañón es sobrecogedora, hay gente que incluso se pone a llorar al encontrarse ante la grandeza del espectáculo que ofrece el cañón (añado una foto, aunque ninguna imagen puede transmitir las sensaciones que transmite). De camino hacia el Village y el centro de visitantes (dónde hay varias opciones de alojamiento, restaurantes, etc...) fuimos parando en cada mirador, admirando las maravillas que la erosión del río y el viento han creado en este paraje sin igual. Como siempre, la organización es fenomenal. Hay varios recorridos en autobús (como en los otros parques), y nos decidimos por la línea roja, la Hermits Route (hay que sentarse en la derecha, para ver mejor las panorámicas), hasta Mojave Point. Desde ahí, bajamos paseando junto al borde del cañón (da un poco de vértigo...) hasta el Hopi Point, punto muy recomendado para ver el "Sunset" en el gran cañón, una experiencia que hay que vivir, una belleza sin parangón. A la caída del sol, esperamos al autobús de regreso hasta el parking y buscamos alojamiento, pero nos informan en el centro de reservas del parque que no queda sitio. Por ello, nos acercamos hasta el pueblo de Tusayan (muy cerca del parque, a 3 kms), que dispone de varios moteles y restaurantes. Nos alojamos en el Red Feather Lodge (que está fenomenal) por 105 dólares por pareja (inc. Desayuno). Fuimos a cenar algo rápido (ensalada, bebidas y algun sandwich por 27 dólares) y directos al hotel, porque si algo no puedes perderte en el gran cañón es el amanecer, y amanecía a las 5:11h.

Martes- 2 de Mayo: A las 4:35 h., una ducha rápida para despejarnos y corriendo hacia el parque. El mejor punto para ver el amanecer es el Mother Point, que compartimos con un puñado de japoneses (ya se sabe que siempre hay alguno en cualquier parte). Estaba oscuro. Hacía frío. Muy poco a poco empezaba a clarear el horizonte. Todo el mundo miraba en la misma dirección, todas las cámaras apuntaban hacia el punto por el debiera asomar el sol. Algunos pájaros empezaban a sobrevolar el cañón, que poco a poco iba apareciendo ante nuestros ojos. El madrugón había merecido la pena, el espectáculo de luces y colores que ofrece el gran cañón al amanecer es algo que no olvidaremos; es algo que hay que vivir, algo que hay que disfrutar. Cuando el sol está ya en todo lo alto, nos acercamos a algunos otros miradores de observación: Yavapai, Bright Angels, etc... El cañón se extiende varias hectáreas, y cada visión es hermosa. Con el recuerdo del amanecer todavía en nuestras retinas, regresamos al hotel para desayunar, recoger los equipajes y proseguir nuestra ruta hacia Las Vegas. No le decimos adiós al gran cañón, sólo hasta pronto. Ya hemos decidido volver para sobrevolarlo en avioneta en una excursión desde la capital del juego. Pronto vamos dejando atras las montañas rocosas y llegamos a la autopista que conduce hacia Las Vegas. La abandonamos al cabo de una hora para recorrer unos kilómetros de la famosa Route-66, de manera que podamos volver a la autopista en su siguiente intesección (tal vez unos 40 kms. más allá). En Seligman, paramos a comer algo de fruta, beber algo y hacer fotos de lo que queda de los años de explendor de esta ruta (décadas de los 50 y los 60); tienen una especie de montaje con algún coche de la época, maniquís de Marylin y James Dean, etc... De nuevo en la autopista, seguimos camino hacia la famosa Presa Hoover, una de las mayores del mundo y una magnífica obra de ingenieria, que abastece