El camino que emprendo de Quito a Tulcán, en la frontera con Colombia, tiene algunos inconvenientes: en principio, se nos rompe el embrague en el colectivo que viajamos ni bien salimos y eso implica estar varado dos horas y media hasta que pueda nuestro conductor repararlo. Ya arreglado continuamos, los rumores que leíamos en los matutinos ecuatorianos acerca de los problemas en la frontera por incursiones del ejercito colombiano en suelo ecuatoriano (otra vez las benditas fronteras creadas por el hombre) se confirman cuando vemos varios camiones abarrotados con soldados ecuatorianos que realizan nuestro mismo trayecto. Si bien el paisaje cambiante de verdes logra calmarnos no podemos dejar de imaginarnos cuales serán los “nuevos” requerimientos para pasar hacia Colombia en estos momentos de tensión. Por suerte y como siempre contradiciendo a los medios masivos, la frontera estará mas que calma y sin ninguna “novedad”.
Llegamos a Tulcán, la tarde ha caído y me debato entre cruzar la frontera para alojarme en suelo colombiano o quedarme en el ecuatoriano, una colombiana me recomienda quedarme en Tulcán, en principio porque es mas barato y por otro lado porque no es recomendable viajar de noche por esta zona de Colombia. Somos varios con esta duda, pero la opinión de otra colombiana nos convence de hacerlo, tomamos un taxi y enfilamos hacia la frontera, no hay problemas para pasar, esta todo calmo. Somos un grupo de 4 ecuatorianos, un peruano, una ucraniana que viajan juntos a una convención, la colombiana, Yubi y yo. Nadie tiene problemas excepto la ucraniana a quien le exigen visa en la frontera para ingresar a Colombia. No es de buen colega dejarla sola, puesto que sus compañeros son muy jóvenes y por lo visto bastante ingenuos.
Rápidamente se acercan un grupo de personas que dicen que pueden hacerla pasar, sellándole la entrada al país por otro lado, es decir el non sancto. Por suerte la colombiana la ayudara haciéndoles ver que una compatriota esta con ella, lo que evitará que le cobren una enormidad(aunque desde mi punto de vista pagara una enormidad, u$s 80, por un sello que no tiene mucha validez). Luego de dos horas de tratativas pasaremos, el retardo implicara haber perdido el ultimo bus a bogota (21:30 horas). Dudamos si viajar ya tan entrada la noche a Cali, las dudas del peligro de viajar de noche en Colombia se presentan nuevamente, luego de idas y venidas decidimos que si, aunque pueda ser un viaje adrenalínico.
Peleando el precio lograremos un pasaje a Cali a 13 dólares lo que es buen precio. Subimos y en el bus viajan hasta niños lo que nos tranquiliza un poco. Los controles del ejercito son bastante reiterados, y por lo visto bastante normales, no inquietan a nadie. Se viaja cómodo, es un buen micro aunque la película que nos pusieron sea un embole (King Kong), pero nos permitirá prestar atención a eso y no al camino. El viaje por una de las zonas mas conflictiva de Colombia lo pasaremos sin sobresaltos por este problema social que los aqueja hace tanto aunque no deja de darnos un gran cagazo hasta que nos dormimos o lo suplantamos por el miedo que causa la forma de manejar de los conductores, de noche, con solo dos carriles de ruta y con puras curvas. Pero esto no es mas que un prejuicio hacia los conductores de este bendito país y valdría mas un reconocimiento a su ductilidad o sino el surgimiento de una duda acerca de su sobrehumano desarrollo mental. ¿Por qué? Por que sino no se explica como no chocan, o se comunican telepáticamente con el que viene en una curva en dirección contraria cuando sobrepasan a otro conductor que lleva su mismo camino o hay algo que no me cierra. Si van a Colombia, se van a dar cuenta de que hablo, sobretodo si toman la ruta Popayán –Pasto.
Luego de salir de la zona de curvas, que como conductor racional me dejan mas tranquilo sobre nuestra seguridad, me duermo para despertarme a las siete de la mañana ya estamos en Cali y es el fin del viaje para emprender otro, de Cali a Bogotá, 7 dólares.
Yo continuo camino con la colombiana el otro grupo se va en otro bus que le han dicho que es más confiable (el bolivariano), a nosotros nos lleva el precio en otro transporte.
