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Volemos sin Alas, Nepal, 3ª y Última Parte

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Volemos sin Alas, Nepal, 3ª y Última Parte

India | 1 comentarios.

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Taipam
02/05/2006


Nepal, Días 23, 24, 25, 26, 27,28 y 29

Llegamos a Katmandú, la capital de Nepal desde Varanasi Inés y yo, serían las 1.30 del mediodía, y nos encontramos con un país revuelto, es lo más parecido a una guerra, cientos de soldados por todas partes y nadie por las calles, estaba instaurado el toque de queda, atravesamos la ciudad desierta sólo con soldados a cada esquina, en esas circunstancias renunciamos a ir al hotel que habíamos quedado con nuestros compañeros pues estaba en las afueras y nadie se atrevía a llevarnos. Así que nos instalamos en el centro de la ciudad, en la Katmandú Guest House que era la recomendada por la lonely planet, resultó estupenda, con sus jardines al aire libre pero no es una Guest, se ha convertido en un hotelito con encanto pero no es para mochileros.
Dejamos las cosas y me metí en Internet, para dejarles la dirección a nuestros compañeros. Luego a las seis de la tarde se levantó el toque de queda y salimos a perdernos por la ciudad, nos ha parecido encantadora por las inmensas diferencias que existen con la India, no hay ruidos, ni voces, ni claxon, las calles están limpias y no hay nada que nos recuerde a las vacas o ratas por las calles, la gente es encantadora pues nadie te agobia para venderte nada, pero sobre todo es el clima, es extraordinario, primaveral, sin ese horroroso calor que veníamos arrastrando los últimos días de Varanasi.
Paseamos y paseamos, observándolo todo, hablando de nosotros como siempre, pero siempre pendientes de nuestro alrededor, sin miedo a perdernos por la continuidad de calles extrañamente encadenadas en forma de laberinto. Tuvimos un apagón de luz y la ciudad quedó a oscuras, con sus gentes sin darle importancia, nosotros tampoco se la dimos pues Inés con su linterna nos acercaba el camino.
Al regresar al hotel nos encontramos con Javi que venía hecho polvo de la odisea que acababa de pasar, habían llegado a la frontera a las seis de la mañana y no dejaban pasar a nadie por los problemas políticos, estaba prohibido circular por tierra en todo el país. Después de muchas horas de tensión y de discusiones con los militares consiguieron plaza en una avioneta hasta Katmandú, así que el viaje se les duplicó en tiempo y dinero, pero era lo de menos pues sólo les quedaba la alternativa de volver a Varanasi. Aparte de eso, Javi acabó quemadísimo con Gema y Nuria y no las quería ver ni en pintura, así que cuando nos vio su alegría era inmensa. Las chicas se habían quedado en otro hotel. A eso de las diez nos juntamos todos a cenar y ha explicarnos la aventura para luego irnos a descansar.
Esa noche Javi nos dijo a Inés y a mi que se levantaba temprano y se iba a Pokhara sin decirles nada a ellas, que nosotros hiciéramos lo que quisiéramos pero que el no las quería volver a ver, así que nosotros decidimos irnos con el, no sin antes dejarles una nota.
Tomamos la avioneta a Pokhara a las diez y llegamos media hora mas tarde, el paisaje de las montañas es irreal desde las alturas, es una sensación de estar viendo lo que en realidad es la cima del mundo. Una maravilla.
Pokhara está situado en un valle con el mismo nombre, rodeado de montañas majestuosas y verdes prados, el pueblo está a la orilla de un bonito lago de color verde, como sus árboles, es algo plácido, tranquilo, remanso de paz y un lugar privilegiado para enamorar tu mente.
Ahora si, ya estamos en las montañas, con el aire fresco que nos recuerda que estamos vivos, definitivamente ha merecido la pena.
