
LA FLOR EN EL CULO - EPISODIO 2
Gandia | 0 comentarios.
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No entendía que pasaba. Me preparé cinco años para llegar a Barcelona y ahora, al segundo día de haber llegado, la cosa era insostenible. Había que encontrar una salida rápida o la única salida que iba haber era la mía y ni siquiera por un decreto gubernamental de expulsión, sino por decisión propia lo cual era peor si uno se compara con esos inmigrantes que al llegar no tienen nada, y de la nada lo hacen todo. Yo, con mi ordenador portátil, mi cámara digital de mil euros y 15 kilos de sobrepeso de ropa fina comprada en La Florida de Buenos Aires no le encontraba la solución al caso.
Hace algunos años llegué algo tarde a una película de Almodóvar y al asomarme a la sala, el cine andaba a tope, solo con tres o cuatro asientos en la primera fila. No quedaba otra; había que bajar con palomitas y cocacola lo más rápido posible para no incomodar a la gente.
Permiso, permiso, permiso; llego, me siento y la primera imagen que veo es una maravillosa toma aérea de Barcelona; perfectamente cuadriculada y ordenada como para nunca perderse ahí. No sé si fue amor a primera vista o amor a primer techo pues ya me daba vergüenza ajena de solo pensar que a algún cineasta se le ocurra hacer una toma similar de mi ciudad y aparezcamos en Cannes, La Habana u otro festival de renombre, siendo reconocidos esta vez, como el país con la más variopinta muestra de calzoncillos, calzones, enaguas y otras prendas que acostumbramos colgar en cuanta azotea tengamos a la mano. Sin duda iba ser otra condecoración para llevar por todo lo alto junto a la mención de la cucaracha más grande del mundo, inscrita ya en los Guinness, toda ella peruanísima de la antena hasta la sexta patita.
Desde esa vez fijé mi brújula hacia Barcelona y, el destino parece se ponía de acuerdo para llevarme ahí pues no solo empecé a colaborar para programas de TV de allá y revistas, sino que empezaron a llover catalanes en casa y como colofón, el cable nos colocó dentro de su programación al principal canal catalán, como para ir practicando el idioma desde casa. Imposible no animarse a dar el salto, y más si tienes amigos que desde la otra costa dan ánimo a tomar la garrocha.
Había intentado prepararme mentalmente en eso de que inmigrar tiene su parte fea y que se sufre mucho al inicio, pero supongo que estaba igual que aquellas madres primerizas que se leen todos los libros de maternidad, hacen todas las sesiones de ejercicios pre-natales y hasta aprenden a abrir las piernas como para aprobar sin problemas el casting de contorsionismo para el Cirque du Solei; mas cuando llegan al parto, la teoría desaparece. Pues lo mismo me andaba pasando. Estaba en un parto de cuatrillizos y todos queriendo salir de culo a la vez.
No había casa. Estaba en el estudio de un amigo durmiendo en el suelo solo con una frazada y una bolsa de dormir. Lo que iban a ser dos noches, se convirtieron en siete. Lo del trabajo en TV era un plan a largo plazo y no veía cerca una posibilidad de conseguir dinero ya que aun no tenía papeles. Y lo peor es que mis amigos tampoco sabían donde podía conseguir uno.
Así, no había casa, trabajo ni ropa pues mis maletas andaban por Ámsterdam visitando el museo Van Goch, mientras que yo me las ingeniaba para no oler a chivo usando la mismas prendas ya por más de una semana, bajo los treinta grados del verano europeo. Del calzoncillo ni me pregunten que al tercer día se me desintegró.
Pasé unos días muy malos, deprimido; pensando el siguiente paso a dar; en las consecuencias de volver o quedarme; en el gasto inútil de dinero y en como aquella ciudad a la que tanto me había aferrado para llegar, me soltaba un soberano pedo.
Pero como todo pasa por algo, y dándole la razón al nuevo evangelio de Judas, donde afirma que el mismo Jesús le encargó lo delate para que se cumpla la profecía, a costa de quedar para la historia como el malo de la película; solo me quedaba pensar en que Dios aprieta pero no ahorca, en que todo lo que pasaba sucedía por algo y había que darle para adelante. Y vaya que llegó.
Primero en la aerolínea me dijeron que por cada día de no entrega de mis maletas, tenía acceso a cincuenta euros para gastar en utensilios personales. Con eso terminaban mis días uniropales y cerraba el primer problema externo.
