
Volemos sin alas, India, Mumbay, Goa, Kolkata y Varanasi, 2ª
India | 0 comentarios.
|
Días 12, 13 y 14, Bombay
Hoy es martes y llevo sin escribir desde el pasado Jueves, donde nos aventuramos en un autobús de difícil descripción, nos enseñaron unas fotos de uno que estaba cuando menos bastante presentable, así que cuando llegamos con las mochilas a aquella gasolinera donde paraba, nos encontramos con una horrible lata con ruedas atestada de gente. Javier decía que ahí no subía ya que se habían equivocado, yo tomé mi mochila y entré apartando gente por mi camino, le dije a Javi que era nuestra única forma de llegar a Bombay, y allí que nos metimos, menos mal que me dio por comprar un ticket con cama doble para cada uno, pues sino, la sensación de ir en un ataúd en lo alto de ese cacharro hubiera acabado con nosotros. Habría más de ochenta personas allí dentro, encima unos de otros, durmiendo en el suelo del pasillo, en las camas como las nuestras entraban seis o siete personas, algo dantesco, así que me coloque mis auriculares y me dije que no saldría de allí en las próximas quince horas que duraba el viaje. Como siempre me vuelvo ha acordar de mi amigo Antoñico.
Llegamos a Bombay sobre las seis de la mañana y el espectáculo era dantesco, brutal, nos pasamos dos horas entrando en la ciudad, solo viendo la pobreza mas extrema, aquí si, no he visto nunca nada parecido en este país. Dicen por aquí que la fama de ciudad con miseria la tiene Calcuta pero que en realidad es Bombay y estoy completamente de acuerdo.
Aquí no hay amabilidad, ni sonrisas, solo caos y tratar de sacarte algo. Encontramos un hotel cerca del centro, pero mejor no recordarlo mucho pues todo alrededor eran edificios en ruinas. Dejamos las cosas y nos duchamos urgentemente pues la mierda del autobús era de las de marcar época.
Bombay era lo que nos pareció en un principio, no se hasta que punto con el paso de los años me he llegado a hastiar de las ciudades grandes. Fue una mañana terrible de calor, buscando hoteles mejores, cambios de monedas y conexiones de aviones. Por la tarde nos fuimos al hotel a descansar y tuve un mensaje de May, la amiga de Victoria que había viajado con ella a China, me decía que estaba en Bombay, así que quedamos al día siguiente para desayunar y por fin conocernos. Esa noche salimos a cenar y tomar una copa en la parte snob de la ciudad, es curioso como aquí, los pocos pub de ambiente que tienen, solo dejan pasar a los hombres si van acompañados de chicas, o sea que de ir a ligar por tu cuenta nada de nada.
A la mañana siguiente nos fuimos a desayunar con May al café Leopol, centro de reunión de mochileros de la lonely planet en Bombay, May nos estuvo contando todas sus aventuras por China y el Tibet, la impresión que nos causo la chica, sobre todo a Javi, no fue nada buena, así que agradecimos profundamente que hubiera sido Victoria la que decidiera venirse con nosotros. Después de esto nos despedimos de ella y Javi decidió irse a la isla Elefante en trasbordador desde la puerta de la India mientras yo me iba al aeropuerto a recoger a Inés, la chica Argentina que se nos uniría al viaje. Yendo para allá, el taxista me dijo que existían dos aeropuertos en Bombay y me quedé blanco pues Inés no me dijo cual, así que me la jugué y como siempre tuve la suerte de acertar.
Llegó sobre las cuatro de la tarde y la reconocí en el acto. Llevaba tres días en India y ya estaba mala del estómago, incluso había tenido que ir al hospital en Delhi, pero en esos momentos ya estaba mejor, supongo que encontrar a otras personas con las que compartir el viaje y en sus condiciones, la relajó enormemente.
No se bien como describiros a esta chica, bueno, físicamente es muy parecida a Inés Sastre, hasta el nombre tiene igual, para empezar es muy diferente a Victoria, es mas tímida y eso se traduce en que habla menos, creo que eso es señal de que le gusta escuchar y analizar a las personas. Sonríe mucho y eso siempre es bueno, pero ríe poco, con lo cual, se que tardará un poco más en tomarnos confianza, pero la tomará, pues es inevitable acabar relajándote cuando el ambiente que te rodea se presta a ello. Además es una chica muy dulce, con lo cual supe desde el primer momento que su compañía nos enriquecería este viaje.