Javier no pierde ni un segundo y en una hora se ha echado la mochila al hombro y se ha ido a las montañas los próximos cinco días, volverá el domingo, se nota que necesita estar solo pues no hay un lugar donde se encuentre más a gusto que en las montañas, pero solo para el. Tiene pensado acercarse al Anapurna que es uno de los muchos picos de casi siete mil u ocho mil metros que aquí se encuentran, pues no creáis que en esta tierra sólo está el monte Everet, al contrario, puedes encontrar media docena de montes parecidos. De todas formas su trekking será hasta los 3.200 metros pues no da tiempo para más en cinco días, y es una pena que no llegue al campamento base que se encuentra a 4.060 metros.
Así que nosotros decidimos quedarnos aquí caminando a nuestro ritmo. Después de partir, pasamos la tarde en una canoa en el lago, visitando una islita con su propio templo de carácter oriental, todo es muy bonito, acompañado del atardecer, el silencio y el frescor de la brisa que nos acaricia las mejillas.
Por fin después de no se cuantos días nos hemos dado un homenaje gastronómico, no es que fuera nada del otro mundo, pero dios santo, era carne. Estamos contentos, definitivamente aconsejo a todo el mundo que si tiene pensado viajar a India después venga a Nepal, nunca al revés, pues sería insoportable.
Al día siguiente salimos de trekking buscando el camino de un pueblo de montaña, pasamos horas andando por el camino del lago y al final nos dimos cuenta de que estábamos equivocados, así que tuvimos que regresar hasta encontrar el camino, fue toda una odisea, pues esto no es caminar, sino subir, subir y subir, algo bastante duro, por lo menos para nosotros, después de varias horas de jornada decidimos regresar y dar por terminada la experiencia. Al regresar nos encontramos con dos viejecitos de unos sesenta y muchos años que llevaban 21 días de trekking por el Anapurna, sin parar, es increíble la fuerza que tienen estas personas que me hacen sentir pequeño. Estoy seguro de que eran escaladores profesionales en su juventud.
Llegamos al pueblo Inés y yo, como siempre hablando de nuestras cosas, es curioso como nunca se nos acaban los temas de conversación, cada vez que acabamos alguno surge otro más interesante, y supongo que será porque aquí, al otro lado del mundo, el poder conocer las interioridades de alguien que hasta hace poco era un desconocido nos produce una sensación de acercamiento tal, que parece que somos las únicas personas sobre la tierra.
¡Hoy hemos comido una hamburguesa! Si, ya sé que es trivial narrar semejante idiotez, pero pensad el tiempo que llevamos comiendo arroces y verduras con sabores que ni por asomo nos recuerdan a algo. Por eso no me olvido.
Al salir de comer hemos paseado por el pueblo rumbo a nuestro hotel, y nos hemos encontrado a un crío que ayer intentó convencernos para que le compráramos un balón de fútbol, el muy bribón lo tiene bien estudiado pues los lugareños del lugar nos cuentan que luego vende la pelota al mejor postor. Menudo elemento esta hecho el renacuajo. El caso es que Inés le dijo anoche que hoy se lo compraba y claro, a este rapaz eso no se le iba a olvidar, estuvo media hora detrás de nosotros pataleando para que le hiciéramos caso, al final, no se como, se las apañaron los dos para que le diera cien rupias al granuja, si, digo los dos porque era Inés la que se comprometió y no yo, y claro esta, estaba muerta de risa cuando yo se lo recordaba. Todavía me parece oír su risa desde allí.
Poco después volvimos a la habitación y descansamos un poco, pues el día había sido duro y a las siete salimos a tomar algo, es la hora que aquí oscurece y además hay toque de queda a las diez con lo cual todo queda cerrado.
Estuvimos paseando por las tiendas viendo cosas típicas que comprar como las pashminas que son originarias de aquí en el Himalaya, estando en esas vimos que de repente todo el mundo se ponía a cerrar sus comercios apresuradamente y que los militares estaban por todos lados, se aproximaba otra manifestación de los comunistas, aquí llamados maoístas por eso de ser discípulos de Mao el Líder Chino de la revolución cultural del 48. Se nota que la gente está asustada, sobre todo los extranjeros, pero en verdad no tuve sensación de peligro en ningún momento, de todas formas ahora sé que en estas dos semanas ya han muerto más de 15 personas en los disturbios, así que no es para tomárselo a broma. Lo que realmente o aparentemente busca esta gente es que el rey abandone el país y así instaurar la democracia, más eso ya ha pasado en otros lares y creo que la gente tiene miedo de pasar de una monarquía a una dictadura comunista. Lo que si es seguro es que ayuda tienen esta gente ya que al otro lado de las montañas está la poderosa China y supongo que hay mucha gente de dicho lugar.
