Hemos dejado atrás la frontera colombiana. Ya pasamos a los cambistas colombianos que con su manojo de billetes moviéndose nos hacen recordar al aleteo de las aves en vuelo. El objetivo de llegar a Venezuela esta cumplido, solo debo llegar a Caracas y ver que es lo que sucede.
El parque automotor ha cambiado notablemente, los autos son de esos grandes que aparecen en las películas del norte, supongo debe ser por lo barato de la gasolina en este país. Llego a migración, la primera impresión es buena, entrar a un lugar donde hay policías y encontrar un cuadro del Che Guevara es algo bastante novedoso. Hago mis tramites necesarios y me voy a almorzar a algún bar, en donde intentare desentrañar si es cierto el mito de que los venezolanos están mejor ahora. Mi mesera me confirma ello, me dice que si bien faltan cosas el gobierno esta ayudando mucho, charlamos un rato. Suficiente para que yo termine mi gaseosa y mis empanadas y vaya para la terminal. Camino a la parada del bus que me llevará, en el camino pasa un automóvil invitando al funeral de algún ex ciudadano, ahora, de Tachira. Es la primera vez que veo que se anuncie esto por altoparlantes a modo de propaganda, es simpático. Claro, no para la gente que perdió su ser querido sino para darse cuenta de las diversas practicas del mundo. Llego a la terminal, que esta a media hora, un poco mas del centro de Tachira, el bus sale en 5 horas y me cuesta 13 dólares. En los alrededores de la terminal no hay nothing, así que con un poco de lana decido hacerme una pulsera que me acompañará a lo largo del viaje, igual me quedan horas por matar, pero lograre sortearlas bien.. bien aburrido.
Luego de esta larga espera, comienza mi camino, es un decir porque a menos de una hora nos detienen para chequear que no llevemos drogas, de mi bolso de mano me hacen abrir todo, por mi pinta seguramente doy el target, pero me parece un despropósito que me chequeen adentro de la quena para ver si llevo algo. Ta bien tengo pinta de... pero tampoco para tanto.. luego de un rato largo emprendemos viaje. El trayecto en micro no tiene mucha diferencia con otros así que no vale la pena que se los cuente, ah.. el micro esta de puta madre.
Ya es temprano y Caracas se nos va presentando, los murales sociales, bolivarianos, hacen su aparición, los carteles combativos tambéen , hay uno en particular con la imagen de Chavez y la bandera de Venezuela que recuerdo, dice así: “somos antiimperialistas por solidaridad con el mundo”. A mi por lo menos me caen bien, ojo no me convencen y mi objetivo de viaje fue venir a ver si el chavismo era una invención de la prensa (como el kirchnerismo en mi país) o realmente se estaban dando cosas piolas.
Llego a la terminal, agarro mi agenda y me pongo a rastrear contactos para ver si puedo alojarme en algún lado porque Venezuela no es algo barato, mi primer contacto me dice que lo llame a eso de las 5 para ver que consiguió, así que decido esperar terminando un cuento infantil que he empezado en Lima para un concurso pero que luego no presentare (aunque lo tengo terminado, si quiere alguien, se lo paso y me critica, ja). Pasada esa hora vuelvo a llamar, pero el celular esta desconectado, mañana lo encontrare pero ahora debo sacar otro de mis contactos que pueda proveerme un techo.
Llamo y por suerte obtengo respuesta, me dará hospedaje un amigo uruguayo en un barrio periférico de Caracas, el manicomio.
Para encontrar a mi hospedero debo llegar al centro, este no se diferencia mucho de otros en capitales latinoamericanas, mucho trabajo informal, cerros con barrios marginales característicos, con sus ladrillos huecos y te diría que arquitectónicamente bastante feo todo. Lo único bueno es el subte, aunque evítenlo en horas pico porque es un caos viajar sin pelearse.
En estos días logro darme cuenta que Venezuela es un país, al menos para mi presupuesto definitivamente caro, solo puede comerse barato en la plaza del centro a un dólar (o sino comprar en los mercal, mercados subsidiados para gente sin recursos o como ultimo caso esperar que haya algún mitin que siempre algo reparte, yo tuve suerte) y tomarse un maltín que definitivamente es la bebida de los dioses (si claro, fría porque caliente la bebida de los dioses es el mate), si bien se nota que la gente tiene necesidades es bastante grato ver que no hay niños trabajando en las calles de Caracas, que en los barrios (como en el que yo vivía) la gente se organiza y se están haciendo diversas obras (cloacas, salas de salud, redes de gas), que hay lugares para hacer deportes en los que los adolescentes pueden canalizar energías sino las canalizan vía el reggaeton que es lo que mas se escucha, que a pesar de estar viviendo en un barrio bastante periférico en ningún momento me sentí en peligro, más allá o a pesar de que no había policías cerca, tomenlo como quieran . El dialogar con la gente me permitió darme cuenta de su calidez y de que apoyan al chavismo porque les esta dando posibilidades que en otra época no tenían, no quiero que se confunda esto con unas loas al chavismo, he hablado con gente pro y anti chavez y puedo sacar varias conclusiones que si quieren un día se las cuento, pero tengo miedo que crean que utilizo el espacio solo para eso.
La semana en Caracas fue aunque no todo lo que hubiese querido, muy productiva. Retirarme me costo pero mi poco dinero no me permitían quedarme mucho mas. Al irme para Colombia me despache con una sorpresa venezolana no muy agradable (que considero un robo) pagar la salida del país me implicó gastar alrededor de 20 dólares, solo para salir. Los pague pero me embronque y mucho (de hecho le dije ladrón al de migración, soy malo eh.. ja) seguí camino en la frontera, pelee el precio y me fui a Santa Marta pensando encontrar una playa del caribe pero me equivoque.
Pero esto ya es de nuevo Colombia así que después les cuento. |
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