
POR LA TIERRA DE LOS GUANCHES
Tenerife | 0 comentarios.
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Todas las buenas expectativas que tenía antes del viaje, fueron completamente rebasadas por lo que me encontré al llegar. No es que me hubiese creado una idea concreta de cómo sería, pero es que uno siempre se lee guías, busca en Internet... Claro, estar en el lugar ya es otra historia.
Tenerife me pareció sorprendente. Un sitio en donde encuentras todos los ambientes: el de isla, con playas y demás; el de ciudad, con tiendas, tráfico y vida nocturna; el de montaña, con el imponente volcán El Teide (que se cubre de nieve a partir de otoño); el cultural, con muchos museos, plazas y fiestas populares; el entretenido, con parques temáticos, zoológicos, etc; y tantos más que se van descubriendo al recorrer la isla.
Mi amiga Maribel tenía tiempo invitándome a ir para allá, así que, al salir de vacaciones, Tenerife era mi destino.
No entiendo las vacaciones como un descanso, sino como la oportunidad de explorar cosas extra-ordinarias. Por eso desde que puse un pie en Tenerife no paré un solo día. Gracias también a que Maribel me armó un itinerario bien fino para conocer lo mejor de la isla, día por día.
Mi estancia transcurrió entre Icod de los Vinos (donde viven sus padres) y La Laguna, donde está la universidad y un ambiente buenísimo. Ella vive ahí en un “piso” de estudiantes, aunque ya se graduó.
¿Saben la lista de sitios emblemáticos a conocer que mucha gente hace? Pues la mía se quedó corta.
Llegué al aeropuerto de Tenerife Sur (Reina Sofía) vía Madrid, procedente de Caracas, con varios regalos comestibles para mi amiga, entre ellos uno que llamó la atención de la policía de aduana: tres plátanos venezolanos, que al final pasaron sin problemas y fueron a parar, asados, al estómago de Maribel.
Los padres de Maribel me buscaron en el aeropuerto. El sur de la isla es árido, con extraña flora, pero bonito. Mucho calor. Tenerife es conocida también por sus microclimas. Del sur al norte, la temperatura cambia drásticamente. El norte es fresco y húmedo.
Tenía tiempo que no veía a Maribel, así que tuvimos mucho de qué hablar. Aunque no podría acompañarme a todos los sitios por cuestiones de trabajo, cuadró con sus amigas para que me pasearan. Nos fuimos a su “piso” de La Laguna.
LA LAGUNA
San Cristóbal de La Laguna fue declarada por la UNESCO como “Bien Cultural Patrimonio de la Humanidad” en diciembre de 1999, y sí que lo es. Fue la primera población moderna que se estableció en Tenerife cuando se produjo su anexión a la corona de Castilla, en el siglo XV, por eso hay mucho que ver.
Actualmente es la ciudad de los estudiantes, ahí está la Universidad de La Laguna, desperdigada en varias sedes por toda la zona. El ambiente es buenísimo, relajado y las facultades son amplias y modernas.
Lo más interesante de La Laguna es su casco histórico. Lo primero es llegar a un punto de información turística y pedir un mapa porque si no te pierdes, todas las cuadras son iguales. Con el mapa te guías por todos los monumentos, sobre todo imponentes casas del siglo XVI, muy bien conservadas, como la del Corregidor, la del Padre Anchieta y muchas otras. Están también el Mercado Municipal, que tiene de todo: frutas, flores, dulces, panes, carnes, pescados, etc; el Ayuntamiento, la Plaza del Adelantado, la Ermita de San Miguel, el casino, que es una mansión espectacular; la iglesia de La Concepción, que fue la primera parroquia fundada en la isla en 1496; la Plaza del Cristo de La Laguna... Por ahí queda también el Museo de Historia de Tenerife (Casa de Lercaro), vale la pena entrar y si tienes el bonobús de TITSA (los autobuses o “guaguas” de Tenerife) la entrada te sale a mitad de precio: 1,50 euros. Este sistema se aplica en todos los museos de la isla.