Pasado el susto, (para algunos), volvieron a abrir todo y nos fuimos a cenar, como siempre resultó una cena muy agradable, por el lugar, en las terrazas, por el encanto de la gente, y por pensar donde estaría en ese momento nuestro amigo Javi allá perdido en las montañas.
Al acabar de cenar paseamos e Inés quiso que tomáramos algo en un garito que sonaba música oriental, así que allá fuimos, cuando entramos me pareció una sala de strip tes, todo oscuro con su barra americana y lleno de hombres, mi cara era un poema, más a Inés eso le trajo al fario, así que para dentro, en realidad no era nada de eso, sólo bailes y nada más, por lo que tomamos nuestras cervezas comentando cual guapa era aquella o de que país pertenecía.
Camino a nuestro hotel volvimos a tener la discusión de los últimos días, que no era otra cosa que la de ver si en realidad era hoy luna llena o fue ayer, pues todos los días lo parecía, la pequeña argentina insistía siempre que la luna llena fue hace unos días mientras que yo sostenía que tal vez, sólo tal vez, para una persona que no ve de lejos como ella.
La verdad es que tenemos problemas de comunicación pues ella dice que no se me entiende nada cuando hablo y que encima estoy sordo. ¿Sordo yo? Durillo de oído diría tal vez, lo que si es verdad es que hemos llegado a la conclusión de que oigo lo que me da la gana. Y ese es un buen punto de partida. Pero en verdad os digo que cuando los españoles llegaron a su tierra hace quinientos años, no sé que narices hicieron, pero enseñarles el idioma seguro que no, pues no podéis ni imaginar la cantidad de palabras distintas que tenemos, por supuesto me abstengo de comentaros sus significados pues no quiero ser soez, pero si supierais que significan cosas como bombachas o puñetera os echaríais las manos a la cabeza. (No te rías Inés que sé que lo estas leyendo).
No he hecho referencia a que esta noche es el fin de año nepalí, más todas las celebraciones han quedado canceladas por el toque de queda, es una pena pues seria una oportunidad única de comprobar un ritual de este tipo. Así que decidimos marcharnos a descansar, no sin antes desearnos feliz año nuevo.
Al día siguiente nos levantamos temprano, envueltos en un extraño silencio que creíamos era causado por la otra persona, decidimos partir hacia el lago para darnos un paseo en barca y darnos un baño en el lago. Era el día de año nuevo nepalí, así que toda la gente va vestido con sus mejores galas y saris, acuden a todas las ceremonias de celebración, con ese lunar rojo anaranjado cubriendo sus frentes buscando la protección de sus dioses.
Como he dicho anteriormente íbamos paseando placidamente en barca en esa soleada mañana sin apenas hablar, yo presuponía que algo le pasaba a Inés, una de esas extrañas melancolías que ha veces nos surgen cuando pasamos tantos días con otras personas, decidí no preguntar nada, sino mantener mi silencio pues creía apropiado esperar mejores momentos para manifestar mis dudas, así que nos limitamos a hacernos compañía pero un tanto distantes cada uno en sus pensamientos. Cuando llegamos a la otra orilla me fui a darme un baño en el lago, en una orilla desierta sólo acompañado de dos niños que estaban pescando y que supongo que mi baño les produjo la dispersión de sus capturas.
Al regresar al lado de Inés me comentó que estaba pensando volverse a Katmandú, pues ya creía agotada su etapa en Pokhara, no me llegó a extrañar ya que como dije, esa mañana la veía diferente. Así que en la comida le pedí que me comentara que le ocurría. Resultó curioso saber que ella había pensado lo mismo de mí, que era yo el que me pasaba algo y que por eso estaba tan callada. Así que allí estábamos los dos, creyendo algo que pensábamos del otro.

