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Había soñado con conocer Granada, desde que planee viajar nuevamente a España. En esta nueva visita quise ir a sitios diferentes. Creo que debe ser siempre así. Es cierto que queremos volver a algunos lugares por considerar insuficiente el conocimiento que tengamos del mismo, se nos acabó el tiempo y no alcanzamos visitar todos los sitios que queríamos, o por cualquier motivo, pero también merecer la pena conocer otros lugares. Siento esto de ciudades como París o Roma a las que debo volver alguna vez. Pues bien, mi siguiente parada en España era Granada. Mejor no me lo pude haber pasado. Salí muy temprano en autobús desde la estación de Las Américas. El recorrido fue de 5 horas así que a las 2 de la tarde estaba en la estación de autobuses de Granada. Allí, en un puesto de información turística me di a la tarea de buscar un mapa y hospedaje. Había entrado en una página web y tenia nombres y precios, pero nada de reservaciones, la verdad es que no suelo hacerlas. Me atendió una chica y me dijo que si no tenia reservaciones me podía preparar para dormir en el parque (no fue en esas palabras claro, la chica era muy amable). Esto me asustó un poco al inicio, pero la escuché. La lista de hostales que yo tenia (los económicos), no tenían disponibilidad (según ella) y finalmente le pedí que me hiciera una reserva en un hostal que se salía de mi presupuesto y que me obligaría a irme al siguiente día. Tome el mapa y me fui por mi cuenta a buscar hostales y la verdad es que en los 3 primeros que entré no tenían cupo. Pasando del susto al pánico, busqué un teléfono público y llamé al primero de mi lista y casualidad que tenia cupo. Era en el barrio del Albaycin, del cual les hablare mas adelante; resta decir, que el chico que me atendió tuvo la amabilidad de buscarme en la vía principal, de otra forma no hubiera llegado jamás a ningún sitio. El Albaycin es una conjunto de cuestas y callejuelas de piedra, en donde algunas veces no se llega a ninguna parte. Aquí lo característico es perderse; es mas, hay un refrán que dice que hay que perderse para conocer Granada y creo que se hizo pensando en este barrio. Después de instalarme en el hostal, tomar una merecida cerveza de bienvenida por el susto de casi no conseguir alojamiento y de descansar un poco, me di a la tarea de conocer este famoso barrio. La tarde estaba lluviosa, pero eso no me detuvo, así que con libreta en mano fui anotando los nombres de las calles por las que pasaba hasta llegar a la vía Colón. En la Plaza Isabel la Católica está el monumento a los Reyes Católicos sobre una linda fuente, el cual se aprecia mejor al atardecer. Tomé a la izquierda y caminé a lo largo del Darro desde donde pude contemplar embelesada la majestuosa Alhambra. Había pasado el atardecer y entre el recorrido y el andar perdida llegué nuevamente al hostal. En compañía de algunos huéspedes que hablaban español nos fuimos de tapeo, aunque la noche estuvo lluviosa. Al día siguiente el sitio obligado de visita era la Alhambra así que muy temprano y después de comprar algunas frutas estaba en la Plaza Nueva. Tomé el autobús y en 10 minutos estaba en la cima. La Alhambra fue construida sobre una montaña desde la que se divisa casi toda Granada, de allí su antigua importancia militar. El día estuvo lluvioso, pero me permitió un paseo muy bonito y pude ver algunos jardines de la Alhambra bajo una bruma que le daba un aspecto más romántico. Con mapa en mano y un libro sobre el lugar me interné a conocer este conjunto monumental de edificios, dedicados algunos a la guerra y otros a viviendas de los antiguos moros del lugar. Fue impresionante ver aquellos salones decorados de manera tan elegante y en autentico estilo árabe. El detalle en las tallas de madera, los alfeizares, techos y balcones. Cada ventana es un espectáculo con una impresionante vista de Granada. Los patios con sus fuentes y jardines, así como la distribución del espacio, son copia del Paraíso. Sentarse allí a ver el amanecer o el atardecer debió y debe ser una experiencia sensorial más allá de las palabras. Hay una excursión nocturna a la Alhambra, que no tuve la oportunidad de disfrutar. Subí hasta la torre más alta y aluciné con tan magna vista. Me llamó mucho la atención las grandes puertas con aquellos clavos gigantes y enormes cerrojos. En los parajes desolados se magnifica el silencio y son sitios propicios para la meditación y el descanso. El clásico patio de los leones entre otros, seria un crimen pasarlos por alto. Me gustó recorrer la Alhambra a solas y disfrutarla poco a poco, tomando algunas fotos, que no pueden recoger lo que todos los sentidos juntos te permiten disfrutar en un sitio como este. Luego de recorrerla y conocerla por dentro, se aprecia mejor al verla desde cualquier punto de Granada. Dejando un poco la Alhambra, es importante centrarse en otro aspecto: las noches de Granada. Además del tradicional “tapeo”, en donde por la compra de una copa de vino o una “caña” (vaso de cerveza) te obsequian un bocado que puede ser un emparedado, papas fritas, quesos, trozos de jamón, entre otros pero en porciones mayores que en el resto de España, está lo más tradicional, el flamenco. En la vía del Darro fuimos a un espectáculo de tablao flamenco por 6 euros en lo que se llaman las grutas. El Flamenco es realmente increíble, se te corta la respiración mientras escuchas las canciones y la música llega al climax. El cantaor y la bailaora te mantienen realmente atento. Me perdí varias veces en Granada. Me sentaba en los parques luego de subir cuesta tras cuesta y observaba a los lugareños. Entraba en una taberna y tomaba una copa. Llegué al parque donde está ubicada la antigua casa de campo del famoso escritor y poeta Federico García Lorca, hoy día convertida en museo. En esta casa la familia solía pasar los veranos, ya que en esa época estaba alejada del centro de la ciudad. Fue muy relajante caminar por este parque y disfrutar de la tarde. Realmente llegué a adorar las callejuelas de Granada. El Mercado, los parques y sobre todo los portales de las casas que aquí son conocidas como “Carmenes” por su estilo arquitectónico singular que consta de patio, fuentes y jardines en la entrada. Hay que aprovechar al máximo los días, salir temprano, porque las ciudades están tranquilas en las mañanas, al menos en mi teoría y experiencia, ya que las personas están trabajando y se puede deambular con tranquilidad y observar la vida cotidiana del lugar, para hacerse una idea más clara del lugar y las personas. Pude recorrer varios barrios de Granada y hasta ver a unos manifestantes. Cuando cae esa lluvia menuda, Granada se convierte en una ciudad muy romántica. NO se debe dejar de visitar la Catedral con la tumba de los Reyes Católicos y si se tiene tiempo, una excursión por el Sacromonte. En el hostal conocí muy lindas personas de las que aprendí mucho y con quienes pasé momentos divertidos que hicieron que mi visita a esta ciudad fuera una experiencia fantástica e inolvidable. Granada pasó a ser de una tierra soñada por mí, a una tierra vivida plenamente por mí. Que lo disfruten. |
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