
Tailandia por libre 2005 ( Parte 5 y fin )
Krabi, Koh Phi PHi, Phuket | 0 comentarios.
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La costa del mar de Andamán es un fascinante mundo de formaciones kársticas, un lienzo compuesto de mar y roca que parece del todo irreal. El horizonte se descubre ante el espectador como un bosque de islotes que brotan como por encantamiento de un mar de aguas transparentes. Un mar que bajo el sol puede adoptar todas las tonalidades posibles del azul y del verde, como un catálogo de piedras preciosas.
Mirando tierra adentro los pináculos son un curioso fenómeno geológico, pero al unirse con el mar dan forma a un paisaje bellísimo. Estas creaciones rocosas se formaron en tierra firme por la erosión y la disolución química del agua de lluvia. Pero hace 12.ooo años el nivel del mar se elevó convirtiendo alguna de esas montañas en islas. Los lugareños dejan atrás esta fría y científica explicación y se afanan en mantener viva la leyenda que narra las aventuras del príncipe Payanac, el señor de las aguas, quien viajó desde la India a través del océano en busca de una hermosa princesa, como explicación a tan bello fenómeno En el camino luchó contra un ejército de gigantes, y a medida que los vencía los arrojaba al mar donde quedaban petrificados
Ao Nang
Al amanecer nos preparamos para ir a la playa. La noche anterior andando por el paseo marítimo el paisaje prometía, y desde luego que a la luz del día no nos defraudó.
Una inmensa bahía formada por hercúleos acantilados de roca caliza, y en horizonte una decena de islas con formas caprichosas otorgaban un paisaje con el que deleitarse.
Aquel primer baño nos recordó a Malasia pues el agua era con diferencia mucho más cálida que en la costa oriental de Tailandia, apenas unos grados menos que la corporal, aún así lograba refrescar.
Estábamos cansados del día anterior, así que antes de ir a comer decidimos darnos un maravilloso masaje tailandés a pie de playa. Todo un lujo estar tumbado a la sombra oyendo el mar y sintiendo la brisa, mientras unas manos expertas recorren tu cuerpo logrando desentumecer hasta el más pequeño músculo. A lo largo de la playa se encuentran dispuestos varios palafitos, muy sencillos, numerados donde ofertan sus servicios entre 2 y 3 tahis. Mientras estás tomando el sol en la playa, ellas entablan conversación contigo con la excusa de darte a probar una de sus riquísimas piñas, y luego te dicen en que número las puedes encontrar. Cuando nosotros llegamos al anteriormente apalabrado sólo una de las masajistas estaba libre, así que me preguntó si me importaba que el masaje me lo diera un hombre, para que así yo no esperara mientras ella daba el masaje a Gortxu, yo evidentemente dije que no, y fue todo un acierto, ya que al ser hombre tenía más fuerza, si eso es posible, en los brazos y manos, y además a la hora de masajear no se andaba con muchos remilgos, aún recuerdo el masaje que me dio en las nalgas, ¡impresionante!.
Tsunami
Estos puestos se hayan a pie de playa, y como recordareis la costa de Krabi estuvo afectada por el tsunami de Diciembre de 2004. Aquella fatídica mañana tres de aquellos masajistas fueron engullidos por la ola gigante. Cuando te relatan el suceso mientras estás tumbado se te ponen los pelos como escarpias. Lo cuentan con tal precisión de detalles que es fácil, mirando al mar, imaginarse la enorme tragedia que allí se fraguó. Narran como instantes antes recibieron la llamada de la cercana Koh Phi Phi advirtiéndoles de la ola, pero ellos no llegaron a imaginarse su magnitud hasta que la oyeron y mirando al mar vieron como uno a uno, primero arrastrando, para luego engullir todos y cada uno de los barcos que estaban en la mar. Al igual que uno de ellos comentaba, siempre se imagina que un tsunami es una ola como las que se ven romper en la orilla, pero muy alta. Sin embargo lo que él recuerda es como el mar se retiró de la playa y como una barra de espuma se veía a lo lejos, para poco después comenzar el mar a elevarse y empujar todo lo que encontraba a su paso. Por último, y con la voz quebrada, decía que el ascenso del mar no fue lo peor, pues quien más o quien menos logró aferrarse a algo. El desastre sucedió al retirase el mar pues con él arrastro a decenas de personas bien por la fuerza de la resaca, bien al ser golpeados o arrastrados por los objetos que se deslizaban hacia mar a dentro.
