Viajando por el Noroeste argentino: Segunda parada...
10 de Enero de 2006:
Llegamos a Cafayate, provincia de Salta el martes por la tarde, veníamos huyendo de una tormenta que comenzaba a desatarse en Amaicha del Valle (Tucumán), y que finalmente nos alcanzó, nuestra intención era en un principio que el remís/taxi nos dejara en la Oficina de Información Turística, pero viendo lo mal que se presentaba el clima decidimos ir directamente al hostel “El balcón”, que nos habían recomendado. Como estaba repleto, enseguida su encargada hizo una serie de llamados y nos ubicò en una casa de familia que alquilaba habitaciones "San Cayetano", frente al hospital. Un rato después y como al parecer la lluvia había cesado y corría una suave brisa tuvimos la intención de hacer las típicas visitas a las bodegas cercanas a la plaza, pero ya estábamos sobre la hora de cierre (18:00 hs), así que nos conformamos con probar el helado de vino de la Heladerìa Miranda, muy rico y refrescante, luego nos metimos en una tienda ubicada frente a la plaza principal, y nos entretuvimos un buen rato observando los productos típicos que allí se vendían: sweters de llama, vicuña, alpaca, mantas tejidas a mano y telar, ponchos salteños con sus clásicos colores rojo y negro, tapices, vasijas, simpáticos títeres de dedos, souvenirs varios con leyenda del lugar, semillas, dulces, y demás. Los precios muchísimo más caros de los que ví más tarde en Jujuy, incluso en Bolivia volví a verlo todo y más barato aún. Adentro de esa tienda local, nos encontró la tormenta que esta vez se desató con furia, reteniéndonos media hora más dentro del lugar, hasta que tomamos coraje y nos lanzamos a la calle. Afuera diluviaba, parecía que el cielo iba a caerse, las calles se inundaron, perdí una de mis ojotas, había bicicletas flotando y eran llevadas por las corrientes de agua que se armaban en las esquinas, a las corridas y entre tropezones y risas llegamos a la casa. A la mañana siguiente nos tomamos el micro hacia Salta Capital. De Cafayate nos echó la tormenta, nos fuimos algo chinchudas y desilusionadas, pero volveríamos.
11 de Enero de 2006:
Luego de una ruta bastante pintoresca, con muchas curvas, y formas naturales que lograron las distintas erosiones a los largo de los tiempos, y el paso por algunos pueblos, llegamos a Salta, La linda. Es una ciudad enorme, eso nos asustó un poco, pero enseguida los miedos pierden importancia frente a la oportunidad de la aventura. Luego de pasar por la oficina información turística, tomamos un colectivo local, y fuimos directamente al "Hostal Salta", ubicado sobre la conocida calle Balcarce, famosa por sus bares, peñas y restoranes. Estábamos a media cuadra de la Estación de Ferrocarril. Nos registramos, y salimos a almorzar. Era pasado el mediodía, y la ciudad pareìa estar durmiendo la siesta, tomamos unas jarras de limonada y comimos empanadas de carne salteñas, y a decir verdad nos parecieron más ricas las tucumanas. Recorrimos el Centro Cívico, y luego en Teleférico subimos al Cerro San Bernardo, fue ahí cuando pudimos apreciar la extensiòn y belleza de la ciudad, la vista aérea facilitaba ver el trazado de las calles y la gran cantidad de techos de tejas coloradas herencia de la època colonial, y a lo lejos, pueblos y localidades vecinas. Ya en la base del cerro, uno puede detenerse un buen rato a mirar el paisaje desde los miradores, y sacar infinidad de fotos panorámicas. Al bajar visitamos el Museo de Ciencias Naturales, que ofrece espacios recreados con los diversos climas y microclimas, fauna y flora características de cada sector de la región, también hay una amplia colección de mariposas. Regresamos al hostal a la tardecita caminando primero por el Parque San Martín y luego derechito por la Balcarce. A la noche salimos a comer algo liviano con quesillo, y pudimos observar el gran espíritu nocturno que tiene la ciudad, cientos y cientos de jóvenes caminando por la calle que a esas horas se vuelve peatonal, y los restoranes, los bares, y peñas, repletos también, conviven en perfecta armonía, en un bar se escucha rock nacional y en la peña de al lado una banda regional representa canciones folklóricas.
