
ESPLENDOR DE VIDA SILVESTRE
Península Valdes | 0 comentarios.
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ESPLENDOR DE VIDA SILVESTRE
Uno de los más inolvidables momentos que se pueden vivir en la península tiene su pico en los meses de septiembre a octubre, cuando gigantescas y tiernas ballenas llegan a estas costas como enigmáticas emisarias de los océanos del mundo; aparentemente están en etapa de recuperación, luego de llegar al borde de su extinción por la cacería indiscriminada de que fueran presa en los siglos XIX y XX. Y por increíble que parezca, los tratados internacionales no logran convencer a países como Noruega, Japón, Islandia y Corea del Sur de detener su caza, la que efectúan en aguas de su territorio y en internacionales. Los recorridos para avistar estos pacíficos cetáceos son cuidadosamente estudiados, ya que tiene que ser la ballena la que se acerque a la embarcación y la que decida el momento de irse. No se debe perseguirlas, sino pareceríamos barcos arponeros e interferiríamos en las actividades que vienen a realizar: sus cortejos amorosos, apareamientos, imponentes saltos acrobáticos y abrumadores nacimientos de ballenatos. Un suceso que me llama la atención acerca de la ballena Franca Austral es que para realizar estas actividades, van cambiando de preferencias dentro de la región, esto se ha notado en las últimas décadas... por ahora este sitio, es su lugar predilecto. Más allá del turismo que se genera en torno a ellas, pienso que es posible despertar la conciencia de todos nosotros, para difundir su protección y también la del ecosistema en que habitan... que también es el nuestro.
Una vez más la inevitable tarea de llenar el tanque de combustible; además ya es hora de limpiar el filtro de aire, hasta barro le encuentro. La fauna de la Península Valdés esperaba por mí, por ello debo revisar mi equipo, la incansable nave, debe mantener sus partes intactas.
Había escuchado que los caminos internos de la península son bastante traicioneros, por eso se los llama “caminos vivos”, es decir que van cambiando su superficie de acuerdo al viento, las lluvias, vehículos y máquinas que pasan. El hecho que se pueda circular diez o veinte metros de camino confiable y sin inconvenientes, no significa que los próximos tramos sean iguales, de repente aparecen piedras grandes, más allá se transforman en un espeso pedregullo, luego cambia a un compacto y estable camino de tierra, pero si te confías no te descuides con el paisaje, porque puedes verte en el piso al enterrarte en medanosas arenas que aparecen de pronto... ¡¿bah?!. En realidad en toda la Patagonia pasa lo mismo, pero por increíble que parezca todos los caminos son diferentes... “todos”.
Tomando Puerto Pirámides como punto de partida, inicié los casi 240 km. de recorrido interno de la Península Valdés; de repente se me cruzan las maras o liebres patagónicas, que en realidad son roedores. Hago mi primera parada en Punta Norte en el extremo norte de la península; bajo de la moto y desciendo por una pasarela de madera que se construyó cerca de la costa, lo que veo son cientos de lobos marinos que desarrollan su ciclo de vida. Graciosamente, unos pequeñines de color negro corren emitiendo un graznido, estas crías no tienen más de tres meses y permanecen junto a sus padres durante el verano, duplicando apenas su peso en un año de lactancia; miro como van introduciéndose y saliendo permanentemente del el mar como parte de sus juegos, aunque seguramente en un mes más, sus instintos de supervivencia deberán agudizarse ya que en marzo las orcas, abundantes en aguas polares, viajan a estas costas para obtener alimento, básicamente aquí son lobos marinos y en su mayoría, las desprevenidas crías. Las orcas, tienen un casi plastificado color negro y blanco, son cetáceos como las ballenas, pero éstas poseen dientes. En los meses de febrero a abril y de octubre a noviembre, vienen a la península prefiriendo Punta Norte, Caleta Valdés y el Golfo San José. Como si fueran rápidas máquinas acuáticas, utilizan su poderosa aleta caudal para impulsarse y alcanzar su presa, es impresionante ver como sobresale su gran aleta dorsal de más de dos metros (en los machos), de la superficie del mar cuando nadan en grupos, y cuando se lanzan a la cacería. Su alimento fuera de estas costas suele ser tortugas de mar, tiburones y se las ha visto atacar en grupos a ballenas que superan varias veces su tamaño, por estas conductas tienen el erróneo apodo de “ballenas asesinas”.
Mientras acomodo las cosas en la moto para continuar recorriendo la península, me parece ver un veloz animalito que corre cerca de mí y se esconde en un agujero entre los médanos; se trata un piche o mulita, es como un pequeño quirquincho; me hice amigo cuando le ofrecí unas nueces; el piche disimuló un poco su timidez y las aceptó pidiéndome un par de veces más, hasta accedió a que le tomara unas fotografías.
Continúo ahora hacia el sur por la 47, con destino a la Elefantería Caleta Valdés Sur. Sin tener que viajar a remotas islas, tengo la posibilidad de observar el único apostadero continental del grisáceo elefante marino que llega a la paradisíaca península entre agosto y marzo; los machos forman harenes. Esta especie, elige este lugar para su reproducción y para mudar su piel.
FOTOGRAFÍAS: JUAN PALADINO & SILVIA ACEVEDO
TEXTO: JUAN PALADINO
ASOCIACIÓN PATRIMONIOS
www.patrimoniosur.org
juanpaladino@patrimoniosur.org |
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