Llegando al Paraíso
No eran muchos los datos que teníamos de Ilha Grande cuando decidimos visitarla, pero después de ver algunas fotos de esas playas paradisíacas no podíamos esperar un segundo mas para estar ahí.
Ubicada en el litoral sur de Rió de Janeiro, en el municipio de Angra do Reis, esta isla tiene de 193 km2 de superficie, topografía montañosa y predominan áreas de extensa vegetación e incluso selva muy tupida, existen morros, ríos y grutas, eso era lo que habíamos leído, pero era de noche, pasaron dos horas y media de ómnibus desde Río hacia Angra y una hora y media de lancha desde Angra, nos estamos acercando a la Vila do Abraao, la “capital” de la isla y solo hay oscuridad, apenas un par de luces se distinguen desde aquí y se hacia inevitable pensar que nos equivocamos al elegir nuestro destino, una vez que la lancha atraco en el bonito muelle de la villa y descendimos con nuestras mochilas a cuestas sin saber a donde dirigirnos las sensaciones no cambiaban, pero al caminar un poco y tener a la vista el pintoresco poblado de Abraao respiramos tranquilos, ver la pequeña villa de noche provoca a quien llega una sensación increíblemente acogedora, difícil de explicar, se podría decir que es amor a primera vista, totalmente invadidos por la atmósfera del lugar, empezamos a relajarnos inmediatamente poco después descubriríamos que allí es imposible no hacerlo.
Vila do Abraao
Aquí es donde se centra la actividad comercial y se ofrece la infraestructura más desarrollada para el turismo, apenas llegamos, pudimos conseguir alojamiento, la villa esta repleta de campings y posadas, pero nosotros preferimos alquilar una casa muy bonita y por un buen precio, que nos ofreció una residente apenas desembarcamos, una vez instalados y después de una ducha reparadora decidimos salir a caminar por la villa antes de cenar.
Es todo un shock para alguien llegado de una gran ciudad pasar a este pequeño lugar en el que solo hay dos autos (uno de la policía y una ambulancia), el centro de Abraao es muy pequeño, no más de dos cuadras de largo por dos de ancho, de cara al mar, con restaurantes sobre la playa, pintoresco, con su pequeña plaza, con la típica iglesia colonial como en todo pueblito de Brasil, y los bares y restaurantes alrededor, caminando por sus callecitas nos encontramos con viajeros de todas partes del mundo, la noche es muy tranquila y no hay mucho mas para hacer que sentarse en algún bar a degustar una cerveza bien “geladinha” o la típica caipirinha, la noche no se hace muy larga, hay que aprovechar y dormir, que aquí los días de playa arrancan muy temprano.
Vamos a la playa
Playa Negra. Nuestro primer día de playa no quisimos alejarnos mucho, las playas cercanas a la villa son bonitas, pero tienen gran cantidad de embarcaciones atracadas en sus alrededores, lo que no las hace agradables pera el nado, así que tomamos una de las tantas “trillhas” (caminos que se abren entre la vegetación) que atraviesan la isla y después de unos minutos de caminata rodeados de un paisaje sobrecogedor bajamos a una de las playas, al ver el color de la arena no tardamos en darnos cuenta que se trataba de la Playa Negra, fue un día de relajación total, el mar estaba tranquilo como una piscina, por lo que pude aprovechar para nadar un largo rato por esas tibias aguas de color verde furioso, incluso pudimos llegar a una roca metida unos cuantos metros mar adentro, alrededor de la cual vimos varias clases de peces.
Feticeira. En nuestra segunda jornada de playa decidimos adentrarnos mas en el interior de la isla y tomamos una trilla mas extensa, dentro de la jungla nos encontramos con las ruinas de una antigua prisión que había en la isla y fue derrumbada y por las del acueducto que antiguamente abastecía a la isla, continuamos con la caminata, cada vez mas inmersos en la vegetación, el camino se hizo cuesta arriba, el cansancio estaba a punto de vencernos y si no pegamos la vuelta fue porque era bastante lo que habíamos caminado ya, exhaustos y con muchísimo calor continuamos la caminata, anhelábamos un chapuzón en el mar mas que nada en el mundo, pero la playa no aparecia, el camino se hacia interminable, de apoco se empezó a aclarar el panorama, ya oíamos el mar, corrí los últimos metros, me frene de repente, ante mi estaba Feticeira (hechicera), una playa pequeña pero hermosa, pise las arena casi blancas y caí rendido ante el cansancio, teníamos toda la playa exclusivamente para nosotros, el paisaje era hermoso, con varias islas enfrente, después de descansar un rato y de un reparador chapuzón nos golpeo la realidad...había que volver! atravesar nuevamente ese camino interminable, abandonar la playa y hacerlo rápido porque de lo contrario nos sorprendería la noche en el medio de la jungla, nos disponíamos a sacar la ultima foto antes de partir, cuando de repente un pequeño barquito de pescadores se asomo por detrás nuestro, parecía un milagro, cuando por unos pocos reales se ofrecieron a llevarnos de vuelta para Abraao, nos sentiamos los tipos mas felices de la tierra.