Recogimos a Javier en el hotel y nos contó que en su viaje a la isla elefante, estaba sentado al lado de un chico joven que escribía una carta que luego les dio a unos extranjeros que allí se encontraban. A continuación se tiró por la borda y se suicidó. Nada se pudo hacer por el. Es curioso como solo la gente extranjera quedo impresionada por el suicidio, mientras que los hindús lo tomaban como algo cotidiano. Me imagino la cantidad de suicidios que por aquí se producen.
Por la noche salimos a tomar algo para ir conociéndonos y fuimos contando nuestras vidas, yo, en este punto ya empezaba a sentirme mal del estomago, así que supe que no tardaría en caer.
Al día siguiente compramos unos ticket de tren para viajar por la noche a las playas de Goa, más tarde nos fuimos a pasear por la parte nueva de la ciudad, la de los grandes parques con cientos de personas jugando al críquet, se respira por todos lados el aire victoriano de su pasado, aquí no te recuerda nada la extrema pobreza que hay pocos metros mas allá.
Pasamos la tarde paseando por la playa de Bombay y vemos anochecer junto a cientos de personas sentados en la orilla, allí, en ese momento, viendo el mar no pude evitar sentir la necesidad de escribir un cuento sobre un joven pescador que fluía en mi cabeza, así que le pedí a Inés lápiz y papel y salió una bella historia.
Al anochecer tomamos el tren para Goa que nos duraba doce horas. Fue una bonita experiencia esa del tren, en nuestras literas camas, junto a otro extranjero. Javi se quedo dormido, Inés y yo nos pasamos un buen rato hablando de todo, viendo fotos de su familia y amigos, se nota que ha llevado una vida feliz. Es afortunada.
Días 15, 16,17 y 18, Playas de Goa
Ya estábamos en las playas, que placer, después de tanto viajar saber que tendríamos un merecido descanso nos hizo sentirnos de maravilla. Palmeras y todo tipo de vegetación tropical teníamos por delante.
Nos dirigimos a Anjuna Beach, la antigua playa donde se reunían los hippies de los ochenta, y allí nos quedamos en una casa a diez metros de la playa, creo que nos costó ocho euros por persona.
Nos fuimos a la playa, corría una fuerte brisa, que para nosotros nos resultaba agradable, pero el mar estaba picado, así que nos sentamos en uno de los pocos chiringuitos que allí había, para comer y tomar algo, después de comer Javi se fue a dormir, así que nosotros nos quedamos en aquellas hamacas del chiringuito sin mover un músculo, escuchando buena música, hablando de todo, y sobre todo, disfrutando del mar.
Como es normal vimos la puesta de sol, tan bella, como en cualquier sitio que nos recuerde al paraíso, por lo que la sensación de querer quedarte por aquí resultaba inevitable.
Por la noche decidimos irnos a Calangute, una playa más grande y menos virgen donde había bastantes restaurantes y sitios para tomar una copa, así que allí nos fuimos, y después de cenar acordamos trasladarnos a dormir allí los próximos días para tener todo a mano, para terminar la noche nos tomamos una tranquila copa en los chiringuitos de la playa con sus mesas con velas a la orilla del mar, era ya el colmo de la relajación.
La impresión que me causa Goa es que no parece India, para nada, aquí si hay turistas de playa, vez también muchos mochileros, supongo que por eso de seguir los pasos del mito de antaño. Las gentes de Goa son diferentes a cualquiera de la India, pues aquí la mayoría son cristianos, debido a que fue aquí donde predicó San Francisco Javier, de hecho esta enterrado aquí. Solo vemos iglesias por todos lados y apenas algún templo hindú, de hecho he visto algunas casas de familias por dentro y son exactamente igual que las nuestras en Europa, con los mismos muebles.
Lo único que si te recuerda que estas en India, son las eternas vacas, que nos las encontramos paseando por las playas.
Al día siguiente nos trasladamos a Calangute, y después de dejar las cosas en nuestro hotel hablamos con un taxista para que nos llevara a unas cataratas tropicales que hay a dos horas de camino, y allí que nos vamos los tres. Por el camino hacemos una parada en el lugar donde esta enterrado San Fco. Javier, ya que Javi estaba empeñado en conocer a su patrón, la verdad es que todavía lo conservan embalsamado en una bonita iglesia.
