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Volando sin Alas, India, Rajastán, 1ª Parte

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Volando sin Alas, India, Rajastán, 1ª Parte

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Taipam
01/05/2006


Volemos sin alas, India, Rajastán, 1ª Parte

Este es mi diario personal de un viaje por India y Nepal que terminé hace unos días, deciros que, por mi forma de ver, escribir o describir las cosas lo encontraréis muy diferente a lo que creéis esperar, a veces tendréis la impresión de estar leyendo una novela, no un diario en si, asi que a algunos les gustará mas que otros, pero si es cierto que tengo el presentimiento de que no dejará indiferente a nadie. En este sentido también decir que son mis particulares ojos los que narran esta aventura, por lo que tenéis que pensar, sobre todo los que allí habéis estado, que nada puede ser como lo recordáis, o incluso que creáis que estuvimos en sitios diferentes, no es cierto, sólo son los ojos de cada cual.
Debido a su extensión lo voy a dividir en tres partes, la primera hablará sobre el Rajastán, la segunda sobre Mombay, Goa, Calcuta y Varanasi y la tercera y última parte sobre Nepal.
Es curioso como el principio del diario tiene poca fuerza, para ir poco a poco aumentando en intensidad y sensaciones, y eso es debido a nuestro propio estado mental que va adaptándose al lugar en un tiempo sorprendentemente corto.
Espero que os guste y que os sirva cuando menos, para echar a volar la imaginación en este pais, o que os recuerde cualquier otro viaje perdido donde dejasteis parte de vosotros.

VIAJE A INDIA Y NEPAL, DEL 20 DE MARZO AL 19 DE ABRIL DE 2006
Día 1, 20 de Marzo, Delhi
Ayer llegamos a Delhi, era noche cerrada y ningún alma por las calles, en el aeropuerto cogimos un coche que nos llevara a algún hotel, y la verdad que a la una de la mañana cualquiera era bueno, así que nos metimos en el primero que nos llevaron, y nos acostamos directamente. Al día siguiente decidimos cambiar de hotel para estar mejor situados, y como en esta ciudad solo necesitas pegar un zapatazo para que te salgan diez mil ofrecimientos, pues en seguida nos vimos montados en un coche con dos hindús que todo te lo solucionaban, vimos varios hoteles pero ninguno de nuestro gusto, hasta que al final acertamos, si os digo la verdad, no tengo ni idea de la zona donde estamos, parece que cercana al centro, pero que centro? Delhi tiene 17 millones de habitantes, así que vosotros me diréis, soltamos las cosas en el hotel y nos echamos a la calle, la impresión es fuerte, hay que reconocerlo, miles de personas por todos lados, niños, y mucha pobreza, pero sinceramente, me esperaba peor situación, no es tan grave como puedas pensar, por lo menos como yo pueda pensar, he visto cosas en Bangkok y en Camboya, que me recuerdan mucho a esto, y siento que estaba preparado para asumirlo, así que me lo he tomado como otra ciudad más, antitesis de occidente. Como os describiría Delhi?, hay una palabra, caos, es terriblemente caótica, miles de coches, carros, motos y bicicletas, que parecen que te arrollan en cualquier momento, y para colmo todos hacen tocar sus claxon a la vez, así que imaginaros la sinfonía que nos acompaña a cada paso. Nosotros tomamos a un chaval con su coche para que nos enseñara la ciudad, nos cobra 6 euros por estar el día entero con nosotros, (3 euros por persona) así que no lo vemos mal y no intentamos regatear, el calor es soportable, muchísimo mas de lo esperado, de hecho hace bastante fresco. Nos ha llevado al Fuerte Rojo, impresionante complejo amurallado en perfecto estado de conservación, como es normal aquí, la entrada para los turistas es 50 veces mas cara que para el hindú, y nos ha costado 2 euros entrar, cuanto les costara a ellos?, la gente nos mira mucho, demasiado diría yo, principalmente a mi amigo Javier, y le aguantan la mirada hasta el punto de agobiarlo, he llegado a la conclusión de que le encuentran un gran parecido con Gandhi, pues es calvo y con gafillas, otra cosa no puede ser, aunque yo digo que si le conocieran, seria la ultima persona que tuviera ese espíritu de paz, je,je, otra cosa curiosa son las mujeres, casi todas llevan el sari puesto, cada uno de múltiples colores, realmente es impresionante como pueden llamar tanto la atención, sinceramente causan una muy bella impresión. Después del Fuerte Rojo hemos visitado la tumba de Gandhi, curiosamente allí no miraban a mi amigo, es bonita la tumba, como no podía ser de otra forma esta al aire libre, como fue su deseo, rodeado de césped y múltiples flores, con una imperecedera hoguera que simboliza la llama de la paz que nunca se extingue, o por lo menos así lo interpreto yo.
Poco después nuestro amable conductor nos lleva a la llamada Puerta de la India, que es un inmenso parque donde esta dicha puerta, majestuosa con ese color rojizo tan típico de aquí, hay muchísimas familias sentadas por alrededor disfrutando de la tarde, muchos vendedores, pero no son molestos, pero apenas hay turistas, de hecho, en todo el día habré visto a algún japonés, pero nada mas. Así que decidimos ver atardecer allí sentados, con el resto de la gente, es relajante.
Poco después nos volvemos al hotel, ya es noche cerrada y queremos ducharnos antes de cenar, y es ahí donde estoy aprovechando para escribir estas palabras.
Mi conclusión de la ciudad no es positiva, no tiene nada que me haya hecho pensar, o mas bien que me haya hecho sentir, a veces pienso que es porque llevo muchos viajes a las espaldas, pero en el fondo de mi no lo creo.
Mañana a lo mejor partimos hacia el Taj Majal, depende de si esperamos a una chica Colombiana que llega por la noche a Delhi. Si no es así partiremos, y estoy seguro de que será otra historia muy diferente.
Mi llegada a Delhi ha sido mas o menos lo esperado, no tenia la sensación en mi cuerpo de un viaje mas, creo que por lo reciente del anterior viaje, (no hace ni dos semanas), así que ha sido algo extraño, como si de rutina se tratara, llegar de noche, buscar hotel a ciegas y acostarte, al día siguiente esperaba disfrutar realmente de las sensaciones de estar en la India, Pero no ha sido así, no lo entiendo, cualquiera daría algo por estar en mi lugar, creo que es por la ciudad en si, realmente debe ser eso, la encuentro ruidosa, sucia, y mugrienta, las calles y edificios parecen derruidos, y apenas tienen infraestructuras de carreteras u autopistas, es muy parecido a Bangkok, pero mucho mas empobrecida.
Me habían hablado de que la gente se te agolpaba en las calles pidiendo o tratando de venderte algo, es cierto, pero de la misma forma que en cualquier otro país de oriente, no siento ese agobio, y es cosa curiosa pues somos pocos los occidentales que estamos por aquí, apenas he visto alguno, así que pienso que mucha de la gente que ha plasmado esa visión de las gentes de la india seguramente seria uno de sus primeros viajes. Por lo demás las gentes son amables, simpáticas y con ganas de agradar, algo tendrá que ver su religión, si es cierto, que también tratan de engañarte vendiéndote cualquier cosa, pero de verdad que si te niegas no son extremadamente pesadas. Con una sonrisa negándote basta.
Las mujeres de aquí, son maravillosas en su forma de vestir, sus saris son una explosión de colores, fuertes, pintorescos, bellos, muy bellos, moldeándose en sus esbeltos cuerpos, ya que aquí en India todas las mujeres son delgadas, tengo la sensación de estar en un campo de flores donde todas ellas pueden caminar, !Ah si Vincent Van Goth pudiera haber pintado los campos de girasoles con estas flores!
La vida aquí parece ir mas despacio, aunque sea un caos de trafico, gritos y voces al aire, pero el hindú de a pie, pasea sin prestar atención a estas contradicciones, con cara de tranquilidad, hace las cosas con calma, sea cuando te sirven en un restaurante, o cuando les indicas que te lleven a cualquier sitio, todo va despacio, mejor así, pues si no se lo tomaran de esta forma, !como soportar semejante caos!
Nos miran, siempre nos miran, somos extraños para ellos, me gustaría saber que pasa por sus mentes, no son miradas de envidia, son pura curiosidad, se fijan en mi forma de vestir, en mis ojos, en mi tono de piel, en todo lo que les parece diferente a ellos, pero si te quedas mirando fijamente, ellos no se inmutan ni se ruborizan, al contrario, exprimen una sonrisa eterna, que te hace sonreír a ti también.
Todavía no me he acercado a los niños, o mejor dicho, no se han acercado a mí, supongo que les pareceré un ser extraño, pero como ellos son curiosos por naturaleza, seguro que antes o después se acercaran, y es que también pienso que en las grandes ciudades están más acostumbrados a lo desconocido. De todas formas si los he visto muy cerca, y os puedo asegurar que aquí, en este rincón del mundo tienen una mirada tan llena de vida que cuesta mantener fija la vista, son ojos muy profundos, oscuros, como las aguas de un lago en la noche, sinceramente impresionan lo suficiente como para volver a mirar.
Namaste