Ya viéndome lindo en una ciudad linda, con mis nuevos pantalones tejanos de moda en este verano europeo, bañadito y afeitadito decidí empezar a solucionar lo de adentro. Hay que sacarlo todo afuera / como la primavera / nadie quiere que adentro algo se muera / canta Mercedes Sosa y da la razón. hay que hacerle caso a la gorda, y eso hice.
Me fui a una cibercafé, y tras una catarsis obligatoria con mi mejor amigo, lo cual también fue de suerte, teniendo en cuenta la diferencia horaria y las posibilidades de encontrarnos ese día a esa hora, se conecta Carles, otro amigo español del Messenger, a quien conocía hacía cuatro años aunque solo de fotos y conversaciones por teléfono que, tras oír mi historia me ofreció invitarme a su ciudad y apoyarme en este tema.
Obviamente en este momento se me apareció la Virgen.
Por un lado me generaba una incertidumbre del tamaño de un camello, pero por otro me recordaba mis años mozos cuando le escribí a cuchucientosmil cubanos diciendo que iba a La Habana, si alguien me podía recoger y hospedar; riesguito que me permitió conocer a las personas más maravillosas del mundo, de esas que no tienen nada y te lo dan todo. Así que no había mucho que perder. La virginidad quizá, pero igual que más da si en unos añitos se me viene el examen de próstata por lo que ahora o en siete años daba igual si lo ven con los ojos de la coyuntura del momento.
No la pensé dos veces y acepté la propuesta. Me sabía mal no poder decidir yo solo mi destino y caer nuevamente en eso que me estaba haciendo salir de Barcelona: confiar ciegamente. En fin, era una señal.
Fijamos la fecha de partida para un viernes y conforme se acercaba el día empezaban a mejorar las cosas: llegaron mis maletas, me compré un movil, pude conversar con mi familia y apareció otro amigo que, estando al tanto de mis movimientos, me manifestó que en caso de que me sucediera algo, su casa estaba abierta y que ya veríamos cómo nos acomodábamos.
La cosa empezaba a mejorar, ya había un Plan B.
Claro que no todo puede ser color de rosa. Luego me enteré que no iba a Valencia sino a un pueblo que quedaba a una hora. Eso no me gustó nada. Mi idea sudamericana de lo que es un “pueblo” y eso de estar a una hora de la ciudad grande me gustó menos. Ya me veía con mi vaca llevándola a ordeñar y la duda de la tarde era si abortar el viaje y utilizar el Plan B, o cuál nombre le quedaría mejor a mi futura amiga vacuna: Rosita o Marita. En fin…
Tomé el bus y tras seis horas llegaba a Gandía, el pueblo de Rosita.
Llegué y de pueblo no tenía nada. 70 mil habitantes, cines, Mac Donalds, discotecas y un complejo de playas fantástico. Ay, adiós Rosita.
Ahí me esperaba Carles, al fin nos vimos las caras tras cuatro años y no me podía creer mi suerte. Definitivamente tengo una flor en el culo. Nos fuimos a donde sería mi nuevo hogar previo paso por un barcito muy chulo para cenar algo. De primeras todo el mundo saludando y preguntándome mi nombre. Daniel – les dije- y en un minuto ya era Dani para todos. Vaya que la cosa empezaba a mejorar.
Y siguieron las sorpresas. Me presentan al chico detrás de la barra y me dicen que me voy a quedar a vivir con él. Plop. Me saluda: Hola, soy Javi(Chavi). Toma las llaves y voy en un rato. Plop.
Me dieron una habitación enorme, con cama! Al fin! y el piso andaba totalmente equipado y muy bien diseñado…salita, comedor, baño, cocina, refrigeradora, DVD, VHS, microondas, lavadora e incluso…secadora de platos (aparato que me hicieron saber que existía después de verme lavar los trastes a mano). Como dicen aquí, flipante.
En eso entra Javi, tras ocho horas o más de trabajo, diciendo que anda cansado pero que igual se va de fiesta y que si quiero ir. Por supuesto, dije y no paramos hasta el día siguiente. Que macanudo es Javi. Es el hermano mayor que nunca tuve. Tres discotecas en una noche y yo acabé recomendándole a una gordita que cuando se ponga su banda gástrica yo iría a felicitarla con flores y todo. Dios mío qué estado etílico para calamitoso.
Lo demás es incontable....
Así empieza la aventura en Gandía. A seguir buscándomela.
D.
6/junio/2006 |
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