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Noroeste argentino: Jujuy Argentina  

Puna y Quebrada: nostalgia de aquellos dias..

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Noroeste argentino: Jujuy, Argentina

Viajando por el NOA (parte 4)

La Quiaca, Yavi, Humahuaca, Tilcara y Maimará. | 0 comentarios.

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mochacharme
14/09/2006


Viajando por el Noroeste argentino: Parada nº 4...   19 de Enero de 2006:
Llegamos a La Quiaca luego de un viaje de madrugada, en el cual durante casi todo el trayecto atravezamos montones de nubes que dormían sobre la ruta 9. Tilcara quedaba atrás, pero por poco tiempo...
La Quiaca es una ciudad fronteriza que limita al norte del pais con Villazón, Bolivia. Ambas ciudades están conectadas a través de un puente de concreto donde funciona la Aduana y Migraciones. Representa uno de los asentamientos urbanos más importantes de la Puna Jujeña. Se encuentra a 295 km de la ciudad de Jujuy, a 3442 m.s.n.m. Se accede a ella desde cualquier pueblo de la Quebrada de Humahuaca por R. N. 9. Su nombre proviene del aimara Quisca y significa: piedra cortante para trasquilar ganado.
El día que llegamos no hacía frío, pero tampoco calor y había muchísima bruma. En información turística de la terminal de òmnibus nos dijeron que mucho para hacer allí no teníamos, pero que no dejáramos de ir a Yavi, un pueblito puneño a unos pocos km. Luego de caminar unas calles encontramos un hospedaje: Copacabana. Lugar agradable y muy familiar. Unas cuantas habitaciones en torno a dos patios, baños compartidos, agua caliente, cómodos colchones, sábanas y muchas frazadas, un salón comedor pequeño e internet: todo por $12,00. Dejamos las mochilas y volvimos a las calles semidesèrticas. Ahora la mañana estaba soleada y todo se iluminaba a nuestro alrededor. Pasamos por la fachada de una la Iglesia de ladrillos colorados, linda y sencilla, una plaza, una avenida con boulevar, un Banco de la Nación A rgentina que al parecer abren a las 8:00 de la mañana. Había pocos autos, gente en bicicleta y mucha tranquilidad. Luego de hacer los trámites correspondientes (registrar DNI, y declarar algún objeto que lleváramos encima), cruzamos a Villazón. Ya nos habían hablado antes de las hormiguitas: así le llaman a los cientos y cientos de personas (de todas la edades) que a toda velocidad y doblados por el peso de lo que cargan en sus espaldas cruzan muchísimas veces al día, de La Quiaca a Bolivia y viceversa, no se bien qué es lo que transportan aunque se dice que harina, lo que si es seguro es que les pagan miserias, segùn nos contaron. Al cruzar, hay que hacerlo con cuidado, porque ellos no frenan, no pueden hacerlo, más de uno nos llevó por delante. Superado el hormigueo, se abrió ante nuestros ojos el Centro Comercial, allí nos encontramos con negocios, puestos, ferias y locales de venta de productos de todo tipo, vendedores ambulantes, casas de cambio cada 50 metros, bolsas enormes de arpillera con hojas de coca. Sombrillitas de colores. Mujeres con sus polleras de seda y brocato, estampadas, y a tablitas, superpuestas, con largas trenzas, mujeres sentadas en la calle vendiendo comida y algunas orinando al mismo tiempo. Todo es muy pintoresco, los aromas y colores abundan, todo se mezcla, el olor a queso de cabra y fritangas con la típica policromía boliviana, una verdadera fiesta para los sentidos. Las moscas lo invaden todo.
Al final de las calles, saturadas de locales, objetos y gente, se ven los alrededores, las afueras del centro, y advertimos que estamos rodeadas del paisaje más árido que vimos jamás, el horizonte se ondula, todo alrededor es puro desierto. El cielo era un espectáculo de celeste intenso y las nubes, muy bajas, descansaban sobre las colinas. Durante unas cuantas horas nos dedicamos a mirar, admirar, regatear, y comprar algunas cosas. En las ferias vendían postres y bebidas, vasitos de plástico de gelatina con crema, y un ejército de moscas de adorno, todo sin heladera, y expuesto al tremendo calor que nos asechaba. Finalmente entramos a un local donde nos atendieron genial, y nos dio gusto comprar fundas de almohadones, manteles, tapices, suéters, guantes, polainas, gorros andinos, etc. Allí también insistieron en que fuéramos a Yavi. En ese mismo local nos reencontramos con tres hermanos que habíamos conocido en la terraza del hostel de San Miguel de Tucumán y que ya habíamos cruzados en otras oportunidades. Con ellos cruzamos la frontera de regreso a nuestra patria. En el espacio que queda entre un país y otro, que son unos cuantos metros, no se puede sacar fotografías, es tierra neutral, está muy vigilada por Gendarmería Nacional, al igual que la Aduana y Migraciones.
De nuevo en La Quiaca, nos despedimos de los chicos y buscamos un lugar para almorzar. Ya había pasado el mediodía hacía un rato largo, y al parecer todo estaba cerrado. Pero finalmente luego de caminar bajo un sol tremendo encontramos un restorán de barrio. Nos atendieron una niña de unos 11 años y su hermanito pequeño. Eran re contra simpáticos. Comimos una pizza de entrada, milanesas napolitanas con papas fritas y coca cola. Todo por $3,50 cada una.