El museo, ya sólo por su sede es llamativo, la casa es un reflejo de la vida que llevaban los ricos de esa época: pisos hechos con troncos de árbol pulidos, lámparas con cristales, jardines internos con balcones de madera... La exhibición es muy buena también (si te interesa conocer resumidamente las diferentes etapas por las que atravesó la isla).
Ya fuera del casco histórico, pueden ir también al Museo de la Ciencia y el Cosmos, un edificio ultramoderno con terraza panorámica y muchos experimentos interactivos, demasiados, salí mareada...
Me llama la atención saber qué come la gente local y ver los productos raros que no conozco y si se puede comprarlos para probar, jeje... Si quieren ir a un supermercado vayan para Al Campo, que está en un centro comercial, es gigante de verdad y se consigue de todo, te puedes tardar fácil unas dos horas curioseando.
Falta contar una cosa importante de La Laguna: la “marcha”. Dicen que es la mejor de la isla, porque es una ciudad universitaria. Ahí, la vida nocturna se desarrolla en el “cuadrilátero”, unas calles llenas de bares en donde se reúne la gente casi todas las noches. Hay de todo: discotecas, clubes de salsa y merengue (les gusta mucho a los canarios), electrónica y locales más rock, como El Buho, en donde hay toques en vivo. Mucha gente simplemente se trae sus bebidas y se sientan en las aceras a tomar en las calles, que a las tres, cuatro de la mañana siguen súper animadas.
Para ir a la playa, Taganana está muy chévere. Desde ahí se ven los Roques de Anaga, enormes piedras emergentes del mar. Camino a esa zona está el mirador Pico del Inglés, hay que detenerse y ver toda La Laguna, pero sobre todo el volcán El Teide: bellísimo... Llegamos a la playa de Benijo y yo emocionada porque me iba a bañar en una playa de ¡arena negra! Maribel y Coro se reían. Casi todas las playas de Tenerife son así, con arena volcánica.
SANTA CRUZ, LA CAPITAL
Al llegar a Santa Cruz lo primero que vi fue el Auditorio de Tenerife, una estructura que parece una ola, toda blanca, del arquitecto Santiago Calatrava. Ahí se presentan espectáculos de todo tipo.
Santa Cruz es una ciudad portuaria, desde allí sale el Fred Olsen, un ferry enorme con el que puedes visitar otras islas del archipiélago canario. También llegan muchos cruceros y la ciudad se llena de “guiris”, palabra que usan los locales para referirse a los turistas y viajeros.
A Santa Cruz se va más que todo para comprar, en un recorrido que empieza desde la Plaza de España y el Monumento a los Caídos (de la Guerra Civil Española) y continúa por la famosa Calle del Castillo, en donde se encuentran tiendas de todo tipo y precios muy buenos. Es recomendable llevar zapatos cómodos porque provoca caminar, por bonitas plazas y parques como el García Sanabria. También está la conocida tienda por departamentos: El Corte Inglés, que tiene una panadería en donde se pueden probar dulces como los lacitos de miel y las truchas.
Hay muchos sitios económicos para comer el plato típico de la isla: papas arrugadas con pescado y mojos canarios. Me gustó mucho un lugar llamado La Boheme, ahí sirven crepes dulces y saladas; y la heladería o “gelatería” La Romana, con sus helados artesanales... ummm
Una visita chévere es al Museo de la Naturaleza y el Hombre, de verdad el más completo en cuanto al origen de la isla y sus pobladores, con una gran colección de objetos guanches, habitantes autóctonos de la isla, extinguidos por la colonización española. Eran un grupo étnico sin igual. Entre las cosas interesantes de los guanches está su alimento básico: el gofio, una harina hecha de trigo y millo (maíz) tostados, que se sigue consumiendo de varias maneras hoy en día, como por ejemplo para preparar mous de gofio y helado de gofio...¡bestial!