Tras tres horas de camino llegamos al lugar, y tomamos un 4x4 para ir subiendo la montaña atravesando varios ríos, que sin este vehículo hubiera sido imposible. Al llegar al lugar andamos varios minutos subiendo y de repente allí estaba, la majestuosa catarata de 60 metros de altura, formando sus aguas un pequeño lago en su caída.
Apenas había nadie, por lo que teníamos toda esa maravilla para nosotros, así que sin dudarlo nos lanzamos al lago y nos pasamos la tarde jugando con la catarata, debajo de ella, nadando a su alrededor, o simplemente apoyados en una roca observándola.
Eran sensaciones de estar en mundos desconocidos, como si en cualquier momento apareciera por allí Pocahontas para tomar un baño a la luz de la luna.
Pero había que regresar, y había que despertar.
Llegamos de noche a Calangute y después de ducharnos bajamos a Internet y vi que tenía un mensaje de una chica de Barcelona que estaba en Goa y que quería venirse con nosotros, así que le di la dirección de nuestro hotel, después cenamos en un italiano pues mis acompañantes tienen pasión por el rissoto de aquí. Después como siempre nos vamos los tres a tomar una copa en nuestro chiringuito de playa, no se puede acabar mejor los días que estando aquí sentado mirando el mar y hablando de lo afortunados que somos, y sobre todo de lo afortunados que queremos ser.
A la mañana siguiente nos vamos a sacar un billete de vuelo para Calcuta, y después de mucho buscar encontramos uno no demasiado económico, por 140 euros, y es que en tren tardaríamos 48 horas y no estamos para perder dos días de viaje.
Solucionado el problema decidimos irnos a la playa, y allí pasamos la tarde, dándonos unos masajes que nos acabaron de trasladar donde estábamos.
Al regresar al hotel para tomar un baño en la piscina nos encontramos con que la chica del mensaje había llegado, se llama Nuria y parece buena chica, le decimos que se aloje en nuestro cuarto que ya empieza a parecer un barracón de ejercito con tanta cama.
Así que los cuatro nos lanzamos a visitar el mercado de los miércoles de Anjuna Beach que es famoso por estos lares, pues puedes encontrar cualquier cosa. La verdad es que resulta muy pintoresco pues al lado del mar encontrarte tal laberinto de cabañas con telas de mil colores, y todo tipo de ropas, todo ello atestado de hippies, hindús y mochileros, resulta una mezcla cuando menos tropical.
Dejamos a las niñas en sus mercadillos, pues bien sabéis vosotras que para estos casos el hombre es un estorbo, y nos dirigimos Javi y yo a un chiringuito de playa con unas vistas de ensueño, y allí con nuestras cervecitas y la brisa del mar, dejamos que la mente nos gaste malas pasadas mientras vemos anochecer.
Ya de noche cerrada, en la misma playa, vimos dos policías que salieron de la nada con una linterna cegándonos los ojos, nos registraron por completo, pues estaban buscando drogas, y aquí, eso esta penado con cárcel sin fecha. Después del registro nos pidieron disculpas y nos tendieron la mano, curioso cambio de actitud.
Ya se porque Goa ha dejado de ser paraíso de hippies, pues este control sobre las drogas hacen que su leif motiv se les venga abajo.
Encontramos a las chicas en un chiringuito con música en directo de timbales y demás percusiones, así que cenamos y pasamos un agradable rato. Inés, tal y como había prometido y amenazado, había arrasado con el mercadillo, faldas, collares, pulseras, vamos que a la chiquilla se le iluminaba la cara cada vez que me mostraba sus compras.
Poco después partimos para Calangute en un riskshaw los cuatro, Nuria delante, no sabemos como, con el conductor y claro, los demás ya los veíamos como marido y mujer.
En Calangute nos fuimos Nuria y yo a nuestro sitio en la playa, mientras los otros estaban en Internet, y así pude ir conociéndola mejor. La impresión que me causa es que posiblemente sea el polo opuesto a todo lo que yo conozco, es decir, a las mujeres que yo conozco, es como una mezcla de hippie y rebelde, pero con buen fondo, de hecho con nosotros se adapta a todo lo que decidimos.
Al final aparecieron los demás y allí mirando por ultima vez el mar nocturno de Goa, nos despedimos hasta no se cuando.
