
PAMPAS MUERTAS Y DRAGONES
Desierto de Atacama | 0 comentarios.
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Siempre conviene conocer además de las rutas que vamos a tomar, las características del clima de la zona. Solo me quedaban 90 kms. desde Calama hasta San Pedro de Atacama. Era de noche y no sabía del invierno altiplánico, pero antes crucé una zona que también me llamó la atención su nombre.
PAMPA DEL INDIO MUERTO
No es demasiado tarde, todavía quedan varias horas de luz, y los poblados cada vez se hacen más distantes e inhóspitos. Vuelvo a ingresar a la ciudad para reponer algunas películas fotográficas antes de despedirme de Antofagasta; luego de ello regreso al desierto.
Avanzo rumbo Norte junto a la línea del ferrocarril cuyo destino final terminaba en Bolivia pero ahora voy pasando por fantasmagóricas estaciones abandonadas. Junto a la Estación Latorre me detengo unos momentos frente a una señal. Aquí el Sol cae en forma perpendicular al horizonte el 21 de diciembre de cada año. Esta línea delimita el hemisferio sur del planeta, por lo que me hallo cruzando el Trópico de Capricornio.
En el andar sobre el camino puedo palpar la nostálgica historia de lo que fueran importantes salitreras de Chile. Sus referencias se relatan en visibles carteles a un costado de la ruta que me llevan a imaginar largas hileras de hombres con sus mulas transportando el mineral. Pero ahora sólo se pueden observar poblados desmantelados y cementerios, algunos parcialmente cubiertos de arena.
La zona se presenta completamente desolada y no resisto la tentación de indagar en uno de estos ex poblados. Detengo mi moto y camino entre sus solitarias calles a través de solitarias y centenarias ruinas.
Antes de continuar, y para saber mi ubicación exacta, abro el mapa sobre el tanque de combustible. La zona dice: Pampa del Indio Muerto... ¡vaya nombre! pensé. Continúo mi camino durante un espléndido atardecer hasta Calama. Al llegar, ya de noche, una leve llovizna comienza a caer. Me ronda la idea de hacer noche en aquel lugar. Sin embargo me coloco el pantalón para lluvia y desaparezco en la oscuridad del camino. Poco más de 90 Km. me separan de San Pedro de Atacama.
ENFRENTANDO A UN DRAGÓN
La oscuridad de la carretera se vuelve cada vez más espesa y la lluvia más intensa. No sé exactamente qué motivó a San Jorge, caballero que vivió a finales del Imperio Romano, a enfrentar a un Dragón, ya que la bestia ya había matado a varios cruzados. Pero San Jorge fue en su búsqueda de todas maneras. Sin embargo, él sabía a lo que se enfrentaba... yo no. Fue allí que reflexioné y pensé que debí haberme quedado en el pueblo anterior.
En pocos kilómetros la lluvia se transforma en tormenta, y una espesa niebla limita mi visión a solo unos metros delante de la moto. Recordemos que una moto solo se apoya en dos puntos sobre su andar, por lo que el suelo mojado suma inconvenientes. El Dragón al que me enfrento es un fenómeno natural llamado invierno altiplánico. Maldiciendo pienso que debí informarme antes sobre este suceso, sobre todo porque en mi travesía en enero y febrero, se desata con mayor fuerza. Claro que de eso me enteraría más tarde. Para colmo de males el camino es una cuesta en subida. A mis lados no hay banquinas, sino un profundo precipicio. No puedo creerlo!. Luego de interminables horas de andar casi a ciegas tomo una curva y aparezco en una angosta calle iluminada con una luz tenue, entre desgastadas paredes de adobe.
¡Este oscuro poblado es una villa sin importancia! pienso. Sin embargo estoy en San Pedro de Atacama. Sus calles de tierra se han transformado en ríos de lodo y mi moto se ve como un vehículo de guerra. Son más de las once de la noche y los hostales están en su mayoría cerrados. No hay rincón del poblado que esté libre de agua. La lluvia es interminable. Una hora pasó hasta que logro conseguir donde ubicarme. Una señora, que primero me niega el acceso, finalmente me dice que pase. Ubico la moto dentro de un pasillo justo en la puerta de una habitación sólo para mí. Como una flama interior, una extraña sensación me corre por dentro. Mientras desensillo mi caballo de metal estoy feliz, no por la cálida cama que me espera, sino por haberme visto frente a un Dragón sin saberlo y conocer más de mi. Me doy cuenta que salió todo bien... ¿la próxima?, seguramente también.
Fotografías y texto: JUAN PALADINO
www.patrimoniosur.org
juanpaladino@patrimoniosur.org |
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