Por la tarde tomamos un remis/taxi hacia Yavi ($2,00 cada una). Una vez en la ruta y alejadas de la ciudad, desde las ventanillas del remis observamos como el paisaje se transforma en una perfecta llanura. El sol comienza a apagarse, y el cielo se va poniendo gris claro. A la derecha, un tramo más adelante comienzan a verse unas elevaciones continuas y dinàmicas en medio de esa gran planicie, el remisero nos cuenta que son los Cerros Siete Hermanos. En ellos se encuentra la Laguna Colorada, pero no se la ve desde la ruta. Estos cerros son formaciones rocosas con petroglifos, en ellos se ven pictografías: formas que representan figuras humanas, llamas y espirales. Representa una zona totalmente preservada. Un poco más adelante atravesamos un gran cartel que cruza de un lado a otro de la ruta y que dice: “Bienvenidos al histórico pueblo de Yavi”.
Èsta queda a 16 km de La Quiaca, constituye un verdadero oasis en la aridez puneña. Esta histórica aldea, integrante del Circuito de la Puna, se originó en 1667 en una leve depresión ubicada en el extenso altiplano ventoso y árido. El pueblo hoy se encuentra prácticamente desabitado, al parecer la población aunque conserva las viviendas, emigró a La Quiaca, por razones de trabajo y comodidad. Las casas son de adobe, con típicos techos de caña, paja y barro.
Yavi también está ubicada muy próxima al actual límite o frontera con Bolivia.
Durante el siglo XVII al XIX, fue la sede del Marques de Campero y la Marquesa de Ovando, que representaban una de las posesiones feudales más adineradas e importantes en el continente sudamericano. Estos nobles recibieron en 1707 el título de Marqueses de Tojo y administraron varias localidades de la zona como Casabindo, Cochinoca, Rinconada y Santa Catalina (pueblo màs al norte de la Argentina), entre otras.
La Casa del Marquéz de Tojo, de estilo colonial, se puede visitar ya que funciona como museo y biblioteca, y junto con la Iglesia de Yavi, entre 1690 a 1695, fueron las primeras construcciones que originaron este pueblo. Durante las celebraciones de La Semana Santa los integrantes de las doctrinas religiosas bajan de los cerros en procesión nocturna, vistiendo hábitos y portando antorchas, farolitos de papel, rosarios y flores, y entonando cánticos. También se hacen ermitas confeccionadas con flores, hojas y frutas secas, como en Tilcara.
Antes de las 4 de la tarde el remisero nos dejó en una gran avenida de tierra que cruza todo el pueblo dividiéndolo en dos. Arreglamos para que nos recogiera dos horas más tarde. Visitamos la Iglesia Nuestra Señora del Rosario y San Francisco, que fue declarada en 1941 Monumento Histórico Nacional. Sus líneas arquitectónicas son de gran sencillez y belleza. En su interior el púlpito, los altares y los retablos son realzados por una cubierta de oro a la hoja. Se aprecian cuadros y esculturas de madera, que fueron traídas desde el Cuzco (Perú). Está ubicada en Av. Campero y se puede visitar todos los días, aunque como es costumbre en la mayoría de los pueblos del interior siempre se respeta el horario de la siesta.
De pronto el cielo de un gris claro tornó a un gris más plomizo, al parecer se acercaba una tormenta, la tierra de las calles comenzaba a levantarse, nosotras seguíamos muy entusiasmadas, sacando fotos, y recorriendo las callecitas. Nos parecía estar en un lugar inhóspito, desolado, una especie de pueblo fantasma. La mayoría de las viviendas estaba en ruinas, a través de sus ventanas sin vidrios podíamos ver residuos, objetos rotos y abandonados, las puertas cerraban con importantes candados, y la mayorìa de los techos se habìan volado alguna vez. El portón de una vivienda se entreabría con el viento, y dejaba ver un paisaje increíble: áridas colinas salpicadas de espesa vegetación, el contraste era alucinante. En la comisaría preguntamos dónde podíamos tomar algo caliente, comenzaba a hacer frío, había mucho viento y chispeaban gotas del cielo. Nos recomendaron Lo de Norma, justito a la entrada del pueblo se encuentra esta hostería familiar, sencilla y muy cálida. Allí tomamos unos generosos cafés con leche, y unas tostaditas recién hechas por Norma con manteca y dulce de leche. Podíamos repetir las veces que quisiéramos y todo por $ 3,00 cada una. Afuera llovía bastante. Todavía faltaba un buen rato para que el remisero nos pasara a buscar, así que decidimos quedarnos allí, estábamos a gusto. El hijito de Norma miraba a Los Simpson en la tele sin sonido, mientras que en el equipo de música se escuchaba la dulce voz de Caetano Veloso, unos chicos rubios que al parecer se hospedaban allí cambiaban de tanto en tanto los discos, mientras se armaban unos fasos. Afuera dejaba de llover, y aunque el exterior se percibía todavía gris, una luz sepia hacía que todo resplandeciera. Al llegar al pueblo habíamos notamos la magnitud del cementerio ubicado a la entrada de éste, era una construcción de piedra a modo de muralla, parecía un fuerte y las casas se veían muy pequeñas en comparación a la necrópolis. Como cesó la lluvia fuimos hacia allí. Pero al ingresar no tuvimos la misma sensación de paz que habíamos experimentado en Purmamarca, esta vez sentimos miedo, incluso las rejas de la entrada se movían por un viento que volvía a resurgir y tuvimos la sensación de que nos quedaríamos encerradas, sacamos algunas fotos y salimos corriendo, en ese momento se largó a llover de nuevo, el viento rugía fuerte, llovía tanto que no veíamos, porque al abrir los ojos la lluvia nos dolìa. Un hombre que salía de una casa no hizo señas para que subiéramos a su auto. Lo hicimos con un poco de culpa ya que habíamos quedado con el remisero, pero ya era la hora de volver, y al parecer éste no estaba por ninguna parte. De vuelta en la ciudad ya eran las 6 de la tarde, había bajado el sol, y hacía muchísimo frío. Así que estrenamos los suéters de llama y alpaca, las polainas y los guantes. Nos bañamos temprano y sin cenar nos fuimos a dormir, pero antes reacomodamos las mochilas que a esa altura se desbordaban de cosas.