Nuestro ultimo día en Goa lo pasamos separados, pues Javi y Nuria fueron a sacar el billete de vuelo de ella, mientras que Inés y yo nos fuimos a la playa, y allí pasamos la mañana, entre baño y baño, tomando algo de fruta pues llevo varios días sin apenas comer nada, debido al estomago, de hecho creo que he perdido bastante peso.
A eso de las dos de la tarde regresamos al hotel, ducharnos y maletas fuera, nos vamos al aeropuerto para ir a Bombay y desde allí a Calcuta.
Me he pesado en el aeropuerto y peso OCHO KILOS menos, casi me da algo, y solo en
17 días, tengo que reconocer que me he alegrado mucho, pero tengo la sensación de que las niñas se han alegrado más que yo, de hecho Inés me ha felicitado, desde luego veo la importancia que las mujeres les dan al peso.
Y así nos despedimos de Goa, con la sensación de querer pasar el resto del viaje allí, pues la paz y tranquilidad allí encontrados ha sido como una fuerza reparadora que nos hará terminar en plena forma el resto del viaje.
Namaste.
Día 18 y 19, La ciudad de la alegría, Calcuta
Llegamos a Calcuta de madrugada, noche oscura, al recorrer sus calles creemos estar en una ciudad del Berlín de la posguerra, todas las casas en ruinas y la gente durmiendo por las calles, ciertamente nos parece deprimente. Nos dirigimos a Sudder Street, la calle donde nos habían dicho se encontraba llena de mochileros voluntarios de los hospicios y casas de acogida. Al llegar allí, nos pareció horripilante, con ratas cruzando las oscuras calles y callejones totalmente lúgubres, pero nos alojamos, que fuera lo que dios quisiera.
Calcuta es famosa principalmente por tener los sitios de acogida de enfermos y niños huérfanos que la madre Teresa fundó aquí. El funcionamiento de todo esto, aparte de por las aportaciones dinerarias, se basa en el voluntariado de gente de todas partes del mundo que acuden aquí para ayudar en algo. Las tareas normales son las de fregar platos y lavar ropa, lavar a los enfermos y darles todo tipo de atenciones. Y por ese motivo estábamos nosotros aquí.
Se levantan a las 6 de la mañana y se van distribuyendo por lugares, normalmente los hombres por un lado y las mujeres por otro, y los envían a diferentes sitios. Sean enfermos terminales, normales o niños. Al medio día se suele acabar la jornada.
Me llama la atención la cantidad de españoles que hay en este lugar, son la inmensa mayoría, seguidos de los japoneses y demás partes del mundo.
Conocimos gente de Málaga, Córdoba, Sevilla, Catalanes, Vascos, incluso una pareja de Burgos, casi todos llevan varios meses por aquí. Como podéis imaginar, aquí todo el mundo es amable y te ayuda en cualquier cosa que necesites, me hizo mucha gracia el chico de Sevilla cuando me decía que había venido aquí para no hablar espanol y que llevaba 6 meses aquí y era lo único que hacía, de la gran cantidad de españoles que había.
La verdad es que me enorgullece que la gente de mi país, sea de la clase que sea, pues aquí hay ricos y pobres, aporte su granito de arena en causas tan nobles, por ínfimas que sean, y os preguntareis como aguantan 6 meses aquí, y yo os digo que lo que vi, fue una gran familia, que por las tardes salen a sentarse en los bancos de la calle a charlar con todo el mundo, con los viejos que piden limosna, con los niños, con las mujeres mayores, en definitiva, con todo ser que necesita ser escuchado.
Se nota el cariño que aquí se les tiene, pues la gente se muestra contentos con ellos. Veo a una chica española dándole un beso a una indigente y charlando alegremente con ella, imagino que todas las mañanas hace el mismo ritual pues noto la confianza que hay entre ellas.
A estas alturas de narración no tengo ni que decir que la calle ya no es sombría como la noche anterior, sino llena de vida y color, los niños no piden limosna, solo quieren jugar, y la vida, aunque pobre, tiene sentido en este lugar, gracias a un puñado de valientes que sintieron la llamada del corazón.
Ese Hostal Maria, que por fuera parece una chatarrería y por dentro sirve como centro de descanso de los voluntarios, que necesitan vivir como los demás, habitaciones con 14 camas, todos compartiendo la experiencia de la jornada.
No creo que me olvide nunca de esta calle, ni de ese hostal, pues simboliza ese pequeño paraíso perdido, ese país de nunca jamás, y en definitiva, la verdadera ciudad de la alegría.