importantes ciudades como Las Vegas, que recordemos que está en mitad del desierto, en mitad de la nada. Aunque la presa se puede visitar, sólo paramos para echar un vistazo, sabiendo que podremos sobrevolarla en la avioneta, cuando regresemos rumbo al Gran Cañón. Al mediodía entramos en Las Vegas, paramos a llenar el depósito y nos disponemos a buscar hotel. Pensábamos que iba a resultar bastante caro, porque la mayoría de hoteles son bastante lujosos y los que no lo son, están algo apartados del centro de ebullición de la ciudad, que es la calle central, la mundialmente conocida "The Strip", pero lo cierto es que el negocio de los hoteles está en el casino, por lo que las habitaciones resultan bastante accesibles, sobre todo si vas entre semana. Nosotros nos quedamos en el hotel Luxor, que está ambientado en el antiguo Egipto y la época faraónica, no en vano el hotel es una inmensa pirámide de cristal y no se accede a las habitaciones en "elevator" sino en "inclinator". El precio por 3 noches, fue de 300 dólares por habitación doble (no se incluye el desayuno). Cada hotel es como una mini ciudad, ya que albergan más de tres mil huéspedes, más el personal de servicio, decenas de restaurantes, tiendas, pubs, piscinas, salones para espectáculos y, por supuesto, inmensos casinos que resultan imposibles de evitar para ir a cualquier parte. Una vez realizado el check-in (más de 45 minutos de cola, a pesar de la veintena de mostradores disponibles), dejamos las maletas y nos fuimos a comer algo a un restaurante de cómida rápida del propio hotel, para luego dar una vuelta por el mismo y relajarnos un rato en la piscina. Las Vegas es la ciudad de la diversión, pero gana muchos enteros por la noche, cuando se encienden los millones de luces de neon de la ciudad, cada hotel comienza a mostrar sus encantos para atraer a la gente a su casino y la temperatura se hace más agradable (de día, salvo dentro de los hoteles, se hace casi insoportable). A media tarde, aprovechamos para descansar un rato en la habitación y arreglarnos para dar una vuelta por algunos hoteles de la ciudad. En esta primera noche en Las Vegas vimos el Excalibur (ambientado en la época del rey arturo), el New York, New York (con reproducciones gigantescas de la estatua de la libertad y algunos rascacielos, amén de una montaña rusa que recorre los exteriores del hotel, looping incluido), el MGM (donde últimamente se realizan los mejores combates de boxeo del país), el París (con una preciosa decoración, e impresionantes replicas del arco del triunfo o la torre eiffel) y el Bellagio (uno de los mas exquisitos, con un enorme lago en la entrada, en el que realizan cada hora espectáculos de luz y sonido con impresionantes chorros de agua, y con tiendas exclusivas como Chanel, Dior, Versace, etc...). Todos ellos con inmensos y animados casinos. Entramos en una galeria comercial de gigantescas proporciones, con todos los techos decorados y aprovechamos para cenar en un restaurante mexicano (cervezas, tacos y fajitas, por 60 dólares los 4). De regreso al hotel, aprovechamos para seguir admirando la decoración de los hoteles y todas las luces de la ciudad (dejo también una foto), comenzando a contagiarnos de la algarabía, desenfado y diversión de la ciudad; Hortera... si, Impresionante... sin duda! Antes de retirarnos, aprovechamos para tomar una copa en nuestro hotel (Nefertiti"s Lounge), con música en directo (23 dólares las 4 consumiciones).