Paseando por el pueblo, gran parte de su zona baja en reconstrucción, podían verse a modo morboso de epitafio fotografías en los escaparates de las tiendas sacadas in situ el día de la tragedia. Por lo que era muy fácil hacerse a la idea de lo que sucedió aquel día. Se vendían por 10bth pero no me parecía muy propio comprarlas, aunque alguna de ellas eran realmente impactantes.
Paseando
Tras la doblemente impactante experiencia fuimos a ver el pueblo. Aún nos quedaban ganas de hacernos otro traje, en realidad Gortxu lo necesitaba para trabajar, así que elegimos una tienda al azar, y quiso la diosa Fortuna acompañarnos en la elección, pues la experiencia resultó del todo fructífera y aún hoy sigue siendo éste traje, el que mejor le sienta.
El resto de la tarde pasó sin más gloria, alguna comprita de ropa, comprar la excursión para el día siguiente y poco más.
Camino a las islas
Una mañana más al alba nos levantamos pues debíamos ducharnos, hacer la cura de Gortxu y desayunar antes de que pasaran a recogernos para ir a la excursión de 1 día a las fantásticas islas Phi-Phi.
Junto a nosotros otros 12. Entre ellos 4 italianos que nos dieron el día desde el principio pues nos hicieron esperar en la furgoneta durante 15 minutos mientras desayunaban y el resto del viaje siendo unos notas.
Total que a las 09:30 en una lancha motora fuimos a toda velocidad. La mar estaba como un plato, el día anterior habían tenido que suspenderla por mal tiempo, lo que permitió meter al capitán la 5ª y literalmente volando sobre el mar, recuperar el tiempo perdido. Nosotros que nos habíamos puesto en popa para poder grabar, nos pasamos todo el viaje saltando de nuestros asientos y cayendo sobre ellos como auténticas losas, tal era la magnitud de los golpes que tenías que mantenerte a pulso para no salir lesionado.
La primera isla que visitamos fue la isla Bambú para hacer una pequeña primera toma de contacto y disfrutar de su finísima e impresionante arena blanca. Unas fotos en la playa, una fugaz visita a una pequeña aldea de pescadores y de nuevo a la mar para ir a un arrecife de coral a hacer snorkel.
La zona no estaba mal aunque quizás la transparencia de las aguas no era la más ideal. Pero teniendo en cuenta que nos habían dicho que el tsunami había arrasado con todo, la zona nos pareció más que decente. Tras 30´ de snorkel, Gortxu con mano enguantada pues no podía mojársele el dedo, nos fuimos a la costa de otra isla a seguir disfrutando del buceo.
Para las 13:00 estábamos en Phi-Phi Don comiendo en un restaurante a pie de playa. Tanto el tipo como la cantidad estuvo más que bien. A diferencia de Ao Nang en Phi-Phi Don los efectos devastadores del tsunami eran más que evidentes. Ocho meses después del desastre la costa aún no se había recuperado de las heridas. Decenas de pequeñas rocas, trozos de corales y cantidad de escombros se apiñaban en la arena. La línea de costa mitad en obras mitad cerrada y cuasiderruida. Pero la actividad era frenética, y teniendo en cuenta que el istmo donde se asienta la zona turística es casi llana, y que debió quedar casi toda ella bajo las aguas, iban bastante avanzados.