2º Día, Un antes y un después del Taj Majal, 1ª Parte

En primer lugar agradecer vuestras muestras de apoyo a mi primer extracto del diario, sinceramente me enorgullece formar parte de vuestras vidas.
En cuanto a la impresión causada por mi primer día en Delhi, no quiero que lo tomarais como una decepción, no era mi intención, simplemente me gusta ser consecuente con mis actos y mis palabras son fiel reflejo de ello. Por eso quiero aclarar que cuando uno llega a la India por primera vez, los dos primeros días producen esa sensación al viajero, me lo advirtieron varios mochileros, así que ya estaba preparado y por eso di esa sensación de vivir algo cotidiano cuando la realidad era cuando menos sorprendente. Aclarado esto continúo con mi relato.
Nuestro segundo día en la India comenzó con nuestro chofer del día anterior, le habíamos tomado cariño y decidimos que nos llevara a ver el minarete de Ajmer, maravilloso complejo musulmán donde las estructuras están muy bien conservadas, me recuerda a lo que llego a ser Medina Azahara en mi tierra.
Es media tarde y me gusta observar a la gente que allí me encuentro, todas caminan despacio y entre susurros, nadie alza la voz, el sol se refleja en los maravillosos saris de las mujeres hindús, y es curioso que en cualquier monumento árabe siempre hay hindús visitándolo y admirándolo mientras que es imposible encontrar a algún musulmán en templos que no son los suyos, supongo que es otra muestra mas de cuando una religión quiere ser tolerante y cuando no.
La temperatura es perfecta para pasear, pues a la vez te permite pensar donde te encuentras.
Al salir del Minarete decidimos conocer un templo hindú y allá nos dirigimos con nuestro chofer que por cierto se llama algo muy parecido a Vajdet y claro, decidimos llamarlo Valdez, como Juan Valdez el del café de Colombia, cosa que a el le hice mucha gracia.
El templo hindú esta situado en el Corazón de la vieja Delhi, donde realmente se pueden apreciar como viven el más simple de los mortales, por supuesto el caos es absoluto, cientos de coches, bicicletas, carros y rickshaw que frenan en seco formando un atasco monumental, debido a la bendita vaca que decide que ahora le toca a ella caminar. Y allí estaba yo para inmortalizar la gracia de la divina criatura.
Subimos al templo, descalzos, su estructura es como una catedral pero en vez de torres tiene bóvedas ovaladas en los extremos, el exterior esta construido de color rojizo con tonalidades blancas, es bastante hermoso. Entramos en el interior y descubrimos que todo es de mármol blanco, y las gentes, tanto hombres y mujeres están sentados en posición de piernas cruzadas, olor a algo parecido al incienso, pero de una extraña mezcla de flores, hay un Lama cantando lo que suponemos una oración y mientras tanto descubro a varios hombres tumbados por completo y golpeando su cabeza contra el suelo con las manos extendidas a sus divinidades. Es un mundo curioso, cuando menos, pero además también es cierto que da una sensación de paz y lucha contra todo lo intransigente que predican otras religiones. Creo que esta es mucho más pura.
Al salir del templo decidimos irnos a Conahgt Place que es el Corazón comercial de la nueva Delhi donde decidimos quedarnos a cenar.
Después de la cena, salimos a tomar una copa con un chico hindú al que le preguntamos sitios donde escuchar música y aquí en Delhi eso es imposible, ni un mísero pub, aunque este chico nos llevo con su coche a algo que se le parecía, mas solo estábamos nosotros tres y dos chicas japonesas que entraron con otros hindús. Así que nos marchamos para el hotel pues a eso de la una de la madrugada tenia que llegar desde China y Tailandia una chica colombiana que me escribió por Internet para poder acompañarnos en nuestra ruta. Es algo que suena irreal verdad, todavía lo pienso mientras escribo. Pero Victoria llego al hotel, la salude y la acompañe a nuestra habitación que teníamos para los tres. Estuvimos un buen rato charlando, conociéndonos, riéndonos de nuestras locuras y sobre todo, aprendiendo de cada una de nuestras experiencias. Es una chica fascinante, por la vida que ha llevado, que lleva y que si dios quiere continuara en un futuro cercano. Ha recorrido medio mundo, más que nosotros dos juntos y siempre en periodos grandes de tiempo, suele ir de ONG en ONG, pues lo suyo son los niños, creo que tiene a veinte niños apadrinados en su ciudad natal. Así que llego a la conclusión de lo afortunado que soy por conocer a gente tan diferente a nosotros, a escucharlas atentamente y a no poder evitar ese halo de tristeza por lo conformistas que somos en la vida y como nos pueden los miedos cuando te invitan a salir de tu habitas natural. Ya hace mucho tiempo que yo me rebele a todo eso y doy gracias cada día por el momento en el que decidí abrir mi mente al mundo.

Manana partimos hacia Agra, Namaste.