Miércoles- 3 de Mayo: Hemos decidido tomarnos un descanso, después de tantos días de madrugón, ajetreo, hacer y deshacer equipajes y muchas millas, así que hemos quedado directamente en la piscina de nuestro hotel, después de desayunar algo (café, leche y donuts). Tras curiosar un poco por el casino (paso obligado para ir y para volver de la piscina, y casi de cualquier otro sitio...), disfrutamos un rato del sol y las piscinas del hotel hasta pasado el medio día. Después, nos dirigimos a una zona comercial con un gigantesco outlet, echamos un vistazo rápido y fuimos a comer a Outback Steackhouse (90 dólares, siempre pongo la cantidad propina incluida, por 4 ensaladas y 4 estupendos bistecs de "beef" a la parrilla). A las 15:30 nos acercamos al aeropuerto de Las Vegas, que se llama Mcarran (¿cómo si no, jaja?), y está justo a la salida del STRIP (muy muy cerca de los primeros hoteles de la ciudad), para recoger a otra pareja de amigos que se acercaban desde Nicaragua para pasar un par de días con nosotros. Como curiosidad, mencionaré que propio aeropuerto dispone de máquinas tragaperras (es lo primero que uno ve cuando sale de los "finger"...). Una vez alojados nuestros amigos y tomada situación, hacemos una rápida merienda-cena en uno de los restaurantes del propio hotel, en torno a las 19:30. Como nuestros amigos se han traido una botella de ron flor de caña, hacemos una pequeña "operación" en una de las habitaciones antes de salir de nuevo a recorrer el STRIP. Tras ver algunos hoteles, acudimos a uno de los centros de reservas de entradas y excursiones, para contratar la excursión en avioneta sobre el Gran Cañón del Colorado, por la que pagamos 288 dólares (por pareja). Los chicos decidimos sacar también entradas para un espectáculo "la femme" en el hotel MGM (29 dólares con una consumición) y las chicas mientras deciden hacer un poco de "shopping" en el Desert Inn. De nuevo juntos, seguimos viendo algún hotel y luego en el coche nos acercamos a uno de los que quedan algo alejados "Palms" para ir a la discoteca de este hotel, de la que nos han hablado muy bien. Cuando llegamos está cerrada (parece ser que abre solamente el fin de semana), así que vemos el hotel y después nos volvemos al nuestro para terminar la jornada.

Jueves- 4 de Mayo: De nuevo hemos quedado en la piscina sobre las 11:00 del mediodía, así que cada uno desayuna por su cuenta (de nuevo café, leche, donuts y algo de fruta, unos 4 dólares por persona) y luego a la tumbona... Hacia las 12:30 nos subimos a cambiarnos (previo paseito de rigor por el casino) y nos vamos al outlet para hacer unas compras en las tiendas: Nike, Adidas, Levi"s, Tommy H., Quicksilver, Nautica, Urban Leather, Vanity, etc... a buen precio (por ser outlet) y con tallas disponibles para todos (hasta la 5XL), porque la verdad es que se ve un gran número de americanos/as bastante "hermosos". El gasto no se fue de madre, en parte gracias a que les pusimos a las chicas hora límite, pues teníamos que comer y regresar al hotel para acudir al punto de encuentro desde el que partía nuestra excursión para sobrevolar el gran cañón. Volvimos a comer en el Outback Steakhouse (se ve que nos gustó...) ensaladas y carne: los cortes de carne (filetes, chuletas, “ribeyes”, etc...) de vacuno, son estupendos en esta ciudad (de nuevo, pagamos 40 dólares por pareja). De ahí, al parking del hotel y caminando hasta el siguiente, el Excalibur, que era nuestro punto de encuentro. Nos recoge un microbús a las 16:05 para llevarnos hasta el aeropuerto privado desde el que parten los vuelos en avioneta para sobrevolar el cañón (en nuestro caso, la compañía elegida fue Grand Canyon Airlines). Una vez pesados y asignados los asientos, nos presentan al piloto quién nos conduce hasta nuestra avioneta (de unas 15 plazas) y nos acomodamos para iniciar el vuelo, que dura poco más de una hora. El despegue (también el aterrizaje) es bastante llevadero, pero el vuelo en si, no es del todo recomendable para personas aprensivas o que se mareen con facilidad. Las avionetas se mueven bastante en la zona del cañón, debido a las corrientes de aire, tanto lateralmente como (lo que más asusta y marea) verticalemente. Eso si, la experiencia es algo único y la belleza del gran cañón desde el aire es indescriptible (dejo una foto realizada