20 de Enero de 2006:
A las 11:00 de la mañana estábamos esperando el micro en la estación de La Quiaca, íbamos para Humahuaca. Luego de comprarle a un niño una bolsita de mangos por $1,00, y de discutir con el maletero del micro debido a que nos habíamos quedado sin monedas, y él se negaba a subirnos las mochilas a la baulera, tomamos de nuevo la R.N.9. El pasaje nos salió $12,00. El viaje se hizo largo, la ruta interminable. Durante el trayecto el micro entra a algunos pueblitos: Tres Cruces, Abra Pampa, también se ven al costado de la ruta cementerios, con paredes de adobe, y sus sepulcros decorados con flores, que logran un contraste divino con los matices del paisaje puneño, que por momentos se vuelve monótono. Sobre la ruta también hay otros asentamientos poblacionales, que se han formado a cada lado de ésta, un par de casas, una escuela, una iglesia. Acercándonos a Humahuaca el paisaje va tomando otra forma, se vuelve más irregular, y la aridéz de la puna va haciéndose remota. Uno comienza a ver los verdaderos colores de la Quebrada. De repente los cerros se vuelven más rojizos.
Humahuaca es Cabecera del Departamento Homónimo, considerada la capital histórica de la Quebrada. Se encuentra a 2939 m.s.n.m. y a 219 km de San Salvador de Jujuy. Tiene una municipalidad y diferentes centros vecinales. Constituye el centro de la quebrada y del carnaval. Sus angostas calles empedradas conservan la fisonomía histórica en su edificación y, las casas de adobe y los viejos faroles coloniales dan la impresión de que el tiempo se detuvo.
De origen incaico, la población omaguaca preexistente fue transformada en tiempos de la colonia. La iglesia (1641), consagrada a Nuestra Señora de la Candelaria, contiene obras de relevante valor artístico provenientes de la escuela cuzqueña. El monumento a la Independencia (1950), en lo alto de las escalinatas que parten de la plaza, sirve de imponente anfiteatro donde se convoca todos los años al Tantanakuy, encuentro no comercial de músicos, que congrega grandes figuras como Jaime Torres y a los creadores de la región.
Al llegar nos dividimos para buscar hospedaje. Finalmente encontramos una habitación para las 4, con baño compartido y agua caliente por $15,00 cada una. Dejamos las mochilas y fuimos a recorrer el centro de la ciudad. Compramos algunas estampillas en el correo, como recuerdo, y recorrimos la iglesia, la feria de la plaza, sacamos fotos en el monumento de la independencia. Hay muchos locales artesanales, degustación de alfajores, vinos y licores. A eso de las 6 de la tarde comenzaban a caer una gotitas, el cielo se había nublado, y corría una brisita sospechosa, era evidente que llovería mucho. Nuestra intención desde un principio era ir a Iruya, pueblito salteño asentado en las montañas, al cual se accede desde Humahuaca. Los micros hacia allí salen todas las mañanas desde la terminal de ómnibus. Pero el clima estaba horrible, queríamos ir al día siguiente, y la gente del lugar nos recomendó que no lo hiciéramos, ya que los sábados los empleados de viabilidad no trabajan, y los caminos por el mal tiempo que venía haciendo durante todo enero estaban bastante peligrosos. Como sea, no quisimos correr el riesgo. Decidimos que volveríamos a Tilcara para vivir un sábado del enero tilcareño. Iruya quedó pendiente para otro viaje. Cuando se largó a llover fuerte ya estábamos en la habitación cenando unos sanguchitos, y luego nos dormimos un buen rato. Cuando despertamos eran alrededor de las 23.00 hs., y salimos a la calle para usar un poco de internet. De noche Humahuaca cambia bastante, es muy oscura. Cruzamos un grupo de chicas humahuaqueñas muy arregladitas con tacos y todo que iban a una peña. Pero nosotras sólo nos tomamos un heladito y caminamos un rato por la ciudad, luego a descansar y acomodar un poco las mochilas para regresar a Tilcara por la mañana del sábado.

