Y andando por Perú.....
Hay quienes ven solo piedras, montañas o una caída de agua, otros ven un bosque de piedras, una bella durmiente o un velo de la novia. ¿Qué causa esa sensación de placer y gusto al escuchar un sonido, o al percibir un olor o sabor u observar un paisaje? Una vez escuché que nuestro cerebro busca patrones para ordenar un universo caótico. En simple palabras es nuestro sello de la experiencia personal, y varía ante los ojos de los diferentes espectadores que lo observan.
Viajo desde que tengo uso de razón, mi familia lleva el auto de cosas necesarias y partíamos al sur, norte o centro. Pero el interés y la frecuencia de los viajes personales me apareció en mí hace unos 4 años. Aun sigo sorprendida de los lugares que 1´285,000 km2 encierran para mostrarle al mundo lo rico, variado, inexplotable, misterioso y aun asombroso territorio que nos pertenece. Nuestra geografía nos permite gozar de diferentes climas, lo que hace del Perú un país con diversidad cultural y biológica.
La experiencia que un viaje brinda, es más que unas notas o fotos, es esa sensación del sello personal lo que lo hace invalorable. Su gente, su gastronomía, sus atractivos, sus paisajes, su historia, sus costumbres, bailes y sobre todo anécdotas. Podría hablar y hablar sobre lo admirable de los Caminos Inca, el frío cansancio y satisfacción espiritual de divisar desde Inti Punku una de las maravillas de mundo moderno; Machupicchu. Divisarlo desde Huaynapicchu gozando de otro perfil. Cómo explicar esa Energía que tiene la ciudad de Cuzco y la juerga incansable los siete días de la semana, desde que nos abandona el sol hasta que nos abraza con su calor luego de horas de frío; la fuerza de los Chachapoyas reflejado en la Fortaleza de Kuelap, camuflada por las nubes en lo alto de una montaña; la caprichosa naturaleza del bosque de piedras de Huallay, podría decir mucho de Cajamarca, pero la peor borrachera de mi vida me impidió absorber más la belleza de Porcón con su enorme bosque de gigantes pinos, la impresionante y triste realidad de Yanacocha. El Pacifico baña con gran diferencia nuestra costa, sus aguas tibias y trasparentes del norte y arena blanca casi no mucho que envidiar playas de ensueño. Tumbes, Piura, Chiclayo, La Libertad… La sierra de Ancash, el Callejón de Huaylas acompañado en su extensión por imponentes picos blancos, tan blancos y altos, inalcanzables. A un par de cientos de kilometros al sur de Lima: Chincha, el sabor de sus platos y sus danzas que te embrujan y enamoran. Ica, Paracas…. solo cerrar los ojos me quita las palabras de la boca. El misterio de Nazca, aunque sin haberme subido a un aeroplano no deja de impactarme. Arequipa, preciosa ciudad blanca y más blanca con el paisaje gélido en sus cumbres del Misti y el Chachani. La profundidad del Colca, impresionante andenería, y majestuosidad del Cóndor tan cerca de nosotros tan lejos de las aguas del Río Colca que se abre paso por el Cañón. Moquegua con su cerro Baúl y Tacna con su gente calidad y acogedora, tanto como en la provincia de Tarata, un valle que después de varios kilómetros de débil desierto sorprende con una explosión de verde, bajo el nevado Barroso. Pero no existe lugar mas impactante en lo personal que Puno, meseta que te da la ventaja de observar el cielo azul en diferentes tonalidades que se pierden en el horizonte, y un contraste con un azul mas profundo del Lago Titicaca. Al este de lima, a solo pocas horas, la nieve de Ticlio nos da caída libre a nuestra selva central, Chanchamayo por un lado, Huanuco nos abre las puertas para admirar el sueño eterno de la bella durmiente de Tingo Maria. Podría seguir describiendo muchísimos lugares más, lugares en donde el sello personal recoge a través de los ojos del espectador que logra captar de cada lugar que se explora, descubre, goza y se lleva consigo para siempre. |
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