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Tenebrosa Bordeaux
Escribe: RoN_ReLoAdEd
Estas líneas las escribo en el Columbus Café de la estación de trenes St Jean de Bordeaux a la espera del tren que me llevará a Paris. ¿Por qué esperar tres horas dentro de un café acompañado...
Tenebrosa Bordeaux
Bordeaux, Francia — miércoles, 20 de septiembre de 2006
Aquí dentro suena Portishead, por desgracia Mummies, lo que hace oscurecer mas la escena.
Frente a mi, una pareja de marroquíes también consume su petite-dejeuner, a su costado en unos sillones de cuero un hombre con la mirada perdida en el ventanal come una baguette y mira la gente pasar.
Una mujer oriental entra con sus maletas y un perro de raza desconocido dentro de su cartera asoma el hocico. Ella pide una Vittel y se sienta en otro sillón a leer el Bordeaux 7, el mismo que leo ahora.
Algo allá afuera hizo que me refugiara temprano en el hotel, lo mismo que hizo que esta mañana cruzara la calle directo a la estación de trenes sin siquiera dar una ultima mirada a la ciudad, y ahora me encuentre en un café esperando la hora de mi partida.
Todo es distinto acá, ni Santiago de Chile, ni Madrid, ni Buenos Aires ni Montevideo, es tan agresivo como Bordeaux.
Ayer al arribo a Bordeaux inmediatamente a la bajada del tren tomé un tour a los viñedos. Allí iba yo, junto a personas que ni por la facha podrían hablar una gota de espagnol. Recordé nuestras visitas universitarias a las viñas de Casablanca. La guía no habla español, eso me dio lo mismo, ya sabia del tema, lo único que yo esperaba era la cata de vinos. Luego de muchas horas de viaje y sin almuerzo; mi cabeza empezaba a dar vueltas a la cuarta copa de merlot.
No me quejo, el vino, los quesos, los paisajes, el pan de ajo, los campos de lavanda, estaban dentro de todo lo que esperaba de un buen paseo.
Lo poco que vi del centro de la ciudad me conformó, aunque no tuve muchos registros fotográficos, en mi retina ha quedado guardado todo.
No encontré el Templo Budista, pero visité la descuidada y desolada Sacre Coeur. En camino a la Bastide pude ver la Notre Dame, la iglesia St Michel, bajé a fotografiar el Conservatoire de Bordeaux, el Theatre La Tomate y la oscura Sainte Croix.
Quizás tengo este susto ya que vengo hace unas horas de San Sebastián, una ciudad tranquila, pequeña, sin tantas grandezas que deslumbra al turista. Solo una playa turquesa, arenas blancas y gente amable (sin desconocer el genio atravesado de algunos españoles)
Me esperan cuatro horas de viaje. Madamme Abguillerm me esperará en la estación de Paris, ya le confirmé por SMS.
Todos los que estamos dentro de este café, tenemos al parecer en el rostro ese sustillo por atravesar las tenebrosas calles de la antigua Bordeaux. Todos miramos por el ventanal el pasar de la gente con sus maletas de un lado a otro, de vez en cuando volvemos a concentrarnos en nuestras lecturas. Otros miran el techo o sus relojes, pero hay algo allá afuera que nos tiene encerrados aquí.
Esta mañana hablé con dos uruguayos que se alojaban en mi hotel. En su primera visita a esta ciudad me hicieron ver lo mismo que he sentido aquí. De hecho tomaron el primer tren a Paris.
Lo que es yo, en unas horas más estaré en Paris. Salgo del café y de mi se despiden diciendo merci de votre visite et a bientot, respondo solo merci .
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publicado el 20/sep/2006, 11.48 |
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