Aclarado esto nos fuimos a la habitación, no sin antes conseguir un vuelo a Katmandú para Inés en la mañana siguiente. Acordamos en vernos allí dentro de dos días cuando regresara Javi de las montañas.
¡Vaya tarde que pasamos ese día en Pokhara! La pasamos charlando como de costumbre, con nuestras bromas y risas, con esa constante sensación de disfrutar cada minuto que pasaba, ¡que distinto al silencio de la mañana!, y así fueron pasando las horas, una tras otra como si las agujas del reloj nos recordaban que nos quedaban muy pocas juntos. Como así era.
Salimos a cenar al anochecer, y antes de todo nos dimos un paseo por las tiendas, era el último día y supongo que nos debíamos el tener un recuerdo de la otra parte, así que nos regalamos cada uno algo que creíamos nos recordara este extraño viaje. Y no me cabe duda de que así será.
En la cena seguimos con la misma armonía más yo ya tenía la sensación de que esta chica no se quería ir de Pokhara, que había sido un impulso de la mañana al cual ahora se veía abocada, pero la suerte estaba echada y no había vuelta atrás. A decir verdad creo que fue lo mejor, pues al pasar de esta forma, creo que se dieran todos los condicionantes para que la tarde y esa noche fueran tan agradables para los dos, pues como suele pasar en las despedidas, aunque momentáneas, sacamos a relucir todos los momentos buenos pasados y eso al final, no nos deja otra alternativa que la de sentir que este viaje fuera especial, ya en ese momento, antes incluso de que acabara.
“He leído que no existe la así llamada “una sola lágrima”, esa vieja figura poética. Tal vez no, puesto que la de ella era una simple compañera de la mía”.
A la mañana siguiente desperté a Inés pues tenía que partir temprano, así que a eso de las 8 de la mañana nos despedimos, fue de una forma extraña, como si de un guión de película se tratara, ya que al abrazo inicial siguió otro en la distancia, impulsivo y a la vez lleno de tristeza.
Y así fue como me quedé sólo por primera vez en todo este viaje, sin haberlo previsto ni buscado, pero que ahora al pensarlo lo agradezco y valoro como una preciada oportunidad que alguien me dio para disfrutar de otra intensa manera, mi viaje por este extremo del mundo.
Esa mañana me dediqué a ordenar mis ideas y a escribir sobre los días pasados además de cumplir la promesa de escribirle a alguien que por su forma de ser, merecía toda mi inspiración.
No comí nada ese medio dia y me fui a pasear por el pueblo, luego me llené el bolsillo de caramelos y de unos trozos de pizzas del día anterior que Inés me dijo se los diera a los niños y me marché a pasear por las montañas bordeando el lago.
Fueron unas horas estupendas, observándolo todo, desde los jóvenes soldados casi niños, que protegían la entrada del pueblo, como todo el que pasaba a mi alrededor, ibas viendo casitas con la gente en sus labores cotidianas que te observaban con timidez desde la distancia, los niños en cambio salían disparados hasta atraparte con tu sonrisa, y les ibas dando caramelos para asi aumentar dicha sonrisa. En memoria de Inés diré que no me reconocería en esa tarde, pues me decía los días anteriores que estaba un poco distraído con la gente, ya que todo el mundo nos saludaba con el eterno Namasté y yo casi nunca respondía, y en verdad era por mi propia abstracción de todo lo que allí me rodeaba, más ese día volví a ser yo mismo y acordándome de sus palabras, brotaban de mis labios todas las palabras amistosas que pudiera recordar. Y tenía razón la pequeña argentina, pues el contacto directo con la gente que en nuestro pais parece algo trivial, aquí forma parte de una milenaria cultura basada en el respeto y la educación ancestral. Y eso en tu propia soledad, te hace sentir muy feliz. No sé cuantas horas me pasé caminando, sé que fueron muchas por el reloj, no por mi propio cansancio. Lo curioso de todo, es que iba caminando con una sonrisa en el rostro que no había manera de borrarla, era como si se me hubiera paralizado, asi me daba por reír o gritar, saltar y girar, era un estado de sensaciones que difícilmente alcanzamos en otro lugar, salvo en je,je….un centro siquiátrico.
Seguía caminando, y cruzándome con gente extraña, con sus típicos sombreros nepalí, y las mujeres en grupos hablando de sus cosas cotidianas. Aquí en esta tierra, ellas hacen los mismos trabajos que los hombres, o incluso más, las vi arando en el campo, pescando en el lago, y sobre todo, cuidando a sus crios. En cambio, al hombre sólo le apreciaba conduciendo el ganado o sentados en las casas viendo a las gentes pasar.
Después de tres horas caminando llegué a un pueblecito con mucho encanto, allí me salió un niño con sus vacas y como siempre su curiosidad le hizo preguntarme por todo, si hubiera estado acompañado seguramente hubiera dejado que otros contestaran por mí, pues suelo dejar a la gente que domina el inglés que hable por mi, pero cuando te encuentras sólo te sale sin esfuerzo, como si hablaras el mismo idioma, asi que sacié la curiosidad del crío que siguió su camino con el ganado hacia dios sabe donde.
Poco más tarde fueron una cría y su hermano pequeño los que me retuvieron, y recordé que tenía comida en mis bolsillos, asi que me senté con ellos en la hierba y los dejé comer mientras me contemplaban con sus carrillos rebosantes de sonrisas. Me contaron que vivían en una casita cerca de allí, y les pregunté si conocían mi pais, la cara que pusieron era como si les hablara sobre la biografía de Nietzsche.
Decidí volver al pueblo, me despedí de los críos dándoles mis últimos caramelos y tomé el camino de vuelta. Casi cuando ya estaba llegando me encontré con muchos niños jugando al fútbol, y uno de ellos salió a mi encuentro para que jugara con ellos, asi que me dije ¿por qué no?, que mejor lugar para dar rienda suelta a tu antigua infancia, y en esas me tuve, correteando con ellos, que parecían un enjambre de abejorros gritando alrededor mía. La verdad es que no sé si me reí más que jugué, pues sólo con levantar la cabeza y ver donde me encontraba y con quien, me hacía desear que el tiempo se parara definitivamente.