No hay que olvidar la playa más popular de Santa Cruz: Las Teresitas, creada hace más de 30 años y rellenada con arena dorada traída del desierto del Sahara. No tiene olas, es muy serena y está dotada con todos los servicios: duchas, baños, alquiler de sillas y sombrillas, kioskos de comida, etc.
LA OROTAVA
Fui a La Orotava con Blanca, una amiga de Maribel, psicóloga, pero con más potencial para ser guía turística, jeje. Después de tomarnos un “cortado” (así le dicen al café con leche que se sirve en pequeños vasos de vidrio) nos adentramos en esa Villa Monumental. La Orotava fue y es una zona muy rica y que preserva casi intacto su centro histórico. Paseando por sus calles empedradas puedes ver que es un sitio privilegiado al poner atención en los detalles arquitectónicos de las casas y sitios históricos. También mirando los típicos balcones canarios, hechos de madera.
En la C/San Agustín 6 está el Liceo de Taoro, no, no es un colegio como pensé, es un lugar en el que se hacen diversos actos culturales y exposiciones de arte. La casa es una mansión donde destacan sus impresionantes jardines, parecen de cuento.
Otros sitios para detenerse a ver: el Palacio Municipal (por dentro es como un museo), el Panteón de la Quinta Roja con los Jardines del Marquesado o Jardines Victoria y sus 11.600 m2 de ornamentación, senderos, plazoletas, fuentes... Por la C/Tomás Pérez está la Hijuela del Jardín Botánico, para tener una pequeña idea de la flora autóctona de la isla.
Hay muchas iglesias en La Orotava, recuerdo la de San Agustín y sobre todo la de La Concepción, el ejemplo más importante del arte barroco en Canarias. Una visita obligada es a La Casa de los Balcones, una construcción del siglo XVII, ahora una tienda-museo muy peculiar. Ahí se elabora y se vende artesanía típica canaria, como por ejemplo, manteles bordados a mano. En el patio interior comienza la visita al museo como tal, que se extiende hasta el segundo piso. Ahí se puede ver cómo vivían los dueños de esta señorial casa. Las habitaciones recrean la vida cotidiana propia de la época y las columnas y balcones de madera muestran detalles esculpidos.
Frente a La Casa de los Balcones está la Casa del Turista, una tienda de souvenirs en la que también se exhiben algunas cosas como pinturas con motivos religiosos realizadas en el suelo con arenilla de piedras volcánicas de varios colores, extraordinarias.
El último sitio que visité en La Orotava fue el Parque Temático Pueblo Chico, en el que se recrean los monumentos, construcciones y sitios naturales más emblemáticos de Canarias, pero... ¡en miniatura! Como dice el folleto: “un pequeño gran homenaje a las Islas Canarias”.
Las maquetas de Pueblo chico están tan bien hechas que si le tomas una foto a algún sitio todos creerán que es el original... al menos que tú salgas en la foto, claro. Al entrar al parque te recibe el paisaje lunar de Granadilla, por cierto, la entrada cuesta 12 euros. Lo último que estaban montando era el volcán El Teide.
¡PUERTO DE LA CRUZ!
¡Este sitio me encantó! Ok... es demasiado turístico, mucha gente todo el tiempo, miles de tiendas de sovenirs, más hoteles que cualquier otra cosa, restaurantes con cualquier comida que se te ocurra, playas... Pero ¿qué querían? ¡Si es un puerto! Hay movimiento siempre.
Para tener una visión general del “puerto” (como le dicen los tinerfeños) hay que caminar por la Plaza del Charco, la de Europa y ver las estrechas calles adoquinadas, entrar en las tiendas de souvenirs (la mayoría objetos con motivos de loros y cambures), comerse un helado, asomarse por las rocas de la parte costera, pasar por las Iglesias, el Muelle Pesquero... Es bueno agarrar todos los folletos que consigas en las agencias de turismo sobre los mejores sitios para visitar en la isla. Los colocan en las calles, para que la gente los tome sin sentir compromiso. ¿Cuál es el sitio más publicitado? LORO PARQUE, el “must” de Canarias. Este parque tiene en el centro del Puerto de la Cruz una parada para montarse gratuitamente en un trencito amarillo que te lleva hasta sus instalaciones.