Quiero resaltar que aquí acude gente de todas las creencias pues aunque sean hospicios cristianos, no debemos confundirla fe, sea la que sea, con la propia naturaleza del hombre, y esta sin duda ofrece su mejor cara cuando sientes la necesidad de ayudar al que ni siquiera sabe que existes.
Es en lugares como este, donde te das cuenta que el mundo no tiene fronteras, ni países, que sirvan de excusa para las guerras inútiles, pues todos son compañeros y compatriotas, si compatriotas, pero de esta hermosa calle que llevaran en su corazón como su autentica patria.
Tengo la impresión, ahora que estamos en el tren rumbo a Varanasi, de que ha sido Inés de nosotros cuatro, a la que más le ha llenado todo esto, puede que por sus creencias, aunque yo no lo creo así, creo que ha sido por su sensibilidad, por esa extrema necesidad que tiene de aportar dulzura y cariño a quien lo necesita, como a esos dos niños que esta mañana jugaban con ella y les compró algo para comer, todavía recuerdo a los pequeños saltando por las calles y enseñándoles a todo el mundo su estupendo tesoro, eran la pura felicidad. Lo que ellos no sabían, era que ese, era el regalo que ella misma se hacia.
Ahora comprendo lo que me decía anoche cuando nos fuimos los dos a tomar una cerveza, decía que todo el que viene a la India debe de tener un motivo, un anhelo, una esperanza, que le haga seguir ese camino sin sufrir alteraciones.
Pienso que a ella, ese camino, hace tiempo que se le quedo muy cortó.
Como veis, no he descrito nuestros dos días en Calcuta, simplemente me he limitado a reflexionar sobre lo que vivimos, a crear un mundo distinto, una obra de teatro, en la cual podéis meternos a nosotros cuatro como parte de la función.
“Dar a luz un niño, es la forma que tiene la madre naturaleza, de darnos una segunda oportunidad en la tierra”.
Namaste
Días 20 y 21, Varanasi
Llegamos a Varanasi tras un espeluznante viaje en tren, pues nos dijeron que duraría doce horas y en realidad fueron veinte, algo para recordar, paraba en todas las estaciones inimaginables, incluso de madrugada, en campo abierto para que los miles de viajeros se apearan a estirar las piernas en la oscuridad.
Llegamos sobre las cinco de la tarde y la chica argentina amiga de Inés que nos esperaba sobre las once se había ido al Rajastán creyendo que no llegaríamos a Varanasi.
No se como describir la estación de tren de esta ciudad, es algo inaudito, en cuanto a cientos de personas tirados en el suelo, pidiendo limosna o tratando de venderte algo, con diferencia es la peor estación que hemos conocido en India.
Para llegar a nuestra Guest House tuvimos que cargar con nuestras mochilas durante 1 Km. entre un laberinto de calles que no median ni un metro de ancho, imaginaros en esas medidas cuando nos encontrábamos una vaca de quinientos kilitos, una odisea, todo es suciedad y mierda de animales por todos lados, siempre encharcados de no se qué.
Esto es un foco de infección fuera de lo normal, así que supongo que aquí están todos inmunizados ante cualquier cosa.
Menos mal que nuestra Guest House esta a la orilla del Ganges, con toda su amplitud después de ese infierno de laberinto.
Las vistas desde las habitaciones son increíbles y es un sin cesar de mochileros que vienen y van, como no podia ser de otra manera conocimos a una chica de canarias que llevaba un mes en Varanasi, y que luego pasaría al Nepal. también conocimos a Gema, de Barcelona, es un torbellino a la que nunca se le acaban las pilas, su historia es muy curiosa pues vino en febrero al norte de India con una amiga, pero esta se enamoro de un hindú y se tuvieron que separar, ella decidió venirse a Varanasi solo a pasar unos días, pero cayó enferma y lleva un mes aquí, no sabe lo que tiene, pues es un extraño virus, unas veces esta mejor pero siempre suele recaer, tenia previsto quedarse en India hasta octubre, más creo que se tendrá que ir antes. Así, cuando la encontramos nosotros, fue como una bendición para ella ya que así se podía venir a Nepal con nosotros.
Después de alojarnos y de ver un colorido festival hindú a la orilla del principal Ganj del Ganges, nos fuimos a cenar a la orilla del rió. Fue allí donde Inés volvió a sentirse mal, pero esta vez era un principio de ataque de ansiedad debido al calor, que es sofocante en esta época del año.