21 de Enero de 2006:
Volvimos a Tilcara el sábado al mediodía. Lo primero que hicimos fue ir al hospedaje donde ya nos habíamos alojados. Esta vez necesitábamos una habitación para tres, ya que Sol, una de las chicas se volvía a casa. Nos alquilaron una con cama de dos plazas y baño privado a $ 50,00. Luego almorzamos en el Club de Tilcara, a unos metros de la terminal de ómnibus. El día se nublaba, alguna que otra gotita de lluvia caía sin fuerza. Acompañamos a Sol a la terminal, y luego mi amiga Colo, mi hermana Julia y yo decidimos ir al Pucará. Si bien yo había ido unos días antes, las otras dos chicas no. Así que les serví de guía turística. Una vez atravesado el puente que comunica la zona del Pucará con la del centro urbano, comenzó a llover un poco más, pero no era para tanto, así que recorrimos la Reserva natural, y el Jardín botánico sin problemas. Luego mientras subíamos a las ruinas se largó a llover con todo. Éramos las únicas locas en el lugar, y lo subimos hasta la cima, con mucha lluvia y viento en contra. La experiencia estuvo muy divertida. Luego bajar se hace más fácil, y llegamos bastante rápido al centro. Una vez allí compramos en una despensa un poco de pan, fiambre y unos vinos para la cena. Salimos a la calle a eso de las once de la noche, cuando aparentemente había cesado de llover. Las calles se encontraban desbordadas de jóvenes, desde algunos locales de comida y confiterías se escuchaba algo de música folklórica, en un par de bares sonaba rock nacional, y había algún que otro auto bastante nuevo, desde el cual al máximo volumen salía hacia el exterior música electrónica. La plaza estaba llena de puestitos de venta, y repleta de gente. Caminamos un poco esquivando algún que otro borrachín zarpado, y nos sentamos en una recova cercana a la plaza a comer unas salchi-papas (conos de papas fritas con trocitos de salchichas y en ocasiones pequeñas albóndigas de carne que se venden en las calles). En ese momento llovía, y hacía frío. Queríamos ir a algún bar, o peña, pero todos los lugares al estar llenos de gente, no permitían la entrada…así que luego de un par de vueltas nos fuimos a dormir.