Lopes Mendes – La Joya de la Isla
Lamentablemente no todas las playas están cerca de Abraao, para llegar a muchas de ellas hay que realizar largas caminatas o directamente ir en alguno de los muchos barquitos que se ofrecen para dicho fin, por 15 reales ida y vuelta conseguimos el nuestro, que tras un viaje de media hora aproximadamente, por el que apreciamos mas todavía la belleza de la isla, el agua bien verde, y las islas vecinas, nos deja sobre la playa Mangues/Pouso, para llegar a Lopes Mendes debemos atravesar un morro, por una trilla que nos lleva media hora, nos habían dicho que Lopes Mendes es una de las playas mas bonitas de todo Brasil, incluso del mundo, nos parecía exagerado, hasta que lo pudimos ver con nuestros propios ojos, larguísima, con arena bien blanca, y con abundante vegetación a lo largo de toda la playa, fundamental para cobijarse del fuerte sol, párrafo aparte para el mar, a diferencia de las otras playas de la isla, donde el mar es de un color verde esmeralda, aquí es bien celeste, y totalmente transparente, uno se mete con el agua al cuello y se puede ver los pies nítidamente, a pesar de que la promocionan como una playa de mar bravo y con olas, apta para la practica del surf el mar estaba calmo (en otra visita pudimos comprobar que no siempre es así), a demás la temperatura del agua es bastante agradable, no dan ganas de abandonar del mar, mas aun teniendo en cuenta que el calor y el sol., cuando finalmente lo hicimos nos encontrábamos como ancianos completamente arrugados.
Costo dejar la playa, pero había que apurarse, si llegábamos a perder el barco no íbamos a poder retornar a la villa, en Lopes Mendes no hay sitios para alojarse, ni lugares para comer, ni siquiera esta permitido acampar.
La sorpresa final, para completar un día fantástico de playa, haciendo el camino de retorno, en los árboles que costean el camino pudimos ver monos que se acercaban curiosos a vernos y se dejaban fotografiar como modelos expertos.
Carnaval en la isla.
Se aproximaba el carnaval, fecha mas que significativa en Brasil y decidimos pasarlo en la Isla, desde el comienzo de esta festividad los cambios en la villa comenzaron a apreciarse, de repente la tranquilidad se rompió, las calles se inundaron de gente, los bares y restaurantes se mostraban repletos, en los campings las carpas se apilaban una junto a la otra y en las playas cercanas al centro conseguir un metro cuadrado libre era imposible, el carnaval es feriado en Brasil y la gente aprovecha estos días para viajar, es por eso que llega a la isla gente de Río, de Sao Paulo, de Brasilia, de todas las ciudades de Brasil, mas allá de esto, vale la pena vivir en persona como disfrutan esta festividad.
Por las noches la fiesta es en las calles, toda la gente invade la calle principal, se mezclan turistas y nativos con la unica consigna de pasarla bien, toca una banda en vivo y la idea es, bailar, beber algo y dejarse llevar por el ritmo, la alegría que abunda en el ambiente es contagiosa y es la ocasión especial para “namorar”.
Para los que buscan tranquilidad absoluta, no es recomendable visitar la isla en estas fechas, pero para los que quieren un mix entre diversión y naturaleza es ideal.
Laguna Verde, la frutilla del postre
Se acababa nuestra estadía en la isla y para la ultima jornada decidimos alquilar unas mascaras de buceo y snorkel y tomar el barco hacia lagoa verde, por 40 reales el viaje alrededor de la isla incluye dos paradas previas, en las que intentamos en vano avistar tortugas marinas, por mas que el simpático capitán del barco insistía con que la probabilidad de hallarlas era del 60%, finalmente llegamos a la laguna verde, esta se forma con la marea baja entre dos formaciones rocosas, el verde del agua realmente impacta, según dicen es uno de los pocos lugares del mundo en los que se hallan corales verdes rocosos, una vez zambullidos, el espectáculo ocurre bajo el agua, estrellas marinas, peces de todo tipo y tamaño y de todos los colores, hipocampos y hasta calamares nadan a la vista de los muchos visitantes con total tranquilidad, realmente hubiera sido un pecado irse de la isla sin visitar este lugar, el paseo efectúa una parada mas en la playa de Japariz, que esta repleta de restaurantes y se nutre de los muchos barcos que llevan turistas para que coman ahí, pero mas allá de eso no ofrece nada que haga que valga la pena visitarla.
Al retornar cansados por tantas horas de nado, la melancolía nos invadía, nuestra ultima noche en la isla quisimos extender todas las sensaciones al máximo, sentados en uno de los barcitos de la playa, el atardecer dio paso a la noche y nosotros seguíamos ahí, en silencio, inmóviles, viendo las millones de estrellas que inundan el cielo de la isla reflejarse en el mar, fueron varios días a pleno y nos quedo media isla sin recorrer, a la mañana siguiente desde la barca que nos devolvería a Angra, veíamos achicarse la isla sobre el horizonte con un nudo en la garganta, esa isla magica iba a permanecer de aquí en mas, en nuestra memoria por su belleza, por su paz, por su magia, es uno de esos lugares que dejan su huella para siempre en quien los visita.. |
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