desde la avioneta). Después de sobrevolar la magnífica presa Hoover, la avioneta se interna en los dominios del gran cañón, sobrevolándolo bastante bajo. Dispone de un sistema de audio (con auriculares) en varios idiomas (castellano entre ellos), que te va relatando distintas facetas del lugar, desde su origen y formación, su descubrimiento, sus distintos usos a lo largo de la historia, su relativamente reciente explosión turística, etc... Mires hacia donde mires, todo es grandiosidad, todo es belleza, todo majestuosidad, cada giro del río, cada recoveco ... De nuevo en tierra, el minibús nos devuelve (el trayecto dura aprox. una hora) al hotel Excalibur, recogemos las compras y tras un breve paso por la habitación, estamos listos para otra noche en Las Vegas. A las 20:15 salimos en coche para dar una vuelta por la zona de la ciudad que aún no hemos visto, las famosas capillas de grandes reclamos para matrimonios express (en alguna, incluso puedes casarte sin bajar del coche, vamos como el mc-auto pero en boda...), y por supuesto pueden hacer de testigo Elvis Presley, Marylin Monroe, etc... Decidimos aparcar en el hotel Wyns (en pleno centro de Las Vegas Boulevard, que es el nombre real del Strip) y aprovechamos para ver la decoración y los casinos de algunos hoteles más: El Mirage (con su volcán), El Treasury Island, al que llegamos justo a tiempo para ver su espectáculo: una batalla de corsarios en toda regla, con galeones, piratas, acrobacias, música y fuegos artificiales incluidos y el precioso Venetian, con su recargada decoración y sus canales (si te alojas en este hotel, te llevan en góndola por los canales hasta la recepción); la verdad es que en cada uno disponen de algo especial para dejarte con la boca abierta. A continuación aprovechamos para cenar algo en un McDonalds (ensaladas, patatas, hamburguesas y bebidas por 12-14 dólares por pareja) y luego nos acercamos a otros dos hoteles: El impresionante Caesar"s Palace, con su decoración basada en la antigua Roma, coliseo incluido (es un teatro donde actúa una de sus propietarias: Celine Dion) y el lujoso Bellagio, dónde vimos el impresionante espectáculo de luz y sonido con chorros de agua que bailan al compás de la música, que realizan en el gran lago del que dispone el hotel. Desde ahí, nos volvemos en taxi hasta el Wyns (no está demasiado lejos, pero tanto tiempo caminando y recorriendo los hoteles han dejado su huella) y dado que la discoteca tiene una cola de más de una hora, decidimos probar suerte en el casino, dónde descubrimos que mientras juegas, estás invitado a las consumiciones (simplemente se suele entregar un par de dólares a la camarera que te las sirve), así que nos tomamos algo mientras perdíamos algo de dinero.
De vuelta a nuestro hotel, nos tomamos unas últimas copas en la discoteca "Ra", dónde había muchos marines que estaban de boda en la ciudad (pagamos 19 dólares por pareja por las consumiciones). Nos despedimos de nuestros amigos, puesto que su vuelo salía a primera hora de la mañana de regreso a Nicaragua y enseguida, dimos por terminada nuestra última noche en la ciudad de las luces de neón.

Viernes- 5 de Mayo: El check-in debe realizarse antes de las 11:00, pero aún nos da tiempo a desayunar (igual que el día anterior) y darnos un último chapuzón en la piscina, antes de subir a por los equipajes y dejar el hotel. De nuevo en nuestro vehículo (hay que mencionar que "Mónica" andaba algo perdida en esta zona, no sabemos si por que le afectaba el calor, o los millones de chips electrónicos de las máquinas tragaperras de los casinos), recorremos por última vez el Strip, camino del hotel Stratosphere, que está en uno de sus extremos (nuestro hotel, el Luxor, está justo en el otro extremo) con su altísima torre-mirador panorámico. La subida cuesta 11 dólares por pareja y desde sus miradores (de 360 grados) se puede ver toda la ciudad. . Lo mejor de todo, es que han montado unas diábolicas atracciones (una caída libre, un pulpo mecánico y una lanzadera hacia el abismo "X-Scream") en la terraza de la torre (a 350 metros de altura!!!). Decidimos comer algo allí mismo, ya que debíamos iniciar el regreso hacia Los Angeles y no hay paradas intermedias cercanas (pagamos 28 dólares por unos perritos calientes, patatas, bebidas y café). Después de perder 10 