3º Dia, Un antes y un despues del Taj Majal, 2ª parte

Al dia siguiente salimos para Agra, intentamos ir en tren pero no habia billetes asi que decidimos contratar a nuestro amigo valdez para que nos llevara con su coche no solo ha Agra sino al resto del Rajastan durante los proximos nueve dias. Ha sido una decisión perfecta, pues nos aseguramos el desplazamiento y a la vez descubrimos que Valdez conoce las zonas estupendamente.
Tardamos dos horas en salir de la caótica Delhi, hace calor pero es soportable todavía, tenemos cuatro horas de viaje hasta Agra y las aprovechamos para conocernos mejor, la incertidumbre de las primeras horas se va disipando por momentos y eso nos produce una gran satisfacción.
En una parada del viaje en mitad de la nada nos hemos encontrado con los típicos vendedores de todo y nada y decidimos no salir del coche ni bajar las ventanillas, desde luego fue un acierto pues de repente aparecieron varias personas con cinco o seis osos encadenados para que les echáramos fotos, gracias dimos por tener subidas las ventanas pues uno de los osos tuvo la feliz ocurrencia de levantarse sobre sus patas traseras y apoyarse contra la ventana de mi amigo Javi, Quien dijo miedo? Terror, fue terror lo que se dibujo en el rostro de nuestro pequeño Gandhi, no creo que vuelva a ver mas los dibujos del oso Yogui….
Al llegar ha Agra decidimos comer algo rápido y salir disparados hacia el Taj Majal, si el famoso Taj Majal, con el que alguna vez en la vida hemos soñado. ¿Como será? ¿Nos decepcionara? Tenemos un cosquilleo en el estómago que apenas podemos evitar.
Y entramos en la inmensa puerta rojiza del complejo amurallado, tomando fotos y filmando a la vez, caminamos un rato y nos encontramos a la derecha otra sublime puerta amurallada, nos internamos en ella para salir al…… paraiso.
Alli estaba, como en esas fotografias de principio de las Mil y una noches. El sol en todo lo alto, iluminando con sus rayos las blanquísimas piedras sobre piedras con forma de obra de arte.
No prestas atención al calor, a las miles de personas, a las cámaras, nada tiene importancia, solo estamos el y yo.
Parece que quiere decirte algo, parece que quieres decirle algo, pero el resultado de todo esto es que nos comprendemos…..Tu eres la obra y yo tu mas ferviente admirador.
No voy a tratar de describir el Taj Majal, no puedo hacerlo, otros se encargaran por mí, pues pienso que si lo hiciera, ni yo mismo lo reconocería, así que os lo dejo a vosotros, a vuestras mentes, a vuestros cuerpos pues no debéis perder nunca la esperanza de venir aquí alguna vez. El día que lo hagáis os comprenderéis mejor.
Descubriréis vida donde hay muerte, pureza donde hay sentimientos, descubriréis que siempre desde niños hemos tenido o soñado con nuestro rincón mágico, con volver a pasar unos minutos más. Que ahora recuperamos.
Hace unos días me escribió una carta una querida amiga mía en la que me decía que sentía impotencia por no haber podido disfrutar más intensamente los momentos que nos conocimos, pues desde entonces no nos hemos vuelto a ver. Y yo hoy la he tenido presente en ese momento, acordándome de su frase para disfrutar cada segundo del Taj Majal.
Recuerdo paseando descalzo por el mármol blanco, como la gente nos observa y nos pide hacerse fotos con nosotros, nos ponen a sus familias completas y nos sentimos bastante bien, entre risas y miradas llenas de curiosidad.
Recuerdo cuando Javi se sentó en el blanco suelo y de inmediato se le sentaron una multitud de jóvenes alrededor como si realmente fuera Gandhi, preguntándole por su vida y su entorno, en verdad es cierto que su curiosidad es nuestra felicidad.
Recuerdo tambien tumbarme en el cesped mirando al Taj y dejar caer la tarde, pasar las horas y solo tener ojos para el.
Recuerdo cuando oscurecio por completo y nos tuvimos que despedir, esa es la imagen que me llevo, saliendo despacio y andando hacia atrás, sin poder dejar de mirar, y al girar mi rostro, mi subconciente no pudo evitar mandar un beso reposar sobre la ya fantalmal figura milenaria.
Después de esos mágicos momentos salimos a cenar los tres, y he estado a punto de romperme la crisma al caer desde una altura considerable, había una zanja que surgió de la nada, milagrosamente salí intacto ante el asombro y las risas de mis compañeros, veo que mi suerte me sigue acompañando en esta parte del mundo.
En la cena hemos hablado de muchas cosas, nos hemos reído mucho, es curioso como cuando conoces gente extraña con la que te sientes a gusto, nos limitamos a ser sinceros y hablar abiertamente de nuestras vidas e inquietudes. Fue una bonita cena.
Os contare una anécdota cuando menos con encanto, íbamos paseando cuando se me acercó un chico con un rickshaw de pasajeros, y como siempre hacen lo ofreció, no le hice caso, pero seguía insistiendo, yo ya estaba bloqueado y no quise oír nada más, pero en realidad el chico me estaba preguntando si yo hablaba español para traducirle una carta, Victoria se dio cuenta de ello, y contesto por mi, así que nos enseño una carta de un chico de Córdoba que había estado con el chaval como guía, decía lo maravilloso que era, y resaltaba todas esas cualidades buenas de las personas, cuando Victoria acabo de traducirla me di cuenta de que estaba fechada en el año 2002, ¡Dios!, había conservado esa carta cuatro años hasta que alguien se la tradujera. Nunca dejare de sorprenderme.
Victoria no deja de sorprendernos gratamente y creo que se ha sentido muy cómoda con nosotros, lo presiento, y se que casi nunca me suelo equivocar en esas valoraciones, hemos congeniado tanto los tres, que hasta ella tiene pensado retrasar su vuelo y volar con nosotros, pues vive en Ámsterdam y nosotros hacemos escala allí. Quiere que nos quedemos un día allí para darnos una fiestecita y conocer a sus amigas y amigos de allí.
Es curioso como esta ciudad aparece constantemente en mi vida.
Mañana dejamos Agra, pero como dije al principio hay un antes y un después del Taj Majal.
Namaste.