22 de Enero de 2006:
El domingo dejamos la habitación a las 10 de la mañana. Guardamos las mochilas y demás bultos, en una guardería que hay en la terminal, donde se puede dejar las cosas durante todo el día por sólo $2,00.
Ese día prometía ser muy largo. El clima estaba por fin espléndido, hacía calor y el sol resaltaba la bellaza de la ciudad. Luego de desayunar en la Peña Altitud recorrimos la plaza, las chicas no habían ido a la iglesia, así que aproveché para mostrársela. Después caminando por una calle de adoquines que bordea uno de los costados de la plaza, llegamos hasta unas escalinatas, a través de ellas se accede a un Mirador que se encuentra en un cerro. También en el lugar hay algunas viviendas. Desde el mirador se puede observar toda la ciudad, y sus alrededores de campos sembrados. No me canso de decir que Tilcara es uno de los lugares que más me han gustado de este viaje. Lo tiene todo, una importante actividad artística y cultural, una infraestructura edilicia típica de la quebrada, pero excelentemente adaptada a las necesidades turísticas. Su gente es muy hospitalaria. Y todo esto en un marco de paisajes soñados. Innegablemente tiene un ángel especial. Algo que te seduce, conquista y atrapa. Al pie del mismo cerro, se encuentra el cementerio, es una necrópolis con las características de la zona, abundancia de flores de colores y nichos construidos en las laderas de las montañas.
El día parecía estirarse, decidimos aprovechar la tarde y visitar un pueblo vecino llamado Maimará.
Es un pequeño poblado ubicado en el corazón de la quebrada a unos 76 km. de la capital jujeña. Su actividad predominante es el cultivo de frutas y hortalizas. La traducción de su nombre es: Estrella que cae o Campo de las Estrellas. En ella se destacan los cerros conocidos como la Paleta del Pintor. Éstos contienen franjas de sedimentos de colores terrosos, violáceos y azulados dispuestos en forma ondulada, también se aprecia el blanco que se debe a la existencia del azufre. Como el remís/taxi nos dejó cerca de la plaza principal nos sentamos en uno de sus bancos a tomar algo de sol y comer algo que habíamos comprado en un kiosquito. A esa hora de la tarde el pueblo dormía la siesta, y reinaba la tranquilidad. Era tanta la quietud que hasta se había quedado dormido el policía que estaba de guardia en la comisaría, al nos acercamos a pedirle la llave de los baños públicos, la cual ni él ni nadie supo darnos, y terminamos utilizando los sanitarios de una escuela.
La iglesia Nuestra Señora de la Candelaria es una construcción reciente. No pudimos entrar porque recién habría después de las 4 de la tarde.
El cementerio se encuentra ubicado al pie de un pequeño cerro, justo a la entrada de la ciudad, al borde de la ruta nacional N° 9. El día que viajábamos por vez primera a Tilcara, veníamos de Purmamarca y lo vimos de pasada desde del remís, nos pareció muy pintoresco. Ahora estábamos allí y aprovechamos para recorrerlo y sacar algunas fotos. La necrópolis es una de las más interesantes de la Quebrada de Humahuaca. Se destaca la curiosa arquitectura de algunas bóvedas de comienzos del siglo XX, con remates punteados, curvos y mixtilíneos. Maimará es un pueblo muy pequeño, en poquitos minutos ya estábamos de regreso en la plaza, dispuestas a caminar hacia la Paleta del Pintor, a medida que abanzábamos por una de las callecitas, esos cerros se volvían más imponentes, daba la sensación de poder tocarlos, pero antes de llegar a ellos hay que cruzar el río, y al parecer se había desbordado, así que nos conformamos con mirarlos desde enfrente escuchando los sonidos del agua y el canto de los pájaros. Percibíamos un aroma limpio, floral, muy fresco y placentero. De regreso caminamos bordeando las vías, por la Vieja Estación que es bellísima, y luego fuimos a esperar un micro para volvernos a Tilcara (sale $1,00).
A las 5 de la tarde volvimos a Tilcara, y nos sorprendió la multitud de turistas que había a esas horas en la ciudad. Había gente por todos lados, y en una de las calles que rodea la plaza, en el suelo se habían acomodado montones de artesanos que al parecer venían de diferentes partes del país. En el centro de la plaza había una intensa batucada, la gente cantaba y danzaba a pleno día, y así siguió el panorama hasta la noche. Nos sentamos un buen rato en uno de los bancos a disfrutar de ese domingo fantástico. Al caer la noche retiramos las mochilas y con ellas nos fuimos a La cueva del sapo, allí tomamos unas ricas cervezas norteñas y comimos una picada andina, tamales y empanadas. Podría decirse que fue un gran banquete. Nos despedimos de Tilcara, brindando por los momentos maravillosos que nos había ofrecido, por su amable hospitalidad, y el abrazo de sus bonitos cerros. Sentíamos mucha nostalgia y un sabor mezcla de amargura y alegría en el corazón. Subimos al micro a las 23:00 hs., la ciudad se había apagado hacía un rato y nosotras teníamos un par de días más antes de volver a casa. Ibamos hacia la capital salteña, pero sólo hasta la terminal de ómnibus, allí esperaríamos el próximo micro a Cafayate, lugar al cual deseábamos darle una segunda oportunidad.
Ahora lo veríamos con ojos nuevos.