Llegue a Pokhara al anochecer, cuando ya el sol se había puesto tras el lago, y me dirigí a comprarle a Inés un bolso que me había encargado, asi que como ella misma dice, con lo que me “encanta” a mi ir de compras, encima tenía que regatear. Pero salí al paso de la situación y conseguí el precio acordado con ella.

Luego me dirigí a cenar pues no había comido nada en todo el día, asi que encontré un lugar con música y danza nepalí en directo que me hizo pasar un rato muy agradable. Para un occidental todos estos bailes orientales nos resultan iguales, o por lo menos a mí, pues no sabría decir si son danzas hindúes, tailandesas, camboyanas o nepalí si no fuera por el lugar donde me encuentro.

Para terminar mi jornada me fui un rato a internet, y allí conocí a un español de Mallorca que había hecho la ruta del campamento base del Anapurna, allá a los 4.060 metros de altura, con una amiga del pais vasco, me contaba que se habían quedado atrapados quince horas en un albergue debido a las tremendas nevadas que allí se producían, y es curioso pues yo aquí seguía estando en manga corta.
También me comentaba que después de tanto tiempo con su amiga, habían decidido tomarse algún dia separados pues necesitaban soledad, me recordó a mi mismo, al día tan extraordinario que había pasado, y supe que tenía razón. Por mucho que aprecies a las personas que tienes alrededor siempre necesitamos esos momentos, y aquí en estas zonas tan lejanas parece que sientes una llamada interior que te lo recuerda en su momento justo, le pasó a Inés y me pasó a mí. Más eso no quitará que desees volverte a encontrar con más fuerza que nunca como también nos pasó.
Y fui a dejar caer mi cuerpo sobre la ya para mí extraña habitación, pues estaba vacía y no tenía con quien pasar las horas hablando.
Y Javi por esas montañas de Dios. ¿Seguirá vivo?

Esta mañana es domingo de Pascua, y como es normal aquí no se celebra, no es que yo me acordara pues he perdido la noción del tiempo, sino porque mi querida Inés se encargó de recordármelo con su email de la mañana. Allá en Argentina es una tradición ese día comer con tus seres queridos y ella no estaba para disfrutarlo, más si para desearnos un feliz día.
Salí ha hacer las compras del final de viaje y me encontré con el toque de queda instaurado desde primera hora, asi que sólo podía encontrar soldados y tiendas cerradas por la calle.
Continué caminando un buen rato y de repente oí una voz a mis espaldas que me decía en español: ¡Eh tu!, ¡tío bueno! ¡Si, tú!, giré sobre mi y……..allí estaban……Nuria y Gema, mis compañeras de viaje a las que habíamos dejado en Katmandú apresuradamente y con sólo una nota de aviso. Hasta se me cayó al suelo la botella de agua de la impresión.
Pasé la mañana con ellas, y no pude evitar sentir un poco de apuro por la situación, más no sacaron a relucir el tema más de lo necesario, creo que comprendieron eso mismo que acabo de explicar de que en ciertos momentos cada uno siente la necesidad de estar sólo en algún momento, y por lo que pude apreciar, ellas mismas habían conectado lo suficiente como para que entendieran que éramos unos compañeros de jornadas, mientras que a ellas les quedaban varios meses por delante.
Charlamos de todo, de nuestros dias pasados, de cada uno de nosotros, de Javi y de Inés y sobre todo de que habían encontrado su lugar aquí. No querían volver a la India, al calor, el polvo y las incomibles comidas. Sólo volverían a la India para ir a los monasterios de las montañas, creo que irán a Darshala o Mc Leod. Pues buscan lo mismo que Inés en cuanto a encontrar eso que dicen que encuentras en la India y que en verdad sólo en estos lugares te puedes aproximar…la espiritualidad.
Nos despedimos al medio día para quedar más tarde, más el destino quiso que ya no nos volviéramos a ver. Asi que desde aquí les deseo buena suerte en su aventura por estos mundos perdidos.