Phi Phi Leh
A continuación lo mejor del día: Koh Phi-Phi Leh, la menor de las islas Phi-Phi. Si hasta entonces los acantilados y las bahías de las islas pequeñas nos habían encantado, las de Phi Phi Leh nos alucinaron y nos dejaron boquiabiertos.
Primero parada en "Maya Bay", una playa en una espectacular bahía, un impresionante refugio natural de acantilados imposibles y de un agua cristalina sobre una arena blanca que encandilaron sin duda a los productores de la película "La playa", pues la utilizaron de decorado natural para rodar la película. Fotos, bañitos y de nuevo en marcha. Pequeña paradita para ver uno de sus fondos coralinos, sin inmersión, y la sorpresa del día, al menos para nosotros: Lo Sama o "La Laguna". Una espectacular formación geológica que, al menos para nosotros, fue la joya de la excursión.
Entrando por una estrecha abertura entre altísimos acantilados se abre en abanico una inmensa laguna marina interior de apenas 2m de profundidad, pero según te acercas al centro ves como súbitamente el fondo desaparece y el agua se vuelve negra. Una caída brutal de 36m de perpendicular verticalidad vuelven a sus aguas oscuras y frías. Al bucear por las aguas notas tal diferencia.
Afortunadamente, y debido a que no hicimos la inmersión en el fondo coralino anterior, durante unos minutos estuvimos absolutamente solos en la laguna y pudimos disfrutar de ella en total exclusividad.
Durante todo el viaje habíamos oído hablar de las excelencias de la isla Phi-Phi pero sin lugar a dudas las expectativas se vieron rebasadas. Es tal la magnitud de sus paisajes que es necesario pararse frente a ellos y reflexionar sobre lo que estás viendo, sus playas, sus bahías, sus acantilados todo parece moldeado por unas manos expertas, unas manos creadoras de belleza.
Tha Lin
Nuevo día, nueva excursión, esta vez en kayac por la costa, y más concretamente por el cañón Tha Lin, un trayecto por el estuario que atraviesa acantilados de roca caliza de 200m de altura con mucho follaje, canales con manglares y túneles de lagunas de mareas.
Lo que al principio era algo divertido, al acabar resultó haber sido muy fatigoso, y es que entre que Gortxu con su dedo malo no podía remar, y que nuestro kayac era el peor, por no mencionar el sofocante calor, terminamos fatigados. Pero mereció la pena ya que era un lujo andar por aquel estuario al abrigo de sus enormes acantilados. Lástima que no pudimos completar todo el recorrido por entre manglares y llegar a una cueva fluvial, pues era marea baja viva y era impracticable el recorrido. De todos los que fuimos a la mañana solo otros 2 habían cogido todo el recorrido, pero ya que esto era imposible y la única opción era seguir bordeando costa, y como dijo el guía el manglar es el manglar, nos llevaron a unas pozas de agua dulce.
Hace unos meses esta excursión también la ofertaban, pero debido al largo camino que hay que hacer por carretera y al imparable ascenso del precio de la gasolina, la habían retirado. Al estar algo apartadas y ya no ofertarla ningún tour-operador, las pozas han vuelto a sus orígenes y eran un lugar de esparcimiento thai.
A la entrada se agolpan unos cuantos puestos de comida que abastecen a los lugareños de alimento antes de sumergirse en las pozas. Están algo urbanizadas con pasarelas entre los manglares, pero al ser una reserva forestal han respetado bastante el entorno. El nacimiento del río, como es lógico, es absolutamente cristalino, y tal y como nos indicaron el agua es potable. Sin embargo nosotros preferimos usarlas como baño exclusivamente, y aunque un poco frías, pero menos que el Cantábrico, agradecimos el contacto con agua dulce después de tanto baño en el mar.
El agua era absolutamente cristalina, y así la variedad de peces y plantas acuáticas te hacían creer que te estabas bañando en un acuario de agua dulce.