4º Día, Sensaciones cotidianas entre Agra y Jaipur

Esta mañana nos levantamos temprano, Valdez nos esperaba a las 7 de la mañana.
Como siempre con su sonrisa omnipresente. Ya son ganas de sonreír, pero lo cierto es que resulta contagioso, no deja de sorprenderme con el buen humor con que nos levantamos los tres, las bromas están al orden del día, Victoria entra al trapo más que nadie y eso también se refleja en el ambiente. Parece que nos conocemos de toda la vida, y la confianza es absoluta, fijaros que dormimos los tres en la misma habitación y siempre surge el chiste fácil. Tenemos siete horas por delante hasta llegar a Jaipur la ciudad rosa, así que lo tomamos con calma, al salir de Agra nos topamos con una especie de peregrinación femenina hacia un templo que hay a muchos kms de distancia, y esa imagen de miles de mujeres caminando por el campo con sus saris preferidos para la ocasión nos deja extasiados. Parece que no acabara nunca.
Cuando llevamos algunas horas de viaje nuestro querido Valdez nos propone conocer una antiquísima mezquita junto con una serie de templos y casas que se conservan intactas desde hace 500 anos, la llaman Fakhespur Sickrim, la ciudad fantasma, y por supuesto nos mostramos encantados. Se encuentra en mitad de la nada, en lo alto de una montaña y el calor es sofocante. Cuando entramos en la ciudad, realmente parece fantasma pues no hay ni un alma, las plazas son inmensas y me recuerdan a la plaza de Tiananmen, en Beijín,. Los edificios rojizos con sus versos coránicos incrustados en todas sus paredes nos acercan a esa época, también tienes la sensación de ver la Alhambra en ellos, todo ello les da un aire familiar.
Al salir de allí, entramos en la gran mezquita, que es una copia exacta incluso en longitud de la Meca, con la diferencia evidente de que en esta no se encuentra la Kabala, sino un bonito mausoleo de mármol blanco donde reposan los restos de varios imanes. Entramos descalzos, y esto empieza a resultarnos familiar, nos separamos los tres y como no podia ser de otra forma nos rodean niños y gentes por todos lados, ofreciendo, pidiendo, preguntando, todo vale con tal de acercarse. Al final dejé que me acompañara un chico que curiosidades de la vida hablaba un español mas que aceptable, ¡en este trozo de mundo! Me fue explicando la historia de la mezquita, el significado de los versos, las tumbas de los hombres, la tumbas de las mujeres, incluso me fije que entre dos tumbas había un trozo de mármol como un pequeño ladrillo de grande, y al preguntar me contestaron que eran tumbas de palomas!, Eso si, la palma se la llevo una tumba de elefante con su minarete y todo.
Al cabo de un rato vi que me seguía una niña pequeña de unos seis años, Se me acerco y pude apreciar la belleza de su rostro, quería venderme algo y como siempre en estos casos me preguntó en ingles, de donde era. Al decirle español se le iluminó una sonrisa en el rostro y exclamo ¡Hola, Hola, Coca Cola! No pude evitar reírme sin parar, definitivamente me desarmó, y le compré unas postales, le di cinco veces más de lo que me pidió y se mostró aturdida, pero al rato aparecieron otros niños tratando de quitarle el dinero, logre ahuyentarlos pero en su rostro se reflejaba el miedo, así que imagine que mas tarde o más temprano se lo quitarían. Y me sentí impotente.
Al salir de allí hicimos una parada en el camino para tomar un zumo tropical en un puesto ambulante de la carretera, en seguida nos vimos rodeados de niños, todos ellos sucios a más o poder, es increíble como conviven con tanta suciedad, Victoria compró una piña que dividió en varios trozos para todos aquellos rapaces que se la llevan a la boca con verdadera voracidad.
Continuamos el viaje hacia Jaipur y llegamos sobre las cinco de la tarde, nuestro hotel es bastante bueno y solo la fachada es un palacio Hindú, la habitación esta decorada con todo tipo de dibujos y animales de esta religión.
Decidimos acercarnos al centro de la ciudad, al lado rosa, llamado así porque todas sus casas y callejones tienen color salmón, realmente es alucinante. Para variar el caos es tremendo, creemos que estamos en un Mercado Persa de hace 2000 años.
Y de repente pasó lo que tenia que pasar entre tanto caos, se nos atravesó una vaca delante del coche y dijo que ella tenía preferencia, cosa que Valdez no estaba de acuerdo, así que se produjo el inevitable golpe. La casualidad quiso que estuviera grabando en ese momento, así que tengo un bonito documento. Realmente no nos pasó nada, bueno si, un ataque de risa realmente incontrolable. Lo curioso de todo, es que la vida seguía igual, nadie se fijó en el golpe. Es evidente de que pasa todos los días.
Decidimos caminar y nos metemos en la jungla del bazar, todo el mundo persiguiéndonos y ofreciéndonos cosas, Victoria se probaba saris, Javi y yo turbantes entre la risa del personal; Realmente son gente simpática, entre paseo y paseo fuimos disfrutando de las especies del lugar, probando zumos de caña de azúcar recién cortada, extrañas gaseosas y tantas y tantas cosas.
Después de un rato paseando me acabé dando cuenta de algo muy curioso, las 5 o 6 últimas personas que me pararon para ofrecerme algo, se dirigían a mi en español, y me pregunté ¿como narices sabían que lo era? ¿Y como narices sabían ellos español? Hubo incluso un chico que me preguntó cuantos idiomas sabía, y yo le contesté que el mío propio, extrañado me dijo: ¿Y cómo no sabes catalán, euskera o gallego? Me quede de piedra, todavía no he llegado a comprenderlo.
Al anochecer nos quedamos a cenar en el bazar y como siempre una odisea los platos hindús, tengo que reconocer que tengo suerte pues no he tenido problema alguno, al contrario que mi amigo Javi, que suele visitar con bastante frecuencia los estupendos servicios de la India.
Después de cenar decidimos irnos a dormir, pero en el camino descubrimos un inmenso parque, todo iluminado, y al fondo, un auténtico palacio de Maharajas cubierto por miles de bombillas, parecía el Castillo de cenicienta en Disneyland, decidimos quedarnos y le dijimos a Valdez que podía irse a dormir.
En el parque sonaba música Hindi, pero nos dimos cuenta de que en realidad era un concierto en directo en la explanada del palacio, con sus focos y pantallas gigantes, para las miles de personas que allí había. Decidimos acercarnos hasta el final, donde nos encontramos una barrera policial, a partir de ahí solo estaban los asientos para gente rica o con poder.
Entonces todo ocurrió muy deprisa, ante la cantidad de gente algunos policías quisieron hacer una carga para dispersarnos y cuando uno de ellos se fijo en mi, su rostro se relajo,
Me vio con la cámara de video y de fotos y nos preguntó algo insólito. ¿Sois los periodistas del Heral? No se como, pero Victoria que no se corta nada dijo que si, Y entonces todo cambió, de repente nos encontramos sentados en las primeras filas del concierto, tan ricamente sentados deleitándonos con la mágica música.
Prácticamente teníamos el palacio en nuestras narices, pero para narices las que le echó Victoria.
Al acabar el concierto nos marchamos al hotel, y decidimos tomar un tuck-tuck, que viene a ser como una moto con tres ruedas y un carrito de pasajeros detrás, si alguna vez tenéis la oportunidad de montaros, debéis hacer testamento antes. Os juro que conducen como si nos hubieran colocado un chimpancé al volante, esquivando coches, carros, motos, como un videojuego, y claro, nosotros con nuestro ataque de risa. Esta vez, casi se nos borra pues se quedó a dos escasos centímetros de estrellarnos contra una moto.
En este viaje ya han sido varias veces las que he pensado en mi amiga Pilar cuando me dice que tengo un Ángel de la Guardia particular.