Pasé la noche en la terraza de la Guest mirando al rio y sus cientos de barcas frente a los templos, es una visión mágica, que estoy seguro apreciaré más en el futuro, ya que es tal la cantidad de cosas vistas en estos días que noto que no las valoro lo suficiente.
- “Cuando nacemos, oímos el silencio en forma de aire”.
- “Cuando tomamos el sentido a las cosas, oímos el silencio en forma de brisa,
chocando en nuestro rostro para despertarnos los sentidos”.
- “Cuando estas en Varanasi, es tu propio silencio el que escuchas sin cesar”.
Quiero que penséis que la belleza de las cosas esta en nuestros ojos, en la forma que le queramos dar. Por eso, cuando me encontré con esta santa ciudad, mis ojos solo veían tiempos atrás, las mismas gentes siglos tras siglos, el mismo rio con su lengua dormida serpenteando entre los templos, y sobre todas las cosas….ves algo que ya no existe.
Al día siguiente nos levantamos a las cinco de la mañana para ver las cremaciones de cadáveres en el rio, es un ritual fascinante para un occidental, pues impresiona ver como preparan las piras de leña en la orilla, con los cadáveres envueltos en un papel plateado color oro, mientras que la gente se baña en el Ganges, siguiendo su ritual de purificación con las aguas, como cada mañana, como cada día, que significa un paso mas cercano a su reencarnación. Esto solo ocurre en India.
Sinceramente, la sensación de bajar esos escalones hacia la orilla, y montarnos en esa barca mientras ves amanecer, me hace sentirme privilegiado, así que cuando recorremos el Ganges viendo templo tras templo, con el sol acariciando poco a poco cada santa piedra, nos hace sumirnos en un oscuro silencio que nos permite a cada uno de los cuatro, recluirnos en nuestro propio mundo sin salir de este.
Hemos visto una cabeza humana flotando en el rió, y en verdad nos ha sobresaltado, más, creo que, ver como pasa la gente nadando alrededor sin inmutarse me produce sensaciones contrapuestas.
El sol ya esta en lo alto, y aprieta sin piedad, llevamos dos horas navegando y decidimos conocer los templos de la ciudad. Pasamos el resto de la mañana viendo varios de ellos, incluso el templo de los monos, donde hace menos de veinticinco días exploto una bomba de los terroristas musulmanes, murieron cuarenta personas, pocas diría yo, para la gente que hay aquí. Lo curioso de todo es que no hay nada aquí que nos recuerde que hubo un atentado.
A media tarde fuimos a ver como nos vamos a Nepal y al final decidimos separarnos para vernos allí, Javi, Nuria y Gema se van en coche hasta la frontera y luego hacia Katmandú, mientras que Inés y yo iremos en avión ya que no se ha recuperado del todo.
Después de comprar los vuelos, fuimos a una tienda de sedas donde compré algunas para mi madre, Javi una colcha de matrimonio exquisitamente bordada, ¿En que estará pensando este muchacho?, por supuestísimo que dos saris cayeron en las manos de Inés.
El resto de la tarde lo pasamos los hombres en la Guest, mientras ellas salían a arrasar con los mercadillos.
Al anochecer, despedí a mis compañeros mientras Inés descansaba en la habitación, y me sorprendió ver a Gema con ¡un bocata de tortilla de patatas!, la chica había enseñado a los cocineros de la Guest a prepararla, ¡que arte tiene!
Partieron sobre las once y les desee suerte, pues la iban a necesitar.
Volví a la habitación e Inés seguía dormida, así que me senté en la terraza, frente al Ganges y me puse a escribir sobre las conversaciones que manteníamos el rio y yo.
Era la despedida real de la India,… no podia ser en otro lugar.
Desde luego fue el día más caluroso desde que estamos aquí y la noche era insoportable, a eso de las doce de la noche Inés se despertó y nos pasamos charlando hasta las cinco de la mañana que refrescaba un poco. Resulta curioso, como es en estas horas, cuando las conversaciones cobran más sentido, más humanidad, y sobre todo mas sinceridad, y no con la persona que tienes enfrente, no, sino con uno mismo.
“Por eso se que las palabras perduraran cuando afloren los recuerdos”.
Namaste. |
Publicar en
|
¿Qué te pareció este diario? |
|
|