Pasé la tarde caminando como el día anterior, y al poco de volver al hotel llegó………Javi!! Estaba vivo!! O mejor dicho, lo que quedaba de el, nada más verlo me recordó a un judío recién salido de Auschwitz, no podía ni caminar del esfuerzo sobrehumano que había hecho.
Pero eso si, era la persona más feliz sobre la tierra, no paraba de hablar, de contar, de reír, estaba como en estado de trance. Había salido hace cinco días para hacer un circuito que lo llevara a Saranghot, Landrung y Birethanti en tres jornadas por las montañas, hasta llegar a una altura de unos 3.200 metros, para desde allí poder divisar el Anapurna y volver en menos de jornada y media. Toda la gente que se encontró por el camino, incluidos los porteadores le decían que estaba loco que era imposible hacer eso en tan poco tiempo y todos creían que nunca lo conseguiría, y más cuando iba sólo y sin guía, pues lo más frecuente en estas fechas de caos, es que lo interceptaran los revolucionarios maoístas. Pero lo consiguió, aunque casi le cuesta la misma vida.
Empezaba sus jornadas a las seis de la mañana y no paraba hasta llegar las siete de la tarde, subiendo y subiendo, sin parar, estaba extasiado con el paisaje, y maravillado con las gentes que iba encontrando a su alrededor, gente de las montañas, con vidas nómadas cuya visión del mundo queda reducida a su propia montaña, eran todo amabilidad, simpatía y cariño, los niños le salían al encuentro en las afueras de los pueblecitos como si de un dios se tratará. Posiblemente por lo que el me ha contado, no existe más pureza en un niño que allí arriba, sin saber nada de eso que llamamos erróneamente civilización. Eran todo risas y ternura. Las mujeres de allí les ofrecían a sus hijas para que se casara con ellas, y por lo que cuenta, eran de una belleza tal que valdría la pena desafiar a la montaña.
Tuvo momentos de soledad, pero de esa soledad que le producía ganas de gritar y gritar, sin esperar respuesta, riéndose sin explicación a pleno pulmón, y estar en un estado tal, que parecía había descubierto el paraíso que esperamos en el final de los dias.
Cuando llegó a Birethanti, (el le llama Gorophani) se encontró con que era el día de año nuevo y al contrario que aquí en Pokhara, no había toque de queda, asi que se encontró con un pueblo en fiestas, y de gente de todos los pueblos cercanos que allí acudían a bailar y cantar. Pero quiso el destino que allí cayera enfermo, supongo que del esfuerzo realizado y del implacable sol de las montañas. Así que tuvo que guardar cama entre vómitos y temblores, oyendo el ruido de la música penetrar por su ventana, sin poder levantarse. Me cuenta que se pasaron toda la noche entrando en su habitación las gentes del lugar, para tratar de animarlo a que se uniera a sus celebraciones, y el con todo el dolor de su alma renunciando a tan insuperable placer. Tuvo que ser duro, pues ahora que había alcanzado su paraíso, no podía tocarlo, olerlo ni saborearlo. Más si podía verlo y oírlo, asi que ese fue su consuelo.
Al día siguiente ya se encontró mejor e inició el descenso, volvió a cometer la locura de hacerlo en un día con lo que llegó destrozado, más si no hubiera sido así y hubiera hecho noche en la montaña, no hubiera llegado a tiempo de volar a Katmandú conmigo pues el vuelo era a primera hora de la mañana. Así que al final de todo, consiguió su objetivo.
Esa noche mientras me contaba todas estas aventuras en una agradable cena, vi que no paraban de brillarle los ojos recordando todo esto, incluso creo que seguía teniendo ganas de gritar de nuevo. Simplemente estaba eufórico. Y yo también por lo que me contaba, y por lo cerca que estaba.
Y así nos despedimos de Pokhara, tal vez hasta siempre, con tristeza, con alegría, con tantas sensaciones en tan pocos días, solos, aquí y en la montaña, con Inés, con el lago, con el crío del balón, y con todas estas bellas gentes que sin saberlo hacen feliz a tanta gente extraña.