Y esto es un día cualquiera en la India.
Namaste


5 día, Jaipur

Esta mañana nos hemos levantado temprano para ver la ciudad, Valdez nos esperaba como siempre en la puerta y nos pusimos en marcha hacia el centro de la ciudad rosa, nos dirigimos al Palacio de los vientos, que viene a ser una enorme construcción de ladrillo rojizo cubierto por miles de ventanas en forma de celosías, cuentan que este palacio fue construido para que todas las concubinas del maharajá pudieran ver y escuchar todas las cosas que ocurrían en las calles sin poder ser vistas por nadie.
Allí nos hemos encontrado a un matrimonio, el es Hindú y ella Chilena, hemos estado charlando con ellos un rato y nos han contado que llevaban 25 años sin venir a la India, es curioso pero no puedo evitar imaginar lo que habrá significado este viaje para ellos, pues se conocieron aquí, siendo jóvenes y ahora al volver de nuevo a esta tierra, sentir el paso del tiempo de una forma más dulce, debe ser bonito.
Poco mas tarde nos hemos dirigido a una fortaleza a las afueras de la ciudad, el camino hacia allí es hermoso, sobre todo cuando divisas la enorme fortaleza en lo alto de la montaña y reposando sobre un lago donde van a beber cabras, vacas y jabalíes. La entrada de la fortaleza está en lo alto de un largo camino donde la gente suele subir en majestuosos elefantes, los guías que llevan esos elefantes son de raza gitana, es algo complicado de explicar pues no los distingues de los demás hindús, pero aquí en India hay treinta millones de gitanos con descendencia de Europa.
Las vistas desde lo alto de la fortaleza son preciosas, pues al fondo se ve el comienzo del valle entre dos montañas fuertemente amuralladas. Esta claro que nos lo tomamos con calma, charlando con gente, sobre todo Victoria, que no para de hacerse fotos con niños, hombres y mujeres, jeje, le encanta ponerse delante de todas las cámaras con lo que a la gente le da por reírse ante su descaro.
Al dejar la fortaleza nos acercamos a un palacio que hay a la entrada de Jaipur, lo particular de este sitio es que dicho palacio esta posado en el centro de un lago, con lo cual la visión es un poco irreal viendo esas antiquísimas piedras sosteniéndose sobre las aguas. Estábamos allí tomando unas fotos cuando conocimos a una pareja de argentinos, y estuvimos un rato platicando con ellos, como era de esperar nuestra conversación rondaba sobre las penas que nos causaban a todos que en este país no poder comernos las vacas.
Para terminar la mañana nos fuimos a ver el palacio real de Jaipur, pero lo vemos ya algo cansados así que decidimos irnos al centro de la ciudad rosa a comer algo.
A partir de ahí nos hemos separado toda la tarde, Victoria ha ido a comprarse unos saris, Javi a la piscina mientras yo me quedaba en Internet.
Al atardecer Victoria ha aparecido, eso si, vestida de Hindú, glamorosa, como le gusta a ella, y no solo se ha comprador este, sino tres más que le están haciendo y que mañana los entregan.
Al anochecer hemos tomado una bonita cena en la terraza de un hotel, hablando de nuestras cosas y vidas, siempre tenemos una conversación interesante que sacar.
Poco después nos hemos ido a dormir, mañana partimos hacia Puschakr.


6 Día, Puschakr o la otra India.

Partimos de Jaipur y nos vamos adentrando en los campos desérticos de esta zona del Rajastán, el desierto del Tar comienza en esta zona, es uno de los mas áridos del mundo, pero su fisonomía es distinta a lo que podáis imaginar ya que está cubierto de muchos árboles secos, con lo que no te imaginas que pueda ser desierto, vamos dormitando, con la mirada clavada en el horizonte de este singular paisaje, poco a poco nos acercamos a Puschakr, este pueblo tiene de particular, que es el segundo centro de peregrinación de la India para el hinduismo, tras Varanasi, esta situado rodeando un lago, todas las orillas del lago están cubiertas por cientos de templos con sus fachadas blancas, según he leído existen 500 templos por aquí. Ves a las mujeres lavándose en las orillas, purificándose y cantando a la vez, y los niños corretean alrededor. Aquí no nos dejan hacer fotos. En este lugar también se celebra el mayor mercado de camellos del mundo, adonde acuden gentes de los más remotos lugares, se nota que esta ciudad ha sido enclave de rutas de caravaneros que se dirigían a china en la ruta de la seda.
Pero Puschakr ha cambiado mucho en los últimos 25 años según me cuentan, antes era uno de esos paraísos perdidos que solo los afortunados de corazón podían encontrar, aquí se reencontraban por primera vez, hoy en día se ha convertido en uno de los santuarios mas importantes para los hippies de todo el mundo, caminando por sus calles nos los encontramos a cientos, había momentos en que parecía que había mas hippies que Hindús. Tengo que reconocer que todo esto le da un encanto especial a la ciudad, hay gentes de todos lados del mundo, por imaginar algo parecido, me recuerda un poco a las Phi Phi Island, en el mar de Amdaman.
Aquí se respira tranquilidad por todas partes, sus estrechas calles llenas de vida parecen que encogen las voces, y los cientos de mercadillos desplegados alrededor nos hacen ver que esta comunidad hippies esta totalmente integrada, pues muchos regentan locales.
A media tarde decidimos comer algo pues el calor estaba en todo lo alto, y entre callejuelas descubrimos una casa de unas tres plantas donde parecía haber un restaurante, subimos a la terraza y efectivamente, allí había algo parecido, mesas que topan el suelo, con colchonetas y asientos de mimbre, las vistas al lago y a los estrechos callejones le dan un encanto imposible de resistir, así que después de comer y con el sol del atardecer golpeándonos el rostro llamamos a un camarero para que nos consiguiera una botella de whisky Hindú.
Fue una tarde para no olvidar, observando todo lo que teníamos delante, con nuestros whiskys en mano esperando el atardecer. Poco a poco nos fuimos emborrachando, si, lo reconozco, pero bendito lugar para ello, Javi se levanto de nuestro sitio y tomo la botella, se acercó a dos chicas que teníamos al lado y las invito a un trago, eran de Israel, las primeras que he conocido nunca, también se apuntó a la fiestecilla un chico irlandés que llevaba seis meses viajando por el mundo, imaginaros la mezcla de culturas que montamos en un momento alrededor de una botella. Las chicas de Israel nos comentaron que éramos las únicas personas que tomaban whisky en toda la ciudad, así que pensé: ¡como no teníamos que ser los españoles!
Al atardecer sonaba música en las calles, y al asomarnos a la terraza descubrimos una orquesta de músicos hindús con cientos de mujeres detrás bailando con sus saris al viento. Esas demostraciones de fiesta popular no hacen más que agrandarnos, más si cabe, nuestras sensaciones. Fueron grandes momentos.
Al anochecer nos separamos de Victoria que decidió quedarse por los callejones, Javi y yo nos fuimos al hotel que teníamos en las afueras de la ciudad, casi en el campo, me di un baño en la piscina y Javi se acostó un rato.
Era noche cerrada cuando salí del hotel para adentrarme en Puschakr, voy solo, pues no se donde están mis amigos, aprovecho para llamar a algunas de vosotras para recordarme un poco el otro mundo. Las calles están vacías, solo encuentro vacas en la oscuridad, gente durmiendo en las esquinas, todo esta a oscuras, pero no tengo miedo, es simplemente otro tipo de sentimiento, algo novedoso, privilegiado, no me creo que este allí en esos momentos, y cuando más a solas me encontraba, empecé a escuchar una música en alguna parte, fui avanzando hacia allí, y divisé un templo de donde partía dicha música. Al entrar me encontré con una especie de procesión con su extraño dios en lo alto de un paso, llevado por varios hombres, y alrededor una orquesta que tocaba y tocaba sin parar.
Estaban depositando al dios en el templo, pero cosa extraña, después de hacerlo los músicos seguían tocando, se sentaron en el suelo y tocaban sin parar, la gente fue desapareciendo, incluso la pareja de argentinos que conocimos el día anterior. Solo quedamos allí tres Sij o santones, dos vigilantes y yo, es sorprendente la sensación de imposibilidad de mover un músculo, de no desear que pase el tiempo, daba igual la hora que fuera, posiblemente fuera el encanto de la música. De verdad que es muy difícil de tratar de explicar muchas sensaciones, pero esta, por su espontaneidad, su momento y su lugar, se lleva la palma.
No recuerdo si eran la una o las dos cuando dejaron de tocar, y emprendí el camino a casa, a través del campo, a oscuras, y como siempre mas vacas y gentes durmiendo en el suelo, pero me gustaba mirar el cielo.
Hace poco me preguntaba una amiga mía como era el cielo de la India, y yo le comenté que aquí en el desierto, las estrellas brillan más que en ninguna otra parte, brillan con una intensidad inusual, como queriendo llamar tu atención y que les prestes un poquito de tu tiempo, yo no se lo prestaría, se lo regalaría eternamente hasta que amaneciera,, así que esta visión, hace que tengas la sensación de libertad mas absoluta, sea ahora, hace mil años o después de otra vida, cuando nos reencarnemos en otra persona como en este país creen.
Así es como yo veo el cielo de la India.
“Soñar no cuesta nada, es la ilusión que hace que me levante cada mañana”.
Namaste