Sí, la entrada es cara: 24 euros y todo lo que venden adentro también, pero lo vale. LORO PARQUE tiene la colección de papagayos más grande del mundo. Es un zoológico de verdad impresionante: con pingüinos, un show de delfines, otro de leones marinos y hasta uno con loros; un acuario, gorilas, tigres, panteras, un orquidario, un mercado africano, aligatores... en total, 28 zonas para recorrer, así que te puedes echar con gusto todo el día ahí. Recomendación: lleva tu comida y siéntate por ahí (todo el mundo lo hace) porque adentro todo es caro.
Las playas del Puerto de la Cruz son de arena negra, la más popular: Playa Jardín, pero mucha gente prefiere bañarse en el Lago Martiánez, un complejo de piscinas con un gran lago artificial y agua del mar. Se pagan 3,30 euros por todo el día con derecho a una “tumbona”. Es un sitio obra del artista canario César Manrique, ubicado al borde de la costa. Desde ahí se pueden tener magníficas vistas de El Teide y claro, del mar.
A juro hay que visitar el Jardín Botánico, en la C/Retama, es una belleza de 20.000 m2 que data de 1788. Además de exponer las especies originarias de la isla, tienen otras notables muestras de todo el mundo. Me impactó la Higuera de Lord Howe (ficus macrophylla ssp. Columnaris), Santas Noches (brugmansia mollis)... En realidad sólo con observar lo local te impresionas porque las especies canarias son bastante extrañas. Al final del recorrido, subiendo unas escaleras, está el estanque de plantas acuáticas, con tortugas y nenúfares.
Saliendo del Puerto de la Cruz puedes detenerte en algún mirador. Tenerife es tierra de miradores, para observar el mar y las innumerables plantaciones de cambures o bananas, que los canarios conocen como “plátanos”.
EL TEIDE
Nunca había estado cerca de un volcán, así que ¡la emoción era grande! El Teide se ve desde casi cualquier punto de la isla de Tenerife, así como también en días despejados desde su pico se ven las otras seis islas del archipiélago canario, las “islas afortunadas”.
Una vez dentro del Parque Nacional del Teide, se atraviesa un hermoso bosque por una carretera muy buena pero con muchas curvas (como casi todas en Tenerife) y se ven sitios como La Piedra de la Rosa: una enorme roca esculpida por las erupciones volcánicas con forma de rosa. La tierra tiene un color anaranjado y rojizo en unas partes y marrón-negruzco en otras. Todo se magnifica una vez que sales del bosque y entras en lo que se llama: Las Cañadas del Teide. Es un paisaje difícil de describir (se parece a las fotos de paisajes lunares), es como un desierto con montañas formadas por pequeñas piedritas de unos colores que van desde el amarillo ocre al naranja; con poca y extraña vegetación. El clima es fresco en verano, en invierno cae nieve. ¡El paisaje más extraño que he visto hasta ahora!
El pico del volcán El Teide es el más alto de España, con 3718 metros sobre el nivel del mar. Su majestuosidad es imponente, es como el dueño de la isla, ubicado en todo su centro. Yo llegué hasta la estación del Teleférico, no pude subir a la base de la cima del pico porque había mal tiempo ese día y cuando es así paran de operar. Es bueno llamar por teléfono antes de ir para asegurarte de hacer el ascenso, que cuesta 22 euros (922694038 o www.teleferico-teide.com). En 8 minutos se llega y dicen que la vista desde arriba es espectacular... lo creo completamente.