Continuará…
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Ultimos comentarios:

Exemenduko dijo:

Después de casi una semana que no entraba al sitio, lo primero que hize después de actualizarme en los foros, fué venir a seguir con tu historia por el NOA...como sigo viendo, los precios siguen siendo muy bajos. Sobre la Capilla de la Candelaria, lo que puedo agregar es que esas obras de arte de la escuela Cuzqueña se tratan de unos angeles que se complementan con los otros que estan en otra de las capillas de la zona(corregime si me equivoco...porque cada capillita tiene su historia y se me confunden siempre jeje..por ejemplo en la que velaron a Lavalle, la que tiene la imagen del nacimiento de la virgen que es unico en el mundo...y el que tiene el pianito re chiquito...uh la memoria me falla...)bueno...felicitaciones!!!

miércoles, 4 de abril de 2007, a las 16.12

ewock dijo:

Hola Lucia: He terminado de leer todos tus diarios. Todos MAGNIFICOS. Tienes polera?? Me extrañaria que no la tuvieras. Gracias por compartir y estare a la espera del proximo. Saludos y suerteeeeeee

martes, 11 de septiembre de 2007, a las 22.44

mochacharme dijo:

jajajaj...verònica!!...jajaja, no...no me he ganado en ley una "polera"...pero sabès?.. de tanto desear una, finalmente la tengo...jajajaaj..abrazos para vos y para Ezequiel...mil gracias por sus comentarios.

lunes, 22 de octubre de 2007, a las 14.08

huanaco dijo:

OYE FELICIDATACIONES PS POR TANTOS VIAJES QUE REALIZAS tanto en tu país como fuera y bueno me gusta tus redacciones de este diario y los demas ya que tienes varios bueno me gustan las fotos e espero viajar pronto a argentina y conocer muchos lugares ...

viernes, 4 de enero de 2008, a las 12.09

mochacharme dijo:

hola huanaco...còmo va?...gracias por tu comentario!...Argentina es hermosa, aunque me falta mucho por conocer...ahora si, venite preparado porque acà las distancias son màs largas que en Perù...jajaj...ojalà tengas oportunidad de viajar por estas provincias del noroeste argentino, son bellisimas...cuando puedo regreso a ellas...abrazos!

domingo, 9 de marzo de 2008, a las 23.18

buvar dijo:

Lu, en su momento se me paso este diario, pero hoy lo encontre y lo lei, bueno mejor dicho lo disfrute, bueno que quieres que te diga??? somos colegas, estas segura que lo tuyo es la docencia y no el periodismo??? !!Suerte y que haya muchos viajes...Maria Eugenia..

sábado, 7 de junio de 2008, a las 07.23

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