7 Día, Camino de Jhospur

En el día de hoy para una vez que somos puntuales, se le estropea el coche a nuestro querido Valdez, pero lo ha sabido solucionar pronto. Nos pusimos en marcha y nuestro amigo Javi esta cayendo enfermo por momentos, algo ha debido de coger, pero es extraño pues hemos tomado las mismas cosas.
Salimos de Puschakr dejando atrás tantas buenas sensaciones, a las afueras de la ciudad hay campamentos con tiendas donde viven los gitanos, para distinguirlos os diría que físicamente es imposible, sólo sabes que son, por ser los encantadores de serpientes y los que conducen camellos y elefantes. Son como beduinos en su propio desierto.
Las horas en el coche van pasando lentamente, observamos la árida tierra una y otra vez buscando su final. Creo que no os he hablado de como conducen aquí en la India, realmente es difícil de imaginar, para empezar conducen por la izquierda como excolonia británica que son, pero es lo único parecido. Aquí no se respeta nada, todo vale, en estos caminos de dos direcciones todo el mundo adelanta aunque vengan coches de frente, así que constantemente tienes que echarte a la cuneta pues nos encontramos tres coches a la vez. Os aseguro que ya estamos acostumbrados, no es la primera vez que pasamos entre dos camiones en distintas direcciones. En el fondo ya nos parece hasta divertido.
Hemos hecho una parada antes de llegar a Jhospur, en una casita cualquiera de por aquí para estirar las piernas. Al bajarnos había un grupo de niños jugando a las cartas y como siempre nos han sonreído y han mostrado esa bendita curiosidad, uno de ellos me ha querido invitar a su casa a tomar el te con su familia y os juro que hubiera aceptado si no llegamos a ir tan mal de tiempo. He jugado con ellos poniéndoles los auriculares de mi MP3 para que escucharan música extraña, su reacción siempre era la misma, esa eterna sonrisa llena de felicidad, hasta han bailado… Siempre he dicho que es en estos lugares más remotos, donde encuentras la esencia de la naturalidad.
Al llegar a Jhospur hemos dejado las cosas en un hotel, ¿hotel? Palacio diría yo, es increíble la suerte que estamos teniendo pues mas económica no nos podia salir la cosa, por poco mas de 250 euros estamos pasando diez días en el Rajastán mientras que en mi país te piden 1.200 euros. Además ¿quien no se gasta en España 250 euros estando en tu vida cotidiana?
Javi no mejora y se ha quedado en el hotel, Victoria y yo hemos salido a comer algo, hemos recorrido los bazares de la ciudad, o más bien la ciudad entera es un bazar.
Jhospur esta situado a la falda de una montaña, justo debajo de una impresionante fortaleza, la mayoría de las casas situadas a este lado son de un bonito color azul cielo, antiguamente las pintaban así para evitar las plagas de termitas y posteriormente las dejaron así como signo distintivo de este lugar.
Hemos caminado mucho y Victoria, con su sari y velo puestos, le ha dado por ir siempre detrás de mí, para confundir a la gente haciéndose pasar por una fiel esposa musulmana siguiendo los pasos de su marido. !Lo que no se le ocurra a esta chica!
Al final ella ha empezado a sentirse mal y hemos regresado al hotel.
Ya tengo a mis dos compañeros enfermos, no parece nada grave, pero me pregunto porque yo me encuentro tan bien. Parece como si no me afectara nada, ni el calor, la comida o esos zumos naturales que nos tomamos en cualquier tenderete.
He dejado a mis compañeros en el hotel y me he internado en ese mundo tan especial, he recorrido sus calles, la impresionante plaza con sus dos antiquísimas puertas sacadas de la mismísima Babilonia, atravesarlas entre este caos de olores, sonidos y sabores me producen sentimientos encontrados. Aquí todo es distinto, como si de repente en vez de tener cinco sentidos tuviéramos seis, y a este sentido, por supuesto que no se le puede poner nombre.
La gente me observa pero no me molesta, es curioso como nos adaptamos al lugar y llegamos a pasar como uno más.
Hay gente que vende sus productos en la misma calle, en carretas, en el suelo, encuentras de todo, sedas, tejidos de un colorido sin par y todo tipo de frutas y especias. Las mujeres sentadas en el suelo con sus cestas de fruta tienen una visión mágica. Entre tanta gente he visto a una de ellas que me ha llamado poderosamente la atención, pues llevaba el velo puesto, pero en un descuido he podido apreciar su rostro, era de una belleza cegadora, sus rasgos están fuera de toda descripción racional. Ha vuelto a cubrirse y me he preguntado el por qué de ocultar tanta belleza. Una vez leí en alguna parte que hay momentos y lugares donde nacen personas así, tan bellas, irradian tanta fuerza en sus rostros que tienen que ocultarlos pues todo el mundo se queda extasiado mirándolas. Tal magnitud de miradas hacen como si les estuvieran robando esa belleza de una extraña forma espiritual y es entonces cuando un día se levantan y se dan cuenta de que les han robado su vida. Por eso se cubren el rostro. Creo que esta chica también conoce esta leyenda.
He atravesado varios callejones y de golpe me he encontrado con un arco medieval que me ha hecho creer estar soñando, lo he observado extasiado y he seguido mi camino, he llegado a un bonito puente con vistas a la fortaleza y allí me he quedado.
Sentado en mi tranquilidad, observando a la gente pasar.
No se si os he hablado del carácter de estas gentes, pero realmente son muy simpáticos, abiertos, descarados y con una curiosidad que les puede, pero a la vez trasmiten una sensación de paz y tranquilidad que es envidiable.
Estando allí sentado los niños me saludaban con sonrisas desgarradoras, y siempre dicen lo mismo, hoy lo he vuelto a ver, se me ha acercado un muchacho y amablemente me pregunta como me llamo, de donde soy, donde esta mi país y si me gusta la India, y cuando han saciado su curiosidad te tienden la mano y te dicen “Gracias señor, ha sido usted muy amable”. !No me digáis que esto no es mágico!
Han sido tantas las sensaciones vividas esta tarde que he tenido que regresar al hotel pues no podia contenerlas dentro de mi, así que he cogido mi pluma y he descargado mi interior.
“Escucha los sonidos del silencio, pues nos dicen algo más que palabras”
Namaste.