Al día siguiente tomamos la avioneta hacia Katmandú después de varias horas de retraso, incluso me encontré con el mallorquín que había decidido volar un día antes pues los días siguientes no habría vuelos por no se que caos político que aquí es tan habitual.
Llegamos sobre la una de la tarde e Inés nos estaba esperando con un fuerte abrazo, en nuestra Guest House de siempre, teníamos muchas ganas de vernos pues era nuestro último día juntos y tenía que ser especial, pues éramos ya los últimos que quedábamos de ese grupo de personas que hemos ido conociendo por el camino. Además, ella me había amenazado de que no se nos ocurriera no aparecer pues sino, siempre creería que en realidad sería una más para nosotros. Cosa que de antemano, ella sabía que sería imposible, puede que al comienzo de cualquier viaje, pero nunca cuando la has conocido.
Le entregué las compras que me había encargado y partimos para ver la ciudad.
Katmandú está llena de hermosos templos, tiene grandes plazas donde ves unos al lado de otros pensando que no estás en una ciudad, sino en un inmenso monasterio en las alturas, no hay muros que los separen, pues son casas para el pueblo, forman parte de ellos mismos y por lo tanto no tiene sentido el imponer muros para separarlos. La gente se sienta en sus escalones, solo para ver a otros pasar, observan cada trozo de vida que la calle les muestra. Madres, niños, hombres y viejos, pero apenas ves turistas por allí. Lo que más me gusta de esta ciudad, es que no necesitas ir a cualquiera de esas plazas para tener una idea del lugar, en cada esquina de cualquier calle tienes uno de esos templos que rompe la armonía de las casas alineadas, asi que de esta forma, nadie tiene que salir de su barrio para ver algo distinto. Pero a los nepalíes les gusta pasear al atardecer, cuando el ferviente ajetreo de la mañana empieza a palidecer, vuelven a echarse a la calle, pero solo para disfrutar, orar en sus templos, hablar con sus gentes, hombres con hombres, mujeres con mujeres, y viejos con viejos, más también alcanzo a ver parejas llevando orgullosamente a sus hijos recién nacidos. Son imágenes que vemos en cualquier lugar del mundo, pero aquí, con esos vestidos, esos rostros oscurecidos por el sol con sus ojos rasgados, y bajo el techo de sus milenarios templos, nos llevan a creer que no pertenecen a este mundo, si acaso, pertenecen a la historia ya pasada.
Almorzamos en un bonito restaurante, y Javi bendecía cada trozo de carne que se echaba a la boca, pues no recordaba cuando dejó de tomar arroz allá en las montañas. Brindábamos nuestras cervezas una y otra vez casi sin decirlo, pero en forma de despedida. Y ahora si, nos tomábamos fotos que hace unos días nos parecerían sin sentido, pero queríamos inmortalizarnos una y otra vez, tal vez para tener algo de los otros que recordar cuando ya no estuviéramos.
Después de comer ya serían pasadas las seis nos fuimos con un coche a ver otra plaza que estaba en la otra punta de la ciudad, cuando llegamos, nos dejó sorprendidos, pues era todavía más hermosa que la anterior, ahora si creía estar fuera de lugar, de hecho creo que éramos los únicos occidentales que allí estábamos con lo cual fuimos la sensación. La multitud, pues era una multitud lo que allí había, nos observaba con curiosidad, más nosotros a ellos, no, ya no, a estas alturas de viaje nos creemos ser uno más, pero siempre son los niños los que te recuerdan que eres un extraño. Se nos acercaron como siempre, pero esta vez la sorpresa fue mayor pues algunos sabían hablar español, y no cuatro palabras no.
Recuerdo como se arremolinaban alrededor de Javi para que les comprara alguna postal o souvenir, ante las risas de Inés porque yo me los quitaba de encima diciéndoles que era el abuelo el que quería comprar. Nos encontramos unas escaleras que descendían hacia un manantial de agua donde la gente acudía a echársela por el cuerpo en un extraño ritual, supongo que las considerarán sagradas o purificadoras. Y allí nos encontrábamos tomando fotos de aquel suceso, cuando se me ocurrió tomarles fotos a los niños, entonces todo fue un caos pues nos acorralaron a Inés y a mi con una pasión irrefrenable solo para que les mostráramos las imágenes, asi que cuando les gravé en video aquello ya se salió de madre, el griterío, los saltos, las risas y las caídas, no tenían fin, hasta Inés me rogaba entre risas que por favor nos fuéramos pues era incapaz de contenerlos. Pero yo estaba en la gloria, reía a más no poder, pues sabía que ya no volvería a encontrarme en otra situación igual.
Cuando conseguimos escaparnos, Inés y yo nos sentamos en las escaleras de un templo sólo para poder digerir todo aquello, relajarnos y tratar de integrarnos en la situación, después nos internamos por los callejones sin rumbo, simplemente por el placer de perdernos en lo desconocido.
Cuando regresamos ya era noche oscura y Javi nos esperaba con el sufrido chofer que ya empezaba a desesperar. Así que regresamos a la Guest house y Javi se fue un rato de tiendas. En el hotel nos encontramos al mallorquín de Pokhara y se vino con Inés y conmigo a dar una vuelta. Y asi pude seguir conociendo esta maravillosa ciudad, ya con otro color, pues era de noche, posiblemente el encanto de la oscuridad hace que los templos cobren un aspecto mas irreal. Y era solo para mí.
A la vuelta nos encontramos con Javi en la Guest y nos fuimos a nuestra última cena, los tres solos, como al principio del viaje, cuando Inés nos conoció. Y volvimos ha hablar de todo, del antes, de Gema y de Nuria, y de todo lo que a partir de ahora sería la aventura de Inés, pues ya no estaríamos para acompañarla, protegerla y hacerla reír.
Se va al tibet dentro de unos días y eso nos produce una sana envidia, pues han sido muchas las veces en este viaje que tanto Javi como yo nos hemos planteado romper con todo y no volver a España en la fecha acordada. Por eso cuando imaginemos donde está, pensaremos que pudimos estar allí y lo cerca que lo tuvimos.
Al finalizar la cena ha empezado a llover, de una forma brutal, es la primera vez que nos llueve en un mes, y los cielos se iluminan con truenos desgarradores. Como siempre la luz nos deja a oscuras y nos refugiamos por un rato en el restaurante. Más tarde regresamos a nuestra Guest.
Después de mandar nuestros últimos emails nos juntamos los tres en mi habitación y charlamos animadamente viendo los videos grabados esta tarde con los niños de los templos. Al rato Javi nos dejó, y nos quedamos hablando Inés y yo hasta el amanecer. Era nuestra última noche y como suele suceder en estos casos cuando existe esa química, no hay un tiempo que controlar, ni pesar que se aproxime al cansancio, nada de eso influye en nuestros labios pues solo quieren seguir hablando y que no acabe nunca la noche, los temas fluyen uno detrás de otro como una cascada descontrolada, y así seguimos hasta que el alba nos recordó que ya tocaba separarnos.
Y como dijo una vez un tal Humprey Bogart, “creo que este es el comienzo de una bonita amistad.”