Mi compañera de viaje se bajara en Armenia donde vive, dejándome su dirección para que la visite (gracia´ a Dio´, porque a la vuelta me será de gran utilidad) yo continuo viaje con un nuevo compañero, bogotano él.
El paisaje de día ahora se nos presenta sobrecogedor y novedoso, definitivamente hemos ingresado a un pais selvático, es hermoso, las montanas cubiertas de verde, los plátanos, las grandes cañas y la eterna conversación que mantienen las nubes con las montanas selváticas que nos arrojan este cielo plomizo aptísimo para tomar un café, claro carezco del mismo Este espectáculo me hace olvidar no solo las curvas en plena lluvia sino también el estallido de mis oídos a medida que vamos subiendo la montaña hasta llegar a “La Línea”, el lugar mas alto de esta ruta andina.
Llego a Bogotá, es de noche. Todos los lugares a los que quiero llegar de día llego de noche, me parece a esta altura que me voy a proponer llegar de noche para llegar de día. Llamo a un amigo reiteradamente pero no logro encontrarlo (mardita sea¡¡) por ello decido pregunta donde queda el centro (me informan que muy lejos, a un bus de 30 minutos), un trabajador del bus me recomienda un hotel que queda donde el se baja, bajamos el lugar es medio una zona roja de Bogotá, le agradezco el haberse molestado y me da pena no tener plata para invitarlo un café que prometo para otra ocasión (lamentablemente no podré cumplir porque no lo vuelvo a ver). Si bien el hotel no es barato para mi bolsillo, 9 dólares, no pienso y no tengo otra opción en mano. Cagado de hambre, me meto en la habitación y por suerte puedo bañarme, hace varios días que no lo hago, porque el hotel de Quito no tenia agua caliente y no daba con fría (al fin y al cabo estoy de viaje y no someteré mi cuerpo a esa represión que Foucault nos marca), puedo mirar tele aceptaré darme una sobredosis de fútbol que hace mucho no veo, esos son los pequeños gustos de pagar un poco más.
Me doy una vuelta por el barrio pero esta todo cerrado y la comida del hotel es muy cara, gracias a dios tengo unas sopas (las de tomate no son muy ricas) pero me permitirán meterme algo en el buche. Me duermo ansiando poder encontrar a mi compañero mañana, por suerte lo lograré y podré frenar en su casa que esta en pleno centro bogotano, conozco lo que se puede conocer aunque me quedarán pendientes el Monserrate, puesto que ni mi compañero ni la oficina de turismo me recomiendan hacerlo en un día de semana. No estaré mucho serán dos días, me perderé la gratuidad de los museos el domingo, pero no me inquieta demasiado, porque me permite ver la realidad colombiana, marchas por secuestrados de los paramilitares que lamentablemente no parecen obtener mucha respuesta de la sociedad (un profesor desaparecido logra movilizar a solo 40 personas), la pobreza, que es igual que en Buenos Aires por lo que se ve y hasta te diría que menos de lo que creí vería (me entra la duda si no los han “borrado”, duda que lamentablemente no podré responder), la riqueza de algunas zonas, camaradería y mujeres muy bonitas y a pesar de su gran fama (ojo no la pongo en duda) la falta de creatividad de los artesanos bogotanos que se encuentran en las plazas.
Tener un conocido en Bogota me ha salvado la vida, puesto que aun teniendo cocina es uno de los lugares más caros para comer y dormir, pero por suerte se deja caminar tranquilo (léase no tengo que gastar plata en transporte) por el centro. Me retiro, mi escasez de dinero me lo pide si quiero llegar a mi destino de viaje: el proceso de cambio social en Venezuela, ¿será verdad o mera prensa chavista? Saco mi boleto de bus que pude pelear en la empresa más barata de 25 a 17 dólares, nada mal. Cúcuta espera, son 20 horas y de noche, pero si ya pase la parte peligrosa esta, va como piña. Y es cierto, ningún inconveniente en el viaje, en Cúcuta tomare un auto particular de esos que funcionan como taxis y son lo mas barato. El cambio es preferible hacerlo del lado venezolano si van a cambiar bastante dinero, igual como la frontera seguro la van a hacer caminando, no jode. El pasaporte lo tendrán que sellar en el centro de la ciudad frontera con Colombia, Tachira y no en la frontera misma, tendrán que caminar como diez o veinte cuadras entonces tendrán para elegir el mejor cambio.
Ah pero esto ya es Venezuela, así que se los cuento, luego. |
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