También se puede acceder a pie desde la estación superior del Teleférico al cráter del Teide, eso sí, con una autorización (gratuita) que se saca en la Dirección del Parque Nacional del Teide, que tiene sus oficinas en Santa Cruz.
Bueno, me quedó esa materia pendiente. Una excusa para volver a Tenerife, además de conocer las seis islas restantes del archipiélago canario.
MASCA
Fui a Masca de casualidad, porque una tía de mi amiga Maribel tiene una casa allí y era la fiesta del pueblo (2 de octubre), así que ¿por qué no? ¡Hermoso! Aquí puedes ver cómo vive la parte rural de la isla. Hay que llevar botas de montaña, porque hay muchas subidas y bajadas fuertes.
¡Masca es un sitio increíble! Está metido entre unas montañas o riscos de piedra gigantes, que dan vértigo. Se pueden hacer caminatas por el Barranco de Masca y llegar hasta la playa.
En el pueblo de Masca hay unas cuantas casitas, tiendas de souvenirs y el Restaurante La Fuente, con su terraza panorámica y comida típica de la zona. Sus famosas limonadas: cactus, limón y papaya – naranja. Pero lo que mas llama la atención son los postres caseros, lean esto: yogur de leche de cabra con miel de palma, o si no, helado de cactus (¡es de color fucsia!) con yogur de leche de cabra y miel de palmera. Sabrosos los dos.
ICOD DE LOS VINOS
Es una de las ciudades más antiguas de Tenerife, desde aquí se tienen las mejores vistas de El Teide...si las nubes lo permiten. Pero lo más famoso de Icod es el drago, un árbol autóctono de las islas. Hay muchos a lo largo y ancho de Tenerife, pero el de Icod de los Vinos es “el drago milenario”. Nadie sabe su edad exacta, pero parece que siempre ha estado ahí, cerca de la Plaza de Andrés de Cáceres. Ahí está un parque a su alrededor, si quieres entrar pagas 4 euros, yo lo vi desde afuera muy bien, la verdad es que ese árbol deja a todo el mundo boquiabierto.
Toda esa zona está llena de bodegas, como La Casa del Drago o El Buchito, donde puedes degustar todos los productos antes de comprarlos: quesos, mojos canarios y sobre todo vinos y otros licores. Compré un licor de crema de “plátano” (cambur) muy bueno y el famoso vino de Malvasía, el originario de las islas, dorado y dulce. No sé mucho de vinos, pero este (Viñátigo) ha ganado muchas medallas internacionales y tiene “denominación de origen”.
En el centro de Icod se pueden visitar: el Ayuntamiento, la Plaza de Andrés de Cáceres en donde está la iglesia de San Marcos, de estilo renacentista, también el convento de San Agustín.
La playa de Icod se llama San Marcos, es angosta y de arena negra, tiene muchos restaurantes cerca, por lo que va gente ahí.
UNA CORTA VISITA
Fui a la Estación de Guaguas de Icod de los Vinos para agarrar el autobús de la línea 392 e ir al pueblo de El Tanque.
Viajar en las verdes guaguas por Tenerife es buenísimo y cómodo. Se puede ir a todos lados, es sencillo informarte de las rutas pidiendo el folleto (gratis) en cualquier estación; y comprando el bonobús (hay de 12 y 30 euros), todas las rutas te salen a mitad de precio y menos. Lo único, es que las rutas funcionan por horarios, tienes que mirar tu destino en el folleto para llegar a la parada o a la estación central a tiempo y así no estropear tu itinerario del día ni fastidiarte esperando.
Ajá, El Tanque, según el papá de Maribel, el mejor pueblo de Tenerife... claro, él es de ahí, jaja. Lo cierto es que fui para montarme en un camello. Sí, si me he montado en burro y en caballo, no hay opción, ¡tenía que probar el camello!
