La comunidad autónoma de Aragón, se compone de tres provincias, Zaragoza, Huesca y Teruel. Zaragoza es la más grande con unos 800.000 habitantes, aquí es donde vivo, Cada vez vienen más extranjeros a compartir con nosotros la ciudad, a trabajar, a vivir.
En 2008 se va a celebrar la Exposición Universal. Esto de momento está dando trabajo y en el futuro proyección en el resto del mundo de la ciudad. Pero traerá también subidas de precios, más saturación, ruido y polución. Algunos ciudadanos están en contra de esta manifestación.
Quiero compartir con vosotros algunas fotos que he hecho últimamente por mi región, no son las que haría un turista, fotografiando sus mejores monumentos, edificios, avenidas, en definitiva lo mas representativo de la ciudad. Es otra cara de la ciudad, otra arista, latiendo con otro corazón, muestran cosas buenas y no tanto. Eso también es mi ciudad. En todos los lugares del mundo existen cosas así.
En Zaragoza, mi patria chica, organizo mis viajes, y siempre regreso aquí. Cuanto más mundo conoces más amas tus orígenes. Más quieres tu “casa”, con sus virtudes y defectos.
la ciudad
Intento reconciliarme con mi ciudad. Últimamente me sentía un extraño en ella, un intruso. Cuando quería saberlo todo sobre ella me distancié. Vagabundeaba por sus calles, las más antiguas, los barrios históricos, esquivando todo lo nuevo, recordando momentos que iba rescatando de mi memoria. La ciudad había sido sitiada por monstruosos núcleos comerciales, por incomunicados y antipáticos con olor a nuevo. Todo obedecía a una práctica irracional y enfermiza de la arquitectura, con una total pérdida de las señas de identidad. Un modelo insustancial enfrentado a la inteligencia, a la felicidad; donde la tristeza contamina la atmósfera.
Comencé a vislumbrar alguna esperanza, ¡qué iluso! Ya no existe el aire limpio y transparente, ya no existe el roce, la complicidad, por no hablar de la amistad y la solidaridad. Sus calles se están convirtiendo en avenidas impracticables y sus habitantes en autómatas que sólo miran al frente. Han prohibido mirar hacia los lados. Me han dicho.
paisaje urbano...
El ulular de una sirena contamina el ambiente. La luz de las farolas se multiplican en mil destellos. Varias prostitutas guardan las esquinas en un cruce, con sus largas piernas enfundadas en unas mallas remendadas. Una pequeña librería que expone su literatura sobre unos bancos de la calle, humaniza un oscuro rincón; cerca, un desposeído se cobija entre unos cartones. Una papelera chorrea un líquido viscoso formando un charco pestilente. La luna llena resbala sobre los tejados alumbrando soledades. Un músico balcánico inspirado por el plenilunio exprime un mugriento acordeón expulsando melodías de bodas y funerales. La helada y fría lluvia va calando poco a poco la ciudad, congelando sus entrañas. El relente de la noche vacía sus calles. Sus habitantes ya no tienen futuro. Pero.., si... si, una suave música se cuela por las rendijas, mientras, los tímidos rayos de un sol recién nacido caldean la atmósfera, disolviendo la bruma, aportando una tibia esperanza. El futuro es posible.
arco iris
Una atmósfera de niebla tóxica, dibujada de agresivos graffitis monocolores en un mundo adverso, hostil. No hay soldado amigo, ni una brizna de aliento, ni crecimiento. Un mundo inferior, insensible, lascivo. Animales en celo, escarabajos negros, hombres amamantando en la orilla del río. Un abstracto arco iris se adivina allá donde el curso de agua se quiebra. Desperezándose sobre las chabolas entre nubes de polvo y truenos. Un destino ignorando de infiernos desconocidos, envuelto en manantiales de angustia y lenguas pérfidas. Pero el espejismo del haz multicolor se adivina exacto, definido en el horizonte, irreverente, descarado. Un halo de esperanza, generando positivas vibraciones en un paisaje sonoro y mestizo. Donde el tiempo calmará el dolor.
me gustaría
Me gustaría vivir en un pueblo colgado de un barranco. Pasearme sobre un puente interminable. Ser un poeta laureado. Ser la protagonista de un “Perro andaluz”. Disfrutar sin límite del primer sueño, del primer beso, de la primera vez. Ser un inconsciente, un cesado. Enamorarme todos los días, frecuentar los lugares prohibidos. A veces ambiguo, otras neutro y siempre ambivalente, irreverente. Oler a tierra mojada. Viajar con los alcatraces. Reírme de mi mismo. Reconocer mis defectos, me gustaría. Volar sobre las dunas, sobre los mares..., como los alcatraces. Pero nunca quedarme quieto. Nunca que mi memoria fuera vencida.
me voy de viaje
La larga espera, el trabajo y el esfuerzo termina por dar sus frutos. Otra vez me voy de viaje, otra vez camino al aeropuerto, ¿cuántas definiciones podría utilizar para referirme a estas pequeñas ciudades? Los sentimientos se entremezclan: Ilusión y euforia cuando te marchas, cansancio y tristeza cuando regresas.
El sueño construido durante meses, cada vez lo ves más cercano. Estoy preparado para dar el salto. En muy poco tiempo me introduzco en la aventura que durará algunas semanas, (aunque planear una aventura es una incongruencia). Los preparativos del viaje han supuesto la primera etapa del mismo, que culminará con el obligado paso burocrático –facturación, pasajes, pasaporte... Una vez ya en el limbo: planta de salidas internacionales, embarcamos. Justo en ese momento se inicia la segunda etapa, el viaje en sí, un cúmulo de ricas experiencias. Volamos por las orillas del cielo, gozoso, no pierdo detalle. Abandonamos la llanura gris que es el aeropuerto. Todavía los sentidos están frescos. Partir es vivir, dijo alguien.
Soy un diminuto ignorante en toda esa inabarcable inmensidad que se muestra ante mí a través de la ventanilla de mi avión. Los pensamientos se suceden rápido, ¡vuelan!, y nunca mejor dicho.
Mi destino puede ser una estresante ciudad latinoamericana, una estepa mongola o un colorístico desierto africano. Cualquiera de ellos se mostrará ante mí con sus mejores galas y en su máximo esplendor. El escritor Peter Matthiessen, afirma, que cuando se visitan determinados lugares: “es un hombre el que sale de viaje y otro el que regresa”. |
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