Día 30, Vuelta a casa

El último día se levanto con lluvia, como si el propio cielo llorara nuestra marcha, no podía ser de otra manera, un día triste para acompañar nuestro pesar. Asi que las horas que nos separaban de la partida las pasamos hablando de cosas intranscendentes para no afrontar la realidad, hasta que llegó Javi a recogernos para ir a comer. También fue triste la comida en aquel encantador restaurante oriental sentados en el suelo, tumbados a ratos, cada uno en sus propios pensamientos.

Y allí nos despedimos de Inés, en aquella puerta de nuestra Guest House, sin ruido, solamente acompañados de la lluvia, con un tierno abrazo y sin mirar atrás, bueno si, yo giré la cabeza, pero ella había desaparecido, y la verdad que mejor asi, pues dicen que la última mirada es la que se te queda en el recuerdo, y yo, no quería llevarme a casa más tristeza que la mía.

Y AQUÍ LLEGAMOS AL FINAL DEL SUEÑO


Nota del autor:

Ahora que todo ha terminado, en lo físico y no en lo mental, es necesario reflexionar sobre todo lo vivido, y cuando uno está en casa, relajado y tranquilo es cuando alcanzas a comprender muchas de las cosas que hacen que los viajes nos resulten tan necesarios como el propio aire que respiramos. Cosas como el tiempo, y las obligaciones que ello conlleva, por eso al viajar pensad que el sol es vuestro reloj, y no tengáis prisa por nada, tu cuerpo te dirá cuando comer y dormir, sólo tienes que escucharlo, sólo vale tu presente, el ahora, donde te encuentras. ¿Creéis de verdad que en vuestra rutina diaria pensáis por un momento en vuestro presente?, Yo os digo que no, siempre tendemos a prepararnos para mañana, y eso amigas mías, en un viaje es perder media vida.
Nuestra mente siempre está pensando, en lo bueno y en lo malo, es algo innato de cada uno, como si tuviéramos una balanza con pensamientos positivos y negativos y sólo nosotros, podemos hacer que se incline hacia un lado, y es aquí en estos viajes, donde tenemos la obligación de inclinar esa balanza hacia el lado positivo, pues son tan tristes las despedidas que ya por si solas volverán a equilibrarla.
Pero ante todo, para mí, la magia de un viaje está en un solo lugar, en un solo sitio, y es en nuestra propia persona, todos en la vida nos creemos o queremos ser buenas personas, más es aquí, en un viaje, donde se nos brinda la oportunidad de serlo de verdad, pues partes a conocer mundo, a conocer personas de todos los lugares y razas, y cada una de ellas distinta para ti, pero en igualdad de condiciones, pues no sabes nada de ellas ni ellas de ti, aunque tenemos algo en común, y son esas benditas sensaciones de desear ser mejores personas.
No digo que encontremos una amistad duradera, ni siquiera verdadera en el futuro, pero si que la has encontrado en el presente, en tu presente que ha dado forma a tu viaje y solo por esos pocos días, minutos o segundos, han bastado para que olvides la cara de tus problemas y la sustituyas por el rostro de alguien que ya sientes como tuyo.
Hoy, mañana y siempre.
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Ultimos comentarios:

ildacen dijo:

Me deleite con tu relato de viaje, me pareció maravilloso y además a medida que leía era como estar con Uds en el propio viaje. Mi deseo es viajar a ese continente en enero del próximo año. Podríamos contactarnos así puedes darme más información que te agradecería muchísimo.Soy argentina como tu compañera y amiga Inés. Hasta cualquier momento Ilda.

jueves, 31 de mayo de 2007, a las 18.11

NesSi dijo:

Me he leido las 3 partes de tu viaje xq me ha enganchado desde el primer momento. Me gusta mucho cómo escribes, además estoy planenado para septiembre un mes por india-nepa, creo que tu diario me ayudará mucho. aún así, si me lo permites, puede que te vaya preguntando alguna duda y tal. Muy bueno, de verdad.

lunes, 4 de febrero de 2008, a las 02.39

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