12 de Enero de 2006:
Esa mañana decidimos cruzar parte de la ciudad hacia las zonas periféricas. Hicimos una caminata de un par de horas por las vías del ferrocarril hasta el Mercado Artesanal, nos habían dicho que ese camino era más corto, durante la caminata, ya lejos de las zonas céntricas, pudimos observar mucha pobreza. Fue durante ese trayecto que pisé una piedra y me doblé el pie, el cual dolió y molestó el resto del día. El Mercado Artesanal es bellísimo, funciona dentro de una casona antigüa colonial, con muchísimas habitaciones donde se abren los locales y tiendas de venta de artesanìas y productos regionales, tiene amplias galerías de arcos y columnas, y en el patio interno, un aljibe y tuneras salteñas cuyos frutos parecidos a los higos endulzan esa mañana nuestros paladares. Allí aprovechamos para comprar un rico vinito patero y masitas con dulce de miel de caña, se venden también hermosos tapices, algunos de tamaño mural del artista local Cruz, los más bonitos que vi en el Noroeste, además éstos si son de producción nacional, porque en realidad muchas de las cosas que se venden en la regiòn como autóctonas se traen de Bolivia.
No podíamos irnos de Salta sin pasar por San Lorenzo, localidad que queda a unos 10 kilómetros de la ciudad, cuya quebrada me recordó a ciertos paisajes cordobeses, con un río de aguas cristalinas, que baja de las montañas, y bosques de vegetación exuberante hace que este lugar dé la sensación de estar habitado por duendes y hadas. Aproveché para sumergir mi pie dolorido en el agua que estaba casi helada, y pude ver por debajo millones de piedritas redondas y de múltiples colores. Comenzaba a caer el sol mientras regresàbamos a la ciudad. Una vez allí recorrimos la maravillosa Catedral de Salta y la de San Francisco, cuya torre es la más alta de sudamérica.
Esa noche cenamos empanadas de charchi, son de hebras de carne muy finitas, y muy condimentadas. Y de sobremesa nos tomamos el vinito patero, el hostal estaba lleno de gente copada y además tiene un Bar delante de la parte hotelera, así que decidimos juntarnos allí para tomar unos tragos y escuchar una banda que tocó temas de Virus y otras bandas de rock progresivo.
A la mañana siguiente partíamos para San Salvador de Jujuy, donde nos alcanzaría otra de nuestras amigas para hacer juntas la Quebrada de Humahuaca.
13 de Enero de 2006:
Apenas bajamos del micro en San Salvador de Jujuy nos golpeó el calor y humedad del lugar, para sorpresa de mi ignorancia que creí me encontraría con un paisaje totalmente distinto, algo más árido y parecido al de la Quebrada, la capital jujeña es húmeda en verano, subtropical, con mucha vegetación, rodeada de cerros verdes, de una belleza sencilla y acogedora. Ese día estaba nublado, y corrimos hacia el único hostelin internacional que hay en todo Jujuy. Almorzamos en un restó que quedaba en la esquina, “Viracocha”, comimos pastas y papitas andinas. Luego nos dormimos una siesta, un par de horas más tarde, tomamos un remís/taxi hasta las termas de la localidad de Tres Reyes, ya dentro del remís, seguíamos asombradas por la inmensidad de los cerros, y la pesadez de la selva de montaña. Todo era verde, había algo de bruma, las nubes bajas, el cielo gris.
Nos dimos un baño en el piletón de agua termal, pero salimos en seguida, la pileta estaba llena de gente, el agua parecía oscura, y la verdad para nuestro gusto estaba demasiado caliente, por otro lado era imposible relajarse, ya que en la pileta había cantidad de niños que jugaban y revoleaban pelotas. Nos sentamos un rato en una mesa a comer unos duraznos que habíamos comprado en las calles de la ciudad y tuvieron que traernos una sombrilla porque empezó a llover. Luego nos sacamos unas fotos cerca del río y esperamos el micro para regresar. A nosotras nos faltó tiempo, pero el lugar verdaderamente vale la pena, el paisaje es impagable, y hay un Hotel Spa como una especie de castillo que parece pintado en la montaña. Incluso si uno camina pocos km. más allá del piletón se encuentra con piletas naturales de agua termal.
De vuelta en la ciudad, recorrimos la plaza principal, visitamos la Casa de Gobierno, y la Catedral. Por la noche cenamos en el mismo restorán que al mediodía, pero esta vez Lomo de llama a la cerveza negra y papas fritas con queso, de postre flan de coco. Luego a dormir, estábamos muy cansadas, y por la madrugada llegaría nuestra compañera de viaje con la cual partiríamos muy temprano hacia Purmamarca, donde llegaríamos justo para la Fiesta Anual de los Copleros, la cual convoca mucha gente de las regiones vecinas y turistas de todas partes del país y del mundo.
Continuará… |
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