Día 8, Jhospur, un día para nunca olvidar

Hoy ha sido un gran día, de esos que mantienes siempre entre tus más felices recuerdos. Para empezar, mis amigos se han levantado bien, así que nos podemos poner en marcha para ver la ciudad, como nuestro palacete esta situado en el centro de la ciudad justo en el mayor de los bazares, solo tenemos que salir y girar sobre nuestros pasos para ir subiendo por las calles que nos lleven a la fortaleza, justo en lo alto de la montaña.
Nos ponemos a caminar, tranquilamente, con la brisa de la mañana, como siempre observando todo a nuestro alrededor, las calles son empinadas y la estrechez de estas me recuerdan al Sacromonte en mi Granada, durante toda la ascensión vamos conociendo a gente que esta en la puerta de sus casas y que asiste extrañada a nuestro paso, pues no entienden que hacemos allí, cuando nos ven echar fotos pegan sus narices a la cámara para poder ver algo mágico para ellos. Es imposible perdernos en este laberinto sin fin, pues siempre tenemos a alguien que nos sonríe y nos indica la dirección. Al cabo de un rato hemos dejado atrás las bonitas casas y tenemos una pendiente de tierra, el sol empieza a apretar, pero llegamos a la fortaleza, es impresionante, como la vista en si desde allí, corresponde a un Maharajá que se traslado a vivir al palacio mas grande del mundo, según dicen por aquí, en las afueras de la ciudad. Javi y yo decidimos recorrer el castillo, mientras Victoria prefiere quedarse en la puerta hablando con un chico Hindú. La visita merece mucho la pena, solo por sus vistas, es como la fortaleza de Masada en el Sinai. Justo en el otro extremo de la falda del castillo está situada la ciudad antigua de Jhospur, la realmente llamada ciudad azul, pues casi todas sus casas tienen ese maravilloso color celestial, divisarla desde el castillo es algo entrañable. Después de la visita, alquilamos un rikchaw que nos llevara precisamente allí, a la ciudad vieja, cuando nos deja en el corazón de ella, nos metimos en el laberinto, allí no había mercados, ni tiendas, ni gente tratando de venderte algo, simplemente casitas sacadas de un cuento junto con sus amables moradores, algunas vacas entre las poquísimas calles que tuvieran algún margen ancho para caminar, pues realmente puedes extender las manos y tocar la calle. Estamos contentos, relajados, sin comprender aún cómo hemos dado con este lugar, cuando de repente vemos un hermoso patio dentro de una de estas casitas azules, Victoria como siempre decide entrar, y aparece un viejecito que nos invita amablemente a pasar, no solo al patio, nos dice que subamos arriba, que allí esta su familia y que nos enseñaran la casa, subimos un poco aturdidos, y nos descalzamos a la entrada, pasamos y nos recibe un hombre que debe de ser el cabeza de familia, junta las manos e inclina la cabeza para decirnos namaste y que pasemos a su casa, no llegamos a comprender todo esto, pero seguimos adelante, como si de un sueño se tratara, nos enseña la casa, nos presenta a su hija, hijo y a su mujer, nos lleva a la terraza de la casa donde divisamos la inmensidad del castillo donde estuvimos esta mañana y cuando ya nos disponíamos a darle las gracias, nos hace pasar dentro de una salita, para invitarnos a un te con pastas, no se, todavía no lo comprendo, pero si se que me gusta, nos vemos rodeados por la familia, incluso el viejecito de la entrada que se ha apresurado a venir para conocernos mejor.
Y allí pasamos uno de los ratos más intensos y maravillosos que llevo aquí en la india, hablando de nuestro país, pero sobre todo escuchando, que hacían, como se ganaban la vida, y sobre todo, eso que se te pasa por la cabeza para preguntar con tal de que el tiempo no se acabe nunca. Victoria empezó ha hablar con la hija sobre sus estudios, pero el que llevaba la conversación era el venerable anciano que parecía nunca saciaría su curiosidad, tenia una mirada que lo decía todo. Todavía hoy, Javi me recuerda esa mirada que tanto nos impresiono. Después de tomar ese delicioso te, nos dimos nuestros emails y teléfonos y prometimos escribirnos, nos echamos unas fotos con toda la familia y seguimos nuestro camino. O mas bien cualquier camino, pues no sabíamos hacia donde ir después de la experiencia.
Seguimos caminando en ese laberinto y vimos una casa que era mas azul que las demás, nos acercamos y resulto ser una Guest House, o habitaciones para mochileros, Victoria como siempre decidió echar un vistazo y nosotros detrás, nos enseñaron las habitaciones y eran preciosas, creo que costaban 4 euros la noche, sin comentarios. Nos enseñaron toda la casa, hasta la terraza, desde allí pudimos divisar ese mar azul de casas que teníamos a nuestro alrededor, incluso tienen una tienda de campana instalada para pasar la noche bajo las estrellas. Al bajar a la otra planta nos dimos cuenta de que tenían restaurante, y decidimos quedarnos a comer, bueno, no era un restaurante en si, era algo mágico, imaginaros una terraza cubierta para el sol, pintadas sus paredes con dioses hindús de mil colores diferentes, pero siempre con ese fondo azul, había cuatro mesitas en el suelo y no había sillas, solo colchonetas para tumbarse, y allí nos tiramos, con la agradable compañía de unos niños, y una pareja de mochileros un tanto hippies, a nuestro lado había un chico irlandés, leyendo un libro y fumándose un porrito, nos pusimos a charlar con el, nos contó que acababa de venir de Siri Lanka y que era un paraíso, de echo se nos esta pasando por la cabeza cambiar la ruta. Así que allí tumbados, con una exquisita comida, charlando sobre las maravillas del viajero y con la vista clavada en el mar azul de casas, nos quedamos dormidos. Estos momentos ya no me los quitara nunca nadie.
Poco después nos fuimos al Palacio Real del Maharajá, verdaderamente es sorprendente, en una parte vive la familia real, y en la otra tienen un hotel de esos de las mil y una noches, normalmente no se puede entrar si no estas alojado, pero claro, esa palabra no existe en el diccionario de Victoria, así que engañó a los vigilantes y pasamos a ver semejante monumento, por cierto, os comentaré algo que os sorprenderá, por no decir que no lo creeréis, pero la cuestión es que esa tarde llegaron allí el Príncipe de Gales y su querida Camila Parker pues están haciendo una ruta por la India. Y si, tiene orejas.
Después del palacio nos separamos los tres, Javi se fue a pasear por los bazares, victoria se quedo lavando ropa y yo me fui a Internet, así que cuando salí a la calle me encontré de repente a mi amigo Javi con un lunar amarillo en la cabeza, y muerto de la risa me contó que echó ha andar, estuvo paseando hasta que perdió el norte, cuando quiso acordar se había metido en una cárcel y que unos chicos homosexuales le hacían señales a través de las rejas, me pregunto que querrían…. Poco después escuchó una música que salía de un templo, y entró, se encontró con varios músicos que tocaban sin parar a sus dioses, no había nadie mas, al verlo, le saludaron y le invitaron a tocar con ellos, suena irreal ¿verdad? le dieron una pandereta y ya era uno más, estaba alucinando, la música sonaba y sonaba cada ves mas fuerte y Javi cada vez movía la pandereta con mas frenesí, cuando se dieron cuenta el templo se había llenado de turistas que observaban extrañados como tocaba nuestro pequeño Gandhi tan difícil instrumento.
Al anochecer nos juntamos los tres para cenar en la terraza de nuestro palacio, cuyas vistas no son reales, mesa con velas, la fortaleza iluminada a la derecha, los bazares a la izquierda, y una tenue música hindú que lo envolvía todo.
Fue una cena de despedida, pues Victoria nos dijo que la habían llamado de Ámsterdam para un trabajo que no podía rechazar y que partiría al día siguiente.
Estaba muy triste y se le notaba, pues como ella nos dijo, había pasado unos días inolvidables con nosotros, “sus Golden Boys”, y nos iba a recordar siempre, como nosotros, pues en verdad os digo que esa chica es especial, vosotras que me conocéis sabéis que tengo instinto para estas cosas, y me siento afortunado por ello.
La cena trascurrió mágicamente, recordando nuestras andanzas, las futuras, y como siempre con ese sentido del humor que ha ido inundando todo nuestro viaje.
Después de cenar dimos un pequeño paseo por la ciudad y nos fuimos a dormir, cada uno con sus propios pensamientos, pero que sé, que en esos momentos eran muy parecidos.

