La tercera vez que regreso a Africa, porqué será?. Siempre con un poco de miedo ante tamaño país, y de momento como lamiendo los bordes de una tarta, pués siempre me he quedado en los paises periféricos, son más económicos, y digamos que son las antepuertas de la verdadera Africa, a la que algún día daré el gran bocado.
LLegamos a Senegal después de unas lluvias que dejaron medio metro de agua a
nuestro paso camino del hotel, pero ya todo el recorrido era una constante fotografía. El hotel a pié de playa, era una emulación de los hoteles del caribe,`pero en africano.La comida la mantenian refrigerada con ventiladores de pié, pero sin ser excesiva, fué de nuestro agrado, con zumos de carcadé, y tortillitas recién hechas. El agua del mar está un poco sucia pero la piscina está genial, y te dejan bañarte a cualquier hora del día o de la noche, con amenizados bailes y todo lo que depara un hotel playero.
Contratamos varias excursiones con el mismo guia, y obtuvimos una visión del país que reflejaba tanto su pobreza como su amabilidad, pués también se denomina LA TERANGA, que significa el país de la amabilidad, recorrimos el Delta en cayuco, bordeado de manglares con sus raices plagaditas de ostras que recogen las mujeres, recorrimos varias aldeas de distintas creencias religiosas, estuvimos en una escuela en el campo, donde el profe nos explicó su sistema y situación dificultosa por la pobreza del lugar, y que según el guía la educación no es obligatoria para que los padres eduquen a sus hijos según sus propias creencias y nos cantaron todos los niños, en pié , con sus manitas juntas,lo que nos hizo echar el moco, ya que fué muy emotivo, .
Nos introdujimos en la barriga de un Baobab por un agujero de medio metro y encontramos dentro un enorme espacio.
Recorrimos en jeep las dunas del final del rallye parís Dakar, con final en el Lago Rosa, dónde con un poco de suerte, y de sol se pueden ver estas aguas de dicho color,y las acarreadoras de la sal que scan de este lago.
Asistimos a la llegada de los pescadores en Mbour, que no pueden llegar con los cayucos cargados hasta la orilla de la playa, y son otros hombres cargados con cestos grandes a la cabeza los que entran a por el pescado, y también con carros
tirados por caballos entran al agua a por la mercancía del cayuco. Es una visión impactante, con toda la playa repleta de gente, mercaderes, gente lavando los caballos en la orilla a la luz de un atardecer con agua de mar, la lonja detrás nuestro en la playa, con mucha mugre y mucha vida, el mercadillo detrás de la lonja, con más mugre todavía, pero con los puestos más recóncavos, por los pasillos y vericuetos más extraños que he conocido.
Nos adentramos en un safari pequeño en una reserva, en un jeep que se quedó encayado en el barro y al que tuvimos que ayudar cortando ramas para poner bajo las ruedas, pero he de decir que la idea fué mía y que fuí la que más ramas corté, ya que el conductor llevaba zapatos de Domingo, y sus conocimientos eran escasos. Luego besitos por ser tan luchadora....y aquí pudimos ver girafas en su verdadero entorno, varidades de cérvidos, y el rinoceronte se escapó de nuestra visión porque ese día vete a saber dónde andaría. Los cocodrilos por lo visto estaban comiendo una cría de otro animal y como se esconden para comer tampoco nos quisieron saludar.
En la isla de las Conchas encontamos un suelo hecho de conchas de berberechos
dónde si excavas hay hasta 5 metros de conchitas, y un cementerio con las tumbas no de tierra sino de conchas, y lo que es mejor, dónde reposan en paz musulmanes y cristianos a la vez. A esta isla solo se accede a pié, por un precioso puente de madera, ya que los coches no pueden pasar a la isla.
En la isla de Goreé, nuestro guia perdió el interés por mostrarnos la casa de los esclavos, no le gustaba y con razón, no entendia como podían tener hacinados a hombres mujeres y niños en la parte inferior, mientras que en la superior en buenos salones comerciaran con ellos como si de fardos se tratase.
todo el recorrido fué un alarde de colores, sonrisas, bellezas enfundadas en largos vestidos de colores a juego con la toga de las cabezas y los andares más elegantes que haya visto nunca, porque era innata, no aprendida, y podían caminar sobre toda suerte de basura, con sus cestos en la cabeza erguida y ese donaire que prece que van diciendo !aquí estoy yo!
Nos enamoramos del color, de la alegria, pués sus sonrisas son contagiosas, francas, nos contaron sus ritos, sus celebraciones, sus costumbres..., sus 25 étnias distintas,Peul, Serer,Yola,Mandinga(vienen de Mali)(tienen hecha la ablación mas del 95% aunque está prohibido).. y aprendimos a diferenciarlos incluso por su pelo, (los peúl -musulmanes-lo tienen liso , los serer-animistas-lo tienen rizado),..y tantas cosas más que contaré en otra ocasíón.Es un viaje que no se olvida
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