dólares en la ruleta del casino del Stratosphere, volvimos al coche y tras una breve parada para repostar combustible y sin mucha ayuda de "Mónica" que seguía confundida, conseguimos encontrar la autopista de enlace y continuar hacia nuestro siguiente destino: El Parque Nacional Joshua Tree. Para todo lo relacionado con Las Vegas, una dirección de internet interesante es: http://espanol.vegas.com. La idea no era ir a Los Angeles por el camino más corto, sino dando un cierto rodeo, pero aprovechando para ver alguna cosa más. Salimos de Las Vegas hacia las 14:30 y, a través del desierto, llegamos, ya de nuevo en California, a la entrada del parque a las 18:00, dónde los rangers te cobran la entrada (15 dólares por vehículo) y te entregan un plano del parque (que dispone de zonas de acampada y senderos para realizar excursiones de media jornada). El Yoshua Tree es insólito por ser el único lugar en el que se desarrolla esta bella y peculiar especie de cactus-árbol. Un paseito y algunas paradas para ver ejemplares especiales de estos curiosos árboles y hacer algunas fotos fueron suficientes, y continuamos camino hacia Palm Springs (a una hora aproximadamente). Se trata de una zona de urbanizaciones de lujo con mansiones de famosos, debido a su tranquilidad y a su especial microclima. Está rodeada de tierras áridas e impresionantes centrales eólicas (aquí, el viento sopla con una fuerza tremenda), pero en Palm Springs no faltan los campos de golf, amplios jardines, espléndidos restaurantes y lujosos centros comerciales. Aprovechamos para cenar algo (pizzas o bocadillos y bebidas, por 29 dólares los cuatro) y, por la autopista 30 Oeste continuar hasta Los Angeles (hora y media larga de camino), entrando a lo grande, ya que nos confundimos de carril y nos metimos por el carril reservado a los autobuses, evitando así, sin quererlo, y en medio de las risas de unos y el pánico de otras, el atasco de entrada a la ciudad. De nuevo al hotel Westin (en Figueroa Steet) en la que era nuestra última noche del viaje.

Sábado- 6 de Mayo (y Domingo 7 de Mayo): Nos quedaba sólo una mañana en Los Angeles. Nuestro vuelo salía a las 17:50, pero como teníamos que devolver el vehículo y pasar los controles, debíamos estar en el aeropuerto hacia las 15:30. Una vez en orden los equipajes y dejado el hotel, ponemos rumbo al lujo: Beverly Hills. De camino, paramos a desayunar (café, zumo y paninis, por 23 dólares los cuatro). Es fin de semana y como aún es temprano las calles presentan poca actividad. Damos una vuelta en el coche por las calles de la zona residencial de los ricos y famosos (pero no vemos a ninguno, jaja) y aparcamos en la zona de Rodeo Drive, para echar un vistazo a las tiendas y hacer alguna compra. Luego, nos acercamos un poco al famoso cartel de Hollywood y volvemos a recorrer el paseo de las estrellas (esta vez de día) para buscar una de las vías de enlace hacia el sur de la ciudad. Nos dirigimos a Long Beach, dónde está atracado el imponente Queen Mary, que ahora es un hotel, y desde dónde se divisa el importante esfuerzo realizado para recuperar esta zona de la ciudad, convirtiéndola en un gran centro de negocios con altos rascacielos. Por último, continuamos pegados a la costa, atravesando Palos Verdes y Redondo y parando a ver las playas de Hermosa Beach y Manhattan Beach, ya muy cerca del aeropuerto internacional LAX de Los Angeles, al que llegamos muy justitos de gasolina y con el tiempo justo para devolver el monovolumen y tomar el autobús de enlace hasta la terminal. Facturados los equipajes, aprovechamos para comer en un restaurante del aeropuerto (ensalada, pasta y las bebidas, por 43 dólares los cuatro) y gastar los últimos dólares sobrantes en las tiendas libres de impuestos. A las 18:45 despega, con retraso, nuestro vuelo hacia Londres, dónde hemos perdido nuestro vuelo a Madrid, pero afortunadamente nos han reservado plaza en el siguiente, sólo una hora más tarde. Hacia las 18:00 del dómingo, hora española, ponemos fin a este fantástico viaje, pleno de emociones y que será difícil que olvidemos.
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sandonio dijo:

Muy interesante, me ha hecho gran servicio para preparar mi viaje. Gracias

viernes, 30 de marzo de 2007, a las 10.55

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