En una de sus múltiples escapadas en solitario, vino Gortxu corriendo en busca de la cámara porque decía que había visto un ¡ enorme lagarto de 3m ! .Evidentemente cuando llegamos los dos al lugar el "aligator" no estaba ¿Verdad o ficción? Nunca lo sabremos.
Amabilidad tailandesa
Terminado el chapuzón nos dimos un precioso paseo por el área mientras nuestro guía nos contaba diversos aspectos botánicos de la zona.
A la salida y pensando que ya nos encaminaríamos hacia el pueblo, nos invitaron a atizar a los árboles productores del exquisito ranbután y ponernos hasta las orejas del fruto. Finalizado esto, nos indicaron amablemente que nos sentáramos con ellos, guía y conductor, para tomar un aperitivo. Nos invitaron a una cerveza y a todo el coco dulce que quisimos y el que no quisimos también, pues nos empapuzaron. Poco después leímos que por educación un tailandés no dejará de ofrecerte comida hasta que no dejes algo en el plato. Algo incompatible con nuestra costumbre de no dejar nada en le plato. Y no nos dejaron pagar en ningún momento.
Al principio un poco avergonzados, pero poco a poco nos fuimos acomodando y allí sentados estuvimos bebiendo y comiendo con ellos y con todos los que estaban a nuestro alrededor, tanto comerciantes como "domingueros". Nos enseñaron a elaborar la pasta de coco dulce, a cómo extraían el aceite de palma, cómo se obtenía la piña y porqué en las plantaciones de caucho se alternaban hileras de piñas. Así una excursión que debiera haber terminado a las 5 de la tarde terminó a las 8 de la noche y aún así podríamos haber seguido con ellos.
Camino a Phuket
En contra de nuestros planes, y puesto que Ao Nang y alrededores lo teníamos trillado, decidimos ir una día antes a Phuket. La verdad es que no la habíamos incluido en el viaje más que para llegar y coger el avión de vuelta a Bkk. Pero como andábamos bien de tiempo nos surgió un poco de curiosidad por conocer cómo era esa ciudad tan turística y frecuentemente maltratada por la fama de prostitución.
Aquella mañana nos levantamos tarde, pues Gortxu terminó tomando Noctamid ya que llevaba varios días durmiendo muy mal por el calor y estaba exhausto. Tarde desayunamos tarde fuimos a la playa. Después de comer, siendo las 13:30 llegó la furgoneta que nos debería llevar a Phuket. Habíamos mirado varias ofertas y cogimos la más barata, no por el precio sino porque nos convenía el horario. Pero al ver llegar aquel "vehículo" casi se nos cae el alma a los pies. La pobre si apenas podía con su propio peso vacía. En realidad era un vehículo peligroso para la circulación. Cada vez que paraba se detenía el motor, y luego le costaba Dios y ayuda arrancarla, pero lo peor era que incluso en ruta se gripaba y dejaba de funcionar. Los asientos desvencijados se desprendían del suelo en las curvas así que nos teníamos que agarrar al techo. ¡Pero aún había más!. Porque o bien el conductor era muy, pero que muy oriental, o literalmente se estaba durmiendo al volante pues conduciendo sus ojos apenas eran unas líneas. Ciertamente pasamos miedo. Y nos planteamos bajarnos del vehículo en cuanto éste llegara a Krabi, porque no estábamos dispuestos a hacer el viaje hasta Phuket en esas condiciones.
Afortunadamente ésta sólo era la forma de llevarnos hasta Krabi, donde nos esperaba aparcada a la puerta de una agencia de viajes una vanette de mucho mejor aspecto. Al bajarnos el propio conductor, supongo que viendo nuestros rostros pálidos, nos dijo que se conocía bien el camino aunque era cierto que estaba un poco cansado. Dicho esto se giró y se tumbó a dormir en los sillones de la agencia de viajes.