Namaste.

Día 9, Udaipur, Hoy fue un triste día.

Es de noche y estoy repasando este día, que acabamos de dejar, desde luego no ha sido bueno por varios motivos, la marcha de Victoria y la muerte del padre de mi querido Julio.
Esta mañana partimos de Jhospur hasta Udaipur la capital del Rajastán, la distancia es bastante larga, unas 6 horas por estas tortuosas carreteras, y con el sol rugiendo a nuestro paso, vamos adormilados viendo las horas pasar.
A medio día Valdez ha hecho una parada a mitad del camino para que divisemos un templo hindú, muy bello por cierto, ha sido el mejor momento del día, pero antes de entrar en el templo, hemos decidido comer algo, justo en una especie de comedor de colegio que había al lado del templo, ha sido una sensación gratificante, pues imaginaros descalzos, sentados en esas largas mesas como si estuvieras en el ejercito, rodeado de hindús comiendo enfrente tuya, te colocan una bandeja con varios cuencos, y salen cuatro personas, en fila cada una con un puchero diferente sirviéndote la comida, jeje, no sabéis que agradable era comer con las manos como hacían ellos, que por cierto se partían de risa solo de vernos. Me viene a la mente mi amigo Antoñico, si estuviera aquí lo tenían que sacar con los pies por delante del infarto que le daba.
Y lo más increíble de todo era el precio, algo más de 20 céntimos de euro, ¿os lo podéis creer?
Después de esto visitamos el templo, era muy bello, además esa sensación de estar dentro con un sari cubriéndote la cintura como yo llevaba, resultaba cuando menos diferente.
Continuamos el viaje y llegamos a Udaipur a eso de las cinco de la tarde, Javi se hecho un rato y yo acompañé a Victoria a la estación para encontrarle billete a Delhi, así que el tren le salía una hora después y apenas tuvimos tiempo de pensarlo, despertamos a Javi, agarramos la mochila de Victoria y nos fuimos a la estación.
Como todos sabéis, las despedidas siempre son tristes, esta no iba a ser diferente, allí en el anden hablando con ella desde su vagón, nos íbamos emplazando para días mas tarde vernos en Ámsterdam que nos prometía una fiestecilla, se la notaba triste, bastante, decía que la habíamos hecho muy feliz, y posiblemente sea cierto, pero también lo fuimos nosotros, recordando sus locuras, su rostro para colarse en todos los sitios, su amable voz de las mañanas, esos masajes en el coche cuando la jornada se hacia dura, aunque lo que nos llevamos de ella sea su sonrisa constante, que para mi tiene el máximo valor en un viaje, pues refleja constantemente el estado de ánimo que no podemos ocultar.

¡Buena suerte compañera, allá donde vayas!

Tras la despedida nos fuimos al hotel y nos preparamos para irnos a cenar, cenamos en un agradable sitio donde estuvimos recuperando los ya diez días vividos, contando desde el vuelo. Al llegar al hotel llamé a Inés la chica Argentina que quiere acompañarnos en nuestra aventura, y que anoche llegó a la India, ahora se encuentra en Delhi y mañana partirá para Agra, estuvimos hablando un rato y al escuchar su voz me trajo todos esos recuerdos que tuve cuando visite su encantador país, las vueltas que da la vida, me comentó que ya había sacado el billete de avión para reunirse con nosotros en Bombay este sábado. Así que ya veis, acaba una experiencia y empieza otra, es evidente que no pueden ser comparables tanto por los sitios, como por las personas, pero tengo de nuevo la sensación de que será igual de bonita que la anterior experiencia. Al tiempo.
Pero hoy también me he enterado de la muerte del padre de Julio y me ha producido una extraña tristeza, más que todo, impotencia por no estar con el ahora, en estos momentos, pues es ahí donde debemos estar, lo demás ya no importa tanto, se simplifica, pues si de verdad aprecias a una persona, debes sonreír en sus alegrías y sentir tristeza en su dolor, si no, no seriamos humanos.
He hablado con el, y como es normal, no se ha situado en el momento, es consciente de todo, pero como pasa en estos casos no tienes tiempo para pensar, mejor así, debe ser fuerte como le he dicho, pues ahora dependen de el, duro, diría yo, y saber llevarlo por dentro, es la sensación que me llevo, que esta fuerte como una roca. Pero me ha llegado al alma cuando me ha dicho que ahora lo que de verdad deseaba, seria tomar un vuelo y venirse conmigo a Goa…….y yo más que nadie desearía que así fuera.

Desde aquí le mando mi abrazo mas sentido.

Día 10 – Udaipur.

Son las 13 horas y hemos visitado un poco la ciudad y su palacio real, pero hemos visto que nuestro tren que salía mañana hasta Bombay duraba mas de 24 horas, así que hemos decidido cambiarlo e irnos dentro de dos horas en autobús cama, así que mañana llegaremos a eso de las 7 de la mañana a Bombay, con lo que ya no escribiré mas hasta el sábado o domingo.
Namaste.

Continuará......
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