En El Tanque está Camello Center, un parque en donde la gente puede hacer paseos montada en camellos. El paseo cuesta 8 euros y dura unos 20 minutos. Se hace por grupos grandes, tipo caravana y cada camello lleva dos personas, una de cada lado. Lo más divertido es cuando uno se sienta en la silla, con el camello sentado también y éste se levanta (o al sentarse para que te bajes), parece como si te fueras a caer, pero no. ¡Ah! También que te puedes colocar la vestimenta del desierto (bata azul y turbante en la cabeza) para sentirte como un expedicionario del Sahara. El paseo se hace por una ruta recreada como un desierto, con partes planas, subidas y bajadas; donde hay otros animales en la vía: dromedarios, llamas, cabras y ponys. Todo el mundo va en la caravana muerto de la risa... hasta los camellos. Son lindos.
Al inicio te hacen una foto montado en el camello, que si quieres la puedes comprar cuando finalice el recorrido: 3 euros. Para los turistas todo es más caro, por ejemplo, las entradas a los parques como Pueblo Chico o LORO PARQUE cuestan casi el doble para los extranjeros.
En Camello Center hay tienda de souvenirs y restaurante con comida típica, además te regalan un carnet muy particular: Permiso de Conducir Camellos y Dromedarios... en broma claro, que es “válido para conducir también Llamas en Perú, Elefantes en la India y Canguros en Australia”.
BUENAVISTA, LOS SILOS Y GARACHICO
Me hicieron un tour por estos tres sitios ubicados al noroeste de la isla. Primero fuimos a Buenavista, un pueblo muy bonito que tiene como atracción una famosa y tradicional pastelería (no me acuerdo el nombre) en donde puedes probar los dulces típicos, como las rosquetas canarias. Seguimos hacia Los Silos, ahí destaco la Playa del Puertito y la de La Caleta, bonitas y buenas para nadar.
Por último, Maribel me llevó a Garachico, una ciudad histórica que escapó a la furia de la erupción del volcán El Teide en 1706. Tiene muchos edificios antiguos, como el Castillo de San Miguel, que a la vez es un museo que explica la historia del lugar y te da acceso a la terraza, desde donde puedes observar todo el lugar: gente bañándose en las piscinas naturales formadas en las rocas por la lava volcánica y surtidas con el agua del mar; y el misterioso Roque de Garachico, una enorme roca situada al frente de la costa, en el mar.
El día que estuvimos era domingo 9 de octubre, día de Hermanamiento de la Virgen de Guía de Isora con la de Garachico, por lo que el sitio estaba full de gente, venida desde diferentes puntos de la isla. La gente en Tenerife es muy amable y tienen un acento cantarín y muy diferente a los de la “península” como dicen ellos, a los de España (no pronuncian las zetas y las ces). Incluso muchos no se consideran españoles sino canarios, guanches.
Garachico tiene muchísimos restaurantes, bares y tiendas de souvenirs, pero sobre todo, una bonita arquitectura, que provoca caminarlo.
CANDELARIA
La mamá de Maribel dice que el que viene a Tenerife y no visita Candelaria, es como si no hubiese estado. Y es porque aquí está la Basílica de la Candelaria, la Virgen patrona de Tenerife. Esta impresionante iglesia está enmarcada por una enorme plaza, que en su parte lateral da hacia el mar, custodiada por una hilera de estatuas representativas de los más importantes jefes guanches.
Pareciera que Candelaria gira en torno al culto religioso hacia la Virgen Nuestra Señora de la Candelaria. Es un famoso lugar de peregrinaje, cada año, el 14 y 15 de agosto, miles de peregrinos se congregan aquí. En los alrededores hay muchas tiendas para comprar objetos con motivos religiosos y un montón de restaurantes, bares y cafés.
En las noches la gente sale a Las Caletillas, una zona más o menos residencial, en la que hacia la parte costera hay muchos sitios de comida para sentarse a recibir la brisa marina.
¿PIRÁMIDES EN TENERIFE?
Thor Heyerdahl (¡qué tipo!) fue el primer científico que reconoció la importancia cultural de las seis pirámides de Chacona, ubicadas en el Valle de Guímar, al este de la isla, después de obtener información de los pobladores locales. Luego de investigar bastante llegó a la conclusión de que estas pirámides escalonadas, similares a las de Egipto, México y Perú, probablemente tenían que ver entre sí como resultado de la navegación primitiva y las famosas expediciones: Kon-Tiki, Ra Ra II, Tigris, Uru y Mata-Rangi; barcos de juncos que cruzaron más de 3.000 millas en los océanos.
El Parque Etnográfico Pirámides de Guímar surgió cuando en 1990 el armador noruego Fred Olsen, amigo de Heyerdahl, le ofreció financiar un parque cultural y una fundación (FERCO) para así salvar de la destrucción a las pirámides.
Confieso que no estaba segura de ir, porque ni Maribel ni sus amigos conocían el sitio, o sea que no tenía referencias. Pero pudo más mi curiosidad, ¡nunca había visto pirámides en vivo y directo!
La entrada cuesta 10 euros y te dan un mapa en la recepción para que recorras todas las áreas. El día que fui no había mucha gente, las multitudes no dejan ver bien. La visita comienza en el Patio del Drago, en donde está el Estanque de Papiro. Luego está el Museo Casa Chacona, para entender mejor de dónde pudieron haber salido estas pirámides (construcción, orientación astronómica, etc) y los paralelismos culturales que existen entre ambos lados del atlántico.
Hay una terraza panorámica para observar todas las pirámides y un auditorio, en el que proyectan un documental de 15 minutos sobre las diferentes pirámides escalonadas en el mundo y fragmentos de documentales de Heyerdahl. Después se puede recorrer el sitio por las caminerías establecidas para ver otras perspectivas de las pirámides. Lo chimbo es que está prohibido subirlas. Está también la Carpa de Navegación Primitiva, con reproducciones de embarcaciones, la Carpa de Exposiciones Temporales y la Zona de Ocio: con cafetería y tienda de souvenirs.
EL GRAN SUR
Mi bajada al sur (en el que pasaría viernes, sábado y domingo) comenzó con la visita a la Punta de Teno, un paraje natural con restos de roca volcánica y en donde los vientos soplan a placer. Es tan fuerte el viento que no se puede caminar sin luchar contra él. Debe ser por eso que allí no vive nadie, esa condición ventosa lo hace ser un lugar inhóspito.
Ir a Teno es disfrutar tanto el sitio como también el camino que te lleva ahí. En esa vía hay molinos de viento blanquísimos y una carretera que está prácticamente inmersa en la roca, tanto que en ciertos puntos crees que te caerá encima, sobre todo al pasar por el túnel, que está dentro de la roca, sin ningún refuerzo de cemento, concreto o lo que sea. Hay un letrero de precaución en la vía: el que va a Teno es a su riesgo.
En la Punta de Teno hay un faro y desde ahí se divisa el Acantilado de Los Gigantes. A lo lejos se ve el sur de Tenerife.
Próxima parada: el Puerto de Santiago, más conocido por el cercano Acantilado de Los Gigantes. Aquí hay una gran bahía y un puerto deportivo con yates y barquitos. La sensación que da es de una ciudad vacacional permanente, todos andan en bermudas y sandalias y la mayoría de las construcciones son apartamentos de playa, full de extranjeros, con cierto aire de lujo.
El Acantilado de Los Gigantes, con unos 600m de altura abrupta enmarca esta zona, desde donde las operadoras turísticas ofrecen paseos en barco para ver delfines y ballenas.
Cerca de Playa de la Arena hay una heladería llamada La Golosa, pidan el helado de gofio...¡buenísimo!
Continuamos bajando y llegamos a Playa de San Juan, donde nos quedaríamos esos tres días para explorar el sur, en casa de Chicha, una señora amiga de la familia de Maribel, que vivió muchos años en Venezuela. Playa de San Juan es el total relax, es un poblado de pescadores, con su muelle y su playa amplia, rodeada por un bonito paseo y algunos restaurantes de arquitectura abierta. Chicha nos echó los cuentos de sus juegos de infancia y pesca entre las rocas que forman varias piscinas naturales en la costa. Ahora hay unos criaderos de pescado en el medio del mar y a veces se escapan del cerco y se corre la voz, todos los pescadores aficionados se lanzan a pescar comida gratis.
Por cierto que en esos días atraparon una embarcación con inmigrantes africanos que llegaron a la Playa de San Juan con la esperanza de comenzar otra vida. Ahí quedaron algunas de sus ropas y la pequeña lancha, ellos fueron deportados. ¿Qué triste no? Me dijeron que últimamente eso pasa mucho ahí.
Bueno, ahora sí, a lo más famoso del sur: Playa de Las Américas y Los Cristianos. La ventaja del sur es que tiene mejor clima. Mientras el norte tiende a estar nublado y ser mucho más fresco, el sur de Tenerife ofrece calor y diversión todo el año. Las calles de Playa de las Américas siempre están invadidas por turistas, a toda hora; todos caen ahí como moscas, atraídos por las playas, los deportes acuáticos, las excursiones en barco, las perfumerías y las tiendas de reconocidas marcas que en verano rebajan todo a la mitad.
Aquí no se siente lo autóctono, esto es simplemente turismo comercial.
Pero yo tenía una buena razón para ir, además de bañarme en playa Las Vistas, sí, yo quería ver ¡ballenas!
En el Puerto de Los Cristianos hay muchos agentes de excursiones marítimas, con paquetes que ofrecen ver delfines y ballenas, de 1-2-3 horas. Algunos incluyen refrigerio. Yo me decidí por un paseo de dos horas a 15 euros en un barco llamado Travelling Lady (sin refrigerio).
Partimos unas 20 personas, me puse adelante, a medida que avanzábamos el mar nos brincaba y nos mojaba. La mayoría de la gente se cambió para la parte de arriba, yo me quedé ahí en primera fila, recibiendo el viento y el salitre...¡qué sensación tan fina navegar! Aunque a veces daba cosa alejarse tanto de la costa. Ya bien mar adentro, apareció la primera aleta negra...¡Qué emoción! Un grupo de ballenas (cachalotes de unos 2-3 metros) nadando suavemente, hasta había una con su cría. Creo que están acostumbradas a la gente, parecía como que les gustara que las vieran y les tomaran fotos. Son seres sublimes.
¿Qué más hice en el sur? Fui a Aqualand, en Costa Adeje. Es un parque acuático con todo tipo de toboganes, es muy loco, pero hay que atreverse y lanzarse por todos. La entrada cuesta 22 euros y se puede dejar el bolso en unos lockers por 5 euros adicionales, así uno puede andar libre por ahí, ver un show de delfines muy bueno y darse cuenta de que casi todos los turistas son ingleses y alemanes. No se escucha el español por ningún lado, jajaja.
¡Dios! Cómo me divertí, probé todas las atracciones, una y otra vez, qué nombres: Super Slalom, los Rápidos, el Kamikaze, la Anaconda, el Crazy Race (te lanzas de pies y terminas de cabeza), el Twister... y el más nuevo: el Boomerang, en el que te lanzan con un inflable por un tobogán altísimo (parecido al que usan en las competencias de skate) y luego el otro lado de la pared te devuelve. Aquí puedes descubrir tus múltiples formas de gritar.
Había gente de todas las edades lanzándose, creo que todos hicimos lo mismo: olvidarnos del miedo y disfrutar la experiencia. Aprendí algo importante: cómo “volar” en los toboganes, después de adoptar la posición básica de salida (acostada, con las manos dobladas sobre el pecho). El tip me lo dio el chico salvavidas: “levantas el culo y te deslizas con los talones”... adrenalina pura, más nada. |
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