Como todos estos transportes privados, y sobretodo en el sur, son "un poco estafa". Nosotros queríamos ir a Patong (una de las playas más turísticas de Phuket) y no propiamente a la ciudad. Ellos "amablemente" te ofrecían un hotel de un precio caro, bastante caro para lo que podías conseguir y bastante caro para la calidad que ofertaba, pero te decían que todo estaba lleno (pura mentira) y que te incluían el taxi hasta el aeropuerto con hora concertada (aunque ellos te decían que te costaba 600bth cuando en realidad con taxímetro eran 300bth). Pero haciendo cálculos la diferencia no era mucha y el hecho de tener el taxi ya concertado nos quitaba de una preocupación. Pero lo que nos jodía verdaderamente es que te mintieran vilmente. Eso y que si no accedías a su hotel ellos te dejaban en el "centro de la ciudad", en realidad en tierra de nadie, y allí te las ingeniaras. Al final los 9 que íbamos en la vanette tragamos y nos fuimos a Patong. Al fin y al cabo el viaje estaba terminando y tampoco era plan de luchar por 6 míseros euros.
Phuket (Patong)
Uno de los destinos más populares de la provincia. Compuesto de una serie de calles paralelas a la playa llenas hasta los topes de tiendas de recuerdos y antigüedades de dudosa procedencia, bares de decoración cutre y llenas de chicas dispuestas, restaurantes de marisco, hoteles....era como un Benidorm a lo thai. Algo verdaderamente horrible. Después de haber disfrutado del aislamiento del norte, de las playas alternativas del Golfo de Tailandia, toparse con cientos de turistas, y cuando digo turista debe leerse: sujeto sin sentido del ridículo, hortera, prepotente y faltón porque lleva el bolsillo lleno de dólares, y cómo no, que busca ser aquel a quien en su país no dudaría en matar por ser un depravado. Realmente fue muy chocante. Era como estar en el plató de una de esas películas que retrataban la guerra de Vietnam y cómo la sociedad yanqui maltrató a las jóvenes vietnamitas y tailandesas para "vengarse" de la crueldad de la guerra. Pero aquello no era una película, era real. Decenas de sexagenarios pulpos agarrados a jovenzuelas de las que dudabas si ya habían dejado atrás la niñez o no. Bares sombríos y sórdidos que degradaban a niñas por un puñado de euros. No se trataba de criticar la prostitución, sino de denunciar la niñez robada, la caída brutal a una explotación sin escrúpulos y con unos seres indefensos y especialmente sensibles. Fue ver aquella Tailandia de reportajes-denuncia, ver el cuarto oscuro, la trastienda de un hermoso palacio.
Fin de un viaje que una vez más nos había dejado una profunda huella. Tailandia es un país exótico, místico y embriagador. Y el Sudeste asiático un destino sin duda al que dedicarle muchos viajes, pues es una zona aún placentera, llamativa y agradable de viajar, aunque lamentablemente esto cambie con el tiempo, y esa globalización y turisticación agresiva, que se ha producido en el Sur, se traslade al resto del país. Pero sin embargo creemos que el pueblo Thai tiene algo que les diferencia de resto de sus conciudadanos. Y posiblemente esa diferencia haya sido la responsable de su poco sometimiento a lo largo de los siglos.
Su amplia latitud, por tratarse de una país con forma alargada, hace que la variedad de climas y paisajes sea llamativa. Su comida, aunque picante para nuestro gusto, pone sobre la mesa la gran variedad de productos que ofrece el país. Su cultura milenaria construye un mundo arquitectónico étnico poco conocido por nosotros. Su religiosidad se manifiesta completamente en la tranquilidad, humildad y recogimiento de sus wats y sin duda merece la pena sumergirse en esa filosofía budista, pues estrictamente no puede considerarse religión, que hace percibir el mundo de una forma totalmente distinta al que estamos acostumbrados. Pero sin lugar a dudas es la afabilidad, la simpatía y esa alegría por vivir la que hace un país, y lo que lo convierte en algo único.
Siempre se ha dicho "Tailandia el país de la sonrisa" y quizás por esta